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LIBERAR EN LUGAR DE AFERRAR

 

El otro día leí en un artículo de Pamela Kribbe, que la respuesta al miedo nunca es pensar más. Es pensar menos y confiar en el flujo de la vida, es liberar en lugar de aferrar. He comprobado que cuando tengo miedo es porque me resisto al cambio, me resisto a la vida, porque no acepto las cosas tal como son, porque no confío. Ahora sé que siempre que siento miedo estoy en la antesala de desprenderme de ataduras, de maneras de ver, de pautas que ya no me consuelan, que ya no me sirven… El proceso es más o menos largo y doloroso, como todos los procesos que nos acercan al alma, ala unidada la alegría, al amor.

Tras la muerte de Ignasi me propuse rendirme por primera vez. Rendirme en el sentido más amplio. Dejar de aferrarme a lo que creía que era yo –mi mente, mis pensamientos, mis creencias­- y aceptar que lo realmente importante no está en mis manos, que formo parte de algo más grande y que el plan es perfecto y cada uno de nosotros forma parte del Todo y por separado no es nada.O lo que es lo mismo: para tenerlo Todo no hay que perseguir Nada. La clave está en SER, sin aspirar a más.

La aceptación total nos conduce a la completa alegría. Y las madres y padres a los que se nos ha muerto un hijo no tenemos otra opción que aprender a aceptar. Este es el regalo que nos hacen nuestros hijos muertos. Por eso hemos de dejar espacio en nuestros corazones para la alegría, porque la alegría nos acerca a ellos y a la vida.

Si lo que determina una vida plena es la cantidad de amor que somos capaces de dar y recibir, nosotros podemos dar fe de que la muerte como final no existe, porque podemos seguir unidos al amor de los que se han ido y, en su nombre y en el nuestro, seguir dando amor a los que tenemos cerca, eternamente. Lo que es, es y está bien que así sea, aunque nos cueste un gran esfuerzo entenderlo. Si abrimos nuestro corazón, con el tiempo, vamos encontrando sentido a lo que la vida nos ha deparado. No nos sirve quedarnos en el pasado, en lo que hubiese podido ser… Lo realmente creativo es el presente. Cada día podemos reinventarnos, como cuando éramos niños.

UNIR LA ENERGÍA FEMENINA Y MASCULINA

 

El duelo es un buen momento para poner muchas cosas en orden, para curar heridas recientes y antiguas, para ganar confianza en nosotros mismos y salir fortalecidos. Una buena herramienta para conseguirlo es unir las dos polaridades de la energía: la femenina y la masculina. ¿En qué consiste esto? En equilibrar nuestra parte emocional –energía femenina- con la parte más expeditiva, la que nos permite actuar y poner límites –la energía masculina-. Las dos son necesarias para vivir en armonía, no son excluyentes, al contrario, forman las dos caras de la misma moneda y es preciso que trabajen de la mano. La energía masculina, la que predomina en los hombres, nos permite mantenernos centrados, a no perdernos en las expectativas o necesidades de los demás. Nos ayuda a encontrar un equilibrio entre el dar y el recibir, a tomar decisiones, a concretar, a actuar. Es necesaria para materializar lo que nuestra alma necesita.

La energía femenina –la que predomina en las mujeres- no pone límites, tiende a buscar la unidad con los otros seres, a nutrirlos, no diferencia, ni individualiza, es la que está en el interior de lo que todavía no se ha manifestado. Tiene que ver con la intuición, la comprensión, la capacidad de amar y de perdonar…Estas dos energías forman parte de cada uno de nosotros, hombres y mujeres, y el equilibrio entre ellas es lo que nos permite levantarnos después de un golpe duro y seguir avanzando.

A mí me emociona todo lo que se puede conseguir utilizando la parte buena de la energía masculina, siento un profundo respeto por los hombres que tienden la mano a su energía femenina y trabajan codo con codo junto a las mujeres para conseguir entre todos un mundo mejor, una convivencia más amorosa.

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