confianza

SOÑAR UN MUNDO MEJOR

 

El duelo y la incertidumbre van de la mano. Anhelamos lo conocido que es el pasado, del presente queremos huír y al futuro cuesta encontrarle sentido. Así empiezan los grandes duelos pero estos tiempos en que vivimos, com más o menos intensidad, vienen inciertos para todos, porque de alguna manera predomina la sensación general de que es necesario mudar de piel y no sabemos muy bien cómo.

 

Para renacer hay que soltar lo conocido y adaptarse a vivir entre dos mundos, sin suelo firme bajo los pies y sin certezas porque los asideros de antes ya no sirven. Así, suspendidos, solo la confianza y la esperanza nos sostienen. Siempre ha sido así. Desde los orígenes hasta ahora la convicción de salir adelante se ha convertido en el puente que nos ha permitido cruzar al otro lado y crear mundos nuevos. Para transitar un duelo y salir fortalecido es necesario tener un espíritu de guerrero que sepa trascender la impaciencia y el miedo.

 

Propongo dejar los viejos hábitos, que nada tiene que ver con olvidar, quedarnos solo con el amor, abrir las puertas del alma a lo desconocido y poner la ilusión en soñar para cada uno de nosotros un mundo mejor. Soñar es el primer paso antes de pasar a la acción.  

RESACA EMOCIONAL

Estas navidades hizo 13 años que se fue Ignasi y la resaca emocional que me produce el dolor que siento el día del aniversario de su partida, en cada una de mis células, me dura hasta prácticamente finales de enero o incluso más. No es un tsunami terrible y devastador como lo fue los primeros años, pero todavía noto una sacudida fuerte y normalmente acabo poniéndome enferma; este año empecé con un resfriado tonto que acabó en una bronquitis aguda de la que me he recuperado hace escasamente una semana, aunque todavía me siento un poco débil y dispersa. El cuerpo tiene memoria, de eso estoy segura y nuestras defensas bajan cuando los recuerdos dolorosos entran en escena. Lo hacen de forma tan apabullante que, como el caballo de Atila, mi mente desbocada arrasa con todos mis pensamientos positivos y vuelven a campar a sus anchas los malos augurios. Yo sola no puedo con todo ese ejército de negatividad y pido a mi alma, a mi esencia divina que me ayude a recuperar la fuerza y el optimismo perdidos. La verdad es que cuando estoy en horas bajas es cuando más noto el impulso de mis guías y maestros, pero mi tristeza es tan profunda que necesito paciencia y tiempo para ir sintiendo de nuevo la alegría de estar viva.  ¡Es tan agradable volver a sentir confianza!

AMARNOS SIN CONDICIONES

 

Durante los primeros tiempos de duelo, cuando el dolor es desgarrador, intentamos proteger a los nuestros sacando fuerzas de flaqueza para que nuestras parejas e hijos perciban una imagen de ‘normalidad’. Como queriendo decir al mundo: “tranquilos, estoy aquí, no me hundo, confiandad en mi”. Eso puede servir, siempre y cuando nos permitamos a ratitos desmontarnos sin juzgarnos. Qué quiero decir: es habitual cuando hablamos con el corazón, sin representar ningún papel, reconocer que la mayor parte del tiempo nos sentimos perdidos, tristes y desesperados, sin saber por dónde tirar, ni qué hacer para salir adelante… No pasa nada por sentirse así, es lo habitual después de un golpe tan duro. Pero si encima de haber perdido el norte y la vida que teníamos nos recriminamos por sentir lo que sentimos no nos estamos haciendo ningún favor ni a nosotros ni a los nuestros. Durante el duelo ayuda muchísimo ser amoroso y comprensivo con uno mismo y dejar de mirar con lupa las emociones que sentimos, por muy negativas que sean. No somos un juez que determina lo que está bien y mal y emite sentencia. Si tenemos rabia, pues tenemos rabia, si estamos tristes, pues estamos tristes, si no sabemos por dónde tirar, pues no sabemos por donde tirar. Sigue leyendo

HABLAR Y ESCUCHAR CON EL CORAZÓN

Suele decirse que las crisis muy profundas, como el duelo por la muerte de un ser muy querido, pueden ser una gran oportunidad de crecimiento espiritual, de conexión con nuestro yo más profundo, con la Fuente que emana amor, confianza, serenidad…

Sí, ¿pero cómo se llega a transformar el dolor, la angustia y la incertidumbre en sabiduría?¿Cuál es el camino? Hay muchos puentes que nos permiten cruzar a la otra orilla. Uno de ellos es aprender a hablar y a escuchar con el corazón. Cuando hablamos de lo que sentimos sin miedo a lo que los demás piensen de nosotros, sin ideas preconcebidas, ni ansias de agradar o convencer establecemos una comunicación amorosa que llega al corazón de los demás.

A mi me gusta imaginar cuando hablo con alguien que de mi corazón surge una luz que enciende el corazón del otro y se establece así, unidos por ese rayo luminoso, un diálogo de alma a alma que me da paz. Intento sentir lo que digo y frenar mi mente impaciente, que siempre va más deprisa que mis palabras como si no tuviera tiempo de conversar.

Pero para llegar a la otra orilla no solo hay que hablar, también es necesario escuchar con el corazón. ¡Qué difícil es eso! Requiere muchapaciencia y humildad; no interrumpir ni acabar las frases del otro, deshacernos del apego al tiempo y ofrecérselo con atención, escucharlo de verdad, con los cinco sentidos, sin suposiciones ni prejuicios, estando presentes en cuerpo y alma, en vez de tener la mente en mil otros sitios a la vez.

Solo así, hablando y escuchando como si meditáramos, viviendo realmente el momento y con el corazón abierto surge el crecimiento, aprendemos del ser que tenemos delante, avanzamos un pasito más, nos sentimos más unidos a la vida y creamos armonía a nuestro alrededor.

EL DUELO SUPONE UN CAMBIO PROFUNDO

Cuando se atraviesa una crisis existencial inmensa como la que supone la muerte de un hijo, un hermano o cualquier otro ser al que amamos con locura nos enfrentamos a un cambio personal profundo. Cada uno de nuestros hábitos, de nuestros pensamientos, de nuestras creencias, incluso de nuestras células están ligados a este ser que ya no vemos, no oímos, no podemos abrazar…Eso provoca un dolor agudo, insoportable. Nuestros proyectos de futuro se desvanecen y debajo de nuestros pies asoma el vacío. De repente no hay camino, solo dolor. Los primeros meses yo necesité parar, llorar, sentir… Y lo he ido necesitando, en mayor o menor intensidad, muchas veces más durante estos 13 años.

El duelo supone un cambio íntimo y exige una transformación grande. El proceso es lento, casi imperceptible, como todos los movimientos del alma, y nada tiene que ver con lo externo. Por sí solo de poco sirve mudarse de casa o de país, por decir algo. La clave, lo que nos permitirá ver la luz después del túnel, reside en nuestro interior. Hay que ir atravesando capas de rencores antiguos, de angustias heredadas, de abandonos y desesperos hasta dejar al descubierto el amor y la confianza. La travesía hacia uno mismo es una aventura que produce temor, pero no hay alternativa. Lo demás nos deja atrapados en la vida de antes, en un laberinto imposible de sufrimiento. Si decidimos seguir adelante, tendremos que pasar muchos ratos con nosotros mismos en silencio, sin distracciones, curando nuestras heridas. El camino del duelo es solitario pero, si estamos atentos, aparecerán personas y situaciones que nos pueden echar una mano, como sucede en los cuentos de los príncipes que recorren bosques encantados. Si matamos al dragón, si enfrentamos nuestros miedos, podremos volver a la vida sintiendo el amor que nos une para siempre a nuestro ser querido muerto. No importa el tiempo que tardemos en conseguirlo ni las veces que caigamos en el intento. Tenemos una vida y encontrarle sentido es una buena manera de vivirla.

LOS BIORRITMOS DEL DUELO

Cierro los ojos y me voy a mi primer año de duelo. Ignasi murió de accidente, fue un shock tremendo, seco, que me dejó sumida en las tinieblas sujetada por esporádicos destellos de luz. De los sentimientos y emociones de aquellos tiempos hablo en “Volver a Vivir”, el diario que escribí durante el primer año de duelo. Los siguientes fueron parecidos al primero. Pasaba unos días bien, pero de repente porque llegaba otra primavera, otra navidad o porque la nostalgia, simplemente, se me hacía insoportable volvía a la desesperación, no se si bajaba más, pero mis fuerzas parecían agotarse porque los años de dolor desgastan y renombrar la vida conlleva un esfuerzo que me dejaba exhausta. El tiempo, por sí solo no arregla nada. Fue durante el segundo año que tuve que encararme con la rabia que me había producido la muerte de mi hijo. Durante el primer año estuvo disfrazada de tristeza. Fue un médico el que me dijo que la rabia me estaba envenenando, yo ni siquiera sabía que su fuerza me estaba matando. Como en los cuentos, atravesaba un bosque encantado y no sabía diferenciar a un dragón de otro de tantos que me asustaban. El dragón de la rabia por la muerte de un hijo es grande.Hablando poco se avanza. A mi me parece que es necesario un trabajo emocional y físico con un terapeuta especializado para liberarla. La tristeza va desapareciendo cuando soltamos la rabia. ¿Cuánto dura el duelo? Creo que no es posible contar por meses o por años. Lo que cuenta es mirar en nuestro interior y, como las capas de una cebolla, ir ahondando a través del dolor hacia el corazón de nuestra esencia. Nuestra alma, pase lo que pase, siempre está intacta y dispuesta a regalarnos serenidad y alegría. Por el camino encontraremos mil y una heridas, que hay que ir curando. El proceso sanador va unido a la confianza, en nosotros mismos y en el amor que hace posible la vida. La confianza va unida a la entrega. Si no soltamos, si nos aferramos al control, al pasado, a la culpa, si creemos que es demasiado tarde para cambiar, que no merece la pena… nos alejamos de nuestra esencia, de la luz, del amor puro, de Dios. Sin dar un sentido a nuestra existencia el bosque encantado se convierte en un laberinto imposible. A mi me va bien pensar que cada cosa que me sucede encierra un tesoro. A veces me lleva tiempo descubrir el lado bueno, pero sé, por experiencia, que lo tiene. Sé que tengo que tener paciencia para transformar dentro de mi lo que me impide encontrarlo. Lo demás es como es, pero yo puedo ir cambiando.

LA FUERZA DEL AMOR

 

 

Estos días he estado leyendo “El Hombre en Busca de Sentido”, del psiquiatra vienés Víctor Frankl. Este gran hombre, creador dela Logopetapia, pasó tres años en distintos campos de concentración durantela II GuerraMundial y su testimonio de superación es de un valor incalculable. Él fue el único superviviente de su familia, sus padres y su mujer murieron. Hay muchas partes del libro que me han llegado al alma, que han acrecentado la confianza en mi misma, al contagiarme de la suya, como la siguiente:

…La oscuridad del alba nos hacía caminar a tientas, y así tropezábamos con las piedras y pisábamos los charcos de aquella única carretera de acceso al campo. Los guardianes nos conducían a culatazos de sus rifles sin dejar en ningún momento de chillarnos. Los que andaban con los pies llagados se apoyaban en el brazo de su vecino. Apenas se oía una palabra entre nosotros porque el viento helado no propiciaba la conversación. Con la boca protegida por el cuello de la chaqueta, el hombre que marchaba a mi lado me susurró de improviso: “¡Si nuestras mujeres nos vieran ahora! Espero que ellas estén mejor en sus campos y desconozcan nuestra situación”. Sus palabras avivaron en mí el recuerdo de mi esposa.

Durante kilómetros caminábamos a trompicones, resbalando en el hielo y sosteniéndonos continuamente el uno al otro, sin decir palabra alguna, pero mi compañero y yo sabíamos que ambos pensábamos en nuestras mujeres. De vez en cuando levantaba la vista al cielo y contemplaba el diluirse de las estrellas al tiempo que el primer albor rosáceo de la mañana se dejaba ver tras una oscura franja de nubes. Pero mi mente se aferraba a la imagen de mi esposa, imaginándola con una asombrosa precisión. Me respondía, me sonreía y me miraba con su mirada cálida y franca. Real o irreal, su mirada lucía más que el sol del amanecer. En este estado de embriaguez nostálgica se cruzó por mi mente un pensamiento que me petrificó, pues por primera vez comprendí la sólida verdad dispersa en las canciones de tantos poetas o proclamada en la brillante sabiduría de pensadores y filósofos: El amor es la meta última y más alta a la que puede aspirar el hombre. Entonces percibí en toda su hondura el significado del mayor secreto que la poesía, el pensamiento y las creencias humanas intentan comunicarnos: la salvación del hombre solo es posible en el amor y a través del amor. Intuí como un hombre, despojado de todo, puede saborear la felicidad –aunque solo sea un suspiro de felicidad- si contempla el rostro de su ser querido…

Mi mente se aferraba a la imagen de mi mujer. De pronto me asaltó una inquietud: no sabía si aún vivía. Sin embargo ahora estaba convencido de una cosa: el amor trasciende la persona física del ser amado y encuentra su sentido más profundo en el ser espiritual del otro, en su yo íntimo. Que esté o no presente esa persona, que continúe viva o no, de algún modo pierde su importancia…”

GANAR Y PERDER

 

Estoy leyendo otro libro de la Dra. Elisabeth Lukas, “Ganar y peder” y, aunque todavía no lo he terminado, me hace ilusión compartir algunas frases y párrafos que han resonado en mi corazón:

-…La vida nos sumerge en luces y sombras, nos despierta de día y nos adormece de noche. Desde que nacemos hasta que morimos, el dolor se alterna con la alegría y el fracaso sucede al éxito con la misma intermitencia que las mareas bañan las costas. Lo que la pleamar del destino arrastra hacia nosotros, nos lo vuelve a arrebatar la bajamar de la transitoriedad. Todo llega pero nada se queda. Hasta las crisis, resueltas o no, pasan, y si al llegar se antojan abrumadoras, con el tiempo parecen despreciablemente pequeñas…

-…La ayuda exterior solo alcanza hasta cierto punto, porque cuando uno se encierra en sí mismo, nada ni nadie podrá ayudarle…

-…La persona que se marca objetivos personales se está orientando hacia el futuro en el que le gustaría influir. Se ha fijado un deber y trabaja en su ejecución. Y si, aparte de confiar en sus propias fuerzas, se pone manos a la obra con una buena dosis de confianza en Dios, estará doblemente protegida. Ni siquiera el fracaso o la no consecución de sus objetivos la deprimirá totalmente o la desequilibrará…

-…Lo importante no son los beneficios o las pérdidas que la vida nos regala en toda su complejidad, sino nuestra capacidad para percibir un sentido en todas las situaciones…

-…Para avanzar hay que dejar cosas atrás; para renovarse, hay que despedirser…

-…Un acto propio no necesita reconocimiento exterior cuando uno mismo es capaz de aplaudirlo…

-…Lo que la vida nos brinda siempre es transitorio. Hay que aceptarlo siendo completamente conscientes de su valor y su carácter obsequioso; hay que darle forma con responsabilidad y cuidado, y hay que abandonarlo para siempre sintiéndonos serenamente alegres por su existencia y por haber formado parte de nuestra biografía. Porque nunca nada ni nadie podrá eliminar nada de lo que nos ha pasado en nuestras vidas, ni siquiere la muerte…

-…Lo que impide actuar a las personas más miedosas es una falta de seguridad interior, y esa seguridad interior se basa únicamente en el principio de la esperanza, es decir, en que la situación nueva que nos toca vivir se podrá superar y la estructura ajena que hay que armar resistirá. Sin una “cuerda de seguridad” interior como ésta, cualquier intento de abandonar lo antiguo se convierte en una caída libre al vacío…

-…Saber vivir es abandonar lo amado conservando el amor.

-…El presente es el área de un periodo nuevo de la vida con unas posibilidades de sentido ocultas que hay que explorar. Para descubrirlas, será necesario abandonar todo lo que ya ha desempeñado su sentido. Abandonar es difícil, y mucho más para las personas temerosas o inseguras, pero para superar umbrales hay que abandonar cosas, y si existe una fuerza más poderosa que el miedo, esa fuerza es el amor…

-…Saber vivir es abrirse a todas las cosas nuevas que nos ofrece la vida.

-…Saber vivir es transmitir y repartir la suerte que la vida nos brinda.

-…La muerte no detenta ningún poder sobre el pasado de nuestras vidas ni puede adueñarse de nuestras biografías. La muerte no puede cambiar nuestra historia personal, ni deshacer lo vivido, ni hurtar nada de la verdad eterna… La palabra amable que en su día pronunciaron nuestros labios seguirá formando parte de nuestra vida, sin verse alterada en cu cualidad de “amable” y en su identidad de “pronunciada”, de la misma manera que seguirá existiendo la palabra desagradable u omitida…

-…La muerte nunca podrá expedir de la verdad el más mínimo “soplo” de amor recibido o regalado. Todo lo que sucede es “vinculante”, de una vez para siempre…

LA SUERTE DE COMPARTIR

 

El contacto con las personas que leen este blog es de las mejores cosas que me han sucedido este año. Aunque a la inmensa mayoría no las conozco, me reconforta sentirme parte de ellas. Agradezco de todo corazón la posibilidad de compartir sentimientos, de estrechar cálidos lazos de amor que endulzan nuestras almas. Me da paz. Somos compañeros de un viaje duro, que encierra millones de posibilidades. Durante este largo recorrido, podemos volver a elegir quiénes queremos ser, nos es permitido sembrar y recoger alegría serena, humildad, compasión, confianza… Podemos aprender a querernos, a aceptar cariñosamente a los demás y a nosotros mismos. Podemos aprender a vivir de verdad. Y cuando nosotros también estemos al otro lado, y miremos hacia atrás, nos encontraremos con todo lo que hemos creado, con la fertilidad de las lágrimas que hemos derramado. A veces pienso que el truco de vivir consiste en no resistirse a reír, ni a llorar.

APRENDER A VIVIR CON LA INCERTIDUMBRE

 

El duelo encierra muchas cosas, entre ellas la incertidumbre. Las grandes pérdidas como la muerte de un hijo nos dejan sin asideros, sin certezas, como ciegos obligados a recorrer a tientas un camino desconocido. Podemos resistirnos o dejarnos llevar por el río de la vida. Para algunas personas, como yo, acostumbradas a controlar, a llevar las riendas, a alcanzar objetivos y perseguir resultados la segunda opción, la de aprender a fluir, es dificilísima. Vivir en el vacío nos produce vértigo, no estamos acostumbrados a la incertidumbre, en realidad nos hemos especializado en esquivarla. Aprender a convivir con ella es uno de nuestros grandes retos. Y es que el vacío y la incertidumbre encierran grandes potenciales. De ellos nace y se desarrolla la confianza. La confianza en nuestras posibilidades, en el Universo. Es la paz interior de los que no esperan ni persiguen nada. La aceptación de uno mismo, de las cosas y las personas tal como son.

Todos los grandes cambios, los que reconfortan el alma, son hijos de la incertidumbre. Cuando por fin la abrazamos, cuando somos plenamente conscientes de que en realidad nada está en nuestras manos, nos liberamos de una angustia vital profunda y es más fácil disfrutar del momento, lo único que de verdad tenemos.

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