REINVENTARSE

¿QUÉ HARÁS CON TANTO AMOR?

 

Creo que todos nacemos con los latidos contados y un depósito de amor, en el corazón, repleto, a rebosar, para que no pasemos apuros y lo tengamos siempre a mano. Los bebés suelen emanar ese amor, lo irradian, no lo pueden contener, se les escapa. Por eso es tan agradable tenerlos en brazos, acariciarlos, acunarlos… Cuando llega un bebé a la familia decimos “que da vida”, claro, el amor en estado puro es vida, luz, energía.

 

También algunas personas mayores expanden con generosidad ese amor en mayúsculas. Suelen hacerlo a través de palabras cariñosas, gestos de ternura, miradas sabias, dulces, sin reproches, silencios que acompañan, que transmiten calidez. Sí, algunos ancianos han descubierto a tiempo el tesoro que guarda su corazón.

 

Pocos, muy pocos son los que lo disfrutan y lo comparten desde siempre, lo cierto es que la inmensa mayoría nos pasamos más de media vida intentando que los demás nos den ese amor que ya tenemos. Hacemos cualquier cosa para que nos quieran; ignorarnos, traicionarnos, maltratarnos, humillarnos…, culpando a los otros de nuestra ceguera.

 

Cuando comprendemos que somos la fuente de lo que mendigamos ya es muy difícil que nos sintamos solos o poco valorados. Los golpes de la vida nos tumbarán, casi seguro, pero ya sabemos de dónde tirar para levantarnos.

 

Podemos estar un tiempo, el que sea, tristes, apagados, pero algo vamos a tener que hacer con ese amor tan grande que guardamos.

ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

 

 

De pronto, nuestra vida da un giro y aquello que nos parecía sólido se desvanece. En su lugar aparece el dolor. Un dolor insoportable que lo envuelve todo como la niebla espesa: la calle, los árboles, el cielo, su habitación, la nuestra, la cocina, los cuadros, los libros, las plantas, las fotos, su ropa, los zapatos… todo duele.

Buscamos una salida rápida, de emergencia, nos ahogamos y huir parece lo más apropiado, pero no, de nada sirve irnos al otro extremo del mundo. Solo quedándonos, sintiendo nuestro dolor, es posible salir del desamparo, respirar y, a ratos, volver a ver la luz.

 

Durante los primeros tiempos de mi duelo a mi me parecía que vivía en una especie de mundo paralelo, como Alicia en el País de las Maravillas. La muerte de mi hijo me llevó al otro lado del espejo y allí, lo normal era que ocurriera lo más inesperado en cualquier momento.

 

Al oír en el supermercado una canción o al doblar una esquina podía encontrarme de cara con la tristeza, el miedo o la rabia. Nunca antes me había sentido tan frágil, tan poca cosa, tan atemorizada. A menudo pensé que me volvería loca. Pero no, al contrario, la vida me estaba forjando. El dolor puede ser un gran maestro.

 

Cuantas lágrimas cuesta y qué alivio supone aceptar que las cosas son como son y no cómo nos las habíamos imaginado. Qué extremadamente difícil y, al mismo tiempo, liberador resulta rendirse sin condiciones. Qué reconfortante es querer y quererse porqué sí, aunque estemos rotos. Qué peso de encima nos sacamos al reconocer que no sabemos nada…tan solo que una mirada amorosa, una palabra amable, una caricia nos rescatan del infierno y nos devuelven a la vida.

 

 

 

BELLAS CICATRICES

A veces, durante el duelo, el dolor es tan intenso que nos ciega. No hay luz, todo está oscuro y no tenemos más remedio que ir a tientas hasta dar en nuestro interior con algo de paciencia.

 

De la mano de la paciencia respiramos hondo y empezamos a aceptar lo que es imposible cambiar. Al desaparecer la lucha todo es más ligero y seguramente nos recorre un cosquilleo, un escalofrío de alegría.

 

Probablemente el dolor, más adelante, volverá a ser denso, pesado, insoportable, pero mientras dure la suavidad hay tiempo de agradecer lo mucho que en realidad tenemos.

 

Y un día, después de muchos altibajos, nos damos cuenta que lo único real que poseemos es el amor que no depende de nada, ni de nadie, ni de la muerte. Todo lo de más va y viene. Y aprendemos a vivir de otra manera, agradecidos de lucir nuestras cicatrices.

MORIR SANOS

 

 

Los primeros días de duelo me inundó un vacío infinito por dentro. Me quedé literalmente hueca y, aunque siempre estuve acompañada, recuerdo una soledad inmensa. Que sensación tan extraña es la de salir de la vida y, al mismo tiempo, seguir aparentemente en ella.

 

El dolor me trajo de vuelta y fue colonizando mi cuerpo, llenando el vacío hasta impregnar cada una de mis células. El llanto profundo, desgarrado me devolvió al mundo, un mundo que me daba vértigo con tan solo asomarme a la ventana.

 

La muerte de mi hijo dio en la diana. Nada hasta entonces me había herido hasta dejarme de rodillas, desfallecida, absolutamente perdida. Y allí me quedé, en la oscuridad desconsolada, hasta que me rendí, sin condiciones, a lo inevitable y pedí luz, con dulzura a una fuerza más grande.

He tardado años en aceptar que la vida es como es y que el dolor que nos parece insoportable, a menudo, se convierte en la antesala de un nuevo renacer, de una manera de ser más honesta con nosotros mismos, amable y bondadosa. Que solo con amor y perdón nos curamos, que cada uno tiene su tiempo aquí y hasta el último suspiro podemos darle la vuelta al marcador y morir sanos, con la misión cumplida.

 

 

RENOVAR LOS VOTOS DE AMOR A LA VIDA

 

 

mare-fillsA mi me parece que a muchos de nosotros nos da miedo vivir. Y ese temor suele ir incrementando, con la edad, si no hacemos nada para evitarlo. Incluso muchas personas que sufren de miedo crónico no son conscientes de ello, a pesar de que en su día a día predomina la angustia y el malestar. Parece como si vivir con miedo fuese lo natural. ¿Cómo hemos llegado a ese callejón tan oscuro?

 

De pequeños, en general, vivimos el momento y, aunque nuestra realidad sea dura, es la que es y solemos sacarle el mejor partido porqué estamos conectados a la alegría de vivir.

 

Con el transcurso de los años vamos acumulando heridas, y si no les prestamos atención, si las dejamos aparcadas, nuestro corazón se va marchitando. Nos encerramos en un caparazón para intentar aislarnos de la propia vida. Pretendemos, así, no sentir dolor, algo a todas luces imposible de evitar. Y es precisamente esa resistencia la que nos envuelve en una niebla espesa que nos impide conectar con el amor y, a menudo, incluso respirar.

 

Nuestro desnenabola-del-monpertar consiste en tomar consciencia de ese miedo y conectar con nuestro ser, con nuestra esencia divina y decidir cambiar de actitud, ampliar la mirada, pasar pantalla, renovar desde nuestro interior la alegría de vivir, los votos de amor a la vida, independientemente de lo que suceda en el exterior, de lo que tenga que venir.

 

Sé que hay golpes que te dejan en la cuneta, pero también sé que mientras estamos aquí es mejor crear amor que miedo, de eso, de expandir el temor, ya se encargan muchos medios de comunicación, incluso la mayoría de anuncios publicitarios. Por eso es tan necesario pararnos, ser sinceros y honestos con nosotros mismos, sacar toda la rabia y la tristeza que acumulamos, dejar espacio y volver a sentirnos como cuando éramos niños. De esa forma, entre todos, vamos creando un Universo más respetuoso, agradable, tierno y dulce a los que vienen detrás y para los que se han ido antes.

 

 

 

DEJAR DE PENSAR

 

 

nens-contensDurante el duelo o en medio de cualquier otra crisis vital nos resulta casi imposible parar la mente. Los pensamientos suelen ser atroces y se encadenan uno detrás de otro sin apenas dejarnos respirar. Cada pensamiento terrorífico desencadena un nuevo torrente de miedo en nuestro organismo, como un pez que se muerde la cola… Un círculo infernal. ¿Cómo romperlo? Una forma en apariencia sencilla es poner la atención solo en el momento presente.

En mis días más apurados yo narraba, en mi cabeza, lo que estaba haciendo o lo que iba a hacer al instante siguiente. “Ahora me ducharé, qué agradable es sentir el agua caliente, cómo me relaja…” “Ahora preparo la comida, veo como la cebolla pierde consistencia, se ablanda, adquiere un color más dorado…” De esa forma impedía que los pensamientos compulsivos camparan a sus anchas. En mis horas más bajas no pensaba en qué iba a hacer mañana ni mucho menos la semana siguiente, me limitaba a sentir cómo el aire entraba y salía de mis pulmones y me repetía, TODO PASA, TODO PASA y eso, a veces, durante horas.

 

dibuix-nensAsí empecé a educar mi mente, a descubrir que ese torturador que habitaba en mi cabeza no era Yo, incluso me di cuenta que podía distanciarme de él, quitarle el control. No tenía porqué prestarle atención y mantenerme sujeta a sus deseos, que me solían trasladar irremediablemente al pasado o a un futuro angustioso. Empecé a tomar yo las riendas, en vez de dejar puesto siempre el piloto automático. Me obligué a estar aquí y ahora, como cuando era niña y se me iba el tiempo volando cuando saltaba a las gomas o a las cuerdas. ¿Os acordáis? De pequeños, cuando jugamos le ponemos tanta pasión que desaparece el mundo.

Primero tenía que esforzarme mucho para practicar eso que cuento y no dejarme llevar por la inercia del sufrimiento, pero con el tiempo estar presente va adquiriendo forma de hábito, al menos nos damos cuenta cuando “nos vamos” y siempre podemos regresar. La vida va de instante en instante y normalmente no le hacemos caso, nos la perdemos, preocupados a menudo por el miedo a lo que imaginamos que vendrá (¿?) o sumidos en la nostalgia de lo que fue. No estoy hablando de olvidar, el amor que damos y recibimos, es atemporal, siempre viaja con nosotros.

 

SALTAR AL VACÍO

 

 

saltar-al-vacioSé que hay momentos en que el dolor y las emociones son tan intensos que nos bloquean. Tenemos la sensación de estar perdidos, de no saber por donde tirar… tal vez si escondemos la cabeza debajo de la almohada todo será distinto, pensamos, pero no es así. Cuanto más queremos alejarnos de ese doloroso torbellino más grande se hace, más profundo es el abismo.

 

La única forma que conozco para cruzarlo es saltar al vacío, sin resistencias. Estar dispuesto a sentir el miedo, el dolor, la rabia, lo que sea sin culpar a nada ni a nadie. Dejar de mentirnos, de buscar excusas, de ignorar la tensión que sufre nuestro cuerpo.

 

Cuando dejamos de querer que las cosas sean de otra manera, cuando abrimos los ojos y miramos con cariño lo que hay, aunque no nos guste, entonces empieza el desbloqueo.

 

Parece una contradicción, Verdad? Aceptar lo que no nos gusta nos ayuda a trascenderlo. Mirar con amor la oscuridad nos alumbra… Entregarnos y entregar a la vida a nuestros seres más queridos nos libera, nos da alas a todos, nos une para siempre.

árbol fermín

En nuestro interior existe una energía creadora capaz de darle la vuelta a cualquier situación. ¿Qué dirección quieres darle a la tuya, a ese poder inmenso que hay en ti? Si apuestas por la vida, estás apostando por el amor, por crear armonía porqué has aceptado el desequilibrio que reina en tu interior, apuestas por crear serenidad porqué sabes qué es el caos y el furor de las grandes tormentas, por crear luz porqué has vivido en la oscuridad. Eso, creo, es vivir con plenitud. Y, cuando te sientas cómodo así, probablemente algo se desmoronará y volverá a aparecer la incertidumbre y tendrás que volver a saltar al vacío.

 

 

SIENTO LUEGO EXISTO

 

 

desertTener una mente clara y serena que nos permita pensar con eficacia y fluidez esta bien, pero la mía, a la que me despisto, suele ir por libre y tiene la virtud de volverme loca, de insistir en mostrarme pensamientos que suelen producirme malestar, incluso miedo. Con el tiempo me he dado cuenta que me conviene atarla en corto, impedir, en definitiva, que tome el control y me mantenga dando vueltas a un circuito ficticio, repetitivo, que roza a veces la pesadilla. Cuando eso ocurre, cuando la mente pone la directa solo tengo una forma de pararla: sintiendo.

 

 

Cuando me limito a sentir, a atravesar la emoción que me perturba sin reaccionar a ningún impulso, se abre ante mi la magia de la vida. Desaparecen los límites, el poder retorna a mi centro y aquello que me parecía tan horrible deja de serlo. Percibo, entonces, que todo es posible que la vida puede ser inmensamente bella si yo apuesto por ello. La mente me lleva a lo conocido, en cambio, abrirme a sentir, sin expectativas, me lleva siempre a un lugar nuevo.

 

 

Desde pequeña me ha gustado imaginarme que las cosas pueden ser distintas a como son o a como los mayores me decían que debían ser. Todos hemos escuchado alguna vez la frase tajante: “dos más dos son cuatro”, como queriendo decir que “eso es lo que hay, las cosas son así, siempre han sido así y así continuarán siendo”. ¿Pero qué hay de malo en imaginar otras maneras de vivir? También tres más uno son cuatro, ¿o no?

 

CEL DE NIT¿por qué no jugar a crear nuestra propia realidad, en vez de adaptarnos a la realidad establecida? Desde la mente es imposible, eso ya lo sé. La mente se basa en lo conocido, en las creencias que configuran nuestra cultura. La mente piensa según los programas que contiene, igual que seguramente podrán hacerlo fantásticamente bien los robots que tenemos a la vuelta de la esquina. Aaaah, pero sentir es otra cosa. Nuestra capacidad de sentir es algo maravilloso, aunque las emociones y sentimientos duelan como ocurre cuando atravesamos un gran duelo. Al final del túnel, si hemos sido valientes y hemos sentido sin retener ni rehuir nada, aparece ante nuestros ojos un nuevo paisaje. Posiblemente nos encontremos en un lugar amoroso y amable con lo que en esencia somos. Más allá del duelo resurge la alegría, la honestidad y desaparece la tendencia a fingir que somos lo que no somos.

 

 

 

 

 

LECCIONES DE VIDA

Cartel Congreso Valencia, 13 y 14 de abrilLa Asociación El Abrazo del Oso organiza un nuevo Congreso en Valencia, los días 13 y 14 de Abril, bajo el lema “(E)-Lecciones de vida”, en el que tengo el honor de participar, hablando sobre el poder del perdón y la gratitud.

El Congreso, de carácter solidario, inspirado y dedicado a la psiquiatra suizo-estadounidense Elisabeth Kübler-Ross -cuya maravillosa labor ha ejercido una gran influencia en el trabajo que desempeña esta Asociación- destinará los fondos recaudados a la creación de un espacio para asistir a personas moribundas, dolientes y con fuertes crisis de la personalidad. El precio por entrada, para los dos días, es de 30 euros.

 

Hay experiencias en la Vida -dice Vanessa Aguilar, fundadora de la Asociación- que marcan un antes y un después en nuestras vidas. Experiencias por las que nos vemos obligados a elegir determinadas actitudes y decisiones. Elecciones que nos brindarán la oportunidad de aprender una serie de lecciones únicas, capaces de transformar en profundidad el sentido de nuestros pasos, el sentido de nuestra existencia. Lecciones que, al compartirlas con otras personas, pueden motivar un cambio de rumbo, otra forma de ver y sentir la vida a quienes viven inmersos en idénticos o similares procesos”.

HACER EL MÁXIMO PARA SER FELIZ

Aunque al principio del duelo es normal sentirse atrapado en el dolor y no ver la posibilidad de volver a la vida, todos tenemos en nuestro interior la fortaleza para atravesar el desierto de la ausencia y renacer. Precisamente creo que el duelo consiste en eso, en conectar con nuestra Esencia Divida, esa parte nuestra segura y confiada que sabe con certeza que el amor perdura, que la vida es solo un sueño y en nuestras manos está convertirla en algo bello o en el peor de los infiernos como, por ejemplo, el que viven las personas que tienen siempre el corazón en vilo esperando lo peor. Esa no es manera de vivir y seguramente viene de lejos, la hemos heredado, no es una elección consciente, sino una creencia que ha ido pasando de generación en generación.

 

El duelo, ese vendaval que se lo lleva todo, es un excelente pretexto para cambiar y dejar el papel de víctima por otro más feliz. Sí, es un buen momento para sacarnos de encima todo lo que nos oprime y quedarnos con lo que somos, ni más ni menos.

 

A mi me gusta creer que soy una ‘chispita’ de amor puro, recubierta de mil temores, heridas, pactos y memorias no muy favorables, la verdad, pero ‘chispita de amor al fin y al cabo. Y en eso estoy, en ir sacando capas y curando heridas (muchas, como ya he dicho, no son ni mías) con el propósito de acercarme a esa luz dorada que brilla con intensidad.

 

Hay días que cunden y adelanto mucho y otros en que me pierdo y lloro, con un llanto desconsolado, pero mi intención está puesta siempre en hacer el máximo que pueda para ser feliz.
También me gusta pensar que la muerte, como final, no existe, que el Universo encierra infinidad de posibilidades y me encanta tener la certeza de que mi hijo Ignasi y todos mis muertos están bien, no sé muy bien por dónde anda cada uno, pero sí sé que, de alguna manera, ellos ya están en casa y, cuando llegue yo, no quiero volver con el sentimiento de haber echado por la borda mi vida, de no haberla aprovechado, de no haber reído y querido lo suficiente….

 

Si estamos aquí, qué mejor que vivir, en vez de encerrarnos y taparnos con un manto de miedo y angustia. Pase lo que pase tenemos la capacidad de darle la vuelta y no estamos solos para lograrlo; aquí, en la Tierra, hay muchísima gente que puede ayudarnos y, del otro lado, ya ni los cuento. No por nada, ¡sino porque son tantos!

 

Como todos los caminos, el de dejar de sufrir empieza con un pasito. No hace falta querer recorrer mucho trecho de una sola vez. No, más vale tomar consciencia e ir despacio. Os animo a realizar juntos este viaje que consiste en aprender a quererse y dejar de juzgar a nadie y, sobre todo, a nosotros mismos.

 

Cada cual hace con su vida lo que puede, cada uno de nosotros creamos nuestra propia historia y para nosotros es la válida, es la verdad y es distinta de la de los demás. Podemos, pero no sirve para este viaje culpar a los otros o a la vida de lo mal que nos sentimos.

 

Si no nos gusta nuestra historia en nuestras manos está cambiarla. Para esta aventura es preciso tomar las riendas, ser sinceros con nosotros mismos y actuar y decidir con el corazón, con la fuerza y la voluntad de auténticos guerreros.

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