NOSTALGIA

DESTELLOS DE LUZ PARA AFRONTAR LA NAVIDAD

 

TALLER EN BARCELONA

 

SÁBADO 24 de Noviembre

HORARIO: de 10h a 13:h

INFORMACIÓN E INCRIPCIONES:Tel. 650 98 38 80
mercecastro@mercecastro.com

 

 

Cuando en las calles empiezan a poner las luces de Navidad, los corazones en luto se encogen. La imposibilidad de abrazar lo que tanto se añora es abrumadora. Duele respirar.

 

Son días duros los que se avecinan, lo sé. He pasado muchas navidades en el infierno sin querer salir de la cama, con una piedra inmensa en la boca del estómago. Pero también sé que si me he levantado ha sido porqué el amor es más fuerte que el miedo, lo puede todo.

 

Las fechas señaladas son desafíos de amor y requieren las mejores galas del alma. Por eso, abro la posibilidad de participar en este taller en el que ofrezco los destellos de luz que a mi me han ayudado a transitar el camino del duelo, a encarar las navidades, y la vida entera, con una actitud más alegre y sosegada.

 

INFORMACIÓN E INCRIPCIONES:
Tel. 650 98 38 80
mercecastro@mercecastro.com

 

MOMENTOS DIFÍCILES

 

Es posible que te encuentres cerca del aniversario de su muerte, del día en que nació, del día que os casasteis o del que iniciasteis aquella aventura que os cambió la vida. Da igual. Hay fechas que quedan esculpidas en nuestra memoria. Y cada año, cuando estamos en duelo, nos arrastran con la fuerza de un huracán.

 

Por eso, porqué los aniversarios tienen mucha fuerza y suelen arrastrarnos al infierno, es bueno recordarnos, en los momentos de intenso dolor, que no pasa nada, que sentirnos mal ahora, es natural, forma parte de ese proceso de altibajos. Y, sobre todo, tener mucha paciencia con nosotros mismos.

 

Una de las cosas que a mi me han ido bien, en esos días de tsunami, ha sido hacer grande el más mínimo impulso de amor y ofrecerlo al ser amado que ha partido. Sé que cualquier iniciativa cuesta, pero es bueno empujarnos a hacer cosas que nos gustan, mimarnos, comprar flores, pasear por la naturaleza, llamar a las personas que queremos, que nos inundan de energía… Llorar si nos apetece, sin olvidarnos de reír, de escuchar música , de agradecer lo vivido.

 

Cuando se atraviesa un gran duelo, lo que los demás consideran correcto o incorrecto no tiene importancia, no hay energía para las convenciones sociales, solo el amor interesa, nos nutre, nos levanta, nos sostiene.

CIERRA LOS OJOS Y SIENTE

 

Antes de la muerte de mi hijo yo era una especialista en rehuir las emociones. Asociaba, sin ser consciente de ello, el sentir con el dolor.

 

Y sí, es cierto, hay emociones que duelen, pero no conozco otra manera de trascenderlas que sintiéndolas. Parece una contradicción, ¿verdad?

 

La inteligencia emocional no es una asignatura que se de en la escuela, ni tampoco suele ser fácil adquirirla con el ejemplo familiar. Al contrario, en la mayoría de las casa se suelen ocultar, en realidad sin éxito, lo que se considera sentimientos negativos.

 

Por eso te propongo sentir, porqué sé que ahora conoces el desgarro de la peor de las ausencias y te mereces volver a la vida.

 

No te escondas en las mil corazas que llevamos encima. Aprovecha que estás en carne viva para notar la calidez de la brisa, el reconfortante calorcito del sol, el vigor del aire frío en la cara, la suavidad de las caricias…

 

Busca el sosiego del mar, la energía que desprenden los árboles, no pienses, tan solo sient

 

UN DÍA COMO HOY FUI MADRE

 

 

Alrededor de los 25 años, de repente, me di cuenta que me quedaba prendada en la mirada de los bebés que me cruzaba por la calle. ¿De dónde salían de golpe tantos niños preciosos?

 

Tuve un embarazo maravilloso y días antes de cumplir los 26 abracé por primera vez a Ignasi. Nos sentimos cómplices desde que el test dio positivo.
Y cuando nos miramos aquel 8 de junio del 83 desapareció el mundo entero. Fue el inicio de un Big-Bang de amor.

 

No sabía yo entonces que esa explosión de amor iría más allá de la muerte. Que, incluso rota, guiaría mis pasos, secaría con dulzura mis lágrimas, me llevaría en volandas cuando yo apenas podía levantarme de la cama.

 

Sinceramente creo que, aunque la muerte nos desgarra, el AMOR es para siempre. Ese amor esta en cada uno de nosotros, es nuestra esencia y los hijos vienen a recordarnos lo que somos. Son uno de los interruptores que nos conectan a nuestro yo más sagrado.

 

Con la ausencia física de Ignasi he rozado a instantes la locura, pero siempre he encontrado destellos de luz que me han sostenido. No estoy hablando de grandes cosas, a veces lo sublime es tan pequeño…

 

Al girar una esquina nos puede sorprender la fragancia de una flor, la sombra verde de un árbol centenario, unas palabras cariñosas, un beso, una melodía… y esos minúsculos destello pueden encender la hoguera, el fuego de amor que llevamos dentro.

 

Cuando hay tormenta y el cielo oscurece, cuando la humedad nos empapa el corazón y los huesos es bueno prestarle atención al cuerpo. Sentir con ternura sus lamentos y, poco a poco, con suavidad, mecernos. Cuando estamos mal, hay que pensar menos y sentir más. Un día por vez, como un escalador que mide el paso con paciencia, sin estar pendiente del siguiente.

Parar. Entrar en nosotros mismos, sin esperar nada en particular, por el simple hecho de estar, de hacernos compañía… Así, poco a poco hasta que amaine.

 

Así, a ratos mirando hacia dentro, tiritando con mis miedos, encontrando a veces sosiego en la frase de un buen libro, en la belleza de un lienzo, en la risa o en el silencio ha llegado otro 8 de junio.

 

Y me siento feliz y agradecida de los muchos regalos que recibo, de sentir tan hondo a mis seres queridos vivos o muertos. ¡Es tan reconfortante sumar amor, sembrar semillas de cariño!

 

 

 

 

EL HILO INVISIBLE

 

 

Cuando un hijo muere cada una de nuestras células llora el vacío de su ausencia. La vida, el Universo entero se detiene ante la magnitud de nuestra profunda tristeza.

 

El impacto de la separación es tan potente que rompe las compuertas que retenían infinitud de emociones, de dolores sin nombre que arrastramos desde hace generaciones.

 

 

¡¡Hay tanto que sentir, tanto acumulado!! Por eso los grandes duelos nos sacan del tiempo de los calendarios, de la razón, de los argumentos, de lo que antes era lógico y parecía tierra firme.

 

Hay muy poco fuera que nos sostenga, aunque todas las manos que nos tienden sin reclamos son verdaderos regalos.

 

Es casi imposible llegar a la otra orilla sin tirar despacio del hilo de la madeja de amor que guardamos dentro. Ese hilo invisible nos devuelve con suavidad a la vida.

 

Es de nuestro interior que brota la alegría cuando, de la mano del miedo, atravesamos la niebla, nos ponemos en pie y abrazamos con calidez a los que amamos.

 

Pasamos de sobrevivir a vivir cuando respiramos hondo y nos ofrecemos a lo que venga. La entrega, parece un contrasentido, nos libera.

 

Y así empezamos a atar cabos. Ah, se trataba de eso; de estar presente cuando hay alegría, tristeza, miedo, incertidumbre o certeza, de sostener y dejarnos sostener, sin más. De decir palabras cariñosas, de mirar a los ojos a los otros. De estar en silencio… De reír y llorar juntos, sin ahogar con nuestras lágrimas a nuestros otros hijos.

ALEGRÍA SERENA

 

Con timidez, se acerca en mi país la primavera. Brota ya la tierra, imparable, con un verde luminoso y nuevo. El aire pronto olerá a flores.

 

Estalla la vida y la nostalgia de las ausencias se derrama. Las emociones, quizá adormecidas en nuestros corazones, resurgen con brío de forma inesperada.

 

Arrópate y siente el desconsuelo de tu llanto, la tristeza profunda que emerge a raudales como los ríos después del deshielo. Aunque te de miedo tanto sentir no te asustes, preciosa, recuerda que los sentimientos afloran en primavera.

 

Busca la belleza de la luz dorada de los amaneceres, la de las tardes que se alargan, la de los campos y los balcones floridos. Deja que la calidez del sol y el aire te amparen.

 

Duelen las ausencias, ¿verdad?, pero el dolor no impide que sientas la alegría serena de abrazar, de decir palabras bonitas, de escuchar en silencio, de amar a los vivos y a los muertos.

¿TE SIENTES VULNERABLE?

 

 

Es posible que estés tan cansada que te cueste levantarte, que por las noches, en cuanto oscurece, necesites arroparte entre las sábanas y esconderte del mundo, incluso de ti misma.

 

Tal vez te invade un sentimiento de abandono tan antiguo como la propia Tierra, un desespero tan profundo que te ahoga. Tienes miedo y darías cualquier cosa por dejar de tenerlo, ¿verdad?

 

Probablemente es un miedo atávico que te acompaña desde pequeña, por más que intentas esquivarlo. Seguramente ha crecido con la muerte de tu hijo, de tu compañero del alma, de tu amigo inseparable, de tus padres.

 

Si te sientes hoy así, respira hondo, concédete una tregua y mírate con cariño ¿No te parece que ya has aguantado bastante? Agárrate de la mano de la compasión y acaricia con amor tu miedo, envuelve con ternura tu pena, permíteles estar y expresarse sin reproches.

 

Solo tienes que cerrar los ojos y, con delicadeza, arrullar en silencio tu desasosiego. En el fondo sabes que solo el amor es capaz de sostenerte. Recuerda que tu no eres la tristeza, aunque estés triste. Tan solo se trata de sentir, tan solo eso.

 

No temas sentirte vulnerable, deja de sostener lo insostenible. Qué caigan las murallas, que se rompan en mil pedazos las armaduras. Eres un chispita de amor que ha venido a experimentar en su totalidad la vida.

 

No vivas con el corazón tapiado, quítate la venda, ahora ya sabes que el tiempo aquí es limitado. Abraza la vida. Entrégate al amor hasta el último suspiro, aunque duela.

 

TODO ENCAJA

CAVALLERIA PLUS

 

Hace 16 años que se fue Ignasi y, para mí, las fechas señaladas y los aniversarios siguen teniendo una fuerza tremenda. Da igual que intente sin éxito despistar a la nostalgia y pasar de puntillas, como hice el pasado 8 de junio, día de su cumpleaños. Amparada por el amor inmenso que siento por mi nieto -que aquel día lo pasó en en casa-, intenté engañarme y disimular tanto como puede para alejar la tristeza de no poder ver a Ignasi convertido en un hombre de 31 años. No me sirvió de nada, me levanté con la espalda contracturada, el cuello rígido y una piedra enorme en medio del pecho. No estoy hablando del dolor desgarrador de los primeros años, no, simplemente el cuerpo me recordó que el alma necesita mimos y silencio, que parir y ver morir a un hijo requiere un grado de consciencia extremo. Por eso hoy, que es su santo, al abrir los ojos lo primero que he hecho es felicitarle, lo segundo encender una velita y prometerme que todo el amor que soy capaz de dar se lo regalo. Es curioso porque como me he dispuesto a sentir, la nostalgia se ha desvanecido y en su lugar ha ido creciendo, con suavidad, la dulzura. Cuando acepto lo que soy, lo que hay, sin pretender ser ni más ni menos todo encaja.

LA ATMÓSFERA DE LA NAVIDAD

 

Desde hace un par de días que siento en el corazón la niebla de la nostalgia. Sé que es un sentimiento compartido, un clásico navideño que irrumpe por estas fechas en muchos de nuestros hogares. Viene para hablarnos de ausencias, tristezas y desencuentros, sí, lo sé, por eso ayer en casa, entregada como estaba a la nostalgia, las lágrimas me resbalaban por las mejillas sin apenas darme cuenta, como cuando te hace llorar en la calle el viento frío. Pero hoy me he dado cuenta que este sentimiento es una bendición, que en realidad viene a mostrarnos lo realmente esencial, que es el amor.

Todos, al llegar a cierta edad tenemos heridas y hemos sufrido pérdidas y lo que nos impulsa a seguir es el cariño. No es el dolor lo que nos sostiene, es el cariño. Y a veces la nostalgia, si conseguimos ir un poco más allá, nos ayuda a sentirlo con mayor intensidad.  Es bueno darse permiso para estar triste, para llorar, pero también lo es permitirse sentir la fuerza del amor y crear belleza y armonía a nuestro alrededor.

EMOCIONES REVUELTAS

El día de la Mercè, que es mi santo, conlleva para mí muchas emociones. En mi alma tengo guardados todos los 24 de septiembre que pasé hasta que vivió mi madre. Ella, como mi abuela materna, también se llamabaMercè y en casa ese día siempre fue fiesta grande. En la cocina de mi infancia, dos días antes, empezaban los preparativos que culminaban en un festín que reunía a toda la familia. Mi madre y mi abuela, que vivió toda la vida con nosotros, tenían un gran poder de convocatoria. Siempre me he sentido agradecida de compartir nombre con ellas. Y ayer, claro, las eché de menos. Comimos en casa Lluís, mi padre, nuestro hijo Jaume y Alba, su novia, y me arroparon con sus llamadas mis hermanos, mis tías vivas, mis primos y muchos amigos. A todos les agradezco su cariño que hizo más llevadera la nostalgia. Pero ayer cociné de memoria, estuve sin estar. Al caer la tarde me recluí en la lectura hasta la madrugada, como suelo hacer cuando el presente me hiere: me atrinchero en las páginas de un libro para estar ausente. En estos casos no leo por placer, sino para evadirme. Es una de mis excusas preferidas para dar esquinazo a la nostalgia. Misión imposible, debería saberlo de sobra, porque cuando intenté, agotada, cerrar los ojos, se agolparon pidiendo audiencia todas las emocionas aplazadas. Con cada una de ellas he tenido que ir negociando hasta que, ¡por fin! El sueño ha vencido. Sigue leyendo

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