NOSTALGIA

EL MAR DE MIS AMORES

 

 

Dicen que la naturaleza es sanadora y todos parecemos estar, en principio, de acuerdo, pero yo, amante de la ciudad, la certeza de que eso es así no la tuve hasta que la muerte de mi hijo Ignasi me lanzó, de repente, a años luz de la vida.

Siempre he tenido una unión profunda con Menorca, una isla pequeña y, en apariencia suave, azotada por el viento que, al menos a mi, me confronta, hasta que me rindo, con mis fantasmas, con mi sombra, con todo lo que, a veces sin saberlo, guardo debajo de la alfonbra.

Pues bien, a los tres meses de duelo una vocecita, en sueños, me dijo que me fuera a la isla. Pedí permiso sin sueldo en el trabajo y pasé 40 días de sanador silencio en Menorca y pude comprobar como el mar me acompañaba, el cielo estrellado acariciaba mi insomnio, la tierra verde de aquella lejana primavera acogía con alegría mis lágrimas.

Volví de allí no curada, mi herida tardó años en cicatrizar, pero sí con la convicción de salir adelante, aunque no tenía ni idea de cómo. Digamos que la isla me enraizó a la tierra. Sentí que, si había salida, pasaba por no tirar la toalla, por sostener el dolor, costara lo que costara.

Pasear descalza, sentir el viento en la cara con la mirada perdida en el mar que nunca acaba es un bálsamo para los corazones rotos. Lo mismo les ocurre, supongo, a los amantes de la montaña. En definitiva es la naturaleza la que nos calma, la que nos conecta con la vida, con el amor, con la fuerza de los que nos han precedido.

Mercè Castro Puig

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PON LA MANO EN TU CORAZÓN

Busca un sitio tranquilo, en el que puedas estar un ratito contigo. Un lugar, el que sea, dónde te sientas cómoda y puedas dejarte ir. Pon la mano en tu corazón, nota la caricia, el calorcito en el pecho y respira. No hay nada que hacer, ni que planificar, nada que arreglar, tan solo estar y sentir que la tierra te sostiene, que la luz de tu alma te protege.

Si aparecen viejas o nuevas angustias, miedos conocidos o desconocidos, tristezas de abandonos, recuerdos de traiciones, ráfagas de rabia, o un profundo cansancio… sonríeles, simplemente eso, sonríe con dulzura aparezca lo que aparezca. Estas en tu lugar sagrado y aquí puedes liberar, sin juzgar, lo que te pesa, hasta quedar desnuda de ataduras.

Respira, cielo, acompaña al aire hasta lo más hondo y deja que salga sin prisas, con suavidad. Siente el ritmo de la vida; cada inhalación es un regalo, cada exhalación una dulce entrega.

 

Permite que la calidez de la mano en tu corazón te conecte ahora con el amor que guardas, que eres. Si aparece la imagen de un ser muy querido, abrázalo y quédate allí, disfrutando del cariño que os une. En ese lugar sagrado que has creado no existe el espacio ni el tiempo, ni, por supuesto, la separación o la muerte. El amor que os envuelve es eterno.

 

Date las gracias, cariño, por estar contigo, por no huir, por mirar hacia dentro y prender esa luz que sostiene, con ternura, los momentos oscuros.

Mercè Castro Puig

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BAILAR CON LA VIDA

Pelearnos, resistirnos, escondernos, quejarnos… Eso sé que no ayuda, pero me llevará la vida entera sentir, en la piel, que simplemente se trata de bailar con la vida. Que no hay nada mejor ni peor cuando te entregas a vivir lo que hay. Que es posible ponerle amor a todo.

 

A mi me gusta imaginar que estar aquí, en realidad, es un privilegio, que la Tierra es un lugar muy valorada en el Universo. Que la densidad de la materia es exigente, sí, no es fácil de sobrellevar, pero es todo un privilegio la oportunidad de intentarlo. Esto es Broadway.

 

No penséis que estoy frivolizando porque como a muchas de vosotras me ha tocado representar papeles dolorosos, nada glamorosos, tristes hasta decir basta, poco lucidos... pero, precisamente, la intensidad de lo vivido me permite, a ratos, sintonizar con la melodía, con el swing de la vida.

 

Al fin y al cabo sabemos que nuestro tiempo es limitado y que nos guste o no, lo que hemos pactado experimentar, tiene fecha de caducidad. A mi me encanta pensar que cuando cruce al otro lado, sienta, con toda el alma, que he vivido.

Mercè Castro Puig

Foto: Fermín García Morales

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DARME A LUZ A MI MISMA

 

 

Todas las estaciones remueven emociones, pero para mí, la primavera se lleva la palma. Mis emociones toman el control y campan a sus anchas. Así como explosiona la vida allá donde hay un trocito de tierra, resurge con fuerza, de mi corazón, lo adormecido.

 

Todo lo que no está en equilibrio me aprieta y un día estoy contenta y al otro triste, nostálgica, insegura, confundida… Como si hubiese vuelto a la adolescencia. La luz es tan viva en primavera, el verde tan nuevo, las flores tan bonitas que, a veces, duele mirarlas.

 

Cuando me siento así, aturdida, cerrar los ojos y respirar despacio me sosiega. Y en vez de irme por instinto a refugiarme en la felicidad irrepetible de pasadas primaveras, me siento al lado de mi yo del futuro, esa mujer más versada que me coge las manos, me acaricia el pelo y me dice lo que mi alma necesita: «qué todo pasa, qué va a salir bien y sea cómo sea, voy a saber sostener lo que la vida me depara, que he atravesado otros duelos, otras muertes… que siempre que me he roto ha sido para darme a luz a mi misma».

Mercè Castro Puig

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A LAS PUERTAS DEL NUEVO AÑO

 

Ya está oscureciendo, empieza el último atardecer del año y quiero, antes de que se vaya el 2025 abrazar y agradecer lo vivido. He ido a tres o cuatro conciertos de esos que sales con cara de niña, más ligera, como si tuvieras alas. He leído algún libro entrañable, de los que van directos al corazón, he viajado a algunos lugares que no conocía, he hecho dos amigas nuevas y recorrido, conmovida, algunas exposiciones de artistas con mucho talento.

 

También he sentido dolor, algunos días tan intenso que solo un llanto desgarrado me ha dado algo de consuelo. Me he visto envuelta en desencuentros conmigo misma y con gente a la que quiero. He dudado de mí, he pensado mil veces que me equivocaba. Me he sentido perdida, sola, desamparada, rabiosa y he tenido miedo.

 

No han faltado, tampoco, momentos de ternura, de alegría serena, de amor en estado puro, de risas imparables, de silencios confortables, de sentirme una con todo, firme, fuerte, bien enraizada. Orgullosa del camino recorrido, de quererme y, por encima de todo, está la gratitud por poder experimentar la vida, por los seres que amo que me acompañan aquí o desde el otro lado, por mi familia de sangre y mi familia de luz.

 

Cada persona que se acerca, cada gesto, cada disgusto, cada lágrima, cada sueño, cada palabra que escucho o pronuncio forman parte de mi historia. Esa historia que mi alma ha escrito para mí. Esa obra de teatro, que a veces es un drama y otras una comedia, con muchos actores, de la que soy protagonista. Como lo eres tú de la tuya.

 

Queda poco para que caiga el talón de este año y quién sabe los giros que mi alma ha previsto para el siguiente. The Show Must Go On, como canta Queen.
Feliz Año Nuevo.

Mercè Castro Puig

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El cuadro que acompaña al texto es de Juan Brufal

 

 

HAZME UN FAVOR

 

Hazme un favor, dedica unos minutos a escucharte. Ya sé que es difícil. Solemos estar pendientes de los demás, ¿pero de nosotras mismas…? Eso de prestarnos atención la mayoría no sabemos lo que es.

 

No me refiero a darnos caprichos a ponernos guapas, a cuidar nuestra imagen, no. Eso está bien, claro, nos lo merecemos. Me refiero a ir más allá, a estar en silencio para dejar que nuestra alma, nuestra esencia divina hable. Sintiendo, solo eso, sin intentar acallar lo que duele.

 

Hayamos vivido mucho o poco, en nosotras coexisten muchas emociones agradables y desagradables que vamos acumulando con los años. Hemos sido bebés, niñas, adolescentes, nos hemos enamorado o no, hemos tenido tal vez desengaños, desencuentros, quizá hemos vivido duelos desgarradores, grande vaivenes…

 

Eso es vivir, sí, pero a menudo la inercia nos ciega, nos impide ver la cara más dulce de la vida y entramos en una espiral de cansancio y desazón. Es verdad que el contexto mundial no ayuda. Pero ¿desde cuándo el poder, mal entendido, no se ha sustentado en el miedo, la represión, las guerras? Y, sin embargo, vamos avanzando. De la incertidumbre, nada fácil de sostener, surge, sin embargo, lo nuevo, lo inesperado, lo que no podíamos ni imaginar alcanzar.

 

Sugiero que en la intimidad de nuestros hogares, en nuestro hacer cotidiano encontremos ese ratito para amparar la velita que todos llevamos dentro, esa que nos une al amor en estado puro e ilumina las sombras. Por débil que sea, si le prestamos atención, es capaz de grandes cambios personales y colectivos. Al fin y al cabo todo parece que está interrelacionado y, aunque cueste de creer, nada cae en saca roto.

Mercè Castro Puig

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RECUPERAR LA CONFIANZA

 

He estado fuera unos días y, hoy, al salir de casa y doblar la esquina, me he parado, sorprendida, delante de una hilera de árboles pletóricos de flores lilas.

 

 

Ya queda poco de invierno, se intuye el cambio de estación y eso despierta en mi un sin fin de emociones. Por eso, para aligerar en lo que pueda el alma y hacer sitio a lo que venga, he convocado a mis miedos.

 

 

Con algunos guardo una amistad de años, otros son más recientes y a penas nos conocemos. No quiero que me pase lo que me ocurre siempre que los ignoro; cuando intento esconderlos o mirar hacia otro lado, se hacen grandes y me tambalean.

 

 

Para que se sientan reconocidos y se achiquen, se desvanezcan o, al menos, se tranquilicen he decidido mirarles con ternura y darles un espacio en mi corazón antes de que llegue la primavera.

 

 

He cerrado los ojos y he ido acunando las partes de mi que me asustan, como el temor a enfermar, a sentirme desvalida, al mundo nuevo que se avecina, a la vida sin las personas que quiero, a no poder aguantar la tristeza o ese cansancio profundo que, a veces, me inunda.

 

 

Cuando sostengo, con cariño, las partes de mi que no me gustan me resulta más fácil poner la atención en todo lo bueno que hay en mi y que agradezco. Más se me va la mirada a la belleza, me siento más en calma. Y así, dando cobijo a mis miedos, recupero la confianza.

Mercè Castro Puig

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AHORA ES TU MOMENTO

 

Cierra los ojos y túmbate en un lugar seguro. Es tu momento tesoro. Aflójate ese corsé imaginario que te aprieta y deja que se abran las compuertas de tanto como has estado conteniendo. ¿Notas como se libera ese cansancio profundo?

No retengas nada, deja que salga la tristeza de las ausencias tan sentidas, el dolor punzante de aquel día, la frustración de saberte menos que nada ante la vida.

Ya está, siéntete libre de dejar de sostener el dolor vivido y abandónate al devenir. Abre las manos y suelta cada uno de los desencuentros, de los sinsabores, de las penas. Ya puedes salir del río, sin prisas, y notar en la piel la brisa y a la calidez del sol.

Sonríe a esa parte tuya que confía, que sabe cómo sostenerte, que te mantiene a flote muy cerca de la orilla, de la alegría. Escucha esa voz dulce que te recuerda la belleza que se esconce en tu vida cotidiana, en cada mirada de amor que regalas.

Nadie sabe por cuánto vamos a seguir aquí. Sea mucho o poco, tal vez ahora sea el momento de sacudirnos el entumecimiento y dejar lugar a esa diosa que todas llevamos dentro. ¿Me acompañas?
Maria Merce Castro Puig

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¿TE APUNTAS?

 

Casi todos guardamos recuerdos entrañables de los diciembres de antes de que las ausencias pesaran tanto. A mi se me subían los colores de puro gozo en esas sobremesas largas, viendo a mis mayores contentos y más tarde a mis hijos, correteando, ilusionados. Pues bien, hoy me he levantado con ganas de recuperar esa magia navideña para regalársela a mi nieto, a mi hijo y a todas las personas que quiero, estén aquí, lejos o en el otro lado.

 

No voy a hablar hoy de las memorias de desgarro que he vivido durante años en estas fechas, tampoco me voy a cerrar a cal y canto cuando la nostalgia, el enfado o lo que sea llame a mi puerta. Sentiré lo que tenga que sentir. Luego, sé que me tranquiliza, me da consuelo sacudirme la pereza y ponerme a hornear cariño a mi alrededor.

 

Empezaré hoy, a un mes de Navidad, por a encender cada día una velita, un hilo de amor, una luz de ternura con la intención de que ampare, aunque sea un poco, a todos los que empiezan un gran duelo. Y, al acostarme, repasaré todo lo bonito que me haya sucedido. Me propongo poner la atención en la belleza, en lo que me da paz, como ese cuadro de Antonio Barahona, que acompaña este texto. Un pintor sevillano que descubrí en Instagram, donde cuelga generosamente sus obras llenas de luz.

 

Envolveré, con un papel bonito, palabras amables para regalar, sin reparar a quién, me detendré a mirar el cielo y si se cruza alguien en mi pensamiento, le mandaré mis mejores deseos. Compraré flores, pondré música, abriré las ventanas para ventilar mi alma, para sacudirme preocupaciones, prejuicios y temores.

 

Y, de tanto en tanto, cerraré los ojos y dejaré reposar unos instantes las manos en mi corazón para sentir el inmenso amor que me une a mis muertos.

Maria Mercè Castro Puig

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NO TE RESISTAS AL LLANTO

Deja que se desborde la presa, es imposible contener tanta tristeza como acumulamos.
Las emociones hay que vivirlas, sí, es la manera de trascenderlas, pero, a menudo, por inercia, por que estamos acostumbradas a tirar hacia delante, intentamos eludirlas, darles esquinazo, mirar para otro lado.
Al menos eso es lo que me ocurre a mi, hasta que se me agarrota la espalda a la altura del pecho, como si llevara encima todo el peso del mundo.
Entonces me doy cuenta que la tristeza hace rato que está llamando a mi puerta y yo sin darme cuenta. Cuando por fin abro, me sonríe, con dulzura, ya me conoce, sabe que me cuesta parar, que a menudo me hago la fuerte y no suelo llorar.
Hasta que me rindo y abrazo la resaca emocional que ha supuesto para mi esparcir este mes de Mayo las cenizas de mi marido en Menorca, en el Mediterráneo, en el mismo mar que esparcimos las de nuestro hijo.
Juntas, la tristeza y yo, hoy hemos puesto música y, por fin, he podido dar rienda suelta al llanto. Qué tontería resistirse, que bien sienta al alma una buena llorera. Cómo limpian las lágrimas las penas, como se ensancha el pecho, como sonríe el corazón cuando aceptamos lo que sentimos y nos predisponemos a estar contentas.

 

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