paz

CREATIVIDAD

 

 

Todos somos artistas porque tenemos la capacidad de crear nuestra propia vida, que es la máxima expresión de la crea-ti-vidad (crea-tu-vida). A partir de hoy podemos imaginar, sin límites, cómo queremos que sea nuestra existencia. Si queremos abundancia, paz, amor, y armonía en nuestros corazones y a nuestro alrededor tendremos que ir  plantando las semillas que producen estos frutos, cuidarlas y eliminar las malas hierbas (creencias, apegos, programas, emociones reprimidas, juicios y prejuicios…) que dificultan la obtención de una buena cosecha.

Para cambiar hábitos y plantar las nuevas semillas y protegerlas de vientos y tempestades podemos recurrir a un sinfín de terapias (yoga, tai-chi, técnica metamórfica, ho’oponopono, constelaciones familiares…) y, claro, a hacer cada día algo, por pequeñito que sea, que realmente nos guste, hay muchas formas de mimarse, cada uno es libre de elegir la suya.
Si hemos preparado bien la tierra, hablando con sinceridad con nosotros mismos (cómo nos sentimos, qué queremos) sin casi darnos cuenta estaremos ya recogiendo frutos.

COMUNICACIÓN CON NUESTROS SERES QUERIDOS

Con este artículo de María Eugenia del blog: http://comunicacionentredosmundos.blogspot.com/
esta casa inicia una sección: “Ilustres Invitados”, donde se publicarán reflexiones de diversos autores que puedan aportar destellos de luz a nuestras vidas. Desde hace más de diecisiete años, María Eugenia, que tiene el don de la videncia, trabaja canalizando energía.

¿Es posible  comunicamos con nuestros seres queridos ya fallecidos? La respuesta es un sí rotundo. Nuestros seres queridos que ya han fallecido, mandan mensajes y señales que si tenemos una actitud abierta podremos ser capaces de percibir con más o menos claridad.

Comprendo que a veces resulta complicado creer en ello y cuando sentimos que sus presencias están junto a nosotros, la mente es la primera en lanzar una señal gigantesca de alerta, ¿qué pasa aquí, estoy loca? ¿es tal mi deseo de sentirles que lo imagino? Y como éstas, surgen miles de preguntas que nos bombardean y preocupan. Indudablemente, es básico y fundamental ser realistas y tener los pies bien aferrados al suelo.

He pensado que estaría bien hablar sobre dos de las maneras más comunes, que no únicas, en que se manifiestan nuestros seres queridos tras su fallecimiento, como son los aromas y los sueños.

A lo largo de mi vida, he vivido y escuchado muchas historias en las que los seres que se han ido, han establecido contacto con sus familiares, amigos o allegados. Los motivos de estas comunicaciones son varios, despedirse, saludar, avisar e informar sobre un tema, dar información…

Podemos notar su presencia al oler su perfume, el aroma que les identificaba. Normalmente el olor aparece brevemente apenas dura unos segundos, lo suficiente como para reconocerlo y asociarlo a la persona que se ha ido. Sigue leyendo

AMARNOS SIN CONDICIONES

 

Durante los primeros tiempos de duelo, cuando el dolor es desgarrador, intentamos proteger a los nuestros sacando fuerzas de flaqueza para que nuestras parejas e hijos perciban una imagen de ‘normalidad’. Como queriendo decir al mundo: “tranquilos, estoy aquí, no me hundo, confiandad en mi”. Eso puede servir, siempre y cuando nos permitamos a ratitos desmontarnos sin juzgarnos. Qué quiero decir: es habitual cuando hablamos con el corazón, sin representar ningún papel, reconocer que la mayor parte del tiempo nos sentimos perdidos, tristes y desesperados, sin saber por dónde tirar, ni qué hacer para salir adelante… No pasa nada por sentirse así, es lo habitual después de un golpe tan duro. Pero si encima de haber perdido el norte y la vida que teníamos nos recriminamos por sentir lo que sentimos no nos estamos haciendo ningún favor ni a nosotros ni a los nuestros. Durante el duelo ayuda muchísimo ser amoroso y comprensivo con uno mismo y dejar de mirar con lupa las emociones que sentimos, por muy negativas que sean. No somos un juez que determina lo que está bien y mal y emite sentencia. Si tenemos rabia, pues tenemos rabia, si estamos tristes, pues estamos tristes, si no sabemos por dónde tirar, pues no sabemos por donde tirar. Sigue leyendo

LA FUERZA DEL AMOR

Estoy en la isla, Menorca, mi isla que me acoge como una madre, en silencio. Con calma escucha mis reproches sin decir nada. Me mira con el azul intenso y brillante de su cielo, me mece con la tramontana hasta que el viento limpia mi alma y el cansancio va remitiendo.

Hoy hace 11 años que murió mi mamá, de repente, mientras yo andaba en Cabo Verde intentando despistar la pena por la muerte de mi hijo.

Hace un ratito que he llamado a mi padre. Lo llamo a diario al anochecer pero hoy necesitaba oír su voz antes del mediodía. Ha ido a la catedral temprano como cada 11 de agosto desde que ella no está. Siento el amor sin fisuras de mi madre y una paz dulce me inunda el corazón. Aquí, debajo de la morera de mi casa siento el cariño de mi madre y le agradezco infinitamente su amor.

Ahora mismo acaba de llamarme mi hermana: “tengo un día flojito, -me ha dicho-parece que en vez de 11 años hayan pasado 11 días desde la muerte de mamá”. Eso es lo que tienen los aniversarios: achican el tiempo.

Yo sé que Ignasi, allá donde está anda muy ocupado pero tengo la certeza que hoy lleva de la mano a mi mamá. Hoy todos sentimos lo que sentimos, los de aquí y los de allá. El cariño va más allá de las grandes distancias, de la vida y la muerte, no hay dimensiones ni muros que se le resistan.

HABLAR Y ESCUCHAR CON EL CORAZÓN

Suele decirse que las crisis muy profundas, como el duelo por la muerte de un ser muy querido, pueden ser una gran oportunidad de crecimiento espiritual, de conexión con nuestro yo más profundo, con la Fuente que emana amor, confianza, serenidad…

Sí, ¿pero cómo se llega a transformar el dolor, la angustia y la incertidumbre en sabiduría?¿Cuál es el camino? Hay muchos puentes que nos permiten cruzar a la otra orilla. Uno de ellos es aprender a hablar y a escuchar con el corazón. Cuando hablamos de lo que sentimos sin miedo a lo que los demás piensen de nosotros, sin ideas preconcebidas, ni ansias de agradar o convencer establecemos una comunicación amorosa que llega al corazón de los demás.

A mi me gusta imaginar cuando hablo con alguien que de mi corazón surge una luz que enciende el corazón del otro y se establece así, unidos por ese rayo luminoso, un diálogo de alma a alma que me da paz. Intento sentir lo que digo y frenar mi mente impaciente, que siempre va más deprisa que mis palabras como si no tuviera tiempo de conversar.

Pero para llegar a la otra orilla no solo hay que hablar, también es necesario escuchar con el corazón. ¡Qué difícil es eso! Requiere muchapaciencia y humildad; no interrumpir ni acabar las frases del otro, deshacernos del apego al tiempo y ofrecérselo con atención, escucharlo de verdad, con los cinco sentidos, sin suposiciones ni prejuicios, estando presentes en cuerpo y alma, en vez de tener la mente en mil otros sitios a la vez.

Solo así, hablando y escuchando como si meditáramos, viviendo realmente el momento y con el corazón abierto surge el crecimiento, aprendemos del ser que tenemos delante, avanzamos un pasito más, nos sentimos más unidos a la vida y creamos armonía a nuestro alrededor.

DE LA MANO DEL AMOR, AHORA MÁS QUE NUNCA

Mañana empieza la primavera. Las hojas de los árboles de mi calle han empezado a brotar y el aire viene cargado de aromas distintos. A los corazones en duelo, heridos, los cambios de estación les despiertan tristezas, miedos y añoranzas recientes y antiguas. La nueva vida lo inunda todo, es imparable y cuesta horrores seguirle el ritmo. Esta primavera del 2011, además, anuncia con fuerza cambios distintos y profundos. No es una primavera suave, no, la que comienza mañana. El mundo no es el mismo desde que nuestros hijos se fueron, pero lo cierto es que ahora el mundo no es el mismo para nadie. Dicen los entendidos que la crisis que estamos viviendo es necesaria para acabar con una forma de relacionarnos con el planeta y entre nosotros mismos que ya no sirve, está caduca. La Tierra misma parece estar en duelo, intentando dejar atrás lo que le produce dolor y sufrimiento con la esperanza puesta en abrazar un futuro más prometedor, menos agresivo, más respetuoso. A eso le llaman cambio de Conciencia. Mientras no lo consigamos reina la incertidumbre. Cuesta dejar lo conocido cuando todavía no sabemos como será lo que está por venir. Pero es el único camino, no hay opción. La vida no se para, hay que atravesar el duelo personal y colectivo. La resistencia duele más. Ahora más que nunca hemos de cogernos de la mano del amor, para ahuyentar los miedos y ser buenos ‘surfistas’. Vamos a caer muchas veces, pero todos contamos con la fuerza interior que nos permite levantarnos cada vez que tropecemos. Cuando a mi me falta la energía, nada me funciona mejor que pedir ayuda “a los de arriba”, a mis guías, a la fuerza del amor, da lo mismo el nombre que utilicemos para conectar con la esencia. Sola no puedo hacer nada. Cada uno de nosotros es una hormiguita, pero si nos unimos, si sabemos que contamos los unos con los otros, si confiamos en la fuerza del bien, la incertidumbre es más llevadera, es más fácil reencontrar la paz.

BENDITA MENORCA

 

Cuando dirigía la revista Mente Sana, fui a entrevistar a Satish Kumar. Es un indio, seguidor de Gandhi, afincado en Inglaterra, que ha dedicado su vida a crear armonía y paz. Me impresionó su humildad, su entusiasmo por la vida, su mirada vivaz de niño, a pesar de sus muchísimos años. Él me contó que para encontrarse a uno mismo hay que dedicar tiempo a distanciarse del ruido exterior; dejar de leer, de ver la tele, de ir al cine… En resumidas cuentas, apartarse de las distracciones y dejar que fluya lo que llevamos dentro. Lo más parecido a esto es lo que me ocurre cuando estoy en Menorca, como ahora. Aquí, en esta isla pequeña y mediterránea, en esta casa vieja y querida, me encuentro con las emociones que he ido guardando para poder seguir con el día a día.

De momento, cuando llego a la isla me invade una alegría inmensa: el aire es limpio, el verde es verde y hay flores por todas partes. Pero pronto, tal vez ya al día siguiente, empieza a surgir la nostalgia, la tristeza aparcada, el nudo en el pecho, la tensión en los hombros… y me voy alejando del mundo para estar conmigo, sintiendo. En Menorca, mirando el mar tan bonito, puedo llorar mis penas, las de las mujeres de mi familia, las que me cuentan las madres a las que se les ha muerto un hijo… Aquí todo es tan auténtico, la luz brilla tanto, que puedo lavar con lágrimas mis pesares, a mis anchas, y tenderlos luego para que les de el aire y el sol. Sí, aquí limpio mi alma y curo mis heridas.

Cuando mis fantasmas y yo hemos despachado los asuntos pendientes, regreso despacio, acompañada del verde tan verde, del azul tan intenso, de las flores, amarillas, de primavera que lo cubren todo. Con suavidad recobro la alegría de estar viva.

LA SUERTE DE COMPARTIR

 

El contacto con las personas que leen este blog es de las mejores cosas que me han sucedido este año. Aunque a la inmensa mayoría no las conozco, me reconforta sentirme parte de ellas. Agradezco de todo corazón la posibilidad de compartir sentimientos, de estrechar cálidos lazos de amor que endulzan nuestras almas. Me da paz. Somos compañeros de un viaje duro, que encierra millones de posibilidades. Durante este largo recorrido, podemos volver a elegir quiénes queremos ser, nos es permitido sembrar y recoger alegría serena, humildad, compasión, confianza… Podemos aprender a querernos, a aceptar cariñosamente a los demás y a nosotros mismos. Podemos aprender a vivir de verdad. Y cuando nosotros también estemos al otro lado, y miremos hacia atrás, nos encontraremos con todo lo que hemos creado, con la fertilidad de las lágrimas que hemos derramado. A veces pienso que el truco de vivir consiste en no resistirse a reír, ni a llorar.

LAS PALABRAS CURAN

 

Es tan fácil hablar que no nos damos cuenta del milagro que representa. Cuando nos expresamos con nuestra lengua materna, los sonidos brotan sin pensar, como por arte de magia y cada palabra encierra nuestra forma de ver la vida, de acercarnos al dolor, al amor, habla de nuestros miedos, de nuestras inseguridades, de lo que creemos, de lo que soñamos … El lenguaje nos define y nos ayuda a compartir sentimientos. Por eso, hablar de las personas que ya no están aquí y de nuestras emociones cura, siempre y cuando hablemos desde el corazón, desde el centro de nuestro ser, desde nuestro yo más sagrado. Si no es así, las palabras no sirven para curar, están vacías. Cuando decimos una cosa y sentimos otra, desperdiciamos el poder sanador de las palabras. De ahí que sea tan importante deshacernos de los prejuicios, de los dogmas, de las verdades absolutas que actúan de filtros e impiden que los sonidos surjan directamente del alma.

Cuando alguien nos dice algo desde el corazón es más probable que llegue al nuestro y eso siempre da paz. Como también la da decirnos a nosotros mismos, en voz alta, lo que sentimos. No nos deberíamos acostar sin habernos dicho, con dulzura, palabras cariñosas, de aprobación, de consuelo. Al verbalizar una emoción ponemos en marcha en nuestro interior el interruptor que nos une ala Creación, al Universo entero.

VIVIR CON PLENITUD

 

Propongo que perdamos el miedo a la palabra muerte. Hasta hace poco hablar de ella se consideraba morboso y tal vez para muchos todavía lo es. Pero no hay nada más natural que morir y las madres y los padres que han visto morir a un hijo tienen la necesidad de saber qué ocurre después, qué es realmente la muerte, dónde están nuestros seres queridos… Dejemos a los que no quieren ni nombrarla y hagamos entre todos los demás un esfuerzo para decir alto y claro lo que sentimos. La muerte para mí es una oportunidad de crecimiento espiritual enorme, es en realidad la gran oportunidad.

Dicen las personas que trabajan con enfermos terminales, que una de las cosas que da paz a los moribundos es el perdón. En el lecho de muerte, perdonar y ser perdonado alivia el dolor del alma ¿Por qué esperar a los últimos suspiros? ¿Por qué no empezamos ahora, que todavía contamos con fuerzas para disfrutar de la alegría que produce sentirse ligero de espíritu?

Dice el terapeuta Stephen levine que cobardía es vivir como si la muerte no existiese. El desafío es saber. Para saber, para aprender a morir, es necesario pacificar nuestro interior. El camino para conseguirlo es ir curando de una en una las heridas recientes y antiguas. Solo así, conociéndonos a nosotros mismos y perdonando nuestras debilidades y las de los demás podremos morir en paz y vivir en plenitud. ¿Pero cómo se curan las heridas, las conocidas y las desconocidas? Con paciencia y con la ayuda de los médicos, psicólogos y terapeutas que puedan enseñarnos a relajar el cuerpo, casi siempre agarrotado, a contener la mente, casi siempre desbocada y a indagar en nuestra alma, casi siempre escondida y maltratada. Eso requiere un trabajo lento y tan largo como la vida misma, pero el regalo que encierra lo vamos recibiendo de a poquito en el camino. Y un día aceptamos la muerte, incluso la de nuestros seres más queridos y vemos la vida entera como un regalo.

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