NAVIDAD

SONRISAS QUE SALEN DEL ALMA

 

Hacer ver que estamos bien cuando estamos mal es agotador y no merece la pena. Las falsas sonrisas no aligeran las penas ni llegan al corazón de nadie. Al contrario, llevar una máscara alegre cuando por dentro nos sentimos morir nos deja inmensamente solos, nos separa más de la vida y agranda el dolor profundo de sentirnos perdido en medio de la nada.

 

 

Si hoy te sientes desgarrado no finjas, es mejor parar, respirar, bajar el telón y suspender la comedia. Deja de luchar por estar bien, por alcanzar un entusiasmo que se aleja al perseguirlo. Mejor date un tiempo para estar contigo.

Quédate en silencio, en el sofá y a tu aire, sin prisas, empieza a desenredar con cariño la madeja de emociones que te oprime el pecho, que te cierra el estómago, que te tensa la espalda, la nuca, los hombros… Escucha con ternura cada lamento de tu cuerpo y llora.

 

 

Las lágrimas liberan la carga que arrastra cada una de tus células por intentar ser otro desde hace tiempo. Permítete ser tu, solo tu en este momento, sin expectativas ni dramas. No te enfades contigo por estar mal, no añadas leña al fuego. No estés triste por estar triste.

 

Las emociones, los sentimientos son como las olas, vienen y van. Fluyen con la vida si no las entorpecemos. Son algo natural como el paso de las estaciones.

 
Cuando nos entregamos con amor a lo que hay es más fácil sintonizar con la calma y, entonces, se produce el milagro y aparecen destellos de luz, chispas de alegría, sonrisas que salen del alma.

DESAFÍOS DE AMOR

peto-trenQuizá porqué se acerca Navidad y la nostalgia llama a muchas puertas siento la necesidad de ampliar la mirada, de crear amor con cada pensamiento, con cada palabra, en vez de dejarme llevar por la inercia de las apariencias, de las suposiciones, del bullicio de las críticas, de las prisas de las compras, de las celebraciones en mesas llenas de desencuentros.

Las fechas señaladas son desafíos de amor y requieren las mejores galas del alma. La dulzura de una palabra cariñosa, el calor de un abrazo, el silencio que acompaña, la honestidad que reflejan los ojos que no juzgan nada. De esos desafíos, si nos permitimos sentir lo que sentimos, suelen nacer historias preciosas, momentos sublimes, mágicos.

 

Dicen que en cada desierto se esconde un manantial. ¿Pero cómo encontrarlo si el dolor de las ausencias nos paraliza? Parece ser que no hay atajos y, como en las peores pesadillas, el manantial se aleja cuando más nos obsesiona alcanzarlo. En cambio, si nos rendimos con compasión al dolor, a la tristeza, a la ira, al miedo sin alimentarlos se produce el milagro.

Como los príncipes de los cuentos es preciso antes de conseguir el tesoro enfrentarnos a nuestros monstruos. Lo que nunca nos han contado es que para vencerles necesitamos amabilidad, ternura y paciencia, en vez de espada o cañones. La letra de la que hablamos con sangre, por fuerza, no entra, al fin y al cabo esos miedos nos pertenecen, llevan, quizá, en nuestro interior o incluso en nuestra propia familia generaciones.

 

HOME EL DESSERTTal vez solo están pidiendo a gritos que los escuchemos, que abandonemos la creencia de que no podemos pasar de pantalla, saltar al vacío y sentir, sin más, que estamos vivos, aunque tengamos miedo. Ese es uno de los desafíos de amor a los que nos enfrenta el duelo: a vivir lo que sea, con el corazón abierto. A no renunciar, aunque duela.

 

Son días duros los que se avecinan, lo sé. He pasado muchas navidades en el infierno sin querer salir de la cama para huir de todo, con una piedra inmensa en la boca del estómago. Pero también sé que si me he levantado ha sido porqué el amor es más fuerte que el miedo, lo puede todo. En realidad es sencillo, simplemente hay que vivir el momento, segundo a segundo, contemplando como entra y sale el aire de nuestro cuerpo, cada vez que la mente se empeñe en viajar en el tiempo.

A LAS PUERTAS DE LA NAVIDAD

arbol-navidad-613x400Miro para atrás y recuerdo el dolor desgarrador de mis primeros tiempos después de la muerte de mi hijo Ignasi; ese vacío desolador, esa desesperación sin fondo que sienten ahora las personas que empiezan un gran duelo. Algunas las conozco, como a mi primo Sergio y su esposa Merche, sé parte de su historia, tenemos raíces comunes, de otras solo sé lo que, con el corazón abierto, comparten con amor conmigo… En realidad, seamos familia o no, a todas nos une, más allá de cualquier parentesco, la necesidad de saltar a ciegas el abismo que nos separa de la vida.

 

 

Soy consciente que de poco o nada sirven las palabras y los consejos. El valor solo puede salir del interior de cada uno. Pero también soy consciente, porqué lo he vivido, que las caricias, las miradas y las sonrisas dulces y sinceras, además de reconfortar, tienen el don de sostenernos unos a otros.

 

 

Estamos a las puertas de la Navidad y no sé cómo explicar lo feliz que me haría que cada corazón en duelo sintiera la calidez del cariño de sus seres queridos muertos. Sé que eso es posible cuando somos pacientes y amables con nosotros mismos, cuando no huimos del terror que, a menudo, nos produce estar vivos. Cuando, con la dulzura que acunamos a un bebé, abrazamos nuestros miedos. Cuando, a pesar de los pesares, apostamos por vivir con amor la vida.

TERNURA, MUCHA TERNURA

 

Abrazo 2014-06-30 a las 12.24.10Me gusta imaginar que durante estos días que quedan de aquí a mediados de enero me permito, con cariño, ser buena y bondadosa conmigo misma. ¿Me acompañas?
Imagínate que tenemos, de sobra, la fortaleza para lograrlo y, además, el Universo entero nos sostiene y nos alienta para conseguirlo.

 

 

Imagínate que no solo acogemos con ternura a la nostalgia, sino también a cada uno de los pensamientos dolorosos que tengan a bien visitarnos.

 

Imagínate que no hacemos distinciones entre buenos y malos, entre hombres y mujeres, blancos y negros, ricos o pobres.

 

Imagínate que podemos actuar con un perdón y una ternura constantes hacia todo y hacia todos, incluso hacia nosotros mismos.

 

Eso, sin duda, nos acercaría a nuestros seres de luz y en la mesa de Navidad los sentiríamos con alegría en nuestros corazones.

 

Me atrevo a sugerir que para empezar a imaginar el sosiego y la paz inmensa de amar y ser amados sin condiciones, nos enlacemos en un dulce abrazo. Un abrazo cálido y tierno, de esos que nos hacen saltar las lágrimas y nos encienden las mejillas de puro gozo.

AIRES DE DICIEMBRE

BUGA-TERRAAunque quisiera pasar de puntillas o hacer oídos sordos diciembre es tan potente en mi vida que no hay un lugar en el mundo donde poder huir y hacer como si nada. No, no hay forma de escapar, son muchos los diciembres que he tratado de esquivar y no me ha servido de nada. Ahora ya sé que es mejor para mi alma abrirle la puerta, sin brusquedad, despacito, y, en vez de darle la espalda, recibirle y acomodarle con amabilidad.
Primero entra con suavidad la nostalgia. Su presencia es ligera, es una emoción discreta que suele pasear por casa sin hacer ruido. De repente, con dulzura me coge de la mano y me sugiere, por ejemplo, que pasemos la tarde juntas, en el sofá, mirando fotos de cuando los niños eran pequeños… tropiezo con la carita preciosa y risueña de Jaume, antes del golpe seco y los ojos siempre brillantes de Ignasi y regreso, sin darme cuenta, a la vida de antes.

 

Poco después es fácil que llegue la tristeza; honda, contundente, profunda, tan vieja como la propia Tierra. Con la tristeza de diciembre al lado la imagen de Ignasi, mi hijo muerto, desata el llanto contenido durante siglos. Por suerte, las lágrimas tienen el don de limpiar el alma y sosegar el corazón. Entonces, vulnerable y frágil, es cuando enciendo una velita y me digo a mi misma: “Ya está diciembre aquí. Me voy a dar permiso para sentir con amor lo que venga”. Es la única forma que conozco de trascender el dolor y el miedo. Aceptar lo que siento y agradecer todo lo bueno que tengo no solo me sostiene, me inunda de una alegría serena, me conecta con la esencia, esa chispita de amor que todos llevamos dentro capaz de transformar la oscuridad en luz.

 

Por eso, porque es diciembre propongo abrir de par en par las puertas de la vida y sostenernos con cariño. Para conseguirlo vamos a tener que dejar de lado el orgullo y perdonar tanto como sea necesario hasta sentirnos en paz.

CON GRACIA, FACILIDAD Y BELLEZA

PAPALLONA2013-12-22 a las 17.05.55Este 26 de diciembre hará 15 años que tuvimos el accidente y murió nuestro hijo Ignasi. Durante muchos, muchos años ya a mediados de noviembre inundaba mi corazón la niebla densa, el pecho me dolía y perdía, poco a poco, la energía que me da vida. Llegaba al día de Navidad sin fuerzas para levantar ni un brazo y con el corazón roto.

 

Los días señalados compartía la mesa familiar, sí, pero el peso de la tristeza era tan grande que antes de que llegara la noche estaba exhausta, sin apenas aliento, desfallecida. He vivido días desgarradores, pero incluso en los momentos más oscuros siempre han aparecido destellos de luz, instantes de amor puro que me han sostenido.

 

Este año – y quizá ya el pasado- me siento mucho más ligera, queda nada para navidad y la energía no me ha abandonado, a menudo me siento contenta, agradecida, ilusionada… pero también desde hace unos tres días vuelvo a sentir, a ratos, la sensación de tener una piedra grande entre el centro del pecho y la boca del estómago. 

Esta piedra, conocida, está hecha de muchas emociones pero, básicamente, de miedo. Mis células tienen memoria y recuerdan el horror de hace 15 años.  Muchas de esas memorias de dolor que guardo en mi interior no tienen nada que ver con la muerte de Ignasi; son creencias antiguas, dramáticas, que aprovechan las fiestas para reclamar un espacio. Solo con mucho cariño puedo ir acomodándolas en mi corazón hasta transformarlas, hasta que vuelen alto. Y en eso estamos, porque tengo el firme propósito de empezar el año nuevo aceptando todo lo que la vida me depare con gracia, facilidad y belleza.

QUÉ BRILLE EL AMOR

QUÉ BRILLE EL AMORCuando se está atravesando un duelo, a medida que se acerca la navidad la nostalgia crece y es posible que las ausencias vuelvan a ser desgarradoras como al principio, como si apenas hubiese pasado el tiempo. Es fácil que nos volvamos a sentir fuera de la realidad; el ajetreo de la calle, las luces, las compras, las celebraciones… Todo lo que comporta la navidad nos hiere y nos es ajeno excepto el amor. El amor es lo que nos sostiene. Si nos cuesta levantarnos de la cama recurramos a la fuerza de los que nos quieren para conseguirlo, a la fortaleza de los que tienen la certeza de que solo el amor importa.

Propongo que durante estas fechas, más que nunca, abramos de par en par nuestro corazón y nos demos permiso para recibir cariño. Sabemos lo qué es el dolor y nos merecemos sentir el calor de los abrazos, la ternura de algunas miradas, las sonrisas que reconfortan, las palabras dulces que nos acarician, todo lo que nos eleva. Permitamos que en nuestra vida entre la luz, el brillo de millones de estrellas, toda la belleza del Universo.

 

Sí, es navidad y duelen las ausencias pero en nuestro interior sabemos que nuestros seres queridos están bien allá donde están y nos adoran.

LA ATMÓSFERA DE LA NAVIDAD

 

Desde hace un par de días que siento en el corazón la niebla de la nostalgia. Sé que es un sentimiento compartido, un clásico navideño que irrumpe por estas fechas en muchos de nuestros hogares. Viene para hablarnos de ausencias, tristezas y desencuentros, sí, lo sé, por eso ayer en casa, entregada como estaba a la nostalgia, las lágrimas me resbalaban por las mejillas sin apenas darme cuenta, como cuando te hace llorar en la calle el viento frío. Pero hoy me he dado cuenta que este sentimiento es una bendición, que en realidad viene a mostrarnos lo realmente esencial, que es el amor.

Todos, al llegar a cierta edad tenemos heridas y hemos sufrido pérdidas y lo que nos impulsa a seguir es el cariño. No es el dolor lo que nos sostiene, es el cariño. Y a veces la nostalgia, si conseguimos ir un poco más allá, nos ayuda a sentirlo con mayor intensidad.  Es bueno darse permiso para estar triste, para llorar, pero también lo es permitirse sentir la fuerza del amor y crear belleza y armonía a nuestro alrededor.

RESACA EMOCIONAL

Estas navidades hizo 13 años que se fue Ignasi y la resaca emocional que me produce el dolor que siento el día del aniversario de su partida, en cada una de mis células, me dura hasta prácticamente finales de enero o incluso más. No es un tsunami terrible y devastador como lo fue los primeros años, pero todavía noto una sacudida fuerte y normalmente acabo poniéndome enferma; este año empecé con un resfriado tonto que acabó en una bronquitis aguda de la que me he recuperado hace escasamente una semana, aunque todavía me siento un poco débil y dispersa. El cuerpo tiene memoria, de eso estoy segura y nuestras defensas bajan cuando los recuerdos dolorosos entran en escena. Lo hacen de forma tan apabullante que, como el caballo de Atila, mi mente desbocada arrasa con todos mis pensamientos positivos y vuelven a campar a sus anchas los malos augurios. Yo sola no puedo con todo ese ejército de negatividad y pido a mi alma, a mi esencia divina que me ayude a recuperar la fuerza y el optimismo perdidos. La verdad es que cuando estoy en horas bajas es cuando más noto el impulso de mis guías y maestros, pero mi tristeza es tan profunda que necesito paciencia y tiempo para ir sintiendo de nuevo la alegría de estar viva.  ¡Es tan agradable volver a sentir confianza!

MIS DESEOS

Hace un ratito, bajando del mercado, me he encontrado con una vecina de la calle con la que nunca antes había hablado. Nos hemos mirado con cariño y, como si las dos lo estuviéramos deseando desde hace tiempo, nos hemos dado un abrazado cálido. Mirándome con dulzura, me ha dicho: “que cada uno de los días del año que viene sean para ti muy felices”. No sé nada de su vida y no sé si ella sabe algo de la mía pero a partir de hoy las dos compartimos un precioso regalo: el del amor incondicional entre dos desconocidas.
Ahora, al llegar a casa, con la compra todavía por guardar encima de la mesa de la cocina, he sentido el deseo de abrazaros a cada uno de vosotros. No tengo más que el deseo y las palabras para hacerlo, pero es un deseo tan grande, que por fuerza os tiene que llegar. Me gustaría que durante este año nuevo y para siempre sintierais el amor y la alegría de vuestros seres queridos vivos y muertos, que pudierais llorar tranquilos y reír con ganas, que las semillas de amor que plantaron vuestros hijos florezcan tanto que conviertan vuestro hogar en un  lugar hermoso, cálido y sereno.

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