AMOR

AMIGAS PARA SIEMPRE

Hay personas que nos acompañan con amor hasta que un buen día nuestras vidas se bifurcan y emprenden caminos distintos. Las echamos de menos, claro, pero ya no forman parte de nuestro día a día.

 

No me refiero a nuestros seres queridos muertos, sino a amigos, parejas o conocidos que siguen aquí, aunque desaparecen de nuestra cotidianidad.

 

Los vínculos de amor son eternos, no importa la presencia física del ser ausente para sentir en el corazón el gozo del ser amado, pero solo tu estarás siempre a tu lado.

 

Nacemos y morimos solos, aunque estemos acompañados. Por eso, porque hay muchas muertes en vida, muchas noches oscuras que preceden a nuestro propio renacimiento, es muy reconfortante convertirnos en nuestra mejor amiga.

 

A mi me parece que en cada una de nosotras hay una chispa divina, una mujer sabia que no nos reprocha nada, que nos acoge con amor, sin condiciones, cuando más falta nos hace.

 

Cuando estamos confundidas, asustadas y/o enfadas, cuando no nos gustamos nada, cuando solo queremos escondernos para siempre debajo de las sábanas, esa parte nuestra que solo ama es la que nos guía de nuevo a casa.

 

Confío a ciegas en mi parte sabia. No puede evitar que lo que tenga que suceder, suceda. Pero si aflojo mi ego y no la niego, tiene el don de serenarme, de mostrarme la parte amable. Y la reconfortante hablidad de hacerme sentir como en el cielo en sus brazos.

 

 

LA BELLEZA DE LOS DESAFÍOS

 

Cuando atravesé la noche más oscura que de momento he vivido, de poco me servía que me afirmaran que yo saldría de ésta porqué era fuerte, tampoco me ayudaba que me dijeran que mi pena, mi desgarro, era para siempre.

 

Yo no quería ni lo uno ni lo otro; ni tirar la toalla y abrazar la amargura, ni pasar página agarrándome a una supuesta fortaleza que en aquellos momentos me era tan ajena.

 

Me sentía morir, eso sí, al despertar, a media mañana, por la tarde y cuando me acostaba. Entre medio, había algún destello de luz y a eso me aferraba. Algo me susurraba que solo tenía una salida: mirar hacia dentro y sentir el dolor insoportable, la locura que produce la muerte de un hijo, de un ser inmensamente amado.

 

Yo me rebelaba, quería mi vida de antes; envolverme en la alegría que sentía cuando él entraba en casa, arroparme en la agradable sensación de cerrar la puerta con llave, de noche, sabiendo que estábamos todos dentro.

Como un ciego, a tientas, he pasado años aprendiendo a relacionarme de otro modo con Ignasi. No puedo verlo, pero nuestro amor permanece intacto. Soy la madre de dos hijos fantásticos y la abuela de un niño maravilloso.

 

Para sentirme en paz con la vida me ha ido bien ampliar la mirada, dejar de luchar, sumar cariño, buscar la belleza en cada desafío. Mirarme con dulzura, descansar cuando me siento fatigada…

 

 

LA MAGIA DEL DESEO

Es muy probable que ahora nada te haga ilusión, que te de igual una cosa qué otra. Estás atravesando un gran duelo y bastante tienes con afrontar el día a día.

 

No te pido que hagas planes, sé lo agotador que es el dolor y lo difícil que resulta, a veces, que los demás entiendan que lo que antes te gustaba, ya no tiene encanto para ti.

 

Ya no eres la de antes, eso seguro, pero todavía no ha nacido la que serás más adelante. Mientras, tienes la oportunidad de elegir lo que quieres.

 

Imagínate que ya no tienes miedo de sentir. Estás viviendo, sin haberlo elegido, un dolor desgarrador, tienes todo el derecho de desear también experimentar el amor en estado puro.

 

Ahora sabes que nada es para siempre, que el presente es lo único que tienes y que tú puedes decidir qué actitud adoptas ante lo que te sucede.

 

Puedes verte como una víctima de la vida o como la co-creadora de tu realidad. Imagínate que eliges ser feliz, a pesar de todo. Eso requiere mucha valentía, pero a estas alturas tú ya sabes que eres valiente.

Si deseas ser feliz, tienes que aprender a quererte. Para eso vas a tener que dejar de culpar a los otros de tus penas. Nadie te dará nada que tú no tengas.

 

Imagínate que te respetas, que te valoras, que confías en ti. Busca en tu interior esa fuerza que sostiene el universo entero. Confía en ese “algo” más grande que te sostiene.

 

¿Quieres agradecer lo que has tenido o amargarte por lo que has perdido?

 

Si decides, a pesar de todo, volver a la vida tus seres queridos, vivos o muertos saltarán de alegría. Lo sabes, ¿verdad?

 

Si deseas ser feliz, puedes serlo, te lo mereces. Puedes ser feliz y estar triste, puedes ser feliz y sentir dolor, puedes sentir en tu corazón a todos los que te han precedido.

 

El universo conspira para cumplir tus deseos. No tengas miedo de entregarte, escucha a tu intuición, no estás sola, todas somos una.

MIRADAS DE AMOR

 

 

Dicen que los ojos son las puertas del alma y la verdad es que expresan lo que sientes sin necesidad de palabras. Unos ojos tristes, aunque sonrías, hablan a gritos de penas…

 

También la alegría brilla en los ojos y las miradas de amor, cuando se cruzan, tienen el poder de parar, por unos instantes, la respiración del Universo.

 

Esas miradas de cariño, tienen tanta fuerza, que te anclan a la vida. Son destellos que iluminan la existencia, que crean una conexión sagrada.

 

Propongo regalar miradas, de esas que inundan de calidez los corazones, sobre todo a los niños. Ellos necesitan tanto sentirse amados, valorados.

 

Tal vez nuestros padres no nos pudieron mirar así, es tan dura y complicada, a veces, la vida! Pero siempre podemos recurrir a esa chispita divina que todos llevamos dentro para mirarnos a nosotras mismas con amor.

 

Quererse es el paso previo para poder ver algo bonito, incluso, en la más feroz de las tormentas.

MUERTE DE UN HIJO. Diario ABC

Mercè Castro apunta que al conocer la noticia «sientes que la tierra desaparece bajo tus pies»

Familia

«Con el intelecto es imposible entender la muerte de un hijo, solo desde el corazón se puede volver a valorar la vida»

Mercè Castro perdió a su hijo de 15 años en un accidente. Asegura que de la muerte se habla muy poco, «y menos aún de la de un hijo»

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Mercè Castro Puig sabe muy bien lo que es que la vida te de un zarpazo directo al corazón. Volviendo de una comida de Navidad, un coche fue directo hacia el suyo y su hijo de 15 años falleció.

Al conocer la noticia, «sientes que la tierra desapararece bajo tus pies, que el tiempo se detiene, que no hay razón para despertarte el día de mañana, que ya nada merece la pena…», explica esta madre. «El duelo es desgarrador, independientemente de que haya sido una enfermedad o un accidente el que te ha quitado a tu pequeño. Todas las ayudas son pocas para seguir adelante. Sin embargo, sabes que hay que luchar por vivir, por ti, por sus hermanos, por tu pareja… El paso del tiempo no te ayuda a curar la herida, pero sí lo que hagas en ese tiempo».

«Todas las ayudas son pocas para seguir adelante. Sin embargo, sabes que hay que luchar por vivir»

Recuerda que el duelo hace que uno mismo se enfrente a sus miedos, a sus fantasmas… y, por ello, apunta que cada proceso de duelo es diferente y las personas necesitan más o menos tiempo en función de las heridas y la historia personal vivida en su pasado hasta ese momento.

Lo que asegura sin dudar es que para este dolor «no hay fórmulas mágicas», pero sí pautas generales que son recomendables seguir. En primer lugar, tener paciencia con uno mismo. «También hay que hacer grandes los pequeños momentos, como disfrutar de la sonrisa de un niño, porque no apreciamos las cosas bellas de la vida. Tampoco estamos acostumbrados a sentir miedo, rabia, tristeza… y hay que dejar que este tipo de emociones salgan de nuestro interior. Con el intelecto es imposible entender la muerte de un hijo, solo desde el corazón podemos volver a valorar la vida».

Según Mercè Castro, de la muerte se habla muy poco en nuestra sociedad, y menos aún de la de un hijo. Eso fue lo que llevó a esta madre, que perdió a su hijo hace ya 20 años, a escribir tres libros sobre su experiencia de vida: «Volver a vivir», «Palabras que consuelan» y «Dulces destellos de luz». Además, ha creado el blog «Comoafrontarlamuertedeunhijo.com» que cuenta con 40.000 seguidores y con el que ayuda a otras madres y padres a afrontar la dura pérdida de un hijo. «Es una forma muy positiva de sentir que no estamos solos y que es normal hundirse hasta tocar fondo porque forma parte del duelo. Sin embargo, se puede aprender a volver a vivir», concluye.

 

MÁS ALLÀ DEL VACÍO

 

 

Después de la muerte de Ignasi me sentía vacía por dentro, como hueca, hasta que apareció una piedra en la boca del estómago que me impedía comer.

 

 

Esa piedra no era del todo desconocida, pero nunca antes había sido tan grande, ni había estado envuelta de tanta angustia.

 

Ese nudo denso, a veces, lo sentía en el pecho y otras, en la espalda, como un puñal clavado en medio de las dorsales. ¡El cuerpo tiene tantas maneras de avisarnos!

 

“Párate y escucha”, susurra nuestro templo sagrado y la mayoría de las veces huimos despavoridas de tanto pánico que le tenemos, sin ni siquiera saberlo, a sentir a capela.

 

Es largo y sinuoso el camino de nuestro duelo. Tiene altibajos, recovecos, muchas heridas profundas y antiguas por sanar. Capas y capas de entuertos…

 

 

Pero cada tramo de esa espiral que trascendemos nos abre los ojos a la esencia de la vida, desgarra los velos que sutilmente aprisionan el alma.

 

Más allá del vacío y después de sostener la locura del desgarro, se encuentra el amor en estado puro. Eso que nos impulsa a aceptar la vida como es, que nos permite sentir, con alegría, a nuestros hijos muertos.

 

No importa el tiempo que tardemos, ni las lágrimas, ni los desencuentros, ni los sinsabores, tenemos toda la existencia por delante para querernos.

 

ESCUCHA EL SILENCIO

 

El ajetreo del día a día, a menudo, nos confunde. Hay tanta información, tantas prisas, tanto ruido en nuestras vidas, ¿verdad?

 

Es fácil quedar atrapados en un diálogo de sordos, en el que impera la queja, la crítica, el desaire…Y Así, intentando echar pelotas fuera, inquietos, quedamos anclados.

 

A mi me parece que no es posible despertar de la vorágine de los desencuentros, con los demás y con uno mismo, sin recogimiento.

 

Parar y escuchar al cuerpo, sin hacer nada, hasta poder oír al alma es, a mi entender, el paso necesario para vivir un gran cambio. Lo nuevo surge del impulso que sale de dentro, de una determinación íntima y silenciosa.

 

Para renacer es buena la calma que acompaña al silencio, salir de nuestra historia y contemplarla, con sigilo y cariño, de lejos. No siempre lo conseguiremos, pero siempre podemos volver a intentarlo.

 

ALEGRÍA SERENA

 

Con timidez, se acerca en mi país la primavera. Brota ya la tierra, imparable, con un verde luminoso y nuevo. El aire pronto olerá a flores.

 

Estalla la vida y la nostalgia de las ausencias se derrama. Las emociones, quizá adormecidas en nuestros corazones, resurgen con brío de forma inesperada.

 

Arrópate y siente el desconsuelo de tu llanto, la tristeza profunda que emerge a raudales como los ríos después del deshielo. Aunque te de miedo tanto sentir no te asustes, preciosa, recuerda que los sentimientos afloran en primavera.

 

Busca la belleza de la luz dorada de los amaneceres, la de las tardes que se alargan, la de los campos y los balcones floridos. Deja que la calidez del sol y el aire te amparen.

 

Duelen las ausencias, ¿verdad?, pero el dolor no impide que sientas la alegría serena de abrazar, de decir palabras bonitas, de escuchar en silencio, de amar a los vivos y a los muertos.

SENTIR COM-PASIÓN

 

 

Es posible que ahora, que estás de duelo, arrastres los pies como si llevaras todo el peso del mundo a tus espaldas. Necesitas, como agua de mayo, liberarte de esa carga de sufrimiento que te mantiene en constante tensión.

 

 

El dolor es inevitable y la muerte de un ser inmensamente querido duele mucho, pero amar no tiene nada que ver con sufrir. Abre tu corazón, no te resistas, deja que la pena te atraviese, como la niebla, tantas veces como aparezca, hasta que se desvanezca sola.

 

 

Mientras, escucha música, baila, paséate por el campo, mírate con ternura, ten compasión de ti misma y déjate mecer por los pequeños placeres de la vida. No te niegues un ratito al sol, sin hacer nada, sintiendo su calor. Mójate los pies en la orilla de la playa.

 

 

Se trata de sentir con las entrañas, no te fíes de la mente, ella no puede trascender nada. Cuando llame el miedo, la rabia o la tristeza no los dejes fuera, pero tampoco cierres la puerta a la alegría, al amor en estado puro, al placer de las caricias, a la calidez de los abrazos, al deleite de saborear la vida. Si alguien se merece volver a ser feliz, esa eres tú. No lo olvides. Cada luz que se enciende ilumina a toda la humanidad.

 

 

DUELO POR LA MUERTE DE UN HIJO

 

 

 

Este sábado, día 24, en Santander, daré un taller sobre duelo, en “ Ceiba, Espacio Psicoterapéutico Integral”,que dirige la psicóloga María Fernández Lavín. Me encantará compartir las herramientas que a mi me han ayudado con todos los que podáis asistir.
Un abrazo grande

 

 

 

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