AMOR

HABLAMOS DEL DUELO EN MURCIA

 

19-20 de Octubre 2017

 

Un día, tal vez te anuncian un diagnóstico médico que te deja prácticamente fuera del mundo, sin tierra bajo los pies o, de repente, sin previo aviso, una de las personas que más amas muere y tu realidad se rompe. Nada es igual. Lo que antes te servía para sentirte en paz y segura o, al menos, relativamente feliz y tranquila ya no sirve después de un golpe así.

 

La conmoción es tan profunda, quedamos tan fuera de la vida, que hay que aprender a renombrarlo todo. Y eso, requiere estar con uno mismo, sumergirse en las propias sombras y, con la ayuda de una mano que no juzga, empezar a poner luz a lo que más nos asusta.

Por eso, me parece que hablar de sentimientos, de emociones, de la muerte y el duelo, en un espacio adecuado y sosegado como el que ofrece el Hospital Clínico Universitario de la Arrixaca, un lugar de referencia, es un precioso regalo. Gracias Mirella Rosique por coordinar estas jornadas, por darnos la oportunidad de ampliar nuestra conciencia, mirando juntos, y bien acompañados, en nuestro interior.

LAS PALABRAS CREAN REALIDAD

 

 

“No puedo”, “no sé”, “no sirvo”,“no me lo merezco”, “No tengo suficiente …”, “La culpa la tiene…”, “lo odio”, “me aborrezco”… Las palabras pronunciadas en voz alta adquieren un poder inmenso y acaban forjando nuestra realidad.

 

Para darle la vuelta a lo que nos hiere, nos causa dolor o crea malestar en nuestra vida podemos, de forma consciente, prestar atención a lo que decimos y al tono que empleamos al decirlo.

Probablemente, habremos dado un paso inmenso hacia delante si nos permitimos dejar la puerta abierta al cambio, utilizando palabras conciliadoras. Por ejemplo, un simple “DE MOMENTO no puedo”, “DE MOMENTO no sé cómo hacerlo”, “DE MOMENTO no tengo suficiente energía, dinero, paciencia…”, “DE MOMENTO me cuesta perdonar y perdonarme” abre en nuestro corazón nuevos y esperanzadores horizontes.

 

Las palabras no son inocuas, por eso ante los grandes desafíos de la vida conviene estar muy atentos y escoger palabras amorosas en vez de sentencias que juegan en contra de nuestro bienestar. Las palabras pueden ser un bálsamo o echar más leña al fuego.

 

Si al poder sanador de las palabras justas unimos la capacidad de escucharnos y escuchar con compasión, sin juicios, lo que nos es difícil de oír habremos dado otro paso esencial para vivir en paz con nosotros mismos.

 

En tiempos de gran tensión, de crisis vitales profundas, las emociones están a flor de piel y va bien sentirlas, darles un espacio, en vez de esconderlas, aunque sea sin darnos cuenta.  Mientras, con palabras y silencios amorosos podemos ir creando armonía en nuestro interior, en casa, fuera, con nuestros amigos, y con los que no lo son tanto. Esparcir amor siempre sale a cuenta, al fin y al cabo, comparado con la eternidad, es bien poco el tiempo que estamos aquí, tarde o temprano todos vamos a morir y a mi me gustaría llevarme mucho cariño y, a ser posible, dejar un mundo mejor.

 

LA VIDA ES UN SOPLO

 

 

Hay vidas largas y otras cortas, lo sé, la vida de mi hijo Ignasi duro 15 años, otras mucho menos, incluso algunas almas parten antes de nacer.

Yo he cumplido los 60, pero al ver las fotos de cuando él y su hermano eran pequeños me parece que fue ayer que los sostenía a los dos en brazos.

 

Comparada con la eternidad, la vida, por más larga que sea, es un instante fugaz. “Cuanto mayor me hago –dice mi padre que tiene 88 años- más rápido va el tiempo. Se me junta el verano con la navidad, niña” . A mi ya casi me pasa lo mismo.

 

Por eso intento vivir cada día, despacio, saboreándolo, como si fuera el último. Y la única manera que conozco es siendo consciente de mi cuerpo, en vez de quedar atrapada en la mente.

 

Los pensamientos, si les doy mucha importancia me aturden, me distraen, me llevan para delante, para atrás… me agotan, En cambio, cuando me paro a sentir la brisa en la piel, el calorcito del sol, el ritmo de mi respiración desaparecen las prisas y el ahora, el presente, se ensancha y me acoge. Son momentos en los que siento que yo soy vida.

 

A veces, como la vida es cambio, ocurre algo nuevo que me da miedo y, sin darme cuenta, vuelvo al torbellino de la mente. Entonces, el cuerpo que es muy sabio, me agarrota la espalda y me instala una piedra enorme en el pecho. Eso me indica que estoy en cualquier parte menos aquí y ahora, que no estoy “viviendo” lo que siento.

 

Me paro, escucho, le doy un espacio al temor y, por el simple hecho de aceptarlo, pierde fuerza y dejo de temerlo.

 

Hace nada era una niña, después fui madre y ahora soy abuela. No quiero que lo que me queda de vida pase sin darme cuenta, mientras yo estoy pendiente de lo que pienso. Prefiero sentir, aunque a veces duela.

 

 

 

 

VIVIR CON ALEGRÍA Y SERENIDAD

He pasado muchos años de mi vida poniendo la atención, sin ni siquiera saberlo, en lo malo que veía a mi alrededor, en los horrores que podían suceder, en lo que no funcionaba bien… Incluso cuando me sentía feliz me mantenía alerta. Vivía sin vivir en mi, persiguiendo un ideal, haciendo equilibrios para que nada se torciera. ¡Qué fatiga, cuánto estrés!

 

En el mundo hay mucho sufrimiento, mucho dolor, es verdad, pero también mucha belleza y bondad. Tuve que tocar fondo para comprobar que el amor el agradecimiento, el perdón es lo único que nos sostiene, que nos da paz.


No estoy hablando de negar lo que sentimos, no, al contrario, sentir lo que sea sin resistirnos suele ser la salida. Eso nos lleva a ser tolerantes con nosotros mismos y por extensión con los demás.


Sé que los grande duelos nublan y sobrevivimos a tientas, confusos y desgarrados en medio de la oscuridad. Pero también sé que encierran el potencial de encender la luz que todos llevamos dentro. La que nos permite ampliar la mirada, aceptar la realidad tal como viene, sin más. Vivir con amabilidad y hacernos la vida fácil, sencilla.


Al final a todos nos espera la muerte y, entre medio, me parece que es un acto de amor hacia los que ya partieron intentar vivir con alegría y serenidad.

EL LENGUAJE DEL AMOR

 

Para un momento. Siéntate en un lugar tranquilo, íntimo y escucha.

 

Calma el ruido de tu mente sin reproches; deja que el enfado grite, que la tristeza llore, que el cansancio se expanda hasta el infinito.

 

No hay nada a entender, a controlar o a evitar, aunque a menudo has pensado que sí, que se trataba de eso, que con tesón y mucho esfuerzo es posible dominar la vida.

 

Deja de sujetar lo que sea que quieres amarrar. Si no lo sueltas acabarás rendida, agarrada a algo que, aunque parezca real y sólido es pura ficción, una quimera.

 

Abre las manos y entrégate al momento: qué dice tu cuerpo, ¿sientes su queja? Acaricia tu dolor. Él es real y pide amor. ¿Vas a ignorarlo perdiendo el tiempo en culpar a otros o a ti misma, en vez de hablarle con ternura y abrazarle?

 

Sí, es cierto, preferirías no estar herida, claro que sí. Pero, si lo estás, ¿no es mejor ser amable, cariñosa, afable con tu dolor en vez de envolverlo en amargura?

 

Nada es para siempre, recuerda, puedes abrir la ventana y dejarte mecer por la brisa y, por la calle, en el trabajo, en casa, en el mercado, en todas partes ver destellos de luz en cada mirada.  

 

El lenguaje del amor en realidad es simple. Habla sin palabras. Tan solo hay que poner la atención en la bondad, en la belleza que aparecen, de pronto, sin ni siquiera buscarlas.

 

 

 

 

NO ES FÁCIL PERO ES POSIBLE

 

 

A veces llueve sobre mojado y sin tiempo a tomar aire nos hundimos y parece que esta vez, sí, hemos llegado al límite y nos ahogamos. Pero no, de muy hondo suele irrumpir una fuerza que nos mantiene a flote mientras a bocanadas respiramos.

 

Tan solo hay que dejar de luchar y ¡qué difícil es eso!

 

Tan solo hay que dejar de juzgar y cómo nos cuesta!

 

No nos gusta sentir miedo, nos aterroriza y, cuando al fin, después de habernos rasgado el alma, volvemos a caer de rodillas y nos abrazamos al miedo ancestral que nos atenaza, se produce el milagro.

 

Nos sentimos en paz sin saber muy bien porqué y cómo.

 

Cómo cuando, en una noche estrellada, miramos el cielo y nos preguntamos de dónde venimos, quién somos… No hay respuesta, pero siento la certeza de que hay algo más grande, de que el plan, aunque duela, es perfecto.

 

Y mientras esté aquí, seguiré amando porqué el amor es lo único que, para mi, merece la pena.

 

 

 

 

LA DIOSA QUE LLEVAS DENTRO

Cierra los ojos, respira hondo, despacio, sin esfuerzo, como si tuvieras todo el tiempo del mundo y nada más que hacer que regalarte este momento.

Siente la fuerza de la Diosa que llevas dentro, esa conexión sagrada que nos mantiene en pie cuando ya nada nos sostiene.

Has heredado las memorias de dolor de tus ancestros, sí, pero también todo el amor que fueron capaces de ofrecer a sus hijos las mujeres que te han precedido.


Corre por tus venas la fuerza de la indomable Artemisa, la la sabiduría de Atenea, el fuego que mantenía cálido el hogar de Hestia, el instinto maternal de Deméter, la capacidad de bajar al infierno y resurgir como Perséfone, la voluntad de compromiso de Hera, la pasión de amar y conectar con la belleza de Afrodita…


Permite que tu diosa se exprese, que honre con amor la tierra… Ella sabe, porqué ha enterrado a muchos de sus hijos, que la muerte es solo un nuevo comienzo.


No la encadenes aferrándote al sufrimiento, siente el dolor en tus entrañas, mientras mantienes la mano agarrada a tu capacidad de favorecer con cariño la vida.

DULCES DESTELLOS DE LUZ

 

 

Me hace muchísima ilusión anunciaros que, a partir del próximo lunes 19 de este mes de junio, está en las librerías mi nuevo libro: “Dulces destellos de luz”. Editado, con mucho cariño, por “Plataforma Editorial”

 

Cuando nos encontramos perdidos en medio de la nada cualquier destello de luz, por fugaz que sea, nos ayuda a subir un peldaño, a respirar hondo, a sintonizar con la esperanza, a sentirnos menos solos.

En este libro se encuentran buena parte de los destellos que han iluminado mi camino desde que en el año 1998 mi mundo explotara en mil pedazos al morir mi hijo Ignasi.

 

Nadie es el mismo después de la muerte de un ser inmensamente amado. Es imposible ser el de antes, pero sí tenemos la oportunidad de elegir qué queremos que florezca en nuestra vida: ¿la gratitud por lo vivido o la amargura por lo que nos parece que hemos perdido?

 

Si escogemos a pesar de todo mantener el corazón abierto al amor, si estamos dispuestos a sentir el dolor, pero también la alegría es muy posible que nuestra vida adquiera de nuevo sentido.

 

Si una sola de las palabras de este libro llega y reconforta un corazón herido me sentiré inmensamente agradecida por qué, en el fondo, todos somos uno y cuanto más cariño damos más recibimos.

Los lectores que viven lejos pueden encontrarlo en amazon.es concretamente en: https://www.amazon.es/s/ref=nb_sb_noss?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&url=search-alias%3Dstripbooks&field-keywords=merce+castro+puig

También, por supuesto, en buscalibre.
Un abrazo enorme a todos y gracias por estar ahí

 

 

AMAR PORQUÉ SÍ

 

Es posible que estés atravesando un momento de esos en los que nada cuadra. Lo que antes parecía estar en equilibrio quizá haya saltado por los aires en un suspiro. Tanto si lo veías venir como si no, ahora, seguramente, te encuentras perdido, con miedo, en un páramo desconocido.

Puedes quejarte y culpar a los demás, claro, puedes hacerlo pero eso no va a devolverte la luz, a darle sentido a tu vida. Lo de fuera es mero paisaje, de ese lugar solo se sale mirando, con honestidad, hacia dentro.

 

Tal vez no te guste lo que vayas sintiendo durante el viaje hacia el centro de ti mismo. Tómatelo con calma, respira hondo y acoge lo que vaya surgiendo. ¡Todos arrastramos tanto desespero, tantas miserias!

 

Lo bueno de tocar fondo, de quedarse tiritando y desnudo es que descubrimos el valor del amor hacia uno mismo. Nada que digamos o hagamos para que nos quieran, para agradar, para convencer nos sirve. Solo amar porqué sí, sin más nos salva.

¿QUÉ HARÁS CON TANTO AMOR?

 

Creo que todos nacemos con los latidos contados y un depósito de amor, en el corazón, repleto, a rebosar, para que no pasemos apuros y lo tengamos siempre a mano. Los bebés suelen emanar ese amor, lo irradian, no lo pueden contener, se les escapa. Por eso es tan agradable tenerlos en brazos, acariciarlos, acunarlos… Cuando llega un bebé a la familia decimos “que da vida”, claro, el amor en estado puro es vida, luz, energía.

 

También algunas personas mayores expanden con generosidad ese amor en mayúsculas. Suelen hacerlo a través de palabras cariñosas, gestos de ternura, miradas sabias, dulces, sin reproches, silencios que acompañan, que transmiten calidez. Sí, algunos ancianos han descubierto a tiempo el tesoro que guarda su corazón.

 

Pocos, muy pocos son los que lo disfrutan y lo comparten desde siempre, lo cierto es que la inmensa mayoría nos pasamos más de media vida intentando que los demás nos den ese amor que ya tenemos. Hacemos cualquier cosa para que nos quieran; ignorarnos, traicionarnos, maltratarnos, humillarnos…, culpando a los otros de nuestra ceguera.

 

Cuando comprendemos que somos la fuente de lo que mendigamos ya es muy difícil que nos sintamos solos o poco valorados. Los golpes de la vida nos tumbarán, casi seguro, pero ya sabemos de dónde tirar para levantarnos.

 

Podemos estar un tiempo, el que sea, tristes, apagados, pero algo vamos a tener que hacer con ese amor tan grande que guardamos.

Contador

Visitas

SI QUIERES COLABORAR

Si te sirve lo que lees aquí puedes enviar un donativo. Gracias




MIS LIBROS

Volver a Vivir

Clicar en la imagen

Clicar en la imagen.

Clicar en la imagen