APRENDIZAJE

JUGAR COMO NIÑOS

 

 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             Casi sin darnos cuenta, dejamos de verlo todo como un juego, como cuando éramos niños, y nos recubrimos enteros con esa capa densa de preocupaciones que suele envolver a los adultos.

Entonces, un buen día llega un golpe secó, duro, de esos que te paran, que no puedes eludir y nos damos cuenta que lo que nos robó la ilusión, la parte divertida, eran puras tonterías.

Nos hemos pasado años angustiados por tan poco, persiguiendo un mañana que imaginábamos mejor, a costa de olvidarnos, de no ver, de pasar por alto el tesoro, lo único que tenemos, que es hoy.

 

Estamos tan acostumbrados a ir con prisas, a planificar o a mantenernos anclados en tiempos pasados que se nos escapa como el agua entre las manos el gusto por saborear la parte minúscula, esa que, en realidad, es la que endulza el alma; el placer de acostarnos en sábanas limpias, de lavarnos las manos con agua caliente cuando hace frío, de mirar por la ventana en primavera y ver como crecen en los árboles las hojas nuevas o como, ya enrojecidas, en invierno se encienden todavía más al atardecer.

 

La vida son momentos y nosotros podemos elegir vivir cada uno como si fuera el único, como si no hubiera nada más importante ni divertido que lo que estamos haciendo ahora.

Sea corto o largo el camino que nos toque recorrer, seguro que es más agradable si nos reímos de nosotros mismos, nos reímos con los demás y, así, suavizamos con cariño las tragedias. Sea lo que sea lo que nos toque vivir, sin dramas, con amor es más divertido.

SONRISAS QUE SALEN DEL ALMA

 

Hacer ver que estamos bien cuando estamos mal es agotador y no merece la pena. Las falsas sonrisas no aligeran las penas ni llegan al corazón de nadie. Al contrario, llevar una máscara alegre cuando por dentro nos sentimos morir nos deja inmensamente solos, nos separa más de la vida y agranda el dolor profundo de sentirnos perdido en medio de la nada.

 

 

Si hoy te sientes desgarrado no finjas, es mejor parar, respirar, bajar el telón y suspender la comedia. Deja de luchar por estar bien, por alcanzar un entusiasmo que se aleja al perseguirlo. Mejor date un tiempo para estar contigo.

Quédate en silencio, en el sofá y a tu aire, sin prisas, empieza a desenredar con cariño la madeja de emociones que te oprime el pecho, que te cierra el estómago, que te tensa la espalda, la nuca, los hombros… Escucha con ternura cada lamento de tu cuerpo y llora.

 

 

Las lágrimas liberan la carga que arrastra cada una de tus células por intentar ser otro desde hace tiempo. Permítete ser tu, solo tu en este momento, sin expectativas ni dramas. No te enfades contigo por estar mal, no añadas leña al fuego. No estés triste por estar triste.

 

Las emociones, los sentimientos son como las olas, vienen y van. Fluyen con la vida si no las entorpecemos. Son algo natural como el paso de las estaciones.

 
Cuando nos entregamos con amor a lo que hay es más fácil sintonizar con la calma y, entonces, se produce el milagro y aparecen destellos de luz, chispas de alegría, sonrisas que salen del alma.

CON DULZURA

 

Me he pasado media vida intentando esquivar el dolor y el miedo porque no sabía que si les abría las puertas y los acogía se desvanecían.

 

Pretendía, con todas mis fuerzas, rehuir lo inevitable y, mientras, el miedo se hacía más terrorífico y grande. No sabía que la tristeza tan solo pretendía que la mirase, que le permitiera entrar en casa, que la mimase.

No pasa nada por estar triste y sentir miedo, forma parte de la condición humana. La tristeza y el miedo, vienen y van, son temporales. Puedes ser feliz y tener miedo y estarcontento y, a la vez, triste y desconsolado.

 

Entregarse a lo que hay, con ternura, es el primer paso para sentirnos mejor, más a gusto. No importa tanto qué nos toca vivir como el cariño que le ponemos a lo que vivimos.

 

Siempre podemos mirarnos a nosotros y a los demás con dulzura, al fin y al cabo todos atravesamos a ciegas ese bosque encantado que llamamos vida.

 

 

 

¿QUÉ PREFIERES PLANTAR EN TU INTERIOR?

 

GIRASOLLa gracia de plantar semillas de amor es que funciona, ¡¡florecen!! y expanden una fragancia exquisita. Envueltos en su delicada esencia la vida transcurre suave, con menos esfuerzo. También hay tempestades, claro, pero nuestra actitud es otra, nuestra mirada es más compasiva, más amplia, no son tan importantes los resultados como la calidad del momento presente.

 

Cuando plantamos semillas de amor permitimos que la vida suceda, nos entregamos a lo que venga, confiando en una sabiduría ancestral y eterna. Para qué intentar llevar las riendas de lo que sabemos a ciencia cierta que es incontrolable. Controlar no controlamos nada, tan solo elegimos la manera en que encaramos lo que sucede. Por poner un ejemplo cotidiano, una cola larga en el super puede ser un tormento o una bendición que nos permite descansar un rato.

 

AMAR LA VIDA las 15.56.13Entre las semillas de amor una de las más hermosas es la gratitud. Agradecer el aire que respiramos, la lluvia que alimenta los campos y limpia las ciudades, el sol que impulsa la vida, que levanta el ánimo, que crea alegría. ¡Hay tanto que agradecer!

 

Qué distintos son los frutos de la tierra abonada con semillas de amor o de “chismes” y prejuicios. Las semillas de amor crean paz y sosiego, las otras nos secan por dentro.

 

 

 

 

 

DESTELLOS DE LUZ

 

cel-i-dessertCuando la vida nos pone de rodillas podemos quedarnos en el suelo, hacer oídos sordos, cubrirnos con un manto de lamentos y quedar fuera del mundo hasta que llegue nuestro último suspiro. Sí, podemos adoptar esa actitud y seguramente no tenemos otro remedio que hacerlo durante algún tiempo hasta que intuimos que, tal vez, aunque parezca imposible, tenemos la fuerza para levantarnos, aunque no sepamos cómo.

 

Al principio vamos a tientas. El huracán se ha llevado lo que éramos y el dolor nos ciega. Dentro de esa oscuridad, no obstante, es posible ver surgir preciosos destellos.

 

Las palabras cariñosas son uno de ellos. Tienen luz propia. Cuando somos capaces de decirnos a nosotros mismos algo agradable, afectuoso, en nuestro interior se enciende el interruptor del cambio. Cada palabra de amor que pronuncian nuestros labios alienta el sosiego y tiene el poder de crear bondad. Cada palabra de amor que escuchamos es un canto a la vida que tira de nosotros hacia arriba.

 

También los silencios son sagrados cuando están vacíos de quejas y reproches. Hay silencios tan cálidos que parecen abrazos. La quietud de esos silencios nos acuna y tiene mucho que ver en nuestro renacer. Como si el alma necesitara calma y sigilo para hacer limpieza de tantas tristezas, de tanto dolor aparcado, antes de incorporarse al río de lo cotidiano.

 

cel-de-nitOtro reluciente destello es el perdón. Tiene el don, la gracia, de sanar los corazones rotos. Nos convierte en personas más dulces, menos rencorosas y amargadas. Nos aparta del odio y la culpa y nos acerca a la belleza, a la alegría de volver a empezar. Esa alegría serena que refleja la mirada de los que han descubierto su fortaleza al perdonar, sin reservas, a sus enemigos. El odio no es conquistado por el odio. El odio es conquistado por el amor.

Por eso, esos guerreros de luz han ido más allá de sus propios miedos y saben que aceptar y agradecer es la clave. Aunque muchos tengamos que empezar el camino aceptando que no aceptamos los que la vida nos trae.

 

 

QUÉ HERMOSO ES VIVIR SIN MIEDO

nena-tren_Me encanta abrir las puertas a la hermosura de vivir sin miedo, a sentirme segura, querida y arropada como cuando era pequeña y, después de un largo paseo, mi padre me llevaba en brazos, por la calle, mientras yo me hacía la dormida.

En la adolescencia, los brazos de mi padre ya no podían, aunque él quisiera, contener mi malestar y mis miedos y, de alguna manera, me imaginé perdida y sola ante los desafíos de la viva.

 

Me inventé una suficiencia que no tenía y me cubrí de una capa densa de orgullo, con la intención de ocultar, de no ver ni sentir mi desasosiego, mi vulnerabilidad, incluso mi ternura. Sin saber que así el abismo que me separaba de la serenidad crecía.

 

Escogí, por ignorancia, ropajes que ocultaban el esplendor de mi propia esencia y me separaban de la luz de los demás. ¡Qué poco ayuda estar pendiente siempre de si somos mejores o peores que los otros! ¡Cuanto miedo encierran las comparaciones! ¡Qué cansancio mantener a toda costa nuestros principios! ¡Qué agotador vivir pendiente de qué dirán!

 

Por eso, para poder dar marcha atrás, para intentar poner el marcador a cero, son útiles los golpes fuertes que nos da la vida. Un gran duelo abre la posibilidad de despertar, de reinventarnos, de descubrir lo hermoso que es vivir sin miedo.

Duele tanto la muerte de un ser adorado que no tenemos otro remedio que rendirnos a la vida. Cuando tocamos fondo, cuando verdaderamente no podemos más empezamos a hacer grande el amor que nos sostiene.

 

 

¿ENFADADA?

 

nena-enfadadaLos primeros meses de morir Ignasi me sorprendió la sensación de vacío que sentía en mis entrañas. Nunca antes había estado hueca por dentro, congelada.

 

 

Luego, un fuego abrasador encendió en mi útero una furia desconocida, soterrada, que, cuando emergía, me transformaba en una leona herida, ciega de ira, que incluso a mi me asustaba.

 

Aunque hice lo posible para adormecerla, durante un tiempo no puede controlarla. Lo mejor, quizá, hubiese sido dejarla campar a sus anchas hasta que hubiese quedado en nada. Sí, tal vez hubiese sido lo mejor pero yo no estaba preparada. Produce tanta rabia la muerte de un hijo, la cólera es tan intensa que temí enloquecer.

 

 

 

volcanNo es simplemente un enfado, no. Es un volcán inmenso que entra en erupción al no haber podido engañar a la muerte. El instinto de protección está tan arraigado, es tan profundo que, cuando la protección no alcanza la desolación es tremenda.
Lágrimas de sangre y mucho tiempo me costó aceptar que la muerte es solo un nuevo comienzo. Por eso, ahora, con la perspectiva que me da el camino recorrido no me canso de decir a las familias angustiadas que es normal que los padres se encierren, lloren y sientan rabia. Es normal y sanador que así sea.
Hace muchos años que murió Ignasi y todavía, de vez en cuando, mi leona ruge y me araña, entonces sé que necesito acoger mi furia para poder sintonizar otra vez con el sosiego de la calma y la dulzura. Para volver a sentirme una con todo, reír y mantener los pies en el suelo y el corazón cerca del cielo.

 

 

SER UNO MISMO

 

nena-contentaSin apenas darnos cuenta, vamos tejiendo una historia de la que nosotros somos los protagonistas. A lo largo de los años nuestro personaje adquiere tanta fuerza que se apropia de nosotros. Es extenuante intentar que todo lo que hacemos, pensamos y sentimos encaje con esa manera de ser, con ese disfraz que, por mil razones, llevamos, a menudo, las 24 horas del día puesto, sin saberlo.

 

Por ejemplo, nos gustaría que los demás nos vieran de una determinada forma (fuertes, inteligentes, sensibles, alegres, responsables, comprometidos, buenos padres, divertidos, valientes o lo que sea que al hacernos mayores considerásemos aceptable) y pretendemos actuar cómo si siempre fuéramos así. Intentamos que nuestra esencia entre como un guante en ese molde ideal y, claro, poco a poco, probablemente, nos vamos asfixiando.

 

 

ma-dejar-irEse personaje no nos deja pasar ni una, cualquier actuación fuera del supuesto guión es automáticamente censurada, recriminada, criticada. Por eso yo, últimamente, me paso el día perdonándome por todas las veces que he sido y soy dura y exigente conmigo misma, como si fuera la madrastra de Blancanieves en vez de mi mejor amiga. ¿Os suena lo que os digo?

 

Cuando tomo conciencia de eso y me perdono con ternura por jugar en contra en vez de a favor de mi esencia, noto que  algo muy profundo toma aire, respirara y, por fin, descansa.
A medida que mi personaje se hace más transparente, menos protagonista, conecto con mayor facilidad con la vida, con la alegría, con mis seres queridos, vivos o muertos. Cuando más me salgo del guión, más dejo ir y trasciendo mis miedos.

 

 

 

 

EL DON DE LAS TORMENTAS

 

 

tormentaImagino que habrá personas que sepan valorar el transcurrir de los días plácidos, sin haber tenido que sufrir grandes altibajos. Imagino que sí, que hay gente que no necesita pasar por el desierto para agradecer la bondad de disfrutar de un vaso de agua. Aunque quién sabe qué penas, qué desafíos esconde el corazón de nadie.
De lo que estoy segura, porque lo he vivido, es de la inmensa gratitud que enciende el alma cuando, después de atravesar alguna tormenta, regresa a nuestro día a día, con suavidad, la calma.

 

 

NENA PLUJACuando el cielo de la existencia empieza abrirse, la luz que lo atraviesa es dulce y a la vez intensa. Todo brilla y es más fácil descubrir agradables recovecos de nuestra realidad que antes no veíamos. Y es que hay tantas maneras de mirar!!! No estoy hablando de encontrar secretos ocultos, no. Me refiero a que lo cotidiano, nuestra propia calle o nuestra casa, por ejemplo, pasada la tormenta interior, adquiere un manto de belleza, una reconfortante armonía como si los muebles y todos los lugares y objetos familiares estuvieran llenos, exultantes de vida.

 

Las tormentas encierran ese don, aunque nos den miedo, sean inciertas y nos dejen tiritando de tanta vulnerabilidad.

RENOVAR LOS VOTOS DE AMOR A LA VIDA

 

 

mare-fillsA mi me parece que a muchos de nosotros nos da miedo vivir. Y ese temor suele ir incrementando, con la edad, si no hacemos nada para evitarlo. Incluso muchas personas que sufren de miedo crónico no son conscientes de ello, a pesar de que en su día a día predomina la angustia y el malestar. Parece como si vivir con miedo fuese lo natural. ¿Cómo hemos llegado a ese callejón tan oscuro?

 

De pequeños, en general, vivimos el momento y, aunque nuestra realidad sea dura, es la que es y solemos sacarle el mejor partido porqué estamos conectados a la alegría de vivir.

 

Con el transcurso de los años vamos acumulando heridas, y si no les prestamos atención, si las dejamos aparcadas, nuestro corazón se va marchitando. Nos encerramos en un caparazón para intentar aislarnos de la propia vida. Pretendemos, así, no sentir dolor, algo a todas luces imposible de evitar. Y es precisamente esa resistencia la que nos envuelve en una niebla espesa que nos impide conectar con el amor y, a menudo, incluso respirar.

 

Nuestro desnenabola-del-monpertar consiste en tomar consciencia de ese miedo y conectar con nuestro ser, con nuestra esencia divina y decidir cambiar de actitud, ampliar la mirada, pasar pantalla, renovar desde nuestro interior la alegría de vivir, los votos de amor a la vida, independientemente de lo que suceda en el exterior, de lo que tenga que venir.

 

Sé que hay golpes que te dejan en la cuneta, pero también sé que mientras estamos aquí es mejor crear amor que miedo, de eso, de expandir el temor, ya se encargan muchos medios de comunicación, incluso la mayoría de anuncios publicitarios. Por eso es tan necesario pararnos, ser sinceros y honestos con nosotros mismos, sacar toda la rabia y la tristeza que acumulamos, dejar espacio y volver a sentirnos como cuando éramos niños. De esa forma, entre todos, vamos creando un Universo más respetuoso, agradable, tierno y dulce a los que vienen detrás y para los que se han ido antes.

 

 

 

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