APRENDIZAJE

ELEGÍ LA VIDA

No quise huir:
y elegí mirar de frente,
levantar la cabeza,
y enfrentarme a los miedos y fantasmas
porque no por darme la vuelta volarían.

 

No pude olvidar mis fallos:
pero elegí perdonarme, quererme,
llevar con dignidad mis miserias
y descubrir mis dones;
y no vivir lamentándome
por aquello que no pude cambiar,
que me entristece, que me duele,
por el daño que hice y el que me hicieron.
Elegí aceptar el pasado.
No quise vivir solo:
y elegí la alegría de descubrir a otro,
de dar, de compartir,
y no el resentimiento sucio que encadena.
Elegí el AMOR…
Rudyard Kipling tras la pérdida de uno de sus hijos

 

Flors

EL PERDÓN EN EL PROCESO DE DUELO

JAUME ALSINA 1Este viernes 13 en CanVi (www.canvi.org), nos reunimos a las 19h para hablar del perdón en el proceso de duelo.

 

El perdón, cuando lo otorgamos a los demás y, sobre todo a nosotros mismos, es un don que nos devuelve la calma y la serenidad. Mientras nos resistimos a perdonar o a perdonarnos estamos atrapados en el resentimiento o la culpa y, poco a poco, el corazón se va apagando y nos convertimos en seres resentidos y amargados. De ahí a perder la salud no va ni un paso. En cambio, perdonar libera, deja espacio a emociones sanadoras como la alegría, el servicio, la solidaridad, el sentido del humor, la tolerancia…

 

 

Entrada libre, aportación económica la voluntad para gastos del local. Confirmad asisténcia: 651694173

Foto: Jaume Alsina

 

APRENDER POCO A POCO A SER FELIZ

 

 

GIRASOLLa humanidad lleva mucho tiempo padeciendo, seguramente desde sus orígenes. No digo que no hayan habido momentos felices en la vida de las personas que nos han precedido, incluso épocas históricas francamente más alegres que otras, claro que sí, me refiero a que nuestra cultura planetaria, en general, guarda la memoria de mucho dolor acumulado, de sentencias de sufrimiento compartidas, del tipo “la vida es un valle de lágrimas”, “más vale malo conocido, que bueno por conocer”, “no hay rosa sin espinas”, “la letra con sangre entra” y un sinfín de creencias y refranes que deben ser muy parecidos en otros idiomas. De mi abuela oí muchas veces: “las rialles acaben en ploralles” (las risas acaban en lloros).

Todo ese flujo de dolor, verbal y energético, lo heredamos de pequeños sin apenas darnos cuenta. Vaya, que estamos educados para encontrarnos o imaginar casi siempre lo peor. Andamos a menudo con el ¡ay! en el cuerpo y, en cambio, muy poco sabemos hacer para que ocurra lo contrario, para confiar y esperar lo mejor. No hay más que mirar los telediarios para darse cuenta que, a la hora de expandir y comunicarnos, prevalece y mucho lo malo sobre lo bueno. A la que nos descuidamos, nos ponemos en el lado más desfavorable y yo la primera.

 

Es cierto que siempre ha habido personas sabias que con sus vidas y sus obras nos han ayudado, pero la humanidad, como cultura, al menos hasta ahora no ha ido mucho más allá del dolor.

 

Los cuentos infantiles, después de que los protagonistas vivan mil contratiempos y desdichas suelen acabar con la frase: “Y fueron felices y comieron perdices”.  Y ya está, no se sabe más de ellos.

 

Captura de pantalla 2013-09-19 a las 11.28.02Ahora, empieza a notarse una dinámica distinta, un movimiento de personas heterogéneas unidas en un interés común: crear una cultura de la felicidad que considera como un bien preciado la alegría, la prosperidad (que no tiene que ver con acumular dinero o posesiones), la creatividad, la vida sencilla y tranquila, el cuidar la propia salud y bienestar, en hacer cosas porqué sí, por el bien común… ¡¡Y yo les estoy inmensamente agradecida!! Porqué cuando las personas se juntan para iniciar un camino nuevo, al final la humanidad entera acaba recorriéndolo y, es posible, que con la insistencia, igual que ha ocurrido con el dolor, esa manera más afable de ver la vida acabe incrustada en nuestro ADN.

 

Si conseguimos salir de esa zona conocida, a menudo tensa y dolorosa, que se ha convertido en nuestra zona de confort de tan familiar que nos es, confío en que tal vez, poco a poco, nos arriesguemos a entrar en esa otra dimensión de felicidad de la que hablábamos. Seguramente, primero, nos resistiremos, incluso tal vez nos provoque más ansiedad. Cuesta romper con tradiciones milenarias, pactos y creencias antiguas. El cambio tiene sus ritmos. Pero me hace una ilusión inmensa ir despacio, pero sin pausa, hasta esa nueva realidad planetaria. Entre todos podemos crearla. ¡Doy gracias y admiro a las personas que ya están viviendo en ella!

 

LOS CAMINOS DEL ALMA

Gustav Klimt, Árboles frutales, 1901.

“La mayoría de los problemas, crisis existenciales o enfermedades son sólo momentos de prueba que está viviendo un individuo; son necesarios y muy útiles para el ‘despertar de su conciencia’.

 

Nunca sabemos en realidad desde afuera cuán importante puede ser para cada persona la situación que está atravesando en determinado momento. Podemos percibir esa situación como algo terrible, doloroso, injusto o innecesario, pero cualquiera sea nuestra interpretación nunca será correcta ni completa”.

(fragmento de un texto de autor desconocido)

LA FELICIDAD ESTÁ DÓNDE TÚ TE PROPONGAS

Captura de pantalla 2013-06-29 a las 18.24.36Me ha impactado la foto de estos niños bañándose en una rueda inmensa de camión que ha mandado Manos Unidas de Fuerteventura, acompañada del siguiente texto: “Cuando no hay playas, ni Spa, cuando no hay piscina de aguas cristalinas, la imaginación se hace fuerte. Porque la felicidad está dónde tu te propongas”. Me parece tan cierto…

 

Cuando la vida te pone en verdaderos apuros, cuando la realidad se rompe y te quedas suspendida en el vacío, siempre nos queda el recurso de ir tirando del hilo de la felicidad.

 

La felicidad no está en tener piscina, por decir algo, no. Aunque nadie duda  que tener cubiertas las necesidades básicas ayuda a sentirse bien, es evidente que se puede ser inmensamente rico e infeliz.  La felicidad no está en el tener.

 

Aunque la presencia de nuestros seres queridos reconforta, tampoco nuestra felicidad depende de ellos. No parece justo hacer responsable a nadie de nuestra felicidad. Es verdad que la muerte de alguien muy cercano al que amamos mucho (un hijo, la pareja, los padres, un amigo del alma…) puede dejarnos fuera de la vida, desgarrados… Pero la responsabilidad de volver a ser felices sigue siendo nuestra. El camino de regreso pasa por darnos cuenta que la felicidad se encuentra en nuestro interior.  Ser feliz es una elección, no depende de nadie ni de nada.

 

Con nuestra imaginación, con nuestra actitud, podemos encontrar la belleza, la alegría, el cariño en los rincones más inhóspitos e insospechados: los cactus dan hermosas flores, en los desiertos hay oasis, en las UCIS hay cariño, en la enfermedad hay caricias que consuelan… Sí, en la adversidad, por muy dura que sea, es posible tirar del hilo de la fortaleza y rescatar el tesoro íntimo de nuestra felicidad.

VIDA DESPUÉS DE LA VIDA

 

CAVALLERIA2

Os propongo que escuchéis la intervención de Paloma Cabadas en el IV Congreso Internacional “Vida después de la vida”, que se celebró en Albacete en octubre de 2011.

Paloma Cabadas es psicóloga y autora del libro “La Muerte Lúcida”, entre otros, e imparte cursos y seminarios sobre la evolución de la conciencia.

Esta intervención suya, que es la primera que escucho, ha resonado en mi alma. Paloma sostiene que la muerte es un paso a otra dimensión, que el sufrimiento, aunque es humano, no sirve para nada, al contrario reduce nuestras posibilidades de sentir el amor de nuestros seres queridos y los entristece, tanto a los que están aquí como a los que se encuentran en el otro lado. Sus palabras son amorosas y están llenas de experiencia y sabiduría.

www.youtube.com/watch?v=rf3ca6vDdBM

 

LA PÉRDIDA MÁS DOLOROSA

 

Todos tenemos un antes y un después en nuestras vidas; para algunos el vacío empieza con la muerte de un hijo, de la pareja, de los padres, de TARDOR nenúfarsun hermano… de un ser inmensamente querido.


Otros comienzan su ‘después’ al recibir un diagnóstico médico inquietante y grave o cuando les falta el trabajo y se desmorona su economía y con ella sus sueños.

Muchos inician su desespero cuando pierden el amor de la persona que aman, cuando se sienten abandonados o traicionados…

 

Sea la que sea, la pérdida más dolorosa es el punto de partida de un nuevo comienzo, el embrión de algo que, pasado el tiempo de incertidumbre y dolor, acabará siendo un referente vital para nosostros. 

 

Nuestra pérdida más dolorosa es nuestra prueba más grande, es el avatar de nuestra existencia. Si la comparamos a una carrera universitaria sería la que nunca, ni por asomo, elegiríamos, pero es la que conlleva para nosotros mayor poder de transformación, la que nos ayudará a dejar atrás miedos  ancestrales que nos parecen imposibles de afrontar, la que cambiará por completo nuestra visión de la vida y de la muerte. Nuestra gran pérdida es nuestra gran oportunidad.

 

Ya sé que cuando uno la está atravesando no quiere ni oír hablar de oportunidades ni de futuros prometedores. Incluso molesta pensar que después de ‘eso tan terrible y doloroso’ uno puede llegar a ser alguien más alegre y sereno.

 

Lo que interesa de verdad es cómo sobrevivir cada día sin sucumbir a los altibajos feroces, a la nostalgia desgarrada, al dolor en el pecho, a las noches en blanco, al cansancio infinito… Pero también es cierto que la gran prueba exige ganar confianza y la confianza se sustenta en el amor, la paciencia y la esperanza.

 

Para sobrevivir a la pérdida más dolorosa no hay más remedio que confiar en uno mismo, en la vida y en los demás. En tener la humildad de pedir ayuda, ser sincero y estar dispuesto a volver a empezar.

 

MIS MEJORES DESEOS

 

TARDOR  FLORS

Sea cual sea la situación en la que te encuentres, piensa que este puede ser un buen año para empezar a enderezar tu vida. Sé que hay golpes que lo dejan todo oscuro pero precisamente por eso quiero hablar de las mil tonalidades radiantes de la luz; de la dulzura del perdón que libera nuestros pesares y armoniza nuestras relaciones, de la felicidad de bendecir, que significa decir bien de todo y de todos, de la maravilla de crecer y aprender con el corazón abierto hasta estar en paz con uno mismo y con la vida.

En espíritu no estamos separados, todos somos uno, de tal forma que al sanar nuestras heridas sanamos las de los demás, sobre todo las de las personas más cercanas a nuestro entorno familiar.

Propongo para este 2013 no prestar demasiada atención a las noticias catastróficas que inundan los medios de comunicación y, en cambio, estar muy atentos a la bondad que surge expontanea entre las personas. Ojalá todo lo que vivamos este año lo podamos ver como un fructífero aprendizaje y seamos capaces de darnos con amor la mano. El miedo desaparece cuando entra el amor. Y el amor está siempre disponible, estamos hechos de amor, solo tenemos que invocarlo.

MERECES CONFIAR EN TI

 

Imagínate que confías plenamente en ti y que esta fe no es una idea, no nace en tu cabeza, surge directamente de tu corazón. No es una fe ciega, no proviene del fanatisno ni el miedo, al contrario, esa confianza la has ganado poco a poco actuando con amor y sabiduría.

Recuerda que desde que naciste, cada vez que la vida te ha golpeado has conseguido ir más alla del sufrimiento y salir adelante. Al lograrlo has sentido gratitud y has afianzado tu confianza. Imagínate que esa fe en ti ahora ya es tan grande que aceptas entregarte a la vida. Y esa entrega te hace ilusión porque sabes que tarde o temprano te traerá alegría.  

LEVANTARSE DE LA CAMA

Es normal al empezar el duelo, incluso mucho después, que algunos días nos cueste levantarnos de la cama. Cuando a mi me sucedía eso me decía a mi misma que todo pasa, lo bueno y lo malo y que esa sensación tan dolorosa, incluso físicamente dolorosa, también pasaría. Cuando nos invade el miedo, lo mejor es dejar de pensar, soltar en lugar de aferrarse y procurar hablarse a uno mismo con cariño, como le hablarías a tu mejor amiga o a una niña pequeña a la que adoras. Por ejemplo, yo me decía algo más o menos así: “voy a levantarme despacito y me daré una ducha, el agua caliente me irá bien, me reconfortará, estoy segura, después me vestiré y me pondré aquel vestido tan bonito y comeré algo rico…” Tenía el estómago cerrado y lo que menos me importaba era ponerme un vestido bonito, pero precisamente por eso necesitaba darme ánimos, tratarme con cariño, sin pensar. Así, poco a poco iba recupendo fuerzas y podía empezar el día.

Al acostarnos por las noches, rodeados del silencio y la intimidad de nuestra habitación, el dolor regresa punzante y el horror se vuelve a hacer grande. Estudios científicos han demostrado que solo un minuto entreteniendo un pensamiento negativo deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas. Por eso, para no sucumbir al desespero y enfermar es bueno recurrir otra vez a las palabras y a los pensamientos agradables y revivir algo bonito, por pequeñito que sea, que nos haya sucedido durante el día. Yo creo que a todos nos va bien, aunque no estemos en duelo, crear momentos amorosos a los que podamos recurrir al acostarnos. Me refiero a esos momentos que no cuestan dinero, no valen nada y, en cambio, son tremendamente valiosos para nuestra alma. Si hay algo más fuerte que el miedo, sin duda es el amor.

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