APRENDIZAJE

LA VIDA ES UNA AVENTURA

nens 5Cuanto más intento controlar, más incómoda me siento. Eso lo he ido comprobando a lo largo de los años. El control, la preocupación y la impaciencia suelen llevarme a un estado de desasosiego que suele acabar en algún tipo de malestar físico. No conducen a nada valioso ni útil. En cambio, cuando dejo de programar, de desear que las cosas sean tal como me imagino que deberían ser, en vez de reinar el caos y la anarquía se crea en mí una agradable sensación de bienestar, un espacio más amplio de libertad, como si me quitara un peso de encima y abriera la posibilidad de amar, de divertirme, de sintonizar con la alegría, la paciencia, la calma…

 

 
Con la muerte de Ignasi aprendí que resistirme a lo que es, a lo que sucede, a lo que trae la marea incrementaba mi sufrimiento. Antes no sabía que aceptar y entregarme son la clave para dejar atrás las obsesiones, para evitar el cansancio, el desgaste que produce mantener una batalla constante con el mundo y, en definitiva, conmigo misma. La vida es una aventura,nens7 no un viaje programado y eso a veces nos da miedo, pero es lo que es. Por eso es mejor subirnos al carrusel de lo inesperado con los ojos limpios de expectativas, como cuando éramos niños. Si llovía poníamos la atención en lo divertido que era ir al colegio saltando en los charcos, si hacía viento notábamos su fuerza en la cara, nos dejábamos sorprender por las sacudidas que nos levantaban la ropa…

 

 

De mayores nos imaginamos que no podemos estar constantemente aquí y ahora porqué tenemos responsabilidades. A medida que nos hacemos mayores perdemos sabiduría porque la verdad es que sólo es posible vivir en el presente. Negociar constantemente con el futuro nos estresa, crea ansiedad y debilita nuestra eficacia y fortaleza. Y vivir anclados en el pasado va secando nuestro corazón y aleja a los que nos quieren. La vida está en el presente, en sentir cada instante, sin dar cuartel a los problemas que vislumbra por defecto la mente. Ya resolveremos lo que tengamos que resolver en su momento. Es mejor dejar de hacer planes, de querer estar siempre en otro sitio.

CRUZAR EL ABISMO

 

ABISMOCierro los ojos y me veo ante el abismo de mis primeros tiempos de duelo, cuando el dolor y el desespero, como la niebla espesa, lo envolvían todo.
El horror de despertar por las mañanas y recordar que no, que no había sido una pesadilla que era verdad, que Ignasi había muerto… Estaba atrapada, como en “El día de la marmota” en el infierno. Entonces, ese abismo profundo que me separaba de la vida parecía insalvable.

 

 

Ahora me parece un sueño estar al otro lado. El otro día leí que el duelo es el tiempo que nos concede el Universo para aprender a amar sin apegos. Para darnos cuenta que el amor va más allá de lo que llamamos muerte, que siempre suma y está fuera del tiempo y del espacio.

 

¿Pero cómo dar el salto? Para eso he tenido que mirar en mi interior, en silencio y con la ayuda de buenos terapeutas para desprenderme de muchas corazas, de muchas capas de miedo. El miedo tiene mil formas y a veces aparece como una adicción al sufrimiento, a ver el lado malo de todo o de todos, de sumirse en la queja o la critica constante. Otras se disfraza de una exagerada preocupación por los demás, de un estar pendiente de las personas que queremos hasta casi dejarlas sin aire, sin espacio, sin libertad, de estar siempre dando hasta el agotamiento lo que creemos que los demás esperan de nosotros. El miedo tiene muchas caras y siempre encierra un dolor oculto.

 

 

abraçadesEl amor, en cambio, ese amor en mayúsculas del que hablo nunca duele, siempre tiene una palabra dulce, una mirada de ternura que nos reconforta. Brota de dentro a medida que vamos aligerando el peso de siglos de creencias y ataduras y es lo único que llena el vacío de las ausencias.

 

Hace 17 años que murió mi hijo y durante este tiempo he ido descubriendo miles de regalos que él me ha ido dejando. Por ejemplo, ahora sé que mi miedo es mío y no guarda relación con su muerte, ni con nada externo. Cuando aparece, aunque asustada, sé que puedo mirarle a la cara. Despacio me acerco y lo acaricio hasta que se desvanece.

 

 

 

DISFRUTAR DE LA VIDA

Nens jugant sandas04:deviantART)Recuerdo esos días de verano de mi infancia intensos, llenos del placer de estar viva, por el simple hecho de estarlo, sin anhelos ni expectativas. Vivía, entonces, segundo a segundo, saboreando el momento.
Acabadas las clases por San Juan, a finales de junio, el día se convertía en un paraíso de sorpresas en el mismo instante en que abría los ojos por la mañana. Cualquier actividad; saltar a las gomas o a las cuerdas, jugar al escondite, a canicas o a los cromos, ir a buscar el pan, ayudar en lo que fuera se convertía en una divertida y apasionante experiencia. Una aventura sin fin que terminaba al meterme en la cama y, rendida, quedar inmediatamente dormida.

 

Esa sensación de magia, de que todo era posible, de que el mundo era un lugar maravilloso duró hasta que la niebla de los miedo fueron empañándola. No sé cuando empezó a asustarme la vida, seguramente ocurrió cuando intenté esquivar el dolor, dar esquinazo a lo que sea que el hacerme mayor me traía.

 

Me enfrasqué en el uniforme de responsabilidad que imaginé que se me exigía y dejé de vivir en el aquí y ahora, refugiándome en quién sabe dónde, tal vez en ideas de un futuro mejor, de un lugar siempre inalcanzable en que, pensaba, un día sería feliz. Entretanto me hice adulta, madre, profesional y esposa a la vez.

 

DIBUIX NOIA A LA BANYERAHe tardado mucho tiempo en volver a la maravillosa insensatez de la niñez y presiento que no lo hubiese logrado si en el camino no hubiese vivido lo vivido, sobre todo el golpe certero que abrió las puertas de mi alma al morir Ignasi.

 

Ahora muchas veces me sigo perdiendo en el ajetreo de mi mente, pero sé, tengo la certeza de que yo soy la vida y no depende de nada ni de nadie que la disfrute, que la sienta, que la acaricie, que la bendiga, que la viva.

 

Hoy cumplo 59 años y, en mi interior, me siento como cuando era niña.

DEL CAOS NACEN LAS ESTRELLAS

CEL ESTRELLATNadie escogería para ampliar su consciencia pasar por un duelo desgarrador como el que supone la muerte de un ser adorado, inmensamente querido. Nadie, estoy convencida.

Por eso, oír, al inicio de nuestra tragedia, que es posible salir fortalecidos después de atravesar el desierto, más que producirnos alivio suele enfurecernos.

 

Nos da igual la posibilidad de hacernos más sabios lo que queremos desesperadamente es que todo quede en un mal sueño y que, al despertar, el horror se desvanezca y nuestra vida vuelva a ser la de antes.

 

Hay que ponerle mucho coraje para enfrentarse a la realidad de que nada, por más que lo deseemos, será igual. Cuando aceptamos que vamos a tener dos vidas, la de antes y la de después y que eso es así y es imposible cambiarlo, hemos dado un paso adelante, estamos preparados para reinventarnos.

 

A partir de ahí, el caos sigue pero comienzan a surgir destellos de esperanza. Cada vez que dejamos de resistirnos, que abrimos las manos y soltamos lo que sea aparece algo nuevo.
¿Pero qué hay que dejar ir para poder avanzar? Eso depende de cada uno. Es verdad que todos nos aferramos al miedo, pero el miedo tiene tantas caras, tantas maneras de disimular que es miedo…

 

Por eso el silencio, el contemplarnos sin prisas nos suele ayudar tanto. Hay que mirar muy a dentro, traspasar muchas capas para comprender que detrás de cada coraza hay algún dolor, alguna emoción, algún sentimiento que pide a gritos ser reconocido.

 

Mirarse con cariño, con la inocencia de cuando éramos niños es un buen principio. Ser honestos y sinceros con nosotros mismos nos da paz, en cambio, aparentar que somos lo que no somos, además de inútil, resulta agotador.

 

HOME EL DESSERTPor muy difícil que sea la situación que atravesamos cada palabra dulce que sale del corazón es un bálsamo. Cada mirada amorosa cuenta con el poder de suavizar conflictos.
En medio del asfalto surgen flores y del caos nacen las estrellas. No, no hubiésemos elegido lo que nos ha sucedido pero podemos hacer del dolor algo bonito

 

Culparnos nos encadena, nos remite al círculo de rencor y miedo, perdonarnos nos libera. No solo a nosotros, también a nuestros ancestros y a nuestros hijos. El perdón va más allá del espacio y del tiempo y llena de amor y sosiego las almas, es como la lluvia que cae en el desierto.

EL LABERINTO DE LA FELICIDAD

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Existen tantas verdades, tantas maneras de ver la vida; como un valle de lágrimas, una lucha constante, una carga, una aventura, un aprendizaje… Según nuestra percepción creamos nuestra realidad. Así como cuando estamos embarazadas encontramos por todas partes mujeres que también lo están.

 
Por eso, intento poner la atención en paradigmas que me produzcan bienestar. Mi hilo de Ariadna es la Unidad. Me explicaré: a mi me encanta imaginar que todos formamos parte de una gran conciencia que llamo Amor y que es una ilusión pensar que estamos solos y separados.
 
Que todos seamos Uno me fascina porque me permite sentirme parte de los seres que amo, aunque vivan lejos y haga mil años que no los veo o estén muertos y se encuentren en otras dimensiones. Cuando me cuido yo, los cuido a ellos, cuando soy feliz, de alguna manera eso les llega y se sienten reconfortados. Forman parte de mi, como yo de ellos.
 
Eso no quita que a veces sienta nostalgia de sus miradas, de sus abrazos. Una nostalgia dulce que contiene tristeza por lo que fue y dicha por haber vivido lo que en apariencia he perdido. Digo en apariencia porqué el amor que damos y recibimos forma parte para siempre de nuestra alma, nadie ni nada puede quitárnoslo y sigue alimentándonos.
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Ese laberinto de sorpresas que es la vida a mi me gusta recorrerlo con la actitud de una entusiasta exploradora. No me atrae juzgar qué está bien o mal, no quiero entrar en ese juego de la dualidad porque, he comprobado, que me quita energía, me deprime y me aleja de la salida, de la luz, de la alegría. Hay tantos matices, tantos caminos, tantas cosas que no sé. Lo que hoy duele o no tiene sentido mañana puede ser lo que más ha contribuido a darle color a mi forma de ser.

 

PRESTARLE ATENCIÓN AL PLACER Y A LA BELLEZA

Escultura de parellaAl principio del duelo comer, dormir, salir de la cama, vestirse, afrontar un nuevo día suelen ser tareas titánicas que, en el mejor de los casos, realizamos como autómatas. El dolor y la multitud de emociones que nos acompañan nos dejan tan agotados, nos sentimos tan alejados del entusiasmo, del frenesí de la vida! En los momentos malos, cerrar los ojos y abandonarse a la nada parece un buen sueño.

Poco a poco, sin embargo, fui descubriendo que después de un instante de dolor o miedo intenso (instante que podía durar días) solía llegar otro, de la misma potencia, pero es este caso, por suerte, de reconfortante lucidez. Como si vivir con el corazón abierto un extremo permitiera experimentar, aunque de forma fugaz, el otro.

 

 

Gracias a esos destellos de claridad empecé a dar mis primeros pasos hacia la esperanza. La evidencia de que todo pasa me ayudó mucho y la certeza de que, cuando no podía más, una fuerza superior a mi me sostenía con dulzura, también. Esa fuerza que sigue guiándome no tiene nada que ver con un Dios que premia o castiga, no. En realidad no sé lo que es, simplemente la percibo como amor en estado puro.

 

 

BUGA MENORCADurante los 17 años que han transcurrido desde la muerte de mi hijo Ignasi me he dado cuenta que sintonizo mejor con esta frecuencia que me da sosiego si agradezco lo que tengo y pongo mi atención en la belleza. No hablo de grandes cosas, sino, por ejemplo, de la alegría que me produce ver desde la calle, al acercarme a casa, la bugambilia, esplendorosa, que asoma de mi balcón o de lo bonita y mágica que es la luz dorado que pinta la parte alta de los edificios de mi ciudad a primeras horas de la mañana. Dura poquísimo, como el atardecer, pero es sublime y tiene un efecto beneficioso y directo en mi alma.

 

También eleva mi conciencia darle la vuelta a situaciones que podrían ser incómodas y convertirlas en momentos dichosos, como puede ser mantener una conversación agradable y sorprendentemente sincera con alguien que no conozco de nada mientras compartimos alguna inevitable espera.

 

 

A medida que exploro y contemplo en vez de juzgar me es más fácil conectar con esa alta frecuencia y bailar con la vida. Muchas veces no lo consigo y tropiezo, entonces, con amabilidad, me perdono, acojo las emociones que aparecen y vuelvo a empezar.  Si persiste la dificultad en perdonar, acepto que lo que sea que me preocupa todavía no me lo puedo perdonar. Y vuelvo a empezar.

 

parella estirada al llitSé que al comienzo del duelo y ese inicio puede durar años la tendencia es negar el placer. Sentirlo tal vez nos resuena a traición. Llevamos siglos sumergidos en creencias de sacrificio, de emparejar el amar con el sufrir, de reír y sentir alegría con miedo a las consecuencias, a lo que pueda venir después.

 

La culpa nunca ha sanado o ha hecho feliz a nadie, al contrario. En cambio, disfrutar de una buena comida, celebrar cualquier cosa, hacer el amor con ternura con nuestra pareja, sentir cariño por lo que hacemos, aunque sea una tortilla o recoger hojas secas nos devuelve a la vida y nos acerca a nuestra esencia, esa que compartimos todos y que, tocando con los pies en la tierra, nos conecta con el cielo.

 

 

 

ENTREGARSE AL AMOR

 

Parella sota la pluja felizAlgunas personas, me atrevería a decir que muchas, conocemos a fondo el mecanismo y los entresijos de sufrir. Mucho antes de morir mi hijo Ignasi empecé a darme cuenta que me angustiaba con facilidad, que mi preocupación era excesiva y parecía formar parte de mi forma de ser, como una segunda piel, más profunda, que no sabía como arrancar.

Tenía unos hijos fantásticos y, en general, una vida que yo consideraba feliz, sin embargo, constantemente me mantenía en un estado de alerta, de inquietud, de desconfianza. Con el control intentaba evitar a toda costa el dolor y ese esfuerzo vano, irremediablemente, me alejaba de esa serenidad, de ese gozo por vivir, por disfrutar del día a día, sin más.

 

Cuando murió Ignasi tuve la certeza de que el camino consistía en vivir hasta el final el dolor, sin retenerlo. Sin escapatorias. Y a partir de ahí , por pura supervivencia, ir aprendiendo a borrar el programa de sufrimiento que hemos ido heredando las mujeres de mi familia. Pero, ¿cómo conseguirlo? He tenido muchos maestros y terapeutas que me han ayudado a ver más claro.

 

El primer paso es no juzgar ni criticar. Si ponemos consciencia a nuestros pensamientos nos damos cuenta que la mayoría de las veces encierran juicio, crítica y condena. Como sociedad, el juicio y la crítica están en el candelero y llenan la mayoría de periódicos, programas de radio y televisión. Somos adictos a eso, a juzgar. El juicio guarda relación con el ego y nos mantiene separados de los demás, disminuye nuestra energía, nuestra capacidad de amar, de prestar atención a la belleza, de aprender de cualquier persona o situación.

 

nena i gos-tendressaNo es fácil romper el hábito de la crítica, pero es posible y los beneficios son tantos! Por de pronto, cuando miramos con los ojos de la ternura y el amor nuestra realidad se transforma. Como las setas en otoño o las flores en primavera aparecen sin esfuerzo la bondad, la amabilidad, la sencillez, la gratitud, la dulzura, la alegría serena que nos inunda al dejar de mantener un pulso contante y agotador con la vida. Todos salimos ganando si nos entregamos al amor.

 

Desde ese paradigma amoroso cualquier cosa que nos depara la existencia se convierte en una gran oportunidad para nosotros. Y, como todos somos uno, cualquier logro es un regalo para los seres que adoramos, estén aquí o en cualquier otro lado.

 

 

EL SOL DE MEDIANOCHE

SOL DE Madianoche1En los cuentos tradicionales, a menudo los protagonistas tienen que sortear una serie de obstáculos y peligros antes de encontrar el talismán que les llevará a vivir felices y en paz y el resto de sus días. A mi me parece que en la vida real sucede algo parecido. Tarde o temprano, suele ser necesario prestar atención a nuestros propios monstruos para poder liberar el tesoro que guardamos oculto.  

 

Esos monstruos, esos miedos innombrables, quizá se hayan incrementado con la muerte de nuestros seres queridos pero ya nos rondaban antes, tal vez desde siempre. El duelo, en todo caso, los hace más visibles. Por eso y porque ahora más que nunca necesitamos sosiego, es un buen momento para hacer limpieza e iluminar lo que está oscuro. El rincón más desterrado de nuestro ser, el más inaccesible y profundo, el que encierra más dolor y vergüenza reclama la luz del sol de medianoche; ese resplandor que nos lleva a reconocer la belleza en las personas y circunstancias más difíciles de aceptar.

 

Una de las condiciones para lograrlo es no salir corriendo en busca de cualquier atajo que nos aleje temporalmente de la negrura. No suele ser posible sentir alegría serena sin haber acogido y amado la profunda inquietud y tristeza que nos produce a veces la existencia. Si rechazamos el dolor, el vacío, lo incierto nos alejamos sin darnos cuenta de la plenitud.
El arte de vivir me parece que reside en sentirse cómodo en la unidad, sin pretender separarnos de nada. Cuanto más huimos de algo más cerca de eso estamos.

ABRIR EL CORAZÓN A LA ESPERANZA

 

nens alegríaMuy probablemente antes de empezar nuestro duelo vivíamos arropados por la inercia, por ese ajetreo diario que nos mantiene ocupados y alejados de nosotros mismos. Nos lleva tanto tiempo la rutina de vivir que, sin darnos cuenta, nos vamos alejando de la vida misma. Amaestrar lo cotidiano y hacer lo que se espera de nosotros nos da una cierta seguridad y, cuando creemos que lo estamos consiguiendo, entonces llega el tsunami y con él la certeza de lo incierto.

 

Tantos siglos poniendo la seguridad en las cosas materiales, en los logros intelectuales… La mayoría ignoramos que la felicidad no tiene nada qué ver con lo de fuera, que más bien está relacionada con vivir cada día como si fuera el último, con el corazón abierto a la esperanza, con crear amor en cada mirada, con cada gesto de ternura, con cada palabra dulce que pronunciamos.

 

Y así, despacio, aprendemos a cuidarnos y vemos florecer en nuestro propio huerto semillas de amor. No es que no vayan a llegar más tempestades, no. El miedo está en nosotros tan arraigado! Pero no por eso vamos a desfallecer. Ahora ya sabemos que el poder de darle la vuelta a cualquier situación lo tenemos nosotros. Y eso es uno de los inmensos regalos que nos han dejado nuestros seres queridos muertos.

 

nens rientCon palabras de Teiichi Sato, uno de los supervivientes del tsunami que asoló una parte de Japón en el 2011, causando más de 2.000 muertos, “sembremos la semilla de la esperanza en los corazones, luego la semilla de la reconstrucción, después la semilla de la felicidad. Y amanecerá la paz. Los que quedamos tras el tsunami –afirma este vendedor de semillas japonés- nos hemos vuelto más compasivos, más amables”.

 

La amabilidad, la capacidad de amarnos a nosotros mismos y a los demás es para mi la clave. De ahí a la alegría hay solo un pequeño paso. Si tenemos eso claro, da igual si nos caemos y nos equivocamos un millón de veces.

 

 

 

 

TERNURA, MUCHA TERNURA

Nuestro cuerpo es el guardián de heridas profundas. Algunas son recientes, otras tan antiguas que van más allá de nuestra memoria. No importa el tiempo si es preciso se mantienen abiertas durante siglos, implorantes, hasta que un día comenzamos a mirarlas con amor, aunque nos den miedo. Mientras, como quién acumula polvo, se recubren de capas y capas de amarga tristeza que pide a gritos consuelo.

 

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Yo tengo una muy presente. Encierra el terror que viví en la autopista la noche del accidente. Durante 17 años al invocar ese recuerdo el dolor ha sido tan insoportable que no he podido permanecer allí ni un instante. Ahora las cosas están cambiando. Despacio, con delicadeza y amor, miro la escena y el dolor se transforma en compasión. Siento una gran ternura hacia mi misma no solo por haber vivido lo vivido, sino por haber aguantado el peso de ese enorme sufrimiento durante tanto tiempo. Presiento que al irse desvaneciendo mi horror, de alguna manera, el alma de cada uno de los que compartimos esa terrible noche se siente más libre y ligera.

 

 

TERNURA

 

Todos llevamos a cuestas dolores innombrables, de algunos nos consideramos culpables, los vemos como errores que nos hieren. Si cerramos los ojos, en aquella situación tan difícil que nos viene a la mente hicimos lo que hicimos porqué no supimos hacerlo de otra manera. Perdonarnos es la forma de deshacer los nudos de reestablecer el orden, de crear armonía. En el fondo todos somos niños asustados, inocentes, huérfanos de ternura.

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