APRENDIZAJE

DEL CAOS NACEN LAS ESTRELLAS

CEL ESTRELLATNadie escogería para ampliar su consciencia pasar por un duelo desgarrador como el que supone la muerte de un ser adorado, inmensamente querido. Nadie, estoy convencida.

Por eso, oír, al inicio de nuestra tragedia, que es posible salir fortalecidos después de atravesar el desierto, más que producirnos alivio suele enfurecernos.

 

Nos da igual la posibilidad de hacernos más sabios lo que queremos desesperadamente es que todo quede en un mal sueño y que, al despertar, el horror se desvanezca y nuestra vida vuelva a ser la de antes.

 

Hay que ponerle mucho coraje para enfrentarse a la realidad de que nada, por más que lo deseemos, será igual. Cuando aceptamos que vamos a tener dos vidas, la de antes y la de después y que eso es así y es imposible cambiarlo, hemos dado un paso adelante, estamos preparados para reinventarnos.

 

A partir de ahí, el caos sigue pero comienzan a surgir destellos de esperanza. Cada vez que dejamos de resistirnos, que abrimos las manos y soltamos lo que sea aparece algo nuevo.
¿Pero qué hay que dejar ir para poder avanzar? Eso depende de cada uno. Es verdad que todos nos aferramos al miedo, pero el miedo tiene tantas caras, tantas maneras de disimular que es miedo…

 

Por eso el silencio, el contemplarnos sin prisas nos suele ayudar tanto. Hay que mirar muy a dentro, traspasar muchas capas para comprender que detrás de cada coraza hay algún dolor, alguna emoción, algún sentimiento que pide a gritos ser reconocido.

 

Mirarse con cariño, con la inocencia de cuando éramos niños es un buen principio. Ser honestos y sinceros con nosotros mismos nos da paz, en cambio, aparentar que somos lo que no somos, además de inútil, resulta agotador.

 

HOME EL DESSERTPor muy difícil que sea la situación que atravesamos cada palabra dulce que sale del corazón es un bálsamo. Cada mirada amorosa cuenta con el poder de suavizar conflictos.
En medio del asfalto surgen flores y del caos nacen las estrellas. No, no hubiésemos elegido lo que nos ha sucedido pero podemos hacer del dolor algo bonito

 

Culparnos nos encadena, nos remite al círculo de rencor y miedo, perdonarnos nos libera. No solo a nosotros, también a nuestros ancestros y a nuestros hijos. El perdón va más allá del espacio y del tiempo y llena de amor y sosiego las almas, es como la lluvia que cae en el desierto.

EL LABERINTO DE LA FELICIDAD

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Existen tantas verdades, tantas maneras de ver la vida; como un valle de lágrimas, una lucha constante, una carga, una aventura, un aprendizaje… Según nuestra percepción creamos nuestra realidad. Así como cuando estamos embarazadas encontramos por todas partes mujeres que también lo están.

 
Por eso, intento poner la atención en paradigmas que me produzcan bienestar. Mi hilo de Ariadna es la Unidad. Me explicaré: a mi me encanta imaginar que todos formamos parte de una gran conciencia que llamo Amor y que es una ilusión pensar que estamos solos y separados.
 
Que todos seamos Uno me fascina porque me permite sentirme parte de los seres que amo, aunque vivan lejos y haga mil años que no los veo o estén muertos y se encuentren en otras dimensiones. Cuando me cuido yo, los cuido a ellos, cuando soy feliz, de alguna manera eso les llega y se sienten reconfortados. Forman parte de mi, como yo de ellos.
 
Eso no quita que a veces sienta nostalgia de sus miradas, de sus abrazos. Una nostalgia dulce que contiene tristeza por lo que fue y dicha por haber vivido lo que en apariencia he perdido. Digo en apariencia porqué el amor que damos y recibimos forma parte para siempre de nuestra alma, nadie ni nada puede quitárnoslo y sigue alimentándonos.
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Ese laberinto de sorpresas que es la vida a mi me gusta recorrerlo con la actitud de una entusiasta exploradora. No me atrae juzgar qué está bien o mal, no quiero entrar en ese juego de la dualidad porque, he comprobado, que me quita energía, me deprime y me aleja de la salida, de la luz, de la alegría. Hay tantos matices, tantos caminos, tantas cosas que no sé. Lo que hoy duele o no tiene sentido mañana puede ser lo que más ha contribuido a darle color a mi forma de ser.

 

PRESTARLE ATENCIÓN AL PLACER Y A LA BELLEZA

Escultura de parellaAl principio del duelo comer, dormir, salir de la cama, vestirse, afrontar un nuevo día suelen ser tareas titánicas que, en el mejor de los casos, realizamos como autómatas. El dolor y la multitud de emociones que nos acompañan nos dejan tan agotados, nos sentimos tan alejados del entusiasmo, del frenesí de la vida! En los momentos malos, cerrar los ojos y abandonarse a la nada parece un buen sueño.

Poco a poco, sin embargo, fui descubriendo que después de un instante de dolor o miedo intenso (instante que podía durar días) solía llegar otro, de la misma potencia, pero es este caso, por suerte, de reconfortante lucidez. Como si vivir con el corazón abierto un extremo permitiera experimentar, aunque de forma fugaz, el otro.

 

 

Gracias a esos destellos de claridad empecé a dar mis primeros pasos hacia la esperanza. La evidencia de que todo pasa me ayudó mucho y la certeza de que, cuando no podía más, una fuerza superior a mi me sostenía con dulzura, también. Esa fuerza que sigue guiándome no tiene nada que ver con un Dios que premia o castiga, no. En realidad no sé lo que es, simplemente la percibo como amor en estado puro.

 

 

BUGA MENORCADurante los 17 años que han transcurrido desde la muerte de mi hijo Ignasi me he dado cuenta que sintonizo mejor con esta frecuencia que me da sosiego si agradezco lo que tengo y pongo mi atención en la belleza. No hablo de grandes cosas, sino, por ejemplo, de la alegría que me produce ver desde la calle, al acercarme a casa, la bugambilia, esplendorosa, que asoma de mi balcón o de lo bonita y mágica que es la luz dorado que pinta la parte alta de los edificios de mi ciudad a primeras horas de la mañana. Dura poquísimo, como el atardecer, pero es sublime y tiene un efecto beneficioso y directo en mi alma.

 

También eleva mi conciencia darle la vuelta a situaciones que podrían ser incómodas y convertirlas en momentos dichosos, como puede ser mantener una conversación agradable y sorprendentemente sincera con alguien que no conozco de nada mientras compartimos alguna inevitable espera.

 

 

A medida que exploro y contemplo en vez de juzgar me es más fácil conectar con esa alta frecuencia y bailar con la vida. Muchas veces no lo consigo y tropiezo, entonces, con amabilidad, me perdono, acojo las emociones que aparecen y vuelvo a empezar.  Si persiste la dificultad en perdonar, acepto que lo que sea que me preocupa todavía no me lo puedo perdonar. Y vuelvo a empezar.

 

parella estirada al llitSé que al comienzo del duelo y ese inicio puede durar años la tendencia es negar el placer. Sentirlo tal vez nos resuena a traición. Llevamos siglos sumergidos en creencias de sacrificio, de emparejar el amar con el sufrir, de reír y sentir alegría con miedo a las consecuencias, a lo que pueda venir después.

 

La culpa nunca ha sanado o ha hecho feliz a nadie, al contrario. En cambio, disfrutar de una buena comida, celebrar cualquier cosa, hacer el amor con ternura con nuestra pareja, sentir cariño por lo que hacemos, aunque sea una tortilla o recoger hojas secas nos devuelve a la vida y nos acerca a nuestra esencia, esa que compartimos todos y que, tocando con los pies en la tierra, nos conecta con el cielo.

 

 

 

ENTREGARSE AL AMOR

 

Parella sota la pluja felizAlgunas personas, me atrevería a decir que muchas, conocemos a fondo el mecanismo y los entresijos de sufrir. Mucho antes de morir mi hijo Ignasi empecé a darme cuenta que me angustiaba con facilidad, que mi preocupación era excesiva y parecía formar parte de mi forma de ser, como una segunda piel, más profunda, que no sabía como arrancar.

Tenía unos hijos fantásticos y, en general, una vida que yo consideraba feliz, sin embargo, constantemente me mantenía en un estado de alerta, de inquietud, de desconfianza. Con el control intentaba evitar a toda costa el dolor y ese esfuerzo vano, irremediablemente, me alejaba de esa serenidad, de ese gozo por vivir, por disfrutar del día a día, sin más.

 

Cuando murió Ignasi tuve la certeza de que el camino consistía en vivir hasta el final el dolor, sin retenerlo. Sin escapatorias. Y a partir de ahí , por pura supervivencia, ir aprendiendo a borrar el programa de sufrimiento que hemos ido heredando las mujeres de mi familia. Pero, ¿cómo conseguirlo? He tenido muchos maestros y terapeutas que me han ayudado a ver más claro.

 

El primer paso es no juzgar ni criticar. Si ponemos consciencia a nuestros pensamientos nos damos cuenta que la mayoría de las veces encierran juicio, crítica y condena. Como sociedad, el juicio y la crítica están en el candelero y llenan la mayoría de periódicos, programas de radio y televisión. Somos adictos a eso, a juzgar. El juicio guarda relación con el ego y nos mantiene separados de los demás, disminuye nuestra energía, nuestra capacidad de amar, de prestar atención a la belleza, de aprender de cualquier persona o situación.

 

nena i gos-tendressaNo es fácil romper el hábito de la crítica, pero es posible y los beneficios son tantos! Por de pronto, cuando miramos con los ojos de la ternura y el amor nuestra realidad se transforma. Como las setas en otoño o las flores en primavera aparecen sin esfuerzo la bondad, la amabilidad, la sencillez, la gratitud, la dulzura, la alegría serena que nos inunda al dejar de mantener un pulso contante y agotador con la vida. Todos salimos ganando si nos entregamos al amor.

 

Desde ese paradigma amoroso cualquier cosa que nos depara la existencia se convierte en una gran oportunidad para nosotros. Y, como todos somos uno, cualquier logro es un regalo para los seres que adoramos, estén aquí o en cualquier otro lado.

 

 

EL SOL DE MEDIANOCHE

SOL DE Madianoche1En los cuentos tradicionales, a menudo los protagonistas tienen que sortear una serie de obstáculos y peligros antes de encontrar el talismán que les llevará a vivir felices y en paz y el resto de sus días. A mi me parece que en la vida real sucede algo parecido. Tarde o temprano, suele ser necesario prestar atención a nuestros propios monstruos para poder liberar el tesoro que guardamos oculto.  

 

Esos monstruos, esos miedos innombrables, quizá se hayan incrementado con la muerte de nuestros seres queridos pero ya nos rondaban antes, tal vez desde siempre. El duelo, en todo caso, los hace más visibles. Por eso y porque ahora más que nunca necesitamos sosiego, es un buen momento para hacer limpieza e iluminar lo que está oscuro. El rincón más desterrado de nuestro ser, el más inaccesible y profundo, el que encierra más dolor y vergüenza reclama la luz del sol de medianoche; ese resplandor que nos lleva a reconocer la belleza en las personas y circunstancias más difíciles de aceptar.

 

Una de las condiciones para lograrlo es no salir corriendo en busca de cualquier atajo que nos aleje temporalmente de la negrura. No suele ser posible sentir alegría serena sin haber acogido y amado la profunda inquietud y tristeza que nos produce a veces la existencia. Si rechazamos el dolor, el vacío, lo incierto nos alejamos sin darnos cuenta de la plenitud.
El arte de vivir me parece que reside en sentirse cómodo en la unidad, sin pretender separarnos de nada. Cuanto más huimos de algo más cerca de eso estamos.

ABRIR EL CORAZÓN A LA ESPERANZA

 

nens alegríaMuy probablemente antes de empezar nuestro duelo vivíamos arropados por la inercia, por ese ajetreo diario que nos mantiene ocupados y alejados de nosotros mismos. Nos lleva tanto tiempo la rutina de vivir que, sin darnos cuenta, nos vamos alejando de la vida misma. Amaestrar lo cotidiano y hacer lo que se espera de nosotros nos da una cierta seguridad y, cuando creemos que lo estamos consiguiendo, entonces llega el tsunami y con él la certeza de lo incierto.

 

Tantos siglos poniendo la seguridad en las cosas materiales, en los logros intelectuales… La mayoría ignoramos que la felicidad no tiene nada qué ver con lo de fuera, que más bien está relacionada con vivir cada día como si fuera el último, con el corazón abierto a la esperanza, con crear amor en cada mirada, con cada gesto de ternura, con cada palabra dulce que pronunciamos.

 

Y así, despacio, aprendemos a cuidarnos y vemos florecer en nuestro propio huerto semillas de amor. No es que no vayan a llegar más tempestades, no. El miedo está en nosotros tan arraigado! Pero no por eso vamos a desfallecer. Ahora ya sabemos que el poder de darle la vuelta a cualquier situación lo tenemos nosotros. Y eso es uno de los inmensos regalos que nos han dejado nuestros seres queridos muertos.

 

nens rientCon palabras de Teiichi Sato, uno de los supervivientes del tsunami que asoló una parte de Japón en el 2011, causando más de 2.000 muertos, “sembremos la semilla de la esperanza en los corazones, luego la semilla de la reconstrucción, después la semilla de la felicidad. Y amanecerá la paz. Los que quedamos tras el tsunami –afirma este vendedor de semillas japonés- nos hemos vuelto más compasivos, más amables”.

 

La amabilidad, la capacidad de amarnos a nosotros mismos y a los demás es para mi la clave. De ahí a la alegría hay solo un pequeño paso. Si tenemos eso claro, da igual si nos caemos y nos equivocamos un millón de veces.

 

 

 

 

TERNURA, MUCHA TERNURA

Nuestro cuerpo es el guardián de heridas profundas. Algunas son recientes, otras tan antiguas que van más allá de nuestra memoria. No importa el tiempo si es preciso se mantienen abiertas durante siglos, implorantes, hasta que un día comenzamos a mirarlas con amor, aunque nos den miedo. Mientras, como quién acumula polvo, se recubren de capas y capas de amarga tristeza que pide a gritos consuelo.

 

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Yo tengo una muy presente. Encierra el terror que viví en la autopista la noche del accidente. Durante 17 años al invocar ese recuerdo el dolor ha sido tan insoportable que no he podido permanecer allí ni un instante. Ahora las cosas están cambiando. Despacio, con delicadeza y amor, miro la escena y el dolor se transforma en compasión. Siento una gran ternura hacia mi misma no solo por haber vivido lo vivido, sino por haber aguantado el peso de ese enorme sufrimiento durante tanto tiempo. Presiento que al irse desvaneciendo mi horror, de alguna manera, el alma de cada uno de los que compartimos esa terrible noche se siente más libre y ligera.

 

 

TERNURA

 

Todos llevamos a cuestas dolores innombrables, de algunos nos consideramos culpables, los vemos como errores que nos hieren. Si cerramos los ojos, en aquella situación tan difícil que nos viene a la mente hicimos lo que hicimos porqué no supimos hacerlo de otra manera. Perdonarnos es la forma de deshacer los nudos de reestablecer el orden, de crear armonía. En el fondo todos somos niños asustados, inocentes, huérfanos de ternura.

PASO A PASO, SIN PRISAS

 

la foto-3Los grandes duelos suelen dejarnos sin tierra bajo los pies y a años luz de la vida que habíamos llevado hasta entonces. Esos duelos por la muerte de alguien inmensamente querido paran el tiempo. Da igual si se inician con una larga enfermedad o vienen, sin previo aviso, de un momento a otro. La cuestión es que, desgarrados y a ciegas, nos encontramos ante un abismo profundo. Ese es el punto de partida y es normal sentirse perdido no solo los primeros meses, sino durante años.

 

 

Si, a pesar del miedo, decidimos tirar adelante iniciamos un camino que nos conduce a nosotros mismos. Durante el recorrido es bueno mantener el corazón abierto y hablar y escucharnos con honestidad. No vale engañarnos. Por un lado, hay que tejer y, por el otro, destejer hasta que nos sintamos en paz con lo que vamos creando. Sin prisas, paso a paso, dejando espacio al desespero, pero también a los destellos de luz que nacen de dentro, sin motivo, por muy efímeros que sean. El duelo exige sentir, vivirlo en carne viva todo, aunque a veces nos parezca que reyamos la locura.

 

 

Al principio nada es seguro -y ese principio puede parecernos eterno- pero, poco a poco, vamos descubriendo que dentro de nosotros hay realmente algo estable que nos sostiene. No es teoría, ni filosofía, ni fe, es una cuestión empírica. Ese poder increíble que nos mantiene a flote es el amor en estado puro. Cuando miramos con cariño lo que no nos gusta de nosotros mismos y nos perdonamos, lo de fuera adquiere una tonalidad más dulce y, aunque probablemente sigamos con altos y bajos, el temor no dura tanto y el dolor se trasciende.

 

 

Jacarandas

 

 

 

Uno puede agarrarse al dinero, al estatus, al conocimiento… pero de poco o nada sirve eso cuando se entra en un gran duelo. Allí, en ese territorio inhóspito, lo único seguro es conectar con la propia esencia. Para eso es necesario irnos despojando de capas y capas de quejas, malentendidos, rencores, juicios y desencuentros. El proceso lleva su tiempo y probablemente no concluya ni con la propia muerte. Pero mientras tanto nos sentimos mejor, más ligeros y alegres. Al fin y al cabo la felicidad tiene mucho que ver con nuestra actitud, en saber encontrar el lado bueno de cualquier experiencia que nos depare la vida, aunque tardemos un tiempo en darnos cuenta. Paso a paso, a nuestro aire, sin prisas.

 

 

 

 

 

 

DARNOS TIEMPO PARA SENTIR

 

 

 

NENS JUGANT AMB AIGUACuando murió mi hijo fue la primera vez en mi vida que, de forma consciente, me di tiempo para sentir lo que fuera sin reservas, ni excusas, hasta el fondo, sin huir ni esconderme. De alguna manera tuve la certeza de que ese era el camino para mantenerme a flote hasta conseguir renacer. La voluntad de sobrevivir fue más grande que mi miedo antiguo a adentrarme en el dolor y atravesarlo.

 

 

 

 

Algunas personas somos hábiles pasando por alto lo que sentimos. Nos es fácil escudarnos en el ajetreo del día a día, en la acción, para no escuchar lo que nos turba aunque el alma y el cuerpo nos pidan a gritos, cada uno a su manera, que prestemos atención a tanto desasosiego.

 

 

Cerramos los ojos al sentir porque no queremos ver la tristeza, la confusión, el dolor, la incertidumbre, la frustración, los celos, el miedo, la envidia o lo que sea que a veces trae consigo la marea de la vida. No sabemos que al girar la espalda a las emociones que no nos gustan cerramos el paso a las que daríamos lo que fuera por sentir. No es posible la plenitud (la totalidad) si no acogemos por igual a todos nuestros sentimientos como lo haría una madre, sin distinción, con cada uno de sus hijos. Al fin y al cabo forman parte de nosotros.

 

 

JodhpurAh! pero a mi entender no basta con sentir. Conviene, además, no juzgarnos, ni criticarnos, ni etiquetar, ni culpabilizarnos a nosotros o a los demás por lo que sentimos. Cómo si fuéramos de otro planeta y simplemente observáramos lo que ocurre dentro de nosotros.

 

 

Parece una práctica difícil de conseguir, arrastramos siglos y siglos de prejuicios y creencias, pero en cuanto empezamos a practicar, sus efectos beneficiosos son tan inmediatos, que con más facilidad de la que creíamos adoptamos el hábito de prestar atención al momento presente, dentro y fuera de nosotros. Podemos empezar por sentir lo simple y agradable como la sensación del agua en nuestro cuerpo cuando nos duchamos, la calidez que sentimos al acariciar, con el corazón, la mano de un bebé o de un anciano querido, el bienestar que produce cocinar despacio, con mimo, aunque solo preparemos un huevo frito, la paz y la comunión con el universo que conlleva levantar la vista al cielo, en plena ciudad, y contemplar la belleza espectacular de un atardecer en primavera, el placer de saborear un café, en vez de tragarlo, de mirar con ternura a alguien a los ojos, sonreír y abrazarlo, de pasear sin prisas por la playa o el campo…

 

 

NENA PLUJASi nos damos tiempo y prestamos atención a lo que sentimos, lo consideremos bueno o malo, es más probable que cuando llegue el huracán no nos desestabilice tanto o sí, pero no durante mucho tiempo. La negación nos causa sufrimiento y nos impide ser compasivos con nosotros mismos.

 

 

En cambio, si nos familiarizamos con el dolor y el miedo, sin poner condiciones, al final suelen despedirse con preciosos regalos. A mi me ha sucedido, lo sé, doy fe de ello, aunque a veces lo olvido y pretendo quedarme escondida en un rincón, asustada, cuando me imagino que viene tormenta, en vez de salir, sentir el viento en la cara, el olor a tierra mojada y la agradable sensación de libertad que supone bailar con la vida.

QUE VUELEN ALTO

 

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Tal vez uno de los mayores retos que encierra el duelo es aprender amar sin condiciones, sin pedir nada a cambio, ni tan solo la presencia física del ser amado.

 
Amar a ciegas, sin la posibilidad de ver reflejada en la mirada del otro la alegría de estar juntos, sin sonrisas, ni llamadas, ni abrazos… Sin expectativas y, sin embargo, sintiendo en el corazón la inmensa calidez del amor en estado puro, de ese vínculo sagrado que va más allá de la muerte. Ese es un aprendizaje de largo recorrido que dura tal vez la vida entera.

 

 

Los primeros años duele tanto la ausencia que intentamos atar en corto el lazo de la cuerda que, supuestamente, creemos que nos mantiene unidos.

 

papallones boniquesTodavía no hemos tenido tiempo de transformarnos, estamos anclados en nuestros propios miedos y soñamos despiertos en proseguir, sin cambios, la relación que teníamos antes con ellos. Eso es a todas luces imposible, pero nos agarramos a lo conocido porqué soltar lo que ha sido nos parece inalcanzable, incluso nos puede sonar a traición, a olvido. Cuando vamos más allá de ese miedo y nos entregamos sin resistencia a lo que es, cuando dejamos ir con suavidad los apegos, cuando soltamos la necesidad de retener, de aferrarnos, empieza la trascendencia, el amor nos sostiene y nos damos cuenta que estamos, en esencia, todos más cerca.

 

 

Al cortar las amarras ya nada impide la conexión sagrada. El corazón, en vez de andar encogido, se ensancha, resurge la confianza y nuestro vuelo y el de nuestros seres queridos muertos puede llegar a ser tan alto como se quiera, sin sentirnos por eso separados.

 

 

 

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