APRENDIZAJE

¿ESTÁS CANSADA?

 

 

Es posible que si dejas de mantener en alto tus defensas y, sin máscaras, te entregas a sentir descubras en ti una fatiga infinita.

Si dejas de resistirte a ese cansancio tan antiguo no morirás de agotamiento, no, al contrario, la rendición es dulce y tiene el don de liberarnos.

 

Lo que nos tensa, lo que nos mantiene, a veces, muertas en vida es intentar eludirlo, mirar para otro lado y seguir con la piedra en el pecho y los nervios desbocados.

 

Tu cansancio es sagrado, párate y escúchalo con cariño. Posiblemente, en silencio, te cuente que es bueno que dejes que cada cuál acoja su propio desasosiego, que no tienes porqué andar con el mundo a cuestas. Nadie avanza, en realidad, si le llevan a hombros.

 

 

A veces, solo por el simple hecho de vivir nos agotamos. Son tantas las batallas que enfrentamos! Si te sientes así, exhausta, busca un lugar seguro y entrega las armas. Las victorias del alma, esas que nos transforman, sólo se consiguen con honestidad, suavidad y ternura.

 

 

 

 

MOMENTOS DE CAOS

 

 

Tengo una amiga del alma que lleva más de tres meses inconciente, en coma. Tita ha sido una maestra para mi, me ayudo muchísimo durante mis primeros años de duelo. Siento el dolor de su esposo, ante la incertidumbre de la vida. Mantengo a menudo una velita encendida para sentirlos cerca a los dos.

 

Recuerdo mis días en el hospital, cuando Ignasi estaba entre dos mundos; la desesperación, con destellos de esperanza, hasta que poco a poco la realidad se impuso y el dolor empezó a envolverlo todo. La tristeza inmensa de volver a casa sin él, sin él para siempre…

 

Tarde años en poder decir en voz alta: “mi hijo ha muerto”. No podía asociar esa palabra con su nombre.

Cuando muere un ser muy querido, el caos, la incertidumbre acostumbra a inundarlo todo. Probablemente, nada de lo que considerábamos sólido nos sirve, solo es posible agarrarse al amor, es lo único que nos sostiene.

 

Por eso, a mi me gusta recordarme que vivir se trata simplemente de aprender a querer, estén presentes físicamente o no los seres amados. El amor siempre vuelve, tan solo hay que mantener el corazón abierto.

HABLAMOS DE LA MUERTE EN TVE

El pasado viernes 26 de octubre realicé como invitada una pequeña intervención en el programa Ara i Aquí de TVE1 (Cataluña).¿Qué herramientas son necesarias para superar la muerte de las personas que queremos?

Ara i Aquí @araiaqui es un programa (en catalán) de debate y en esta ocasión se centró, tal y como se explica en la web del programa, en ¿Cómo afrontamos la muerte? ¿Cómo convivimos con ella? ¿Estamos preparados para afrontarla? ¿Cómo la superamos? ¿Cómo compartimos el duelo? Sea nuestra propia muerte o de las personas más queridas, se trata de una frontera inevitable que cada uno vive con su propia intensidad. Carlos Fuentes analizaba el tema con la ayuda de especialistas, tertulianos y diferentes testimonios del público.

Si os apetece ver mi intervención fue a partir de la segund mitad del programa, exactamente en el minuto 1:34:38. Este es el link:

http://www.rtve.es/television/ara-i-aqui/

HABLAMOS DE LA MUERTE EN VALENCIA,

 

EN EL COLEGIO DE MÉDICOS EL 7 DE NOVIEMBRE

 

 

 

 

 

 

Sea anunciada o de repente la muerte de un ser inmensamente querido nos deja sin suelo bajo los pies. La vida misma se vacía de contenido. Nada va con nosotros, nos sentimos ajenos, a años luz de lo conocido. Así suele iniciarse el duelo de las muertes que consideramos a destiempo, esas que nos dejan con un vacío inmenso, congelados por dentro.

 

 

 

Nadie es el mismo después de la muerte de un ser inmensamente amado. Es imposible ser el de antes, pero sí tenemos la oportunidad de elegir qué queremos que florezca en nuestra vida: ¿la gratitud por lo vivido o la amargura por lo que nos parece que hemos perdido?

 

 

Si escogemos a pesar de todo mantener el corazón abierto al amor, si estamos dispuestos a sentir el dolor, pero también la alegría es muy posible que nuestra vida adquiera de nuevo sentido.

 

De cómo afrontar la muerte, tanto desde la vivencia profesional como familiar y los duelos desgarradores hablamos Javier Zamora, psicólogo de la Asociación ASPANION y yo el próximo 7 de noviembre en Valencia, en la sala R. Fornós del Colegio Oficial de Médicos. La entrada es gratuita y, como el aforo es limitado, conviene inscribirse con antelación, en el siguiente mail: secretaria@svmpaliativa.org

 

DESTELLOS DE LUZ PARA AFRONTAR LA NAVIDAD

 

TALLER EN BARCELONA

 

SÁBADO 24 de Noviembre

HORARIO: de 10h a 13:h

INFORMACIÓN E INCRIPCIONES:Tel. 650 98 38 80
mercecastro@mercecastro.com

 

 

Cuando en las calles empiezan a poner las luces de Navidad, los corazones en luto se encogen. La imposibilidad de abrazar lo que tanto se añora es abrumadora. Duele respirar.

 

Son días duros los que se avecinan, lo sé. He pasado muchas navidades en el infierno sin querer salir de la cama, con una piedra inmensa en la boca del estómago. Pero también sé que si me he levantado ha sido porqué el amor es más fuerte que el miedo, lo puede todo.

 

Las fechas señaladas son desafíos de amor y requieren las mejores galas del alma. Por eso, abro la posibilidad de participar en este taller en el que ofrezco los destellos de luz que a mi me han ayudado a transitar el camino del duelo, a encarar las navidades, y la vida entera, con una actitud más alegre y sosegada.

 

INFORMACIÓN E INCRIPCIONES:
Tel. 650 98 38 80
mercecastro@mercecastro.com

 

CONFERENCIA EN ANDORRA

Tengo el honor de poder participar el próximo 16 de noviembre, en Andorra, en un acto organizado por la Associació Marc Gonzalez. Me hace muchísimas ilusión compartir destellos de luz que a mi me han ayudado, con la esperanza de que también puedan ser útiles a las personas que asistan a la conferencia. Gràcias Rosa Galobardes Demiquels y Montserrat Molas Cuberta. Una abraçada molt gran, ens veiem a Andorra, ben aviat.

¿Vas a rechazar una parte de ti?

 

 

Nuestra sociedad, en general, arrastra a las personas a un bienestar a menudo ficticio. Es como si no pudiéramos salir del papel de ser eternamente jóvenes, optimistas y felices.

 

Con frecuencia, aparentamos estar bien para que los demás no se sorprendan, se espanten y huyan de nosotros. Esa censura imperante de las emociones está tan arraigada que, al final, nos es difícil a nosotros mismos saber lo que sentimos.

 

Nos hemos hecho a la idea, desde pequeñitos, que nos van a querer más si somos buenos, alegres, obedientes, si no nos enfadamos y estamos siempre dispuestos a mostrarnos complacientes y constentos.

 

Algunas veces nos sentimos así, en paz con nosotros mismos y el mundo, pero simplemente por el hecho de vivir y ser humanos bulle en nuestro interior un volcán de sentimientos que la “sociedad” no considera políticamente correctos.

 

Todos guardamos secretos, sentimos envidia, tenemos arrebatos… Algunos somos de naturaleza intolerante, inflexibles, cobardes, depresivos o cualquier cosa que se nos ocurra y no queramos mencionar en voz alta.

Cuanto más reprimimos esa parte de nosotros mismos que tanto nos disgusta más fuerza le damos. Qué contrasentido que nos avergüence ser plenamente humanos, ¿verdad?

 

He descubierto que mi parte menos favorecedora y oculta se suaviza cuando la miro con cariño, cuando no la odio por existir y le permito formar parte de mi sin apabullarla.

 

Si hay miedo, lo hay, para qué negarlo, si me siento humillada procuro darle un espacio a mi humillación, igual que a mi ira, si descubro mi avaricia, le sonrío…
De esa manera, no sé, voy recobrando cierta calma.

No me sale a la primera, ni a la segunda, ni a la ternera. Me suelo encerrar, primero, con siete llaves para no ver, irascible con los demás y con la vida. Hasta que me rindo y pido ayuda a mi parte sabia, la que siempre me mira con cariño. Ella me quiere sin condiciones, no menosprecia la loba salvaje o la gacela asustada que llevo dentro.

 

En susurros me dice que todo lo que es, es y está bien que así sea. No importa si me siento mal, débil, vulnerable, prepotente o tonta… Todo eso también forma parte honorable del ser, como la valentía, la alegría, la fortaleza, la humildad o la sabiduría. Solo que esa parte que rechazamos necesita más mimos, más caricias, más luz. Aunque nos grabemos el programa de espiritualidad en la mente, no vamos a conseguir ampliar la mirada si no amamos lo que somos, lo que sentimos, sin discriminar nada.

 

 

PERMITE QUE SE EXPANDA TU AMOR

 

 

Posiblemente estés paralizada. Tal vez se ha muerto tu compañero del alma, uno de tus hijos o el único o, quizá, estés pasando una terrible crisis vital sin motivo aparente… Si es así, de momento, tal vez no puedas hacer nada más que sobrevivir.

 

Respira hondo, saca el aire con lentitud y siente. Durante un tiempo, vas a ir a menudo de la mano del miedo, de la rabia, de la culpa o de cualquier otra emoción de las que nos asustan. Te sentirás perdida y sola muchas veces. Eso forma parte del duelo, de las grandes crisis, es normal. Recuerda, no te estás volviendo loca, te estás transformando y eso, casi siempre, va acompañado de mucho dolor.

 

Invoca la paciencia en tus ratos de mayor desespero, procura ser amable contigo misma y no olvidas que la intensidad del desasosiego bajará. Tan solo respira y no quieras ir más allá.

 

Cuando la tormenta amaine un poco, ponte la mano en el corazón, cierra los ojos y conéctate a esa fuente de amor que todos llevamos dentro. Ese amor en estado puro está deseando que lo mires, que lo abraces, que le permitas expresarse a través de ti. Sí ya se que quizá tengas miedo, pero eso no impide sentir amor. Cuanto más expandas ese amor, más fácil será la conexión con tus seres queridos, vivos o muertos.

 

 

Ahora no puedes abrazar a los que físicamente ya no están, pero el amor no muere, sigue allí y crece cuanto más das. ¿Habrá que hacer algo con tanto amor, verdad? algo bonito en honor a los que ya se han ido y en el tuyo. Hay tanta falta de ternura en el mundo y hay tantas formas de expresar cariño. Pídele a tu parte sabia, a tu divina presencia, a tus guías, a tu ángel de la guarda, al Universo entero que te inspire para abrir tu corazón y ofrecer tus dones.

 

 

Háblate con dulzura, no te riñas, ni prejuzgues a los otros. Cada uno, aunque no lo sepamos, tiene sus razones, lleva su particular pena. Es mejor sembrar y esparcir amor, con la inocencia de cuando éramos niños. De esa manera, todo es más suave y empezamos a vivir, en vez de sobrevivir. No temas olvidar a nadie por el hecho de amar (amar a las plantas, a los animales, a la naturaleza, a la vida, a quién sea. Todo merece amor). Amar no tiene nada que ver con sufrir, al contrario, el amor incondicional del que hablo es agradable, cálido, siempre suma, nunca resta.

 

 

 

Cada sonrisa que conseguimos, cada caricia, cada paisaje que admiramos le da sentido a nuestra vida. ¿No te parece?

 

 

SÍ PODEMOS, AUNQUE PAREZCA IMPOSIBLE

 

Las vidas se suelen romper de un momento a otro.
A veces, con un diagnóstico de los que nos dejan temblando, sin suelo bajo los pies, aunque la enfermedad anunciada sea más o menos larga. Otras, con un golpe seco de madrugada, sin esperanza de vuelta atrás.

 

 

Esos golpes demoledores nos arrastran a un lugar oscuro, desconocido, en el que predomina el miedo. La incertidumbre es tan grande que lo inunda todo. De repente, no sabemos quién somos. Posiblemente, lo que antes nos parecían sólidos pilares ahora no son más que castillos de arena incapaces de mantenernos en pie.

 

 

Recuerdo días, después de la muerte de mi hijo Ignasi, en los que el dolor era tan intenso que temía volverme loca. He estado años, cuando ya me encontraba más o menos bien, bajando al infierno a la que se acercaba el aniversario de su partida… ¡Es tan pronunciado, tan vertiginoso el carrusel de emociones que acompañan al duelo!

 

Volver a la vida parece imposible, ¿verdad? Sin embargo, no lo es. En las tinieblas, suelen haber destellos de luz. A menudo, cuando desfallecemos, aparecen brazos que nos sostienen. Tal vez son casualidades, tal vez no. Pero lo cierto es que, si abrimos nuestro corazón, siempre podemos encontrar un motivo amoroso para levantarnos y, poco a poco, empezar a confiar de nuevo.

 

Cuando hablamos de un gran duelo, el camino suele ser largo, no nos vamos a engañar. Pero, en contra partida, se abre una inmensa oportunidad: la de despertar, adquirir lucidez, aprender a aceptar. Y sobre todo, la de disfrutar de lo sencillo y valorar el cariño por encima de todo lo demás, sin máscaras, con más honestidad.

 

Estoy convencida de que nadie escogería esta opción para ampliar la conciencia. Seguro que no, tal vez por eso no nos dan a elegir. La vida y, quizá nuestra alma, van a lo suyo, cogen el camino de en medio, sin preguntar. Intuyo que saben que podemos, aunque nos parezca imposible.

SENTIRSE QUERIDO

 

Yo no sé vosotras, pero cuando mis pensamientos campan a sus anchas suelen llevarme a lugares terroríficos. Tengo una tendencia natural a esperar lo peor de lo que está por venir.

 

Para evitar sufrir en balde y darle la vuelta a esa tendencia, empecé a observar mi mente y, en vez de reñirla por su adicción al drama, decidí quererla, ampararla como cuando abrazas a un niño que se despierta asustado en medio de una pesadilla. Eso me ha ayudado mucho a deshacer bucles de agonía.

 

La mayoría de las “tormentas”, que me imagino, no descargan nunca, suelen ser producto de miedos antiguos que buscan la manera de llamar mi atención. Si me paro a escuchar con cariño el desasosiego, como una madre o un padre compasivos, el temor suele desvanecerse como las nubes en el cielo.

 

No estoy hablando de esquivar el dolor, no. Las pérdidas duelen y cuando se trata de seres muy queridos el dolor es desgarrador, a veces insoportable, pero forma parte de la vida. Me refiero, en concreto, al sufrir por sufrir que yo ya arrastraba antes de morir mi hijo Ignasi.

 

Ese ¡ay! perpetuo que planeaba en el aire, que mantenía mi mente tiritando por cualquier tontería que yo magnificaba, como si necesitara estar conectada al temor de que mi felicidad se truncara.

 

Ahora, cuando asoma esa inquietud, independientemente de lo que ocurra, sé que, en realidad, hay algo en mí que necesita sentirse querido y que la felicidad es algo íntimo, que sale de dentro, algo así como la decisión de entregarse sin recelos a lo que venga.

 

La plenitud, a mi entender, consiste en amar nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestros sentimientos, sin condiciones, aunque a veces duela.

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