APRENDIZAJE

RENOVAR LOS VOTOS DE AMOR A LA VIDA

 

 

mare-fillsA mi me parece que a muchos de nosotros nos da miedo vivir. Y ese temor suele ir incrementando, con la edad, si no hacemos nada para evitarlo. Incluso muchas personas que sufren de miedo crónico no son conscientes de ello, a pesar de que en su día a día predomina la angustia y el malestar. Parece como si vivir con miedo fuese lo natural. ¿Cómo hemos llegado a ese callejón tan oscuro?

 

De pequeños, en general, vivimos el momento y, aunque nuestra realidad sea dura, es la que es y solemos sacarle el mejor partido porqué estamos conectados a la alegría de vivir.

 

Con el transcurso de los años vamos acumulando heridas, y si no les prestamos atención, si las dejamos aparcadas, nuestro corazón se va marchitando. Nos encerramos en un caparazón para intentar aislarnos de la propia vida. Pretendemos, así, no sentir dolor, algo a todas luces imposible de evitar. Y es precisamente esa resistencia la que nos envuelve en una niebla espesa que nos impide conectar con el amor y, a menudo, incluso respirar.

 

Nuestro desnenabola-del-monpertar consiste en tomar consciencia de ese miedo y conectar con nuestro ser, con nuestra esencia divina y decidir cambiar de actitud, ampliar la mirada, pasar pantalla, renovar desde nuestro interior la alegría de vivir, los votos de amor a la vida, independientemente de lo que suceda en el exterior, de lo que tenga que venir.

 

Sé que hay golpes que te dejan en la cuneta, pero también sé que mientras estamos aquí es mejor crear amor que miedo, de eso, de expandir el temor, ya se encargan muchos medios de comunicación, incluso la mayoría de anuncios publicitarios. Por eso es tan necesario pararnos, ser sinceros y honestos con nosotros mismos, sacar toda la rabia y la tristeza que acumulamos, dejar espacio y volver a sentirnos como cuando éramos niños. De esa forma, entre todos, vamos creando un Universo más respetuoso, agradable, tierno y dulce a los que vienen detrás y para los que se han ido antes.

 

 

 

DEJAR DE PENSAR

 

 

nens-contensDurante el duelo o en medio de cualquier otra crisis vital nos resulta casi imposible parar la mente. Los pensamientos suelen ser atroces y se encadenan uno detrás de otro sin apenas dejarnos respirar. Cada pensamiento terrorífico desencadena un nuevo torrente de miedo en nuestro organismo, como un pez que se muerde la cola… Un círculo infernal. ¿Cómo romperlo? Una forma en apariencia sencilla es poner la atención solo en el momento presente.

En mis días más apurados yo narraba, en mi cabeza, lo que estaba haciendo o lo que iba a hacer al instante siguiente. “Ahora me ducharé, qué agradable es sentir el agua caliente, cómo me relaja…” “Ahora preparo la comida, veo como la cebolla pierde consistencia, se ablanda, adquiere un color más dorado…” De esa forma impedía que los pensamientos compulsivos camparan a sus anchas. En mis horas más bajas no pensaba en qué iba a hacer mañana ni mucho menos la semana siguiente, me limitaba a sentir cómo el aire entraba y salía de mis pulmones y me repetía, TODO PASA, TODO PASA y eso, a veces, durante horas.

 

dibuix-nensAsí empecé a educar mi mente, a descubrir que ese torturador que habitaba en mi cabeza no era Yo, incluso me di cuenta que podía distanciarme de él, quitarle el control. No tenía porqué prestarle atención y mantenerme sujeta a sus deseos, que me solían trasladar irremediablemente al pasado o a un futuro angustioso. Empecé a tomar yo las riendas, en vez de dejar puesto siempre el piloto automático. Me obligué a estar aquí y ahora, como cuando era niña y se me iba el tiempo volando cuando saltaba a las gomas o a las cuerdas. ¿Os acordáis? De pequeños, cuando jugamos le ponemos tanta pasión que desaparece el mundo.

Primero tenía que esforzarme mucho para practicar eso que cuento y no dejarme llevar por la inercia del sufrimiento, pero con el tiempo estar presente va adquiriendo forma de hábito, al menos nos damos cuenta cuando “nos vamos” y siempre podemos regresar. La vida va de instante en instante y normalmente no le hacemos caso, nos la perdemos, preocupados a menudo por el miedo a lo que imaginamos que vendrá (¿?) o sumidos en la nostalgia de lo que fue. No estoy hablando de olvidar, el amor que damos y recibimos, es atemporal, siempre viaja con nosotros.

 

FALSA ESPIRITUALIDAD

 

CEL ESTRELLATA menudo es fácil confundir el camino de la espiritualidad con tener que estar siempre alegre, sereno, centrado y feliz, irradiando amor. Y, claro, la frustración está servida porqué ni los santos más santos viven en ese estado de nirvana permanente.

 

 

Y qué ocurre, que esa espiritualidad programada, irreal, que solo existe en nuestra mente, nos impide contactar con nuestras emociones, sentirlas, sufrirlas y liberarlas. “Yo no puedo sentir rabia o celos, frustración, envidia, miedo o simplemente tener malos pensamientos porqué soy un ser muy espiritual o evolucionado”, pensamos, pero lo cierto es que los humanos sentimos éstas y muchas otras emociones, en realidad todas las que existen en el inconsciente colectivo nos son familiares. No hay ningún sentimiento que nos sea ajeno.

 

 

La única manera de dejar de sentir, por ejemplo, rabia, es permitirnos sentirla cada vez que aparezca. Y no solo eso, conviene hacerle caso, reconocerla, prestarle atención: gritar, aporrear cojines, correr, dar puñetazos al sofá, a un saco de boxeo, golpear lo que sea hasta quedar rendidos y si al final acabamos llorando, mucho mejor. Hay muchas maneras inofensivas de darle espacio al enfado por más grande que sea, pero lo que no sirve es esconderla, eso no, porqué entonces las cosas se complican.

 

 

cel-estrellatCuando miramos para otro lado, en vez de vivir lo que sentimos, el cuerpo toma el control. Su intención es sacarnos del atolladero, pero no suele resultar agradable su método, porque la única manera que tiene de llamar nuestra atención es enfermando o produciendo algún dolor.

 

 

También es posible que intentemos esquivar nuestro malestar culpando a otros, incluso dañándolos psíquica o físicamente, o todo a la vez. Esa vía nos lleva a un callejón sin salida, incrementa el dolor e imposibilita el cambio, la trascendencia.

 

Yo me saqué un gran peso de encima cuando descubrí que el miedo es el preámbulo de la valentía, que la rabia lo es de la calma, la tristeza de la alegría, la frustración de la satisfacción y que la culpa precede al perdón, ese don fantástico que nos libera de tantos desencuentros con uno mismo y con los demás. Al fin y al cabo nadie se ilumina mirando la luz, sino acogiendo, haciendo consciente su oscuridad.

SALTAR AL VACÍO

 

 

saltar-al-vacioSé que hay momentos en que el dolor y las emociones son tan intensos que nos bloquean. Tenemos la sensación de estar perdidos, de no saber por donde tirar… tal vez si escondemos la cabeza debajo de la almohada todo será distinto, pensamos, pero no es así. Cuanto más queremos alejarnos de ese doloroso torbellino más grande se hace, más profundo es el abismo.

 

La única forma que conozco para cruzarlo es saltar al vacío, sin resistencias. Estar dispuesto a sentir el miedo, el dolor, la rabia, lo que sea sin culpar a nada ni a nadie. Dejar de mentirnos, de buscar excusas, de ignorar la tensión que sufre nuestro cuerpo.

 

Cuando dejamos de querer que las cosas sean de otra manera, cuando abrimos los ojos y miramos con cariño lo que hay, aunque no nos guste, entonces empieza el desbloqueo.

 

Parece una contradicción, Verdad? Aceptar lo que no nos gusta nos ayuda a trascenderlo. Mirar con amor la oscuridad nos alumbra… Entregarnos y entregar a la vida a nuestros seres más queridos nos libera, nos da alas a todos, nos une para siempre.

árbol fermín

En nuestro interior existe una energía creadora capaz de darle la vuelta a cualquier situación. ¿Qué dirección quieres darle a la tuya, a ese poder inmenso que hay en ti? Si apuestas por la vida, estás apostando por el amor, por crear armonía porqué has aceptado el desequilibrio que reina en tu interior, apuestas por crear serenidad porqué sabes qué es el caos y el furor de las grandes tormentas, por crear luz porqué has vivido en la oscuridad. Eso, creo, es vivir con plenitud. Y, cuando te sientas cómodo así, probablemente algo se desmoronará y volverá a aparecer la incertidumbre y tendrás que volver a saltar al vacío.

 

 

LAS CLAVES DEL PARTIDO

 

Tener paciencia, de jovencitanens-africans-jugant-a-futbol, me parecía casi una debilidad, creía que, de alguna manera, implicaba estar dispuesta a vivir en una especie de lentitud excesiva, de resignación que, en absoluto, pensaba, me favorecía. En cambio, cultivar la paciencia me llena , ahora, el corazón de paz, de serenidad, de calma. Da sentido a mi vida.

La paciencia es suave, deja espacio a la ternura y va de la mano de la humildad. Otra virtud a la que antes tampoco le veía la gracia por ningún sitio. Ser humilde me sonaba a ser poca cosa; a sumisión, a rogar, a suplicar y eso a mi espíritu rebelde y vanidoso no le gustaba nada.

Como son las cosas, ¿verdad? Porqué ahora creo que la humildad es la clave, que encierra una gran fortaleza, una inmensa libertad. Tiene la capacidad de hacernos la vida fácil, sencilla, sin complicaciones y, a menudo, alegre y feliz. He tardado años en darme cuenta que no quiero nada que no pueda recibir con humildad.

nens-tocant-2014-05-06-a-las-08-53-08La humildad conlleva honestidad con uno mismo y, por tanto, con los demás. Soy lo que soy, sin querer mostrar al mundo que soy otra cosa, y, si me equivoco y me doy cuenta, rectifico. No siempre me sale bien, la humildad no la domino ni de lejos, pero sé que mantener a capa y espada estatus y creencias resulta agotador, engorda el ego y nos aleja de nuestra esencia.

Con la mano en el corazón, creo que nadie sabe a ciencia cierta nada. Reconocerlo nos quita mucho peso y nos permite, en realidad, vivir mejor.

El VIENTO DE LA VIDA

 

viento-menorcaEn la isla en la que suelo pasar los veranos sopla de vez en cuando un viento fuerte, de los que embravecen el mar y hace crecer a los arbustos de lado. Cuando entra con furia la Tramontana todo se mueve, se agita, se estremece con una violenta locura como si el mundo entero quisiera salir volando por los aires. Ese viento del norte puede durar varios días, pero siempre, siempre, llega un momento en que para y vuelve la calma… hasta que vuelve a rugir la Tramontana.

 

Lo mismo ocurre, a menudo, con la vida. En ocasiones, la violenta locura se inicia con el anuncio de una enfermedad grave, otras con la ruptura de lo que creíamos el amor de nuestra vida, la pérdida de nuestro trabajo o la muerte de un ser inmensamente querido. Pero también puede empezar por qué sí, sin motivo aparente, siguiendo el impulso de un fuego interno que lo remueve todo con la finalidad, quizá, de ampliar nuestra conciencia. De obtener una visión más clara, más dulce, más amorosa.

 

Para conseguirlo, casi siempre suele ser necesario, antes, abrir grietas, aunque duela, nos incomode y nos resistamos. Es una de las maneras de conseguir que la luz se abra paso y llegue al final del pozo, ese lugar ignorado, oscuro, dónde guardamos, desde el inicio de los tiempos, nuestros miedos innombrables. Seguramente, cuando empezó a soplar con fuerza el viento de la vida, nos fue bien que estuvieran los miedos allí aparcados, cerrados a cal y canto, por pura supervivencia. Ojos que no ven, corazón que no siente, dicen. Sí, pero la venda, aunque en un principio es fina, llega un día que se hace de acero y se convierte en coraza y, entonces, nos quedamos estancados, como muertos porque nos impide vivir de lleno la vida.

 

CAVALLERIA-PLUSCuando murió Ignasi, al comienzo, bastante hacía con levantarme cada día y hacer frente al desespero. Como imagino les ocurre a muchos padres, la salida más fácil del laberinto en el que me encontraba hubiese sido morir. Pero algo potente, que yo identifico con el amor, me impulsó a seguir. El duelo es el camino del desapego, de la entrega, de la confianza y allí estoy, aprendiendo a saltar al vació con ilusión, cuantas veces sea necesario, sin vendas, con los ojos bien abiertos para no perderme lo bueno que tiene reservado para mí la existencia.

 

EL MUNDO

1334De pequeña inventaba historias, llenas de luz y color, de vida, que yo creía reales, en un intento de embellecer o, quizá, de huír de la realidad cotidiana. Me dolía aceptar que las cosas eran de una determinada manera, generalmente gris y triste, o eso, al menos, es lo que yo a menudo percibía en los ojos de mi madre, como si el mundo fuese un lugar al que hubiésemos venido a sufrir, sin posibilidad de darle la vuelta a tanta desolación. Flotaba en el ambiente de mi casa el miedo de los que han vivido una guerra. Pasé mi infancia intentando conectar con una realidad más alegre y ligera, que empecé a vislumbrar en algunos de mis amigos en la adolescencia.

 

No sabía, entonces, que para sentir alegría no hay que resistirse a la tristeza. Que todo lo que yo veía en los ojos de mi madre, que toda la angustia que envolvía como la niebla a mi abuela, y que yo tanto rechazaba, también me pertenecía.

 

Fue después de la muerte de mi hijo Ignasi, cuando no tuve más remedio que mirar en mi interior y empezar a poner orden en mis emociones, cuando me di cuenta que la única forma de trascender el dolor era rendirme, dejar de tener expectativas y encontrar la parte dulce y amorosa de cualquier cosa que me sucediera.

SENYORA PLORANTMe ayudó a no volverme loca comprender que yo no era la tristeza, que simplemente a veces estoy triste, que no soy la angustia, aunque a veces siento desasosiego. Que, como dice Juan José Millás en su magnífico libro, “El Mundo”, simplemente somos el escenario donde ocurre la vida. “… Quizá no seamos los sujetos de la angustia, sino su escenario; ni de los sueños, sino su escenario; ni de la enfermedad, sino su escenario…” y que la muerte solo es una doblez de la vida, en realidad el inicio de otra realidad.

 

Que el mundo está hecho de infinidad de mundos y que, en el momento más inesperado, suceden los milagros.

 

LA VIDA ES UNA AVENTURA

nens 5Cuanto más intento controlar, más incómoda me siento. Eso lo he ido comprobando a lo largo de los años. El control, la preocupación y la impaciencia suelen llevarme a un estado de desasosiego que suele acabar en algún tipo de malestar físico. No conducen a nada valioso ni útil. En cambio, cuando dejo de programar, de desear que las cosas sean tal como me imagino que deberían ser, en vez de reinar el caos y la anarquía se crea en mí una agradable sensación de bienestar, un espacio más amplio de libertad, como si me quitara un peso de encima y abriera la posibilidad de amar, de divertirme, de sintonizar con la alegría, la paciencia, la calma…

 

 
Con la muerte de Ignasi aprendí que resistirme a lo que es, a lo que sucede, a lo que trae la marea incrementaba mi sufrimiento. Antes no sabía que aceptar y entregarme son la clave para dejar atrás las obsesiones, para evitar el cansancio, el desgaste que produce mantener una batalla constante con el mundo y, en definitiva, conmigo misma. La vida es una aventura,nens7 no un viaje programado y eso a veces nos da miedo, pero es lo que es. Por eso es mejor subirnos al carrusel de lo inesperado con los ojos limpios de expectativas, como cuando éramos niños. Si llovía poníamos la atención en lo divertido que era ir al colegio saltando en los charcos, si hacía viento notábamos su fuerza en la cara, nos dejábamos sorprender por las sacudidas que nos levantaban la ropa…

 

 

De mayores nos imaginamos que no podemos estar constantemente aquí y ahora porqué tenemos responsabilidades. A medida que nos hacemos mayores perdemos sabiduría porque la verdad es que sólo es posible vivir en el presente. Negociar constantemente con el futuro nos estresa, crea ansiedad y debilita nuestra eficacia y fortaleza. Y vivir anclados en el pasado va secando nuestro corazón y aleja a los que nos quieren. La vida está en el presente, en sentir cada instante, sin dar cuartel a los problemas que vislumbra por defecto la mente. Ya resolveremos lo que tengamos que resolver en su momento. Es mejor dejar de hacer planes, de querer estar siempre en otro sitio.

CRUZAR EL ABISMO

 

ABISMOCierro los ojos y me veo ante el abismo de mis primeros tiempos de duelo, cuando el dolor y el desespero, como la niebla espesa, lo envolvían todo.
El horror de despertar por las mañanas y recordar que no, que no había sido una pesadilla que era verdad, que Ignasi había muerto… Estaba atrapada, como en “El día de la marmota” en el infierno. Entonces, ese abismo profundo que me separaba de la vida parecía insalvable.

 

 

Ahora me parece un sueño estar al otro lado. El otro día leí que el duelo es el tiempo que nos concede el Universo para aprender a amar sin apegos. Para darnos cuenta que el amor va más allá de lo que llamamos muerte, que siempre suma y está fuera del tiempo y del espacio.

 

¿Pero cómo dar el salto? Para eso he tenido que mirar en mi interior, en silencio y con la ayuda de buenos terapeutas para desprenderme de muchas corazas, de muchas capas de miedo. El miedo tiene mil formas y a veces aparece como una adicción al sufrimiento, a ver el lado malo de todo o de todos, de sumirse en la queja o la critica constante. Otras se disfraza de una exagerada preocupación por los demás, de un estar pendiente de las personas que queremos hasta casi dejarlas sin aire, sin espacio, sin libertad, de estar siempre dando hasta el agotamiento lo que creemos que los demás esperan de nosotros. El miedo tiene muchas caras y siempre encierra un dolor oculto.

 

 

abraçadesEl amor, en cambio, ese amor en mayúsculas del que hablo nunca duele, siempre tiene una palabra dulce, una mirada de ternura que nos reconforta. Brota de dentro a medida que vamos aligerando el peso de siglos de creencias y ataduras y es lo único que llena el vacío de las ausencias.

 

Hace 17 años que murió mi hijo y durante este tiempo he ido descubriendo miles de regalos que él me ha ido dejando. Por ejemplo, ahora sé que mi miedo es mío y no guarda relación con su muerte, ni con nada externo. Cuando aparece, aunque asustada, sé que puedo mirarle a la cara. Despacio me acerco y lo acaricio hasta que se desvanece.

 

 

 

DISFRUTAR DE LA VIDA

Nens jugant sandas04:deviantART)Recuerdo esos días de verano de mi infancia intensos, llenos del placer de estar viva, por el simple hecho de estarlo, sin anhelos ni expectativas. Vivía, entonces, segundo a segundo, saboreando el momento.
Acabadas las clases por San Juan, a finales de junio, el día se convertía en un paraíso de sorpresas en el mismo instante en que abría los ojos por la mañana. Cualquier actividad; saltar a las gomas o a las cuerdas, jugar al escondite, a canicas o a los cromos, ir a buscar el pan, ayudar en lo que fuera se convertía en una divertida y apasionante experiencia. Una aventura sin fin que terminaba al meterme en la cama y, rendida, quedar inmediatamente dormida.

 

Esa sensación de magia, de que todo era posible, de que el mundo era un lugar maravilloso duró hasta que la niebla de los miedo fueron empañándola. No sé cuando empezó a asustarme la vida, seguramente ocurrió cuando intenté esquivar el dolor, dar esquinazo a lo que sea que el hacerme mayor me traía.

 

Me enfrasqué en el uniforme de responsabilidad que imaginé que se me exigía y dejé de vivir en el aquí y ahora, refugiándome en quién sabe dónde, tal vez en ideas de un futuro mejor, de un lugar siempre inalcanzable en que, pensaba, un día sería feliz. Entretanto me hice adulta, madre, profesional y esposa a la vez.

 

DIBUIX NOIA A LA BANYERAHe tardado mucho tiempo en volver a la maravillosa insensatez de la niñez y presiento que no lo hubiese logrado si en el camino no hubiese vivido lo vivido, sobre todo el golpe certero que abrió las puertas de mi alma al morir Ignasi.

 

Ahora muchas veces me sigo perdiendo en el ajetreo de mi mente, pero sé, tengo la certeza de que yo soy la vida y no depende de nada ni de nadie que la disfrute, que la sienta, que la acaricie, que la bendiga, que la viva.

 

Hoy cumplo 59 años y, en mi interior, me siento como cuando era niña.

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