Mercè Castro

TÚ PUEDES, CLARO QUE SÍ

 

Ya sé que hay momentos y días para todo. Que nada es blanco o negro y que las emociones van y vienen. Pero puestos a elegir, mejor apostar por el “sí puedo”, que por el “de ésta no voy a salir”. ¿No te parece?

 

Es normal que, a menudo, tengas miedo, dudas, incluso que rayes la locura. Eso forma parte de la vida y ahora anda todo muy revuelto. Por eso te invito a que te recojas.

 

Para y pon consciencia a lo que sientes. Sea lo que sea, está bien. En el fondo sabes que todo pasa, no eres una novata, has vivido situaciones difíciles antes y has llegado a la otra orilla. ¿Por qué ahora ha de ser diferente?

 

Llevas en tu ADN la fuerza, el instinto de mil guerreras, el coraje de los mejores de tu especie, ¿lo sabes, verdad? En ningún momento estás sola. ¿Cómo si no has llegado hasta aquí? No te quedes con la tristeza, tan solo siéntela.

 

 

Siente la tierra bajo tus pies, hazlo a menudo, ella te sostiene, te nutre, te acoge, te mede… y agradece lo que el día te depare.
Es posible que tu realidad te duela, que quisieras que fuera distinta, pero solo amando lo que hay nuestro corazón palpita en calma.

 

Tu calma es poderosa, tranquiliza a tus seres queridos, vivos y muertos y nos llega incluso a los que no sabemos de tu existencia. Merece la pena elegir el “sí puedo”.

 

DÉJATE ARROPAR POR LA TERNURA

Ahora te parece imposible salir a flote, lo sé, al principio el dolor es tan intenso que parece interminable. La vida sin él o ella no tiene sentido. Así suelen empezar los grande duelos.

 

Aprender a vivir sin la presencia física del ser inmensamente amado es desgarrador y, en ocasiones, tirar la toalla parece la única salida.

 

Puedes quedarte en la cuneta, tanto tiempo como necesites, pero si apuestas por volver a la vida, el universo entero conspira para ayudarte a renacer.

 

Es verdad que nadie puede vivir por ti tu dolor, pero muchas manos pueden sostenerte en tus días más oscuros si abres tu corazón, si te permites sentir.

 

Ten paciencia, las emociones se desbocan; el miedo suele envolverlo todo, la tristeza impregna hasta las pareces, la culpa o la rabia se hacen fuertes y tal vez pienses que vas a volverte loca. No te asustes, lo que te ocurre es normal, te estás transformando. Tan solo siente y déjate arropar por la ternura que emana tu alma.

 

 

El proceso dura lo que dura y a medida que vayas despojándote de viejas heridas, de miedos antiguos de maneras de hacer que ya no te sirven, se abrirán claros y empezarás a vislumbrar que el amor que sientes por los que se han ido es, si cave, más fuerte.

 

Aunque nada es como antes, ellos, de otra forma, te acompañan y siguen formando parte de tu proyecto de vida. Si eliges llenar el vacío con amabilidad y cariño hacia ti misma nunca estarás sola.

Cuando nos miramos con ojos bondadosos es más fácil conectar con la alegría y la calma.

 

NO LE DES MÁS VUELTAS

A menudo, sin darnos cuenta, nos vamos al pasado y surge, en nuestro interior, esa voz empeñada en remarcar todo lo que le parece que hubiésemos podido hacer mejor.

 

Esa voz está hecha de juicios y perjuicios, de creencias limitantes, de carencias, de desasosiegos, en su mayor parte heredados, y nada tiene que ver con nuestra esencia.

 

No somos los que pensamos, la mente va a su aire y, a menudo, nos pone en lo peor. Mejor no hacerle caso, no le des más vueltas a lo que hubieses podido hacer y no hiciste.

 

En aquel entonces, cuando ocurrió lo que te atormenta, no pudiste hacer otra cosa más o mejor de la que hiciste. Créeme, el hombre o la mujer que eras entonces actuó como buenamente pudo.  

 

Y si ahora lo ves distinto es porqué has cambiado. Tal vez es el momento de pedir perdón y perdonarte por tu ignorancia pasada, pero no te culpes de lo que, en aquel momento, no estaba en tus manos hacer de otra manera.

 

Tu alma, tu corazón, tu esencia lo saben, en ningún momento te reclaman nada. Estas aquí para experimentar y solo a través de la experiencia y el error se aprende. La perfección no es humana, tan solo una ilusión de la mente.

 

Si ahora, en el presente, hay algo que no te gusta de ti puedes cambiarlo, pon la intención en ello, pide a tu ego, a tu personalidad que se relaje, y aparecerán las personas que pueden ayudarte.

 

¿Qué te parece empezar por tratarte con cariño, por felicitarte por todo lo que has conseguido, por ese trozo del camino recorrido?

 

En el fondo todos sabemos que somos una chispita de amor en estado puro, aunque lo olvidamos a menudo porque, a medida que nos hacemos mayores, nos suele cubrir un manto de inseguridades.

 

Cuando mi voz interior me aterroriza, con mucha mano izquierda, le recuerdo que en mi habita la fortaleza del universo.

 

Cuando me siento sola y asustada, me reconforta imaginarme en los brazos de la gran madre, esa que todos llevamos dentro, la que nos sostiene cuando desfallecemos.

 

GRACIAS

 

 

 

Fue un placer participar en el encuentro virtual que organizó el Centro Dolux de Zacatecas (gracias Dora Edith Gonzalez) y la Fundación Abrazos de Colombia (gracias Yaneth Rubio). La verdad es que todavía me dura la agradable sensación de sentirme arropada por el amor en estado puro, que envolvió el encuentro. Gracias a todos.
Os dejo el link para los que no pudieron estar presentes:
https://youtu.be/8zEBQiaamLQ
Nombre del archivo
Volver a vivir – Merce Castro Puig.mp4

VOLVER A VIVIR

 

Charla virtual,
lunes 22 de junio

 

De la muerte se habla poco y de la muerte de un hijo mucho menos, pero los padres y las madres que hemos pasado por el horror de ver morir a un hijo necesitamos, desesperadamente, expresar nuestros sentimientos. Es, creo, una necesidad vital que nos aleja de la locura y nos ayuda a encontrar, de nuevo, sentido a la vida. Porque, aunque parezca mentira, es posible renacer después de un golpe así.

 

Este lunes, día 22 de junio, con el verano recién estrenado en el hemisferio norte, hablaremos de la muerte, del duelo, de volver a la vida, gracias a la iniciativa de la Dra. Dora Edith González Huertas (Dora Edith Gonzalez) del Centro Dolux, de Zacatecas (México).

Me hace mucha ilusión invitaros al encuentro gratuito que tendrá lugar a través de ZOOM a las 10 am. hora de México, las 17 pm hora de España.

 

Para acceder a la charla poneros, por favor, en contacto, a través de mail o whatsApp, con Dora Edith González:
Tel. +52
4921249797 . Email: mariah_5656@hotmail.com Ella os pasará el enlace.

 

 

 

ACARICIAR DESDE EL CORAZÓN

 

Sea por la razón que sea, tal vez tengas que aprender ahora a vivir sin poder acariciar o simplemente ver a los seres que más quieres.

 

 

La Covid está cambiando nuestras vidas; separa abuelos y nietos, impide en muchos casos estar cerca de nuestros mayores, nos mantiene ocultos tras una máscara que, si bien nos protege, de alguna manera nos aleja de los demás.

 

 

Quizá ahora nos sentimos un poco más solos. Se acabaron por las calles los abrazos espontáneos al encontrarnos con alguien cercano. La alegría de cogernos de las manos, de tocarnos para transmitir afecto.

 

 

Sí, la pandemia nos lo está poniendo difícil. El contacto físico es tan agradable cuando uno tiene el alma herida, ¿verdad?

 

 

Pero nadie puede impedirnos acariciar desde el corazón. Eso lo sabemos los que hemos pasado por un gran duelo. Siempre hay un espacio en mí que acuna a mi hijo muerto.

 

 

Él y yo nos hemos hecho expertos en darnos abrazos virtuales. Con el amor incondicional que hay en mi corazón lo acaricio, lo protejo. Y ahora que no puedo ver tanto como quisiera a mi otro hijo y a mi nieto, me reconforta sentirlos en mi corazón, envueltos en un manto de cariño.

 

 

Me los imagino bien, sanos, alegres, fuertes, rodeados del amor de los seres que les aman y tienen al lado y eso me produce una inmensa sensación de bienestar.

 

 

Aprendí a comunicarme así con Ignasi. No es preciso estar presente físicamente para querer, para sentirse inmensamente agradecida por la existencia de los seres que amamos, estén lejos, vivos o muertos.

 

“Hay dos formas de vivir -decía Albert Einstein-, la primera es pensar que nada es un milagro. La segunda, que todo lo es”.

 

 

 

 

AMPLIAR LA MIRADA

 

Cuando era pequeña y la oscuridad de la noche me asustaba, no llamaba a mi madre, sabía que ella estaba cansada, me refugiaba en la oración: “cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro angelitos que me la guardan”. Me repetía la frase hasta que notaba su presencia, su custodia y, ya a salvo, me entregaba, con suavidad, al sueño.

 

De mayor, la oscuridad ha sido el más inofensivo de mis miedos. Cuando me siento aterrorizada, cuando el miedo a sentir dolor me paraliza se que tengo que cambiar la mirada. Pase lo que pase fuera, puedo verlo con cariño o con temor, soy yo mi ángel de la guarda, mi parte sabia forma parte de mi, solo tengo que invocarla.

 

Cuando estoy entre dos aguas sé que la salida, para darle la vuelta a lo que sea que me mantiene angustiada, es parar y escuchar, con ternura, el ruido que hay en mi interior. Mientras, pido ayuda a mis guías y me limito a hacer grande lo bonito que hay a mi alrededor. La amabilidad, el agradecimiento, el perdón y la bondad hacia mi misma, la belleza de un árbol, de una nube, de la luz que cubre de dorado, al atardecer, la pared de la estancia, obran milagros. Eso es lo que me ayuda a mi a ver el lado más alegre de lo que antes me tenía tan preocupaba.

 

Cada vez que se me olvida y la mente insiste en mostrarme el drama, vuelvo a tomar consciencia de que la elección está en mis manos. Siempre puedo elegir ampliar la mirada.

VAMOS A CONFIAR

 

Se nos haya muerto un ser querido o no, en estros momentos de confusión generalizada, todos estamos inmersos en un íntimo duelo. El trabajo, los proyectos, las relaciones tal como las conocíamos se tambalean. Lo que antes dábamos por hecho, ahora ya no lo es tanto.

 

Emerge la soledad, la sensación de abandono, el miedo a la carencia, a la enfermedad… a si seremos capaces de afrontar lo qué vendrá. La mayoría de nosotros llevamos meses o quizá años conviviendo, a ratos, con eso.

 

Si lo miramos con perspectiva, como sociedad, en realidad llevamos siglos ahondando en el sufrimiento y qué pesado y frustrante, ¿verdad?, tanto como andar persiguiendo la zanahoria de una supuesta felicidad.

 

A la que nos descuidamos se nos olvida que podemos escoger vivir con una sencillez que encierra paz y alegría. Que no pasa nada por sentir lo que sea que sintamos, que, dentro de nosotros hay un espacio seguro, sagrado, que alimenta el fuego que nos da vida.

Tenemos recursos, islitas de plenitud a las que anclarnos. Yo, por ejemplo, recuerdo la sensación pletórica que me producía de pequeña el mes de mayo; el mes de las flores y de María. Que sentimiento más inmenso de gozo cuando miraba al cielo al escuchar el griterío de las primeras golondrinas. Ellas me anunciaban la cercanía del verano, de la verbena de Sant Juan, de la llegada de mi cumpleaños…

 

Durante el invierno la Tierra inerte, gesta en silencio el verde brillante que lucen, con su máximo esplendor, los árboles a mediados de mayo. La Madre Tierra está viva y, desde siempre, nos nutre y nos sostiene. En mi y en ti está la posibilidad de elegir la confianza, la gratitud de sentirse próspero y amado.

 

Me gusta imaginar que, de alguna manera, somos creadores de nuestra propia realidad, por eso es tan vital ahora, en tiempos de turbulencias y tormentas personales y colectivas, evocar el poder de la solidaridad, de bendecirnos a nosotros mismos y a los demás, de crear destellos de cariño y armonía. Al final lo que damos es lo que nos queda. Y eso empieza con ser buenos y honestos con nosotros mismos.

 

 

 

 

 

 

 

DÉJATE ACARICIAR POR TU ESENCIA

 

 

Al principio de un gran duelo, de poco sirven las palabras. Estamos fuera de la vida y nos cuesta conectar con el presente, incluso nos molestan las frases hechas, aunque las impulse la mejor de las intenciones.

 

Todos estamos perdidos ante la muerte y ahora, que la epidemia nos impone barreras, más que nunca. ¡Cuánto echamos de menos los abrazos, las caricias, las miradas de cariño con las manos entrelazadas!

 

En los tiempos que vivimos, es bueno recordar que podemos dejarnos mecer por nuestra propia esencia y comunicarnos con los demás, de alma a alma, siguiendo el hilo invisible del amor que nos reconforta a todos.

 

Cuando, desde el corazón, hago presentes en mí a los seres que quiero, siento que me envuelve su calidez y a ellos la mía. Sé que esto, al principio del duelo, cuando la ausencia de la presencia física se hace insufrible, no es de mucho consuelo.

 

A los grandes duelos entramos a ciegas y se va iluminando el camino a medida que vamos ahondando en nosotros mismos; en nuestros miedos, en nuestras carencias…

 

No sirven las prisas, cada uno a su ritmo va sacando con dulzura las malas hierbas que crecen, sin darnos cuenta, en nuestro interior, con la esperanza de las madres que acompañan los primeros pasos titubeantes de sus bebés.

 

Siempre se puede sacar algo bueno de lo que sucede, aunque duela y parezca imposible darle la vuelta. Todo es vida, experiencia, aprendizaje… verlo así me ayuda, me da paz.

 

RITUALES PARA EL ALMA

 

 

Antes de que desconectasen a nuestro hijo Ignasi, buena parte de la familia pudo despedirse de él. Luego, cuando pude verle ya muerto, me di cuenta que su esencia vital ya no estaba allí. Agradezco infinitamente haber podido vivir estos pasos, porqué cada uno de ellos me sirvió.

 

Ahora, que debido a la pandemia, esto ha cambiado tanto, siento la necesidad de acompañar con la intención a las almas que se van sin el consuelo de la cercanía de sus seres queridos.

 

La energía no se crea ni se destruye y a mi me gusta hablar con la esencia de mis seres queridos que han partido, acariciarles, abrazarles y animarles a que sigan su camino, Me ayuda imaginar que estánn bien, allá dónde estén y les pido que sean felices.

 

Eso no quita el dolor desgarrador que produce la separación física del ser que amas. Es largo el camino de la aceptación de no volver a verle. A eso se suma ahora la desazón de que el ser querido haya partido solo, aunque las enfermeras, las mujeres de la limpieza y los médicos suelen actuar como ángeles durante estos días.

 

Las cosas son como son, ¿verdad? pero siempre podemos acercarnos a los que ya no están con los rituales que a cada uno le salgan del corazón. Nos reconfortarán a nosotros y a los que se han ido.

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