TERTULIA EN LA RADIO SOBRE LA MUERTE DE UN HIJO

Gràcies a tot l’equip de El punt de l’intorrogant per fer-nos sentir com a casa parlant dels nostres sentiments entorn la mort d’un fill. Grààcies per la calidesa, pel somriure amorós d’en Francesc Coll, per la sensibilitat de l’Ana Solanes, per la força i la saviesa de la Rosa Puertas i la Francina Jaumandreu. Un plaer, gràcies de tot cor. Ràdio Arenys és un bon lloc.
Podeu escoltar el programa aquí: https://enacast.com/radioarenysdemar/…

 

 

 

 

Gracias a todo el equipo de El punto de la intorrogant por hacernos sentir como en casa hablando de nuestros sentimientos en torno a la muerte de un hijo. Gracies por la calidez, por la sonrisa amoroso de Francesc Coll, por la sensibilidad de Ana Solanes, por la fuerza y la sabiduría de Rosa Puertas y Francina Jaumandreu. Un placer, gracias de todo corazón. Radio Arenys es un buen lugar.
Puedes escuchar el programa aquí: https://enacast.com/radioarenysdemar/…

JUGAR COMO NIÑOS

 

 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             Casi sin darnos cuenta, dejamos de verlo todo como un juego, como cuando éramos niños, y nos recubrimos enteros con esa capa densa de preocupaciones que suele envolver a los adultos.

Entonces, un buen día llega un golpe secó, duro, de esos que te paran, que no puedes eludir y nos damos cuenta que lo que nos robó la ilusión, la parte divertida, eran puras tonterías.

Nos hemos pasado años angustiados por tan poco, persiguiendo un mañana que imaginábamos mejor, a costa de olvidarnos, de no ver, de pasar por alto el tesoro, lo único que tenemos, que es hoy.

 

Estamos tan acostumbrados a ir con prisas, a planificar o a mantenernos anclados en tiempos pasados que se nos escapa como el agua entre las manos el gusto por saborear la parte minúscula, esa que, en realidad, es la que endulza el alma; el placer de acostarnos en sábanas limpias, de lavarnos las manos con agua caliente cuando hace frío, de mirar por la ventana en primavera y ver como crecen en los árboles las hojas nuevas o como, ya enrojecidas, en invierno se encienden todavía más al atardecer.

 

La vida son momentos y nosotros podemos elegir vivir cada uno como si fuera el único, como si no hubiera nada más importante ni divertido que lo que estamos haciendo ahora.

Sea corto o largo el camino que nos toque recorrer, seguro que es más agradable si nos reímos de nosotros mismos, nos reímos con los demás y, así, suavizamos con cariño las tragedias. Sea lo que sea lo que nos toque vivir, sin dramas, con amor es más divertido.

ABRAZA TU CUERPO

 

 

Párate un momento, cierra los ojos y escucha a tu cuerpo. ¿Hay algún dolor?, ¿notas cansancio?, ¿la respiración es agitada, profunda, superficial, lenta? ¿Sientes alguna tensión?

Cuando me permito hacer eso y me limito a pasar un ratito atenta al cuerpo, sin intentar modificar nada de lo que observo, a menudo me invade una agradable sensación, como si se estuvieran aflojando hasta romperse unas amarras invisibles que mantenían tensos los músculos y en alerta cada una de mis células.

 

Nuestro cuerpo nos acompaña desde siempre en ese viaje que llamamos vida y, con frecuencia, damos por hecho que es su obligación hacerlo sin, ni siquiera, dedicarle una palabra amable, una sonrisa de reconocimiento por cada latido, por cada inspiración, cada sutil movimiento…

Él ha estado presente en cada una de nuestras batallas, de nuestros desencuentros y guarda, en su memoria, todo el dolor que no hemos expresado en llanto.

 

Cuando dejamos hablar al cuerpo en vez de amordazarlo, de obligarlo, de someterlo, de acallarlo o criticarlo recuperamos nuestro centro, nos sentimos con más fuerza, más enraizados en la tierra y, eso, paradójicamente nos da alas, nos une a algo más grande, nos enlaza, despierta esa parte, profunda y antigua, que sabe que todos somos uno, que nada existe fuera y por separado.

HABLAMOS DE LA MUERTE, CON AMOR, EN RADIO ARENYS

 

El próximo martes, 17 de Enero en radio Arenys, en el programa “El punt de l’interrogant”, en directo de 20h a 21h, hablaremos sobre la muerte de un hijo.
Dirige el programa Anna Solanes y participamos Francina Jaumandreu y yo. Me encantaría que llamaráis para poder compartir lo que sentimos y, entre todos, aportar destellos de luz.

 
De la muerte se habla tan poco y de la muerte de un hijo casi nada. Por eso es tan necesario romper el tabú y ayudarnos unos a otros a recorrer el camino del duelo hasta volver a renacer.

ACOGERSE A LA DULZURA

 

 

Hoy puede ser un buen día para dejar de exigirte, de reñirte, de culparte, de quejarte, de odiar a la vida o a quién sea… en fin, de seguir, como en una noria, dándole vueltas al miedo, al malestar en tu cabeza. No digo que enmascaremos lo que sentimos, no. Simplemente propongo una tregua, un espacio claro, luminoso, sin juicio, algo parecido al arrullo en los cálidos brazos de una madre. A veces, es tan necesario parar y, en silencio, acogerse a la dulzura.

Sea cual sea el sentimiento desgarrador que predomine hoy en ti es posible con cariño sosegarlo hasta que se desvanezca.

En cada uno de nosotros reside una fuerza inmensa capaz de darle la vuelta al dolor de nuestra historia, de sumar amor, en vez de quedar atrapados y separarnos. Hay tantos mundos como formas de mirar la vida. ¿Cómo piensas tú vivir hasta tu muerte, con ternura o con el corazón cerrado?

SONRISAS QUE SALEN DEL ALMA

 

Hacer ver que estamos bien cuando estamos mal es agotador y no merece la pena. Las falsas sonrisas no aligeran las penas ni llegan al corazón de nadie. Al contrario, llevar una máscara alegre cuando por dentro nos sentimos morir nos deja inmensamente solos, nos separa más de la vida y agranda el dolor profundo de sentirnos perdido en medio de la nada.

 

 

Si hoy te sientes desgarrado no finjas, es mejor parar, respirar, bajar el telón y suspender la comedia. Deja de luchar por estar bien, por alcanzar un entusiasmo que se aleja al perseguirlo. Mejor date un tiempo para estar contigo.

Quédate en silencio, en el sofá y a tu aire, sin prisas, empieza a desenredar con cariño la madeja de emociones que te oprime el pecho, que te cierra el estómago, que te tensa la espalda, la nuca, los hombros… Escucha con ternura cada lamento de tu cuerpo y llora.

 

 

Las lágrimas liberan la carga que arrastra cada una de tus células por intentar ser otro desde hace tiempo. Permítete ser tu, solo tu en este momento, sin expectativas ni dramas. No te enfades contigo por estar mal, no añadas leña al fuego. No estés triste por estar triste.

 

Las emociones, los sentimientos son como las olas, vienen y van. Fluyen con la vida si no las entorpecemos. Son algo natural como el paso de las estaciones.

 
Cuando nos entregamos con amor a lo que hay es más fácil sintonizar con la calma y, entonces, se produce el milagro y aparecen destellos de luz, chispas de alegría, sonrisas que salen del alma.

CON DULZURA

 

Me he pasado media vida intentando esquivar el dolor y el miedo porque no sabía que si les abría las puertas y los acogía se desvanecían.

 

Pretendía, con todas mis fuerzas, rehuir lo inevitable y, mientras, el miedo se hacía más terrorífico y grande. No sabía que la tristeza tan solo pretendía que la mirase, que le permitiera entrar en casa, que la mimase.

No pasa nada por estar triste y sentir miedo, forma parte de la condición humana. La tristeza y el miedo, vienen y van, son temporales. Puedes ser feliz y tener miedo y estarcontento y, a la vez, triste y desconsolado.

 

Entregarse a lo que hay, con ternura, es el primer paso para sentirnos mejor, más a gusto. No importa tanto qué nos toca vivir como el cariño que le ponemos a lo que vivimos.

 

Siempre podemos mirarnos a nosotros y a los demás con dulzura, al fin y al cabo todos atravesamos a ciegas ese bosque encantado que llamamos vida.

 

 

 

SENTIRLOS SIN VERLOS

 

 

carticies-tendresaCuando era pequeña y se acercaba una fiesta grande las mujeres de mi casa, mi madre y mi abuela, empezaban los preparativos limpiando a conciencia. Se abría la vitrina de la cristalería y no se volvía a cerrar hasta que todas las copas relucían y así con el resto de muebles, cristales, puertas, cortinas y armarios.

 

Desde luego, esa no era la parte que a mi más me entusiasmaba de las celebraciones, he tardado muchos años en descubrir lo agradable que puede ser poner orden, limpiar, sacarlo todo, tirar lo inservible y quedarnos solo con lo que necesitamos, lo que nos gusta, lo que nos hace sentir bien.

 

Poner paz en nuestro interior es parecido a voltear la casa. A mi me parece que, después de un golpe duro, de esos que nos dejan fuera del mundo, no es posible volver a celebrar la vida sin pasar por el trajín de curar nuestras heridas. Ir de habitación en habitación, sacar todos los cajones y limpiar con amor y perdón todo lo que nos pesa, nos duele, nos incomoda.

 

Mirar en nuestro interior asusta, nos parece que si abrimos la caja de Pandora no podremos con tantosufrimiento acumulado, escondido debajo de las alfombras. Pero he podido comprobar que no corremos riesgo, que lo importante es la intención, de lo demás se encarga el alma. Tenemos una parte sabia que marca el ritmo que necesitamos, ni más ni menos.

 

captura-de-pantalla-2015-02-15-a-las-07-58-10Cada vez que liberamos un conflicto aparcado, que trascendemos un miedo dejamos espacio para prestar más atención a la belleza, a la parte amable y dulce de la existencia. Cuando dejamos de pelearnos con nosotros mismos, con el mundo, con quién sea, surge de nuevo la alegría.

 

Duelen horrores las sillas vacías en Navidad, es cierto, he pasado muchos años bajando al infierno en diciembre, mes en el que murió mi hijo Ignasi, pero la buena noticia que puedo compartir es que cuanto más cerca del amor estamos más fácil resulta sentirlos con nosotros sin verlos. Ya no hay separación ni distancia, solo un inmenso cariño lo invade todo.  

NADA ES LO QUE PARECE

 

 

punki-iaiaA medida que vamos abriendo nuestro corazón es más fácil comprender que nada es blanco o negro, que suele ser reconfortante ir más allá de las apariencias, que lo que hoy consideramos sinceramente insuperable seguramente más adelante deje de serlo.

 

Nada es lo que parece cuando, a pesar del miedo, nos atrevemos a ir un poco más allá, cuando nos permitimos rasgar el velo de los prejuicios, de lo que creemos, de lo que siempre nos han dicho, de la imagen que nos hemos fabricado y nos acercamos, sin reproches, con ternura, a la que consideramos la peor versión de nosotros mismos. Ese yo que intentamos mantener oculto no es más que un niño asustado.

 

Somos lo que somos y en algún momento nos envuelven con su manto la envidia, la rabia, los celos, el sentimiento de que somos la mitad de fuertes de lo que aparentamos, de que no sabemos, no podemos o no nos merecemos la alegría de vivir sin miedo. Eso, creo, forma parte de nuestra herencia, de la condición de ser humanos.

 

Pero a mi me parece que somos mucho más que lo que heredamos, que cada uno nace con su propia chispita de amor en estado puro capaz de darle la vuelta a todo.
Por eso, porqué ir más allá de lo aparente tiene premio, de la envidia puede florecer la generosidad, de los celos la confianza, de la ira la serenidad, de la debilidad la fortaleza, de la ansiedad la paciencia y el sosiego.

 

nens-tocant-2014-05-06-a-las-08-53-08Lo mismo ocurre con las personas que nos caen mal. Esas, sobre todo, encierra un gran potencial para nuestra alma. Son maestros disfrazados que, probablemente, incrementarán con suerte nuestra tolerancia, nuestra flexibilidad y, en definitiva nuestra conciencia.

También las situaciones inmensamente dolorosas, esas que nos llevan al borde de la locura, que nos dejan descalzos, de rodillas y en carne viva, contienen la posibilidad de ampliar nuestra mirada, de incrementar nuestra frecuencia, de acercarnos al amor que no espera ni depende de nada.

 

 

 

UN CAMINO CON MUCHOS REGALOS

nen-caminatA mi me parece que cuando atravesamos un gran duelo en el camino vamos dejando el peso de nuestra historia, de nuestros desencuentros, de incontables luchas, la rabia y el dolor de muchas heridas que venimos arrastrando desde antes, desde antiguo, tal vez desde que el mundo es mundo.

Sí creo que existe esta posibilidad de liberación porque el dolor de la muerte de lo inmensamente amado nos deja tan extenuados, tan rendidos que no nos quedan fuerzas para seguir manteniendo lo viejo, lo que fingíamos, lo que nos gustaba ser, lo que pensábamos que éramos.

 

 

Soltar es una hermosa posibilidad, existen otras como mantenerse aferrado al odio y alimentarlo prestando atención a todas y cada una de las terribles injusticias. El miedo es tan humano, es tan normal sentirlo, nos resulta tan natural a menudo verlo todo negro.

 

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Si es así como te encuentras ahora; destrozado, asustado, perdido, muerto en vida, siéntelo, no pasa nada, llora, grita, es lo que es, estas de duelo. Solo con reconocerlo ya parece, quizá, un poco más llevadero, ¿verdad?

 

Cuando nos entregamos a lo que hay, sin reservas, cuando nos damos cuenta que no sabemos por dónde tirar, que nada es como nos parecía que era, surge el impulso de soltar, de aflojar amarras, de entregarse a la vida, a algo más grande, al amor en definitiva.

 

A partir de ahí, sin tanto peso, es más fácil vislumbrar nuevas realidades, distintos comienzos. Ya no exigimos, más bien agradecemos poder levantarnos, salir a la calle, notar la brisa en la cara, el sol, la lluvia, el viento… Empezamos a encontrar agradable lo que tenemos, lo que somos, lo que el día a día nos trae. Ya no hay ansia por perseguir nada. Y cuando volvemos a caer nos cuesta menos levantarnos.

 

 

Después de infinidad de vaivenes descubrimos que el interruptor que enciende la luz es el amor que no exige nada. ¡Qué gran descubrimiento! Da igual dónde estén nuestros seres queridos muertos, percibimos su amor, es inmenso! ¡Qué alivio!

 

 

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Pretender que las cosas y las personas sean como a nosotros nos gustaría que fueran es irreal y muy complicado. Mucho más reconfortante y fácil es querer sin más, sin expectativas, sin imposiciones. Ese amor no tiene trabas, es ilimitado y siempre nos devuelve más de lo que damos.

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