LOS OJOS, LAS PUERTAS DEL ALMA


Cuando era pequeña, cuando mis hermanos o yo decíamos algo que a mi madre le parecía una mentira, nos decía: “mírame a los ojos”. No éramos capaces de resistir su mirada, ni dos segundos, si habíamos pretendido engañarla.

Y, aunque en un alarde de control –que eran más bien escasos- lográbamos aguantar su mirada, ella descubría el engaño y, entre risas, acabábamos confesando.

Los ojos, sin necesidad de palabras, hablan de lo que siente el alma. Cuando estamos alegres se nos ilumina la mirada. Para que eso suceda, la alegría tiene que ser real. Es difícil, casi imposible, mostrar entusiasmo cuando asoma la tristeza en la mirada.

Por eso, con los niños y adolescentes en duelo hay que ser especialmente sinceros. Si les hablamos desde el corazón, mirándoles a los ojos, surgirá la manera de explicar, con sencillez, lo qué sentimos ante la muerte de un ser para ellos y nosotros muy querido. El dolor compartido pesa menos y une más.

Con la mirada y en silencio podemos también aliviar, con suavidad, el dolor del otro. Los ojos, a veces, pueden expresar más que las palabras el amor que sentimos. Las miradas de ternura reconfortan tanto como los abrazos largos y sentidos.

A veces, juego a sostener mi propia mirada ante el espejo. No es fácil. He descubierto allí, agazapados, muchos de mis fantasmas. La mente, inquieta, busca rápido miedos y defectos. Con cariño intento apaciguarla para que no nuble el amor que intenta transmitirme mi alma.  

Os invito a miraros y a mirar a los demás a los ojos, con humildad y dulzura, para acariciar sus almas.

LA ALEGRIA DE DAR

 

 

Solemos ir a menudo con el piloto automático hasta que la vida nos para de golpe. De repente, muere alguien muy querido, nos diagnostican una enfermedad grave, nos quedamos sin trabajo, nos separamos de nuestra pareja o entramos en una crisis vital profunda sin motivo aparente y nuestra “seguridad” se esfuma. Nos sentimos perdidos, no sabemos quién somos, qué nos gusta, cómo continuar amando la vida.

 

Si queremos seguir adelante, con honestidad, sin trampas, vamos a necesitar parar y mirar en nuestro interior. Probablemente nos asustará enfrentarnos a nuestros miedos, a todo lo que hasta entonces habíamos ignorado. Suele ser así, es necesario, aunque no es nada agradable.

 

Nos encontramos ante una oportunidad de reinventarnos y eso conlleva prestar atención a lo que pensamos, a lo que sentimos, a lo qué decimos, de qué manera nos tratamos. Es fácil descubrir que, con frecuencia, somos nuestros peores enemigos. Aprender a quererse sin condiciones es una posibilidad que nos brindan los duelos.

 

A mi me ayudó y me ayuda mucho crear “momentos sagrados”. Me refiero a quedarme quieta, delante de lo que antes exigía de mí una respuesta inmediata de la que, generalmente, me arrepentía más tarde. Pero, sobre todo, lo que me produce un inmenso bienestar es fijarme en la parte amable de las personas y ser afable conmigo misma.

 

Me encanta la magia que conlleva sentirse útil. La generosidad tiene un doble sentido; hace feliz al que da y al que recibe. Tengo la impresión de que el Universo tiende al equilibrio y lo que ofreces por un lado, aparece, posiblemente multiplicado, tarde o temprano en otro.

 

Dar, sin esperar nada a cambio, produce mucha alegría, por eso es bueno aceptar lo que los demás nos regalan, para no privarles de la satisfacción de ofrecer. Eso no tiene nada que ver en buscar la aprobación o el cariño de los demás, dejándonos a nosotras de lado. No, si pretendemos dar amor, primero tenemos que sentirnos absolutamente merecedoras de recibirlo. Al final todo lo que damos es lo que nos queda.

PALABRAS DE AMOR

 

 

Abraza tu mente y, cuando se entregue con dulzura a tus caricias, acúnala en tu corazón. Allí, en el refugio de tu pecho es fácil hablarte a ti misma con amor.

 

En ese espacio sagrado puedes ser sincera y dejar que brille tu inmensa fragilidad, tu infinita valentía, tu miedo a vivir o a morir, la ilusión de desperar en calma, con sosiego cada día.

 

Aunque ruja la tormenta y la fuerza del viento sea inmensa, ten paciencia, enciende una velita al amparo de la calidez de tu esencia y descansa.

 

No estás sola, el amor te acompaña, permítele que te ampare, escúchale en silencio. Déjate abrigar por el impulso de la vida, no te compares con nadie, siente la fuerza de tus ancestros y recuerda las veces que te has levantado, agradece las manos que te han sostenido…

 

No temas, el Universo entero te protege, tan solo concédete una tregua para sentir la vida. Da igual lo que digan o piensen los demás, sácate ese peso de encima.

 

Mírate al espejo y sonríele con complicidad a tu alma. Tu luz es preciosa y lo sabes, no te sonrojes. No pretendas tampoco ignorar los celos, la rabia, la envidia, la desazón, la falta de sentido, el cansancio, lo que sea que muestre también tu reflejo. Simplemente observa, no hay nada a corregir en este momento. Eres infinitamente valiosa, sientas lo que sientas. Quédate en tu corazón y disfruta de la calidez de sentirte querida.

 

 

 

LUCES Y SOMBRAS

 

 

Ando estos días haciendo balance de lo vivido, ordenando con cariño mis miedos conocidos, intentando dejar espacio a los desconocidos, reviviendo recuerdos olvidados o escondidos, percibiendo ilusiones aparcadas… Y ese inventario de emociones que, al principio, me daba pereza realizar, ahora empieza a tener sentido. La vida tiene sus ciclos.

 

Renovar los votos con la vida es como hacer obras en casa. Cuando empiezan es desesperante; todo patas arriba, se reabren las heridas, el caos se hace presente y parece que nunca nada volverá a estar en calma. Rehabilitar la casa, abrir el corazón, implica, casi siempre, un tiempo de descontrol, de incomodidad, de inquietud, pero resulta tan necesario para el alma!

 

A mi me parece que sin acoger las sombras no hay luz, puede haber, tal vez, un inconsciente autoengaño. Por eso, no me gusta, me confunde, la palabra superar relacionada con las pérdidas, con las crisis vitales, con las noches oscuras. No hay, a mi entender, que superar nada, creo que se trata más bien de vivirlo todo, a fondo, con muchas ayudas, que siempre vienen bien las manos que nos acompañan.

 

Cuanto más sinceros, cuanto más nos acercamos a vivir desde el corazón más nos damos cuenta que la existencia implica atravesar turbulencias, que no hay nada ganado, el cambio es permanente hasta el último suspiro.

 

Que descanso dejarse mecer por la vida en vez de intentar superarla. Al fin y al cabo ella es la que sabe, con vivirla con amor basta. Y entre consuelo y desconsuelo vamos ensanchando el alma y nos sentimos con ternura arropados.

 

 

 

LA ANTESALA DE ALGO BONITO

 

El miedo y yo compartimos muchos ratos juntos. Suele visitarme a menudo cuando se acerca diciembre. Es como si, antes de cerrar el año, tuviéramos que hacer inventario de todas las heridas nuevas y antiguas que ni sé que tengo.

 

Cuánto más quiero eludirlo, más presente se hace; me agarrota la espalda, me instala una piedra grande en la boca del estómago, me siento ansiosa, irascible, triste y enojada. Es su forma de decirme que le mire con cariño, que lo mejor que puedo hacer es sentir lo que viene a contarme.

 

El temor me ha acompañado y, probablemente, me acompañará durante algunos tramos durante toda mi vida . Por eso, porqué nos conocemos, sé que no soy el miedo aunque esté asustada, no soy la tristeza, aunque me sienta triste, ni la ira, aunque este irritable, no soy lo que siento ni lo que pienso, soy algo más grande que no sé nombrar.

 

Cuando me siento inmensamente vulnerable y confundida respiro hondo y como una madre intento mecer con dulzura mis temores. No suele salirme a la primera, ni a la segunda ni a la tercera, pero cuando de la mano del amor los sostengo algo dentro de mi reluce, me siento más serena, más en contacto con mi esencia, más honesta conmigo misma.

He podido comprobar que cuando me visita el miedo, en realidad estoy en la antesala de un luminoso comienzo. Como si estuviera engendrando algo bonito. Algo que me acerca más a amar la vida, aunque a veces duela.

 

Aunque tengamos miedo, propongo buscar el amor en cada esquina esta Navidad. Empezando por ser buenas con nosotras mismas. ¡Cada una sabe cuántas veces se critica así misma al día!

 

No es fácil acoger el dolor de las ausencias, pero el miedo es nuestro, no de los que se han ido. Y, posiblemente, nacimos con él y durante años lo hemos guardado en lo más profundo, sin ni siquiera darnos cuenta.

UN GRAN DUELO TE CAMBIA LA PERCEPCIÓN DE LA VIDA

TRADUCCIÓN DE LA ENTREVISTA QUE ME REALIZÓ RUBÉN PINEDO, PARA EL DIARIO DE ANDORRA, CON MOTIVO DE LA CONFERENCIA QUE ORGANIZÓ LA ASSOCIACIÓ MARC G.G. EL PASADO 17 DE NOVIEMBRE.

 

¿De qué trata la conferencia?


De duelo. Hay una multitud de duelos durante la vida: por salud, por el trabajo,la pérdida de un ser querido …Cada duelo es personal e intransferible, cada persona tiene su propia historia y su forma de reaccionar. Lo que hay que hacer después de una pérdida es volver a la vida, porque gran parte de los duelos te sacan de la vida. Se trata de ir
reencontrando su sentido. el sentido que le dábamos antes de la pérdida es diferente del que le damos después. Tienes que aprender a sentir y nuestra sociedad no nos
enseña a autogestionar las emociones.

 

¿Compartir las experiencias ayuda superarlas?


Sí, pero depende de la persona. Se ha respetar el ritmo de cada uno. Yo considero una buena herramienta estar acompañado por algún terapeuta
o por algún grupo de duelo.


¿Como valora la ayuda de profesionales en estos casos?

 

Hay personas que están más predispuestas que otras a pedir esta ayuda profesional. Llega un momento en el que los familiares y los amigos no saben qué decirnos y es normal, porque antes nosotros tampoco sabíamos hacerlo.

 

¿Hay alguna fórmula para superar el duelo?

No hay una varita mágica. lo que a menudo ayuda es mirar en nuestro interior, empezar a conocernos. A veces actuamos como creemos que los demás quieren que
nos comportamos. cuando atraviesas un gran
duelo eso no puedes sostenerlo. Tienes que ser más honesto contigo mismo. un
gran duelo te cambia la percepción de la vida. Si te dicen que tienes una enfermedad y te queda poco tiempo, posiblemente hagas  un esfuerzo para poner la atención en
cosas que antes no valorabas: agradecer el calorcito del sol, hablar con la gente que quieres, sentir el amor que despierta la sonrisa de un bebé…
 

¿A usted le ayudó escribir?

Escribí un diario durante el primer año después de la muerte de mi hijo, pero no salió publicado hasta 10 años después. Primero tuve que pasar mi duelo. Luego creé el blog y empecé a acompañar a las personas que pasan situaciones similares. A mí no me gusta decir cuánto tiempo es necesario para superar un duelo, porqué cada persona es un mundo. La vida no es una línea recta, sino que tiene subidas y bajadas.
¿Considera que la muerte es un tema demasiado tabú en nuestra sociedad?

Totalmente. Todos tenemos fecha de caducidad, como los yogures, pero la nuestra no está impresa. Cuanto más hablas de la muerte, menos temes la
vida y más puedes disfrutarla. La vida es un regalo para un tiempo limitado. A las personas que hemos perdido a un ser
querido nos suele  gusta hablar de esta persona, pero, socialmente, a menudo hay reticencia porque no sabemos qué decir o parece
que hablar de estas personas provoca sentimientos negativos, pero, en general, no es así.

YOUTUBE CONFERÈNCIA ANDORRA

Este es el link para ver la congerencia del “Caos a la reconstrucción” que di ayer en Andorra de la mano de la Associació Marc GG. Gracias a todos por hacer posible hablar del duelo: https://www.youtube.com/watch…

¿ESTÁS CANSADA?

 

 

Es posible que si dejas de mantener en alto tus defensas y, sin máscaras, te entregas a sentir descubras en ti una fatiga infinita.

Si dejas de resistirte a ese cansancio tan antiguo no morirás de agotamiento, no, al contrario, la rendición es dulce y tiene el don de liberarnos.

 

Lo que nos tensa, lo que nos mantiene, a veces, muertas en vida es intentar eludirlo, mirar para otro lado y seguir con la piedra en el pecho y los nervios desbocados.

 

Tu cansancio es sagrado, párate y escúchalo con cariño. Posiblemente, en silencio, te cuente que es bueno que dejes que cada cuál acoja su propio desasosiego, que no tienes porqué andar con el mundo a cuestas. Nadie avanza, en realidad, si le llevan a hombros.

 

 

A veces, solo por el simple hecho de vivir nos agotamos. Son tantas las batallas que enfrentamos! Si te sientes así, exhausta, busca un lugar seguro y entrega las armas. Las victorias del alma, esas que nos transforman, sólo se consiguen con honestidad, suavidad y ternura.

 

 

 

 

EL TIEMPO POR SÍ MISMO NO CURA NADA

Os dejo el link de la entrevista que me ha realizado Meritxell Prat para El Periòdic d’ Andorra: https://www.elperiodic.ad/entrevista/67984/el-temps-per-si-mateix-no-cura-res

Y añado el texto traducido al castellano:

Mercè Castro es licenciada en ciencias de la información. El 26 de diciembre de 1998 tuvo un accidente de coche en el que murió su hijo. Diez años después creó el blog Cómo afrontar la muerte de un hijo. Este viernes dará una conferencia (19.30 horas) en el Hotel Céntrico de la capital de la mano de la asociación Marc G. G.

-Como se afronta la muerte de un hijo?

-Es un camino difícil, pero no es imposible volver a la vida. Creo que la mejor manera de afrontarlo es no rehuyendo lo que sientes, sino
acogiendo todas tus emociones, la tristeza, la rabia, la frustración; contar con mucho apoyo de grupos de duelo o terapias y contar mucho con el amor incondicional, con el amor en estado puro.

 

Que nos dé vergüenza llorar o expresar determinados sentimientos, es un obstáculo?

-Sí, nuestra sociedad, culturalmente, esconde las emociones. Cuando nos preguntan: «¿cómo estás?», Todo el mundo dice que bien, pero no siempre estamos bien. Por el hecho de vivir sentimos tristeza, dolor, alegría, rabia, son emociones naturales que conlleva el vivir, pero no tenemos una educación de permitirnos acoger estas emociones. Y durante el camino del duelo tenemos que ir descubriendo, con la ayuda de todas las personas posibles, cómo acogemos estas emociones.

-Comparte eso que se dice que el tiempo lo cura todo?

-No, nada. Además puede causar mucha frustración. El tiempo por sí mismo no cura nada. Cura lo que se hace durante este tiempo, la mirada
interior que haces, las cosas que puedes llegar a cambiar. Porque se entra en el duelo siendo uno, y durante la travesía tienes que ir cambiando porque nunca se puede ser el mismo después de un gran duelo.

-A menudo se cuestionan los modos de llevar el duelo.

-Es cierto, pero cuando estás en momentos vitales de absoluta supervivencia lo que piense o crea la gente, no tiene importancia. Cuando estás en la primera línea del acantilado, en mi opinión, uno debe mirar qué le va bien y qué no. Y si te va bien, lo haces, aunque políticamente
o socialmente no sea correcto, porqué estás en momentos de muy poca energía y de mucha incertidumbre. Por lo tanto, todos los convencionalismos sociales, de alguna manera, explotan, no puedes mantenerlos. Cada duelo es personal e intransferible, no hay fórmulas mágicas.

-Y el entorno a veces no sabe consolar.

-Como cultura no sabemos cómo afrontar la muerte porque todavía tiene una parte de tabú. En cambio, hablar de la muerte es hablar de la vida. A veces las palabras no tienen demasiado sentido y encuentro que reconforta más una mirada dulce, un abrazo, que te cojan la mano o una sonrisa.

-Deberíamos hablar más de la muerte?
-A todas las personas que se nos ha muerto un ser muy querido nos gusta que nos hablen, en cambio, la gente, a veces hace silencio y es un error. Una muestra de cariño, en días señalados, te saca malestar, por ejemplo.

GRACIAS MERIXELL

MOMENTOS DE CAOS

 

 

Tengo una amiga del alma que lleva más de tres meses inconciente, en coma. Tita ha sido una maestra para mi, me ayudo muchísimo durante mis primeros años de duelo. Siento el dolor de su esposo, ante la incertidumbre de la vida. Mantengo a menudo una velita encendida para sentirlos cerca a los dos.

 

Recuerdo mis días en el hospital, cuando Ignasi estaba entre dos mundos; la desesperación, con destellos de esperanza, hasta que poco a poco la realidad se impuso y el dolor empezó a envolverlo todo. La tristeza inmensa de volver a casa sin él, sin él para siempre…

 

Tarde años en poder decir en voz alta: “mi hijo ha muerto”. No podía asociar esa palabra con su nombre.

Cuando muere un ser muy querido, el caos, la incertidumbre acostumbra a inundarlo todo. Probablemente, nada de lo que considerábamos sólido nos sirve, solo es posible agarrarse al amor, es lo único que nos sostiene.

 

Por eso, a mi me gusta recordarme que vivir se trata simplemente de aprender a querer, estén presentes físicamente o no los seres amados. El amor siempre vuelve, tan solo hay que mantener el corazón abierto.

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