CREAR ARMONÍA

ACOMPÁÑATE CON DULZURA

 

 

En mis días más claros, puedo estar triste y contenta, infinitamente cansada y feliz, acelerada y en paz.

 

 

En esos momentos de lucidez, doy la mano con suavidad a las dudas, los temores, las mil y una emociones que guardo muy adentro, a la fatiga de siglos de dolor y desencuentros…

 

 

En esos momentos de lucidez, con dulzura, me acompaño y sé, con certeza, que estoy, dónde tengo que estar: conmigo misma y sin censura.

 

 

En esos momentos de lucidez es como si se hubiese rasgado un velo y, detrás, surgen destellos de belleza, de compasión, de agradecimiento, de amor.

 

 

Es entonces cuando siento que no hay separación entre vivos y muertos, ni entre tu y yo. Todo está en mi. En los días claros el yo desaparece y me convierto en vida.

 

En esos momentos de lucidez sé que todo pasa, que la vida es de por sí cambiante, que viviré nuevas tempestades, que me encontraré en otros desiertos.

 

 

Sí, pero también sé que cuando deje de resistirme y pueda acompañarme con dulzura se rasgará otro velo y otro y así hasta que muera.

 

¿QUÉ VAS A HACER CON TANTO DOLOR?

 

No voy a ahondar en el desgarro que supone la muerte de un hijo, en la tristeza inmensa de no oírle, ni verle, ni abrazarle más. Nos toca cruzar un desierto, cada uno el suyo, ¿verdad?

 

Quiero poner la atención en cómo llegar a la orilla de los días claros, de la ternura en la mirada, del corazón abierto, de par en par, para acoger con calidez a todos nuestros seres queridos, vivos o muertos.

 

Me temo que en el duelo no hay atajos. La calma, cuando llega, no es un estado permanente, pero tampoco lo es el dolor punzante, agudo, constante si nos permitimos sentirlo, sin pretensiones, sin querer estar en otro lado, viviendo intensamente nuestro presente, aunque sea, a veces, tan desagradable.

 

A la mínima que nos despistamos la mente, la loca de la casa, nos lleva adelante o atrás, nos sube, nos baja… ¡qué difícil es mantenerla en el presente! La mía es muy ansiosa y tengo que atarla en corto y eso lo consigo, a veces, prestando atención a mi cuerpo, a la respiración, al aire que entra y sale y, sobre todo, escribiendo.

Escribir es una buena terapia, a mi me ha ayudado mucho a trascender mi dolor, también lo es pintar, cocinar con cariño, cantar, tejer, andar, pasear por el bosque, por la ciudad o el mar, hacer teatro, cuidar un huerto, no sé, coser, cada uno tiene su forma de estar consigo mismo haciendo lo que más le gusta.

 

Aceptar el dolor es el primer paso, aunque a veces es preciso, antes, aceptar que no aceptamos la realidad, luego viene dejar de criticarnos, de empeñarnos en no ser merecedores de los destellos de luz, de felicidad.

 

 

 

ACTIVA TU PODER CREADOR


Hoy es un buen día para darle la vuelta a tu mundo y crear más armonía en tu interior.

Puedes empezar con los recuerdos. Cierra los ojos y haz presente algo bonito que te haya dicho alguna vez alguien importante en tu vida.  Las palabras  amorosas pronunciadas en voz alta crean realidad (también las de desamor, claro, de esas nos ocuparemos más adelante). 

Por ejemplo, puede parecer una tontería, pero un malestar, un complejo antiguo saltó por lo aires el día que mi madre me dijo, un año antes de morir, mientras ojeábamos juntas una “revista del corazón”, que yo era más guapa que la elegantísima Carolina de Mónaco que aparecía bellísima en la portada. Me la quedé mirando sorprendida -mi madre nunca fue pródiga en halagos-, mientras una calidez fantástica me inundaba. Más allá de la subjetividad del comentario, que dijo como de pasada, quedó grabado en aquel instante, en mi corazón, el amor incondicional que por mí sentía.

Cada palabra contiene una poderosa energía capaz de elevarnos o hundirnos. Cuando comprendemos eso, es más fácil prestar atención a lo que decimos y decantarnos por hablarnos y hablar a los demás con el corazón, con dulzura. En nombre de una supuesta “verdad” todos hemos dicho muchas barbaridades, de las que seguramente nos arrepentimos, ¿no es cierto?

Tanto si hemos ofendido o nos han herido, siempre nos queda el consuelo de pedir perdón y perdonar. En cada una de nuestras células resuenan las palabras pronunciadas en voz alta y si encierran dolor crean desarmonía y pueden, incluso, llegar a enfermarnos.


Perdonar es liberarnos de la carga del rencor. Es dejar de quedar anclados en aquel momento, en aquel disgusto que probablemente sigue vigente en nuestro interior por más que hayan pasado años.

Si al cerrar los ojos te atrapa el ruido de una palabra malsonante pide a tu parte divina que, con cariño, te ayude a trascenderla. Siempre que perdonamos se hace grande la alegría en nuestra vida. No lo dudes, eres tú quien tiene el poder de crear armonía. Inténtalo, merece la pena, sobre todo si estás en duelo, es la manera de incrementar tu energía.

LOS OJOS, LAS PUERTAS DEL ALMA


Cuando era pequeña, cuando mis hermanos o yo decíamos algo que a mi madre le parecía una mentira, nos decía: “mírame a los ojos”. No éramos capaces de resistir su mirada, ni dos segundos, si habíamos pretendido engañarla.

Y, aunque en un alarde de control –que eran más bien escasos- lográbamos aguantar su mirada, ella descubría el engaño y, entre risas, acabábamos confesando.



Los ojos, sin necesidad de palabras, hablan de lo que siente el alma. Cuando estamos alegres se nos ilumina la mirada. Para que eso suceda, la alegría tiene que ser real. Es difícil, casi imposible, mostrar entusiasmo cuando asoma la tristeza en la mirada.


Por eso, con los niños y adolescentes en duelo hay que ser especialmente sinceros. Si les hablamos desde el corazón, mirándoles a los ojos, surgirá la manera de explicar, con sencillez, lo qué sentimos ante la muerte de un ser para ellos y nosotros muy querido. El dolor compartido pesa menos y une más.


Con la mirada y en silencio podemos también aliviar, con suavidad, el dolor del otro. Los ojos, a veces, pueden expresar más que las palabras el amor que sentimos. Las miradas de ternura reconfortan tanto como los abrazos largos y sentidos.


  A veces, juego a sostener mi propia mirada ante el espejo. No es fácil. He descubierto allí, agazapados, muchos de mis fantasmas. La mente, inquieta, busca rápido miedos y defectos. Con cariño intento apaciguarla para que no nuble el amor que intenta transmitirme mi alma.  


Os invito a miraros y a mirar a los demás a los ojos, con humildad y dulzura, para acariciar sus almas.

LA ALEGRIA DE DAR

 

 

Solemos ir a menudo con el piloto automático hasta que la vida nos para de golpe. De repente, muere alguien muy querido, nos diagnostican una enfermedad grave, nos quedamos sin trabajo, nos separamos de nuestra pareja o entramos en una crisis vital profunda sin motivo aparente y nuestra “seguridad” se esfuma. Nos sentimos perdidos, no sabemos quién somos, qué nos gusta, cómo continuar amando la vida.

 

Si queremos seguir adelante, con honestidad, sin trampas, vamos a necesitar parar y mirar en nuestro interior. Probablemente nos asustará enfrentarnos a nuestros miedos, a todo lo que hasta entonces habíamos ignorado. Suele ser así, es necesario, aunque no es nada agradable.

 

Nos encontramos ante una oportunidad de reinventarnos y eso conlleva prestar atención a lo que pensamos, a lo que sentimos, a lo qué decimos, de qué manera nos tratamos. Es fácil descubrir que, con frecuencia, somos nuestros peores enemigos. Aprender a quererse sin condiciones es una posibilidad que nos brindan los duelos.

 

A mi me ayudó y me ayuda mucho crear “momentos sagrados”. Me refiero a quedarme quieta, delante de lo que antes exigía de mí una respuesta inmediata de la que, generalmente, me arrepentía más tarde. Pero, sobre todo, lo que me produce un inmenso bienestar es fijarme en la parte amable de las personas y ser afable conmigo misma.

 

Me encanta la magia que conlleva sentirse útil. La generosidad tiene un doble sentido; hace feliz al que da y al que recibe. Tengo la impresión de que el Universo tiende al equilibrio y lo que ofreces por un lado, aparece, posiblemente multiplicado, tarde o temprano en otro.

 

Dar, sin esperar nada a cambio, produce mucha alegría, por eso es bueno aceptar lo que los demás nos regalan, para no privarles de la satisfacción de ofrecer. Eso no tiene nada que ver en buscar la aprobación o el cariño de los demás, dejándonos a nosotras de lado. No, si pretendemos dar amor, primero tenemos que sentirnos absolutamente merecedoras de recibirlo. Al final todo lo que damos es lo que nos queda.

PALABRAS DE AMOR

 

 

Abraza tu mente y, cuando se entregue con dulzura a tus caricias, acúnala en tu corazón. Allí, en el refugio de tu pecho es fácil hablarte a ti misma con amor.

 

En ese espacio sagrado puedes ser sincera y dejar que brille tu inmensa fragilidad, tu infinita valentía, tu miedo a vivir o a morir, la ilusión de desperar en calma, con sosiego cada día.

 

Aunque ruja la tormenta y la fuerza del viento sea inmensa, ten paciencia, enciende una velita al amparo de la calidez de tu esencia y descansa.

 

No estás sola, el amor te acompaña, permítele que te ampare, escúchale en silencio. Déjate abrigar por el impulso de la vida, no te compares con nadie, siente la fuerza de tus ancestros y recuerda las veces que te has levantado, agradece las manos que te han sostenido…

 

No temas, el Universo entero te protege, tan solo concédete una tregua para sentir la vida. Da igual lo que digan o piensen los demás, sácate ese peso de encima.

 

Mírate al espejo y sonríele con complicidad a tu alma. Tu luz es preciosa y lo sabes, no te sonrojes. No pretendas tampoco ignorar los celos, la rabia, la envidia, la desazón, la falta de sentido, el cansancio, lo que sea que muestre también tu reflejo. Simplemente observa, no hay nada a corregir en este momento. Eres infinitamente valiosa, sientas lo que sientas. Quédate en tu corazón y disfruta de la calidez de sentirte querida.

 

 

 

EL TIEMPO POR SÍ MISMO NO CURA NADA

Os dejo el link de la entrevista que me ha realizado Meritxell Prat para El Periòdic d’ Andorra: https://www.elperiodic.ad/entrevista/67984/el-temps-per-si-mateix-no-cura-res

Y añado el texto traducido al castellano:

Mercè Castro es licenciada en ciencias de la información. El 26 de diciembre de 1998 tuvo un accidente de coche en el que murió su hijo. Diez años después creó el blog Cómo afrontar la muerte de un hijo. Este viernes dará una conferencia (19.30 horas) en el Hotel Céntrico de la capital de la mano de la asociación Marc G. G.

-Como se afronta la muerte de un hijo?

-Es un camino difícil, pero no es imposible volver a la vida. Creo que la mejor manera de afrontarlo es no rehuyendo lo que sientes, sino
acogiendo todas tus emociones, la tristeza, la rabia, la frustración; contar con mucho apoyo de grupos de duelo o terapias y contar mucho con el amor incondicional, con el amor en estado puro.

 

Que nos dé vergüenza llorar o expresar determinados sentimientos, es un obstáculo?

-Sí, nuestra sociedad, culturalmente, esconde las emociones. Cuando nos preguntan: «¿cómo estás?», Todo el mundo dice que bien, pero no siempre estamos bien. Por el hecho de vivir sentimos tristeza, dolor, alegría, rabia, son emociones naturales que conlleva el vivir, pero no tenemos una educación de permitirnos acoger estas emociones. Y durante el camino del duelo tenemos que ir descubriendo, con la ayuda de todas las personas posibles, cómo acogemos estas emociones.

-Comparte eso que se dice que el tiempo lo cura todo?

-No, nada. Además puede causar mucha frustración. El tiempo por sí mismo no cura nada. Cura lo que se hace durante este tiempo, la mirada
interior que haces, las cosas que puedes llegar a cambiar. Porque se entra en el duelo siendo uno, y durante la travesía tienes que ir cambiando porque nunca se puede ser el mismo después de un gran duelo.

-A menudo se cuestionan los modos de llevar el duelo.

-Es cierto, pero cuando estás en momentos vitales de absoluta supervivencia lo que piense o crea la gente, no tiene importancia. Cuando estás en la primera línea del acantilado, en mi opinión, uno debe mirar qué le va bien y qué no. Y si te va bien, lo haces, aunque políticamente
o socialmente no sea correcto, porqué estás en momentos de muy poca energía y de mucha incertidumbre. Por lo tanto, todos los convencionalismos sociales, de alguna manera, explotan, no puedes mantenerlos. Cada duelo es personal e intransferible, no hay fórmulas mágicas.

-Y el entorno a veces no sabe consolar.

-Como cultura no sabemos cómo afrontar la muerte porque todavía tiene una parte de tabú. En cambio, hablar de la muerte es hablar de la vida. A veces las palabras no tienen demasiado sentido y encuentro que reconforta más una mirada dulce, un abrazo, que te cojan la mano o una sonrisa.

-Deberíamos hablar más de la muerte?
-A todas las personas que se nos ha muerto un ser muy querido nos gusta que nos hablen, en cambio, la gente, a veces hace silencio y es un error. Una muestra de cariño, en días señalados, te saca malestar, por ejemplo.

GRACIAS MERIXELL

HABLAMOS DE LA MUERTE EN VALENCIA,

 

EN EL COLEGIO DE MÉDICOS EL 7 DE NOVIEMBRE

 

 

 

 

 

 

Sea anunciada o de repente la muerte de un ser inmensamente querido nos deja sin suelo bajo los pies. La vida misma se vacía de contenido. Nada va con nosotros, nos sentimos ajenos, a años luz de lo conocido. Así suele iniciarse el duelo de las muertes que consideramos a destiempo, esas que nos dejan con un vacío inmenso, congelados por dentro.

 

 

 

Nadie es el mismo después de la muerte de un ser inmensamente amado. Es imposible ser el de antes, pero sí tenemos la oportunidad de elegir qué queremos que florezca en nuestra vida: ¿la gratitud por lo vivido o la amargura por lo que nos parece que hemos perdido?

 

 

Si escogemos a pesar de todo mantener el corazón abierto al amor, si estamos dispuestos a sentir el dolor, pero también la alegría es muy posible que nuestra vida adquiera de nuevo sentido.

 

De cómo afrontar la muerte, tanto desde la vivencia profesional como familiar y los duelos desgarradores hablamos Javier Zamora, psicólogo de la Asociación ASPANION y yo el próximo 7 de noviembre en Valencia, en la sala R. Fornós del Colegio Oficial de Médicos. La entrada es gratuita y, como el aforo es limitado, conviene inscribirse con antelación, en el siguiente mail: secretaria@svmpaliativa.org

 

DESTELLOS DE LUZ PARA AFRONTAR LA NAVIDAD

 

TALLER EN BARCELONA

 

SÁBADO 24 de Noviembre

HORARIO: de 10h a 13:h

INFORMACIÓN E INCRIPCIONES:Tel. 650 98 38 80
mercecastro@mercecastro.com

 

 

Cuando en las calles empiezan a poner las luces de Navidad, los corazones en luto se encogen. La imposibilidad de abrazar lo que tanto se añora es abrumadora. Duele respirar.

 

Son días duros los que se avecinan, lo sé. He pasado muchas navidades en el infierno sin querer salir de la cama, con una piedra inmensa en la boca del estómago. Pero también sé que si me he levantado ha sido porqué el amor es más fuerte que el miedo, lo puede todo.

 

Las fechas señaladas son desafíos de amor y requieren las mejores galas del alma. Por eso, abro la posibilidad de participar en este taller en el que ofrezco los destellos de luz que a mi me han ayudado a transitar el camino del duelo, a encarar las navidades, y la vida entera, con una actitud más alegre y sosegada.

 

INFORMACIÓN E INCRIPCIONES:
Tel. 650 98 38 80
mercecastro@mercecastro.com

 

CONFERENCIA EN ANDORRA

Tengo el honor de poder participar el próximo 16 de noviembre, en Andorra, en un acto organizado por la Associació Marc Gonzalez. Me hace muchísimas ilusión compartir destellos de luz que a mi me han ayudado, con la esperanza de que también puedan ser útiles a las personas que asistan a la conferencia. Gràcias Rosa Galobardes Demiquels y Montserrat Molas Cuberta. Una abraçada molt gran, ens veiem a Andorra, ben aviat.

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