CREAR ARMONÍA

NO ESTÁS SOLA

 

Tal vez estés viviendo un gran duelo; puede ser que él o ella haya muerto, que tú o alguien muy querido haya perdido la salud, el trabajo, que tu pareja se haya roto o que te sucedan varias de estas cosas a la vez.

 

O, quizá, no haya un motivo aparente para que te sientas tan desolada como te sientes hoy. En ocasiones, la tristeza surge sin más, no precisa explicaciones. ¡Hay tantas memorias de dolor en nuestro interior de las que no somos conscientes!

 

Sea como sea, si te envuelve el dolor y te sientes perdida recuerda que siempre puedes recurrir al amor. Para, respira y deja que surja lo que sientas. Aparezca, lo que aparezca, por más aterrador que sea, dale la bienvenida. Esas emociones, que te desgarran, tan solo quieren que las acojas.

 

Te puede parecer mentira pero entregarnos a lo que sentimos suele desvanecer el miedo y poco a poco recuperamos la calma. No podemos controlar lo que la vida nos depara, pero sí decidir cómo nos enfrentamos a ello. Y sé, por experiencia, que el amor que surge de dentro es el mejor bálsamo. No temas, abre tu corazón y deja que fluya el amor que encierra.

 

 

También sé que cuando la vida nos pone a prueba, el Universo entero conspira para ayudarnos. No estamos solos. Todos los que nos han precedido, los maestros ascendidos, los ángeles y arcángeles nos están apoyando. Déjate arrullar por tu familia celeste, tu familia de luz. Aparca a ratitos tus dudas para que puedas oír sus susurros de aliento. Déjate querer por las almas de uno y otro lado.

VOLVER A VIVIR

Congreso en México
9,10 y 11 de Octubre
Después de un golpe tremendo como es la muerte de un ser inmensamente querido, nuestra alma necesita el consuelo de otras almas. A veces, en forma de abrazos, de miradas dulces, de silencios cálidos. Otras, de palabras que resuenan en nuestros corazones. Por eso, porque sé que las personas en duelo buscamos a tientas la luz, me hace una inmensa ilusión participar en el V Congreso Veracruzano de Tanatología, que organiza la Fundación Karime Ángel de Coatzacoalcos de México, los próximos 9-10 y 11 de octubre.
Gracias a la fortaleza de Nora Reyes Baruch podremos arroparnos durante estos tres días, desde distintos lugares del planeta, vía zoom. Es un honor para mi colaborar este año con esta reconfortante iniciativa, rodeada de tantas personas amorosas, de las que, seguro, regalan paz y alegría.
Para más información: Tel: +52 921 2395347
katitareyesb@gmail.com

ME GUSTA IMAGINAR

 

Me gusta cerrar los ojos e imaginar que todas las personas que quiero están bien, estén cerca, lejos o en otra dimensión.

 

Me gusta mirar el cielo e imaginar que la vida tiene sentido, aunque, a veces, yo no entienda sus motivos.

 

Me gusta recordar la sensación del agua del mar acariciando mi piel.

 

Me gusta el calorcito suave que se enciende en mi pecho cuando expando amor, cuando miro con ternura.

 

Me gusta envolver en un manto de dulzura mis miedos.

 

Me gusta andar descalza, sentir la tierra bajo mis pies.

 

Me gusta imaginar que me siento protegida, querida, serena y en paz. Que la Gran Madre me sostiene, que mi parte sabia me guía, que la niña que llevo dentro está tranquila y feliz.

 

Me gusta imaginar que todas las madres sienten la calidez del amor de sus hijos.

 

 

 

TÚ PUEDES, CLARO QUE SÍ

 

Ya sé que hay momentos y días para todo. Que nada es blanco o negro y que las emociones van y vienen. Pero puestos a elegir, mejor apostar por el “sí puedo”, que por el “de ésta no voy a salir”. ¿No te parece?

 

Es normal que, a menudo, tengas miedo, dudas, incluso que rayes la locura. Eso forma parte de la vida y ahora anda todo muy revuelto. Por eso te invito a que te recojas.

 

Para y pon consciencia a lo que sientes. Sea lo que sea, está bien. En el fondo sabes que todo pasa, no eres una novata, has vivido situaciones difíciles antes y has llegado a la otra orilla. ¿Por qué ahora ha de ser diferente?

 

Llevas en tu ADN la fuerza, el instinto de mil guerreras, el coraje de los mejores de tu especie, ¿lo sabes, verdad? En ningún momento estás sola. ¿Cómo si no has llegado hasta aquí? No te quedes con la tristeza, tan solo siéntela.

 

 

Siente la tierra bajo tus pies, hazlo a menudo, ella te sostiene, te nutre, te acoge, te mede… y agradece lo que el día te depare.
Es posible que tu realidad te duela, que quisieras que fuera distinta, pero solo amando lo que hay nuestro corazón palpita en calma.

 

Tu calma es poderosa, tranquiliza a tus seres queridos, vivos y muertos y nos llega incluso a los que no sabemos de tu existencia. Merece la pena elegir el “sí puedo”.

 

DÉJATE ARROPAR POR LA TERNURA

Ahora te parece imposible salir a flote, lo sé, al principio el dolor es tan intenso que parece interminable. La vida sin él o ella no tiene sentido. Así suelen empezar los grande duelos.

 

Aprender a vivir sin la presencia física del ser inmensamente amado es desgarrador y, en ocasiones, tirar la toalla parece la única salida.

 

Puedes quedarte en la cuneta, tanto tiempo como necesites, pero si apuestas por volver a la vida, el universo entero conspira para ayudarte a renacer.

 

Es verdad que nadie puede vivir por ti tu dolor, pero muchas manos pueden sostenerte en tus días más oscuros si abres tu corazón, si te permites sentir.

 

Ten paciencia, las emociones se desbocan; el miedo suele envolverlo todo, la tristeza impregna hasta las pareces, la culpa o la rabia se hacen fuertes y tal vez pienses que vas a volverte loca. No te asustes, lo que te ocurre es normal, te estás transformando. Tan solo siente y déjate arropar por la ternura que emana tu alma.

 

 

El proceso dura lo que dura y a medida que vayas despojándote de viejas heridas, de miedos antiguos de maneras de hacer que ya no te sirven, se abrirán claros y empezarás a vislumbrar que el amor que sientes por los que se han ido es, si cave, más fuerte.

 

Aunque nada es como antes, ellos, de otra forma, te acompañan y siguen formando parte de tu proyecto de vida. Si eliges llenar el vacío con amabilidad y cariño hacia ti misma nunca estarás sola.

Cuando nos miramos con ojos bondadosos es más fácil conectar con la alegría y la calma.

 

GRACIAS

 

 

 

Fue un placer participar en el encuentro virtual que organizó el Centro Dolux de Zacatecas (gracias Dora Edith Gonzalez) y la Fundación Abrazos de Colombia (gracias Yaneth Rubio). La verdad es que todavía me dura la agradable sensación de sentirme arropada por el amor en estado puro, que envolvió el encuentro. Gracias a todos.
Os dejo el link para los que no pudieron estar presentes:
https://youtu.be/8zEBQiaamLQ
Nombre del archivo
Volver a vivir – Merce Castro Puig.mp4

VOLVER A VIVIR

 

Charla virtual,
lunes 22 de junio

 

De la muerte se habla poco y de la muerte de un hijo mucho menos, pero los padres y las madres que hemos pasado por el horror de ver morir a un hijo necesitamos, desesperadamente, expresar nuestros sentimientos. Es, creo, una necesidad vital que nos aleja de la locura y nos ayuda a encontrar, de nuevo, sentido a la vida. Porque, aunque parezca mentira, es posible renacer después de un golpe así.

 

Este lunes, día 22 de junio, con el verano recién estrenado en el hemisferio norte, hablaremos de la muerte, del duelo, de volver a la vida, gracias a la iniciativa de la Dra. Dora Edith González Huertas (Dora Edith Gonzalez) del Centro Dolux, de Zacatecas (México).

Me hace mucha ilusión invitaros al encuentro gratuito que tendrá lugar a través de ZOOM a las 10 am. hora de México, las 17 pm hora de España.

 

Para acceder a la charla poneros, por favor, en contacto, a través de mail o whatsApp, con Dora Edith González:
Tel. +52
4921249797 . Email: mariah_5656@hotmail.com Ella os pasará el enlace.

 

 

 

ACARICIAR DESDE EL CORAZÓN

 

Sea por la razón que sea, tal vez tengas que aprender ahora a vivir sin poder acariciar o simplemente ver a los seres que más quieres.

 

 

La Covid está cambiando nuestras vidas; separa abuelos y nietos, impide en muchos casos estar cerca de nuestros mayores, nos mantiene ocultos tras una máscara que, si bien nos protege, de alguna manera nos aleja de los demás.

 

 

Quizá ahora nos sentimos un poco más solos. Se acabaron por las calles los abrazos espontáneos al encontrarnos con alguien cercano. La alegría de cogernos de las manos, de tocarnos para transmitir afecto.

 

 

Sí, la pandemia nos lo está poniendo difícil. El contacto físico es tan agradable cuando uno tiene el alma herida, ¿verdad?

 

 

Pero nadie puede impedirnos acariciar desde el corazón. Eso lo sabemos los que hemos pasado por un gran duelo. Siempre hay un espacio en mí que acuna a mi hijo muerto.

 

 

Él y yo nos hemos hecho expertos en darnos abrazos virtuales. Con el amor incondicional que hay en mi corazón lo acaricio, lo protejo. Y ahora que no puedo ver tanto como quisiera a mi otro hijo y a mi nieto, me reconforta sentirlos en mi corazón, envueltos en un manto de cariño.

 

 

Me los imagino bien, sanos, alegres, fuertes, rodeados del amor de los seres que les aman y tienen al lado y eso me produce una inmensa sensación de bienestar.

 

 

Aprendí a comunicarme así con Ignasi. No es preciso estar presente físicamente para querer, para sentirse inmensamente agradecida por la existencia de los seres que amamos, estén lejos, vivos o muertos.

 

“Hay dos formas de vivir -decía Albert Einstein-, la primera es pensar que nada es un milagro. La segunda, que todo lo es”.

 

 

 

 

VAMOS A CONFIAR

 

Se nos haya muerto un ser querido o no, en estros momentos de confusión generalizada, todos estamos inmersos en un íntimo duelo. El trabajo, los proyectos, las relaciones tal como las conocíamos se tambalean. Lo que antes dábamos por hecho, ahora ya no lo es tanto.

 

Emerge la soledad, la sensación de abandono, el miedo a la carencia, a la enfermedad… a si seremos capaces de afrontar lo qué vendrá. La mayoría de nosotros llevamos meses o quizá años conviviendo, a ratos, con eso.

 

Si lo miramos con perspectiva, como sociedad, en realidad llevamos siglos ahondando en el sufrimiento y qué pesado y frustrante, ¿verdad?, tanto como andar persiguiendo la zanahoria de una supuesta felicidad.

 

A la que nos descuidamos se nos olvida que podemos escoger vivir con una sencillez que encierra paz y alegría. Que no pasa nada por sentir lo que sea que sintamos, que, dentro de nosotros hay un espacio seguro, sagrado, que alimenta el fuego que nos da vida.

Tenemos recursos, islitas de plenitud a las que anclarnos. Yo, por ejemplo, recuerdo la sensación pletórica que me producía de pequeña el mes de mayo; el mes de las flores y de María. Que sentimiento más inmenso de gozo cuando miraba al cielo al escuchar el griterío de las primeras golondrinas. Ellas me anunciaban la cercanía del verano, de la verbena de Sant Juan, de la llegada de mi cumpleaños…

 

Durante el invierno la Tierra inerte, gesta en silencio el verde brillante que lucen, con su máximo esplendor, los árboles a mediados de mayo. La Madre Tierra está viva y, desde siempre, nos nutre y nos sostiene. En mi y en ti está la posibilidad de elegir la confianza, la gratitud de sentirse próspero y amado.

 

Me gusta imaginar que, de alguna manera, somos creadores de nuestra propia realidad, por eso es tan vital ahora, en tiempos de turbulencias y tormentas personales y colectivas, evocar el poder de la solidaridad, de bendecirnos a nosotros mismos y a los demás, de crear destellos de cariño y armonía. Al final lo que damos es lo que nos queda. Y eso empieza con ser buenos y honestos con nosotros mismos.

 

 

 

 

 

 

 

LA VIDA VA A SU AIRE

 

 

 

 

En estos tiempos de incertidumbre es fácil que asome el miedo, nunca antes habíamos vivido nada parecido y el horror que acompaña a esta pandemia, posiblemente se sume a nuestros propios temores y reabra viejas heridas.

 

Por eso, porqué vivimos una situación extrema, es bueno recordar que la vida va a su aire, es incontrolable y, cuánto más nos resistamos a ella, cuánto más insistamos en volver a lo de antes, más grande será nuestro desconsuelo.

 

No estoy hablando de resignarnos, no, eso solo trae amargura, me refiero a remar a favor de la corriente, a aceptar que estamos en proceso de cambio y echar mano de la paciencia con uno mismo y con la situación que tengamos.

 

 

La paciencia contiene ternura, crea armonía, es como dejarse llevar con dulzura, sin esfuerzo, con la intención puesta en mirar con cariño lo inevitable, como una experiencia de vida más.

 

Cuando consigo ver la existencia así, casi siempre disminuye mi ansiedad, se afloja esa desagradable sensación de alarma que contamina el aire y percibo en su lugar algo de paz. La situación es la misma, pero yo me siento mejor, no sé, distinta, más ligera y puedo acercarme con una mirada más amorosa a los demás.

 

Ese bienestar dura lo que dura, pero aunque sea poquito, se convierte en el trampolín que nos ayuda a levantarnos.

 

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