CONFIANZA

¿RECUERDAS LA ALEGRÍA DE VIVIR?

 

 

Se ha muerto tu hijo, tu hija, tu compañero del alma, tu madre, tu padre y/o tu mejor amigo y, seguramente, estás tan perdida que no tienes ni idea de quién eres ahora.

 

Desde luego, la de antes ya no. Te miras al espejo y ves a una extraña. Caminas por la calle y, al doblar una esquina, un recuerdo activa un profundo desespero. Las lágrimas se desbordan y te sientes tan frágil como un cervatillo.

 

Te sugiero, si me lo permites, que no huyas de esa fragilidad, en ella reside la fortaleza de la mujer o el hombre que serás. Da miedo, lo sé, lo fácil sería cerrar los ojos y despertar en otra realidad.

 

Si te lo preguntan, sin dudar contestas que la muerte ya no te da miedo, pero, en cambio, probablemente te aterrorice vivir. El miedo a la vida es la otra cara del miedo a la muerte.

 

Yo, que soy miedosa de nacimiento y por herencia, recuerdo, sin embargo, el gozo de vivir que sentía, a veces, de pequeña. Sentir el placer de subir a un árbol, de girar, dando vueltas como una peonza hasta caer al suelo… de explorar, sin prejuicios, cada momento de un día.

 

Mira, tú que ahora conoces el desgarro del dolor que produce la muerte de un ser inmensamente amado, que sabes que el tiempo aquí es limitado, puedes, aunque te de miedo, decidir volver a vivir. Para eso, lo más importante, a mi entender, es querer morir -cuando llegue el momento- con el corazón abierto. Mientras, permítete volar, notar el viento en la cara, imaginar que todo es posible, en vez de anclarte en la amargura y limitarte a sobrevivir. Qué te parece, ¿lo intentamos juntas?

 

 

 

 

AMIGAS PARA SIEMPRE

Hay personas que nos acompañan con amor hasta que un buen día nuestras vidas se bifurcan y emprenden caminos distintos. Las echamos de menos, claro, pero ya no forman parte de nuestro día a día.

 

No me refiero a nuestros seres queridos muertos, sino a amigos, parejas o conocidos que siguen aquí, aunque desaparecen de nuestra cotidianidad.

 

Los vínculos de amor son eternos, no importa la presencia física del ser ausente para sentir en el corazón el gozo del ser amado, pero solo tu estarás siempre a tu lado.

 

Nacemos y morimos solos, aunque estemos acompañados. Por eso, porque hay muchas muertes en vida, muchas noches oscuras que preceden a nuestro propio renacimiento, es muy reconfortante convertirnos en nuestra mejor amiga.

 

A mi me parece que en cada una de nosotras hay una chispa divina, una mujer sabia que no nos reprocha nada, que nos acoge con amor, sin condiciones, cuando más falta nos hace.

 

Cuando estamos confundidas, asustadas y/o enfadas, cuando no nos gustamos nada, cuando solo queremos escondernos para siempre debajo de las sábanas, esa parte nuestra que solo ama es la que nos guía de nuevo a casa.

 

Confío a ciegas en mi parte sabia. No puede evitar que lo que tenga que suceder, suceda. Pero si aflojo mi ego y no la niego, tiene el don de serenarme, de mostrarme la parte amable. Y la reconfortante hablidad de hacerme sentir como en el cielo en sus brazos.

 

 

LA BELLEZA DE LOS DESAFÍOS

 

Cuando atravesé la noche más oscura que de momento he vivido, de poco me servía que me afirmaran que yo saldría de ésta porqué era fuerte, tampoco me ayudaba que me dijeran que mi pena, mi desgarro, era para siempre.

 

Yo no quería ni lo uno ni lo otro; ni tirar la toalla y abrazar la amargura, ni pasar página agarrándome a una supuesta fortaleza que en aquellos momentos me era tan ajena.

 

Me sentía morir, eso sí, al despertar, a media mañana, por la tarde y cuando me acostaba. Entre medio, había algún destello de luz y a eso me aferraba. Algo me susurraba que solo tenía una salida: mirar hacia dentro y sentir el dolor insoportable, la locura que produce la muerte de un hijo, de un ser inmensamente amado.

 

Yo me rebelaba, quería mi vida de antes; envolverme en la alegría que sentía cuando él entraba en casa, arroparme en la agradable sensación de cerrar la puerta con llave, de noche, sabiendo que estábamos todos dentro.

Como un ciego, a tientas, he pasado años aprendiendo a relacionarme de otro modo con Ignasi. No puedo verlo, pero nuestro amor permanece intacto. Soy la madre de dos hijos fantásticos y la abuela de un niño maravilloso.

 

Para sentirme en paz con la vida me ha ido bien ampliar la mirada, dejar de luchar, sumar cariño, buscar la belleza en cada desafío. Mirarme con dulzura, descansar cuando me siento fatigada…

 

 

LA MAGIA DEL DESEO

Es muy probable que ahora nada te haga ilusión, que te de igual una cosa qué otra. Estás atravesando un gran duelo y bastante tienes con afrontar el día a día.

 

No te pido que hagas planes, sé lo agotador que es el dolor y lo difícil que resulta, a veces, que los demás entiendan que lo que antes te gustaba, ya no tiene encanto para ti.

 

Ya no eres la de antes, eso seguro, pero todavía no ha nacido la que serás más adelante. Mientras, tienes la oportunidad de elegir lo que quieres.

 

Imagínate que ya no tienes miedo de sentir. Estás viviendo, sin haberlo elegido, un dolor desgarrador, tienes todo el derecho de desear también experimentar el amor en estado puro.

 

Ahora sabes que nada es para siempre, que el presente es lo único que tienes y que tú puedes decidir qué actitud adoptas ante lo que te sucede.

 

Puedes verte como una víctima de la vida o como la co-creadora de tu realidad. Imagínate que eliges ser feliz, a pesar de todo. Eso requiere mucha valentía, pero a estas alturas tú ya sabes que eres valiente.

Si deseas ser feliz, tienes que aprender a quererte. Para eso vas a tener que dejar de culpar a los otros de tus penas. Nadie te dará nada que tú no tengas.

 

Imagínate que te respetas, que te valoras, que confías en ti. Busca en tu interior esa fuerza que sostiene el universo entero. Confía en ese “algo” más grande que te sostiene.

 

¿Quieres agradecer lo que has tenido o amargarte por lo que has perdido?

 

Si decides, a pesar de todo, volver a la vida tus seres queridos, vivos o muertos saltarán de alegría. Lo sabes, ¿verdad?

 

Si deseas ser feliz, puedes serlo, te lo mereces. Puedes ser feliz y estar triste, puedes ser feliz y sentir dolor, puedes sentir en tu corazón a todos los que te han precedido.

 

El universo conspira para cumplir tus deseos. No tengas miedo de entregarte, escucha a tu intuición, no estás sola, todas somos una.

DUELO POR LA MUERTE DE UN HIJO

 

 

 

Este sábado, día 24, en Santander, daré un taller sobre duelo, en “ Ceiba, Espacio Psicoterapéutico Integral”,que dirige la psicóloga María Fernández Lavín. Me encantará compartir las herramientas que a mi me han ayudado con todos los que podáis asistir.
Un abrazo grande

 

 

 

INSTANTES MÁGICOS

 

Recuerdo que me desperté una noche, no tendría más de 14 años, y me quedé embobada mirando la luna que asomaba desde la ventana de mi habitación. Tome conciencia aquel día, sin saberlo, de la infinitud del Universo. Fueron unos instantes intensos, de conexión con algo sagrado, que me impulsó a preguntarme, con honestidad, “¿Quién soy?”, “¿Qué hago aquí?”, “¿Qué es esto que llamamos vida?”

 

Han pasado muchos años y sigo sin tener respuestas, solo sé que la magia está en el presente, en ese preciso segundo en el que respiro. Aquí todo es posible. Es lo único real que tengo. En cambio, cuando estoy en el pasado me pierdo, me quedo atrapada, sin fuerza. Algo parecido, pero para mí demoledor es intentar controlar mi futuro. Eso me provoca una ansiedad tremenda.

 

La vida emerge del presente, ahora, aunque este momento sea doloroso y sienta miedo, es vida. La vida siempre intenta preservar la vida y, si no me resisto, puedo pasar pantalla. Si no me escondo, si acepto lo que siento, se produce el milagro. Pero el primer paso, el de la entrega a lo que hay, lo tengo que dar yo, es la única manera que conozco de llegar a la alegría serena, al sosiego.

SIGUE TU INSTINTO

 

A mi me parece que nadie muere un minuto antes o después de lo pactado, puede ser cierto o no, ¿quién sabe? pero a mi esto me consuela.

 

Me gusta imaginar que las vidas cortas pertenecen a seres llenos de luz que han venido, por amor, a despertarnos la conciencia, a flexibilizar corazas, a romper máscaras, a enseñarnos, a través del dolor de su partida, lo esencial.

 

Porqué después de la muerte de un niño, de un joven, de alguien que está a mitad de camino nada es como antes, todo adquiere otra tonalidad.

 

Ya de poco nos sirven las apariencias sociales, la vida se reduce a encontrar la parte amable y bondadosa de todo, vivir al día, sin grandes expectativas, agradecer la calidez del sol, poder compartir sentimientos y emociones.

 

Mirar el cielo, entregarse a la serenidad del silencio, reír por nada, seguir nuestro instinto, con honestidad, como lo hacen los niños.

 

Apreciar la sencillez, hacernos la vida fácil, sin complicarnos en mirar lo que hacen bien o mal los otros. Sin pretender cambiar a nadie. Conectar con algo más grande, con la plenitud y la paz que conlleva aceptarnos como somos, no como nos gustaría ser.

 

Antes de disfrutar de esos regalos que encierra atravesar el duelo es preciso sentir, sin rehuir ni aferrarse a nada. No es fácil porque el carrusel de emociones es tremendo y nos da miedo, pero suele ser la clave que abre las puertas a nuestro renacer.

 

Al fin y al cabo, tardemos lo que tardemos, el instinto nos lleva siempre a preservar la vida.

 

TÚ PUEDES

Quizá no sepas por dónde tirar o no quieras seguir o, simplemente, te parezca imposible conseguirlo. Seguramente estás tan cansada que te cuesta horrores levantarte de la cama.

 

Sí, probablemente ahora –después de un año, dos o tres o los que sean de su partida-, te sientes tan mal como al principio. Es normal. El duelo por la muerte de un hijo es largo y tiene muchos altibajos, cuesta mucho volver a la vida, pero es posible.

 

De momento, estás perdida pero acuérdate de todos los cambios que has ido afrontado desde pequeña. Sí, es cierto, nada es comparable a esta locura, lo sé, tan solo te pido que seas paciente y amorosa contigo, que no te cierres las puertas.

 

En el fondo sabes que de nada sirve morirse en vida, que todo pasa; lo bueno y lo malo también. Solo el amor que compartes con tus seres queridos perdura.

 

No pidas que las cosas sean como antes, eso no puede ser. Estás viviendo un cambio tan profundo que lo natural es que estés asustada, te has quedado desnuda, en carne viva, te estás reinventando y todavía no sabes cómo va a ser la mujer que estás creando. Es mucha incertidumbre.

 

Tardes lo que tardes, estás en la antesala de un nuevo comienzo, nunca lo hubieses elegido, pero lo más probable es que resurjas con una mirada más amplia, más honesta, que te sientas, de alguna manera, mucho más libre. Con la ilusión de volver a bailarle a la vida.

EL MEJOR REFUGIO

 

Es posible que te sientas extremadamente débil. El dolor fatiga. Las subidas y bajadas del duelo agotan. ¡Hay tantas emociones! Las pérdidas reabres viejas heridas y nos conectan con nuestros miedos aparcados.

 

Tal vez necesitas un tiempo, un espacio de silencio que encienda la calidez, el abrigo que solo tu puedes darte. Respira, sin pretender nada, tan solo presta atención al aire que entra y sale de tu cuerpo.

 

La vida te ha puesto en un lugar difícil, ¿verdad? Si es posible, deja de luchar, no temas, no te pido que tires la toalla, al contrario. Regálate un merecido descanso, sin la obligación si quiera de avanzar.

 

Habla con tu guerrera interior, tranquilízala, las dos sabéis de vuestra sincera intención de volver a sentir paz, serenidad, alegría, por eso, para coger impulso, necesitas ahora una tregua.

 

Aunque cuentes con mil apoyos, el mejor refugio está dentro de ti. No te asustes si emergen fantasmas, se desvanecen, como el azúcar en el agua, si los miras con compasión.

 

Hoy, aunque solo sea por unos instantes, aléjate de la tormenta y el frío. Permítete encender con amor tu fuego. Invoca a tu diosa y, de su mano, acércate a lo bueno que has vivido, a la inmensa gratitud que sientes por tus seres queridos, vivos o muertos. Ellos están en ti y tu en ellos.

¿CÓMO TE SIENTES HOY?

 

Te propongo un juego. Cierra los ojos y pídele a tu cerebro que te muestre una imagen de cuando eras niña. ¿La tienes? ¿Está contenta, despreocupada, enfadada, asustada, triste, alegre…? Esté cómo esté no le pidas explicaciones, no busques motivos, simplemente mírala con cariño, acaricia sus cabellos y abrázala. No es necesario que le expliques nada, esté como esté tu niña hoy tan solo necesita sentirse querida, arropada.

 

Si está triste o tiene miedo agradecerá tu cálida presencia, si parece enfadada, déjala que exprese su rabia, escúchala y acaríciala con la mirada. ¿Tal vez está exultante, pletórica de energía? Si es así, deja que cada una de tus células se impregne de su alegría. En ti está todo lo que anhelas; recuerda los instantes de entusiasmo. La intensidad de algunos momentos, la pasión con la que vivías de niña, esa certeza de que todo es posible.
Ya no somos niñas, pero aunque la vida nos haya herido una y mil veces, siempre podemos elegir entre la amargura y la serena alegría.

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