HORAS BAJAS

LA ALEGRIA DE DAR

 

 

Solemos ir a menudo con el piloto automático hasta que la vida nos para de golpe. De repente, muere alguien muy querido, nos diagnostican una enfermedad grave, nos quedamos sin trabajo, nos separamos de nuestra pareja o entramos en una crisis vital profunda sin motivo aparente y nuestra “seguridad” se esfuma. Nos sentimos perdidos, no sabemos quién somos, qué nos gusta, cómo continuar amando la vida.

 

Si queremos seguir adelante, con honestidad, sin trampas, vamos a necesitar parar y mirar en nuestro interior. Probablemente nos asustará enfrentarnos a nuestros miedos, a todo lo que hasta entonces habíamos ignorado. Suele ser así, es necesario, aunque no es nada agradable.

 

Nos encontramos ante una oportunidad de reinventarnos y eso conlleva prestar atención a lo que pensamos, a lo que sentimos, a lo qué decimos, de qué manera nos tratamos. Es fácil descubrir que, con frecuencia, somos nuestros peores enemigos. Aprender a quererse sin condiciones es una posibilidad que nos brindan los duelos.

 

A mi me ayudó y me ayuda mucho crear “momentos sagrados”. Me refiero a quedarme quieta, delante de lo que antes exigía de mí una respuesta inmediata de la que, generalmente, me arrepentía más tarde. Pero, sobre todo, lo que me produce un inmenso bienestar es fijarme en la parte amable de las personas y ser afable conmigo misma.

 

Me encanta la magia que conlleva sentirse útil. La generosidad tiene un doble sentido; hace feliz al que da y al que recibe. Tengo la impresión de que el Universo tiende al equilibrio y lo que ofreces por un lado, aparece, posiblemente multiplicado, tarde o temprano en otro.

 

Dar, sin esperar nada a cambio, produce mucha alegría, por eso es bueno aceptar lo que los demás nos regalan, para no privarles de la satisfacción de ofrecer. Eso no tiene nada que ver en buscar la aprobación o el cariño de los demás, dejándonos a nosotras de lado. No, si pretendemos dar amor, primero tenemos que sentirnos absolutamente merecedoras de recibirlo. Al final todo lo que damos es lo que nos queda.

PALABRAS DE AMOR

 

 

Abraza tu mente y, cuando se entregue con dulzura a tus caricias, acúnala en tu corazón. Allí, en el refugio de tu pecho es fácil hablarte a ti misma con amor.

 

En ese espacio sagrado puedes ser sincera y dejar que brille tu inmensa fragilidad, tu infinita valentía, tu miedo a vivir o a morir, la ilusión de desperar en calma, con sosiego cada día.

 

Aunque ruja la tormenta y la fuerza del viento sea inmensa, ten paciencia, enciende una velita al amparo de la calidez de tu esencia y descansa.

 

No estás sola, el amor te acompaña, permítele que te ampare, escúchale en silencio. Déjate abrigar por el impulso de la vida, no te compares con nadie, siente la fuerza de tus ancestros y recuerda las veces que te has levantado, agradece las manos que te han sostenido…

 

No temas, el Universo entero te protege, tan solo concédete una tregua para sentir la vida. Da igual lo que digan o piensen los demás, sácate ese peso de encima.

 

Mírate al espejo y sonríele con complicidad a tu alma. Tu luz es preciosa y lo sabes, no te sonrojes. No pretendas tampoco ignorar los celos, la rabia, la envidia, la desazón, la falta de sentido, el cansancio, lo que sea que muestre también tu reflejo. Simplemente observa, no hay nada a corregir en este momento. Eres infinitamente valiosa, sientas lo que sientas. Quédate en tu corazón y disfruta de la calidez de sentirte querida.

 

 

 

LUCES Y SOMBRAS

 

 

Ando estos días haciendo balance de lo vivido, ordenando con cariño mis miedos conocidos, intentando dejar espacio a los desconocidos, reviviendo recuerdos olvidados o escondidos, percibiendo ilusiones aparcadas… Y ese inventario de emociones que, al principio, me daba pereza realizar, ahora empieza a tener sentido. La vida tiene sus ciclos.

 

Renovar los votos con la vida es como hacer obras en casa. Cuando empiezan es desesperante; todo patas arriba, se reabren las heridas, el caos se hace presente y parece que nunca nada volverá a estar en calma. Rehabilitar la casa, abrir el corazón, implica, casi siempre, un tiempo de descontrol, de incomodidad, de inquietud, pero resulta tan necesario para el alma!

 

A mi me parece que sin acoger las sombras no hay luz, puede haber, tal vez, un inconsciente autoengaño. Por eso, no me gusta, me confunde, la palabra superar relacionada con las pérdidas, con las crisis vitales, con las noches oscuras. No hay, a mi entender, que superar nada, creo que se trata más bien de vivirlo todo, a fondo, con muchas ayudas, que siempre vienen bien las manos que nos acompañan.

 

Cuanto más sinceros, cuanto más nos acercamos a vivir desde el corazón más nos damos cuenta que la existencia implica atravesar turbulencias, que no hay nada ganado, el cambio es permanente hasta el último suspiro.

 

Que descanso dejarse mecer por la vida en vez de intentar superarla. Al fin y al cabo ella es la que sabe, con vivirla con amor basta. Y entre consuelo y desconsuelo vamos ensanchando el alma y nos sentimos con ternura arropados.

 

 

 

LA ANTESALA DE ALGO BONITO

 

El miedo y yo compartimos muchos ratos juntos. Suele visitarme a menudo cuando se acerca diciembre. Es como si, antes de cerrar el año, tuviéramos que hacer inventario de todas las heridas nuevas y antiguas que ni sé que tengo.

 

Cuánto más quiero eludirlo, más presente se hace; me agarrota la espalda, me instala una piedra grande en la boca del estómago, me siento ansiosa, irascible, triste y enojada. Es su forma de decirme que le mire con cariño, que lo mejor que puedo hacer es sentir lo que viene a contarme.

 

El temor me ha acompañado y, probablemente, me acompañará durante algunos tramos durante toda mi vida . Por eso, porqué nos conocemos, sé que no soy el miedo aunque esté asustada, no soy la tristeza, aunque me sienta triste, ni la ira, aunque este irritable, no soy lo que siento ni lo que pienso, soy algo más grande que no sé nombrar.

 

Cuando me siento inmensamente vulnerable y confundida respiro hondo y como una madre intento mecer con dulzura mis temores. No suele salirme a la primera, ni a la segunda ni a la tercera, pero cuando de la mano del amor los sostengo algo dentro de mi reluce, me siento más serena, más en contacto con mi esencia, más honesta conmigo misma.

He podido comprobar que cuando me visita el miedo, en realidad estoy en la antesala de un luminoso comienzo. Como si estuviera engendrando algo bonito. Algo que me acerca más a amar la vida, aunque a veces duela.

 

Aunque tengamos miedo, propongo buscar el amor en cada esquina esta Navidad. Empezando por ser buenas con nosotras mismas. ¡Cada una sabe cuántas veces se critica así misma al día!

 

No es fácil acoger el dolor de las ausencias, pero el miedo es nuestro, no de los que se han ido. Y, posiblemente, nacimos con él y durante años lo hemos guardado en lo más profundo, sin ni siquiera darnos cuenta.

¿ESTÁS CANSADA?

 

 

Es posible que si dejas de mantener en alto tus defensas y, sin máscaras, te entregas a sentir descubras en ti una fatiga infinita.

Si dejas de resistirte a ese cansancio tan antiguo no morirás de agotamiento, no, al contrario, la rendición es dulce y tiene el don de liberarnos.

 

Lo que nos tensa, lo que nos mantiene, a veces, muertas en vida es intentar eludirlo, mirar para otro lado y seguir con la piedra en el pecho y los nervios desbocados.

 

Tu cansancio es sagrado, párate y escúchalo con cariño. Posiblemente, en silencio, te cuente que es bueno que dejes que cada cuál acoja su propio desasosiego, que no tienes porqué andar con el mundo a cuestas. Nadie avanza, en realidad, si le llevan a hombros.

 

 

A veces, solo por el simple hecho de vivir nos agotamos. Son tantas las batallas que enfrentamos! Si te sientes así, exhausta, busca un lugar seguro y entrega las armas. Las victorias del alma, esas que nos transforman, sólo se consiguen con honestidad, suavidad y ternura.

 

 

 

 

MOMENTOS DE CAOS

 

 

Tengo una amiga del alma que lleva más de tres meses inconciente, en coma. Tita ha sido una maestra para mi, me ayudo muchísimo durante mis primeros años de duelo. Siento el dolor de su esposo, ante la incertidumbre de la vida. Mantengo a menudo una velita encendida para sentirlos cerca a los dos.

 

Recuerdo mis días en el hospital, cuando Ignasi estaba entre dos mundos; la desesperación, con destellos de esperanza, hasta que poco a poco la realidad se impuso y el dolor empezó a envolverlo todo. La tristeza inmensa de volver a casa sin él, sin él para siempre…

 

Tarde años en poder decir en voz alta: “mi hijo ha muerto”. No podía asociar esa palabra con su nombre.

Cuando muere un ser muy querido, el caos, la incertidumbre acostumbra a inundarlo todo. Probablemente, nada de lo que considerábamos sólido nos sirve, solo es posible agarrarse al amor, es lo único que nos sostiene.

 

Por eso, a mi me gusta recordarme que vivir se trata simplemente de aprender a querer, estén presentes físicamente o no los seres amados. El amor siempre vuelve, tan solo hay que mantener el corazón abierto.

HABLAMOS DE LA MUERTE EN VALENCIA,

 

EN EL COLEGIO DE MÉDICOS EL 7 DE NOVIEMBRE

 

 

 

 

 

 

Sea anunciada o de repente la muerte de un ser inmensamente querido nos deja sin suelo bajo los pies. La vida misma se vacía de contenido. Nada va con nosotros, nos sentimos ajenos, a años luz de lo conocido. Así suele iniciarse el duelo de las muertes que consideramos a destiempo, esas que nos dejan con un vacío inmenso, congelados por dentro.

 

 

 

Nadie es el mismo después de la muerte de un ser inmensamente amado. Es imposible ser el de antes, pero sí tenemos la oportunidad de elegir qué queremos que florezca en nuestra vida: ¿la gratitud por lo vivido o la amargura por lo que nos parece que hemos perdido?

 

 

Si escogemos a pesar de todo mantener el corazón abierto al amor, si estamos dispuestos a sentir el dolor, pero también la alegría es muy posible que nuestra vida adquiera de nuevo sentido.

 

De cómo afrontar la muerte, tanto desde la vivencia profesional como familiar y los duelos desgarradores hablamos Javier Zamora, psicólogo de la Asociación ASPANION y yo el próximo 7 de noviembre en Valencia, en la sala R. Fornós del Colegio Oficial de Médicos. La entrada es gratuita y, como el aforo es limitado, conviene inscribirse con antelación, en el siguiente mail: secretaria@svmpaliativa.org

 

DESTELLOS DE LUZ PARA AFRONTAR LA NAVIDAD

 

TALLER EN BARCELONA

 

SÁBADO 24 de Noviembre

HORARIO: de 10h a 13:h

INFORMACIÓN E INCRIPCIONES:Tel. 650 98 38 80
mercecastro@mercecastro.com

 

 

Cuando en las calles empiezan a poner las luces de Navidad, los corazones en luto se encogen. La imposibilidad de abrazar lo que tanto se añora es abrumadora. Duele respirar.

 

Son días duros los que se avecinan, lo sé. He pasado muchas navidades en el infierno sin querer salir de la cama, con una piedra inmensa en la boca del estómago. Pero también sé que si me he levantado ha sido porqué el amor es más fuerte que el miedo, lo puede todo.

 

Las fechas señaladas son desafíos de amor y requieren las mejores galas del alma. Por eso, abro la posibilidad de participar en este taller en el que ofrezco los destellos de luz que a mi me han ayudado a transitar el camino del duelo, a encarar las navidades, y la vida entera, con una actitud más alegre y sosegada.

 

INFORMACIÓN E INCRIPCIONES:
Tel. 650 98 38 80
mercecastro@mercecastro.com

 

MOMENTOS DIFÍCILES

 

Es posible que te encuentres cerca del aniversario de su muerte, del día en que nació, del día que os casasteis o del que iniciasteis aquella aventura que os cambió la vida. Da igual. Hay fechas que quedan esculpidas en nuestra memoria. Y cada año, cuando estamos en duelo, nos arrastran con la fuerza de un huracán.

 

Por eso, porqué los aniversarios tienen mucha fuerza y suelen arrastrarnos al infierno, es bueno recordarnos, en los momentos de intenso dolor, que no pasa nada, que sentirnos mal ahora, es natural, forma parte de ese proceso de altibajos. Y, sobre todo, tener mucha paciencia con nosotros mismos.

 

Una de las cosas que a mi me han ido bien, en esos días de tsunami, ha sido hacer grande el más mínimo impulso de amor y ofrecerlo al ser amado que ha partido. Sé que cualquier iniciativa cuesta, pero es bueno empujarnos a hacer cosas que nos gustan, mimarnos, comprar flores, pasear por la naturaleza, llamar a las personas que queremos, que nos inundan de energía… Llorar si nos apetece, sin olvidarnos de reír, de escuchar música , de agradecer lo vivido.

 

Cuando se atraviesa un gran duelo, lo que los demás consideran correcto o incorrecto no tiene importancia, no hay energía para las convenciones sociales, solo el amor interesa, nos nutre, nos levanta, nos sostiene.

NO ES TAN FIERO EL LEÓN…

 

A mi me parece que siempre da más miedo lo que nos imaginamos que podría ocurrir que lo que ocurre. Al menos eso es lo que me sucede a mi.

 

No sé de dónde viene ese miedo que a veces me invade, ese que mantiene me mente en bucle, haciéndome temer lo peor sin que en realidad ocurra nada.

 

Lo que sí sé es que lo que tiene que suceder, sucede. Mientras, lo mejor es ponerle cariño a lo que hay. No vamos a llevar siempre paraguas por si llueve, ¿verdad?

 

Además, me he dado cuenta que cuándo la cosa realmente pinta mal, cuándo nos encontramos cara a cara con el león, se suele activar en nosotros una fortaleza que nos da alas para encarar lo que sea.

 

No se trata de no tener miedo, no, si no de hacernos amigos de nuestros temores, sabiendo que todo pasa y que, cada temor encierra la posibilidad de una gran liberación, si nos damos permiso para mirarlo con amor.

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