cuidar

PONER ORDEN

 

Estos días ando atareada poniendo orden a mis emociones revueltas. Con la llegada de las golondrinas, que revolotean alocadas en el cielo azul de Barcelona desde hace ya unos días, se despierta en mí un desasosiego que no cesa hasta que encuentro un lugar para cada uno de mis sentimientos. Este año, además, me he dado cuenta que me toca hacer limpieza a fondo y deshacerme de un montón de maneras de hacer viejas que ya no me sientan bien. Por ejemplo, a mi me cuesta dejarme cuidar, me es más fácil dar que recibir y eso, cuando toma las riendas, me rompe la armonía, me desequilibra, me bloquea. Es un mal que arrastramos muchas mujeres –de mi familia pocas se salvan–, que yo ya no quiero, y he colocado en la pila de las cosas para tirar. Me he puesto manos a la obra y estoy intentando hacer mía la frase: ‘cuanto más amor acepto, más amor tengo para dar’. De momento tengo el alma patas arriba y, sentada en el suelo del desván donde acumulo todo lo que arrastro, estoy desgranando a ciegas mis angustias, esas que forman la piedra grande que me oprime el pecho cuando el corazón se siente incómodo porque le falta espacio para respirar la vida.

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