CÓMO DUELE LA MUERTE

La madrugada del pasado martes, 16 de febrero, mi marido, mi compañero durante 47 años, exhaló su último suspiro. Su muerte fue dulce, en casa, en nuestra cama. Nuestro hijo, su hermana pequeña -que es médico- y yo le arrullamos con la mirada, con caricias, con palabras de amor, hasta que se fue apagando.

 

 

Empiezo otro duelo, uno que temía desde que hace más de un año cayó, de repente, Lluís enfermo. Otra vez el baile de emociones; el vacío, la rabia, la soledad, la tristeza, pero también la profunda calma que surge al rozar la esencia del amor infinito.

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