NADA ES LO QUE PARECE

 

 

Cada vez estoy más convencida de que todo tiene múltiples lecturas y que la sabiduría consiste en no pasar por alto la que más nos enriquece el alma.

Por ejemplo, hace casi tres semanas me torcí el tobillo, caí y me rompí un hueso, el quinto metatarso del pie izquierdo. Arrastraba una fatiga de meses (quizá de años) y el Universo ha decidido pararme.

Primero, me enfadé; tenía muchas cosas que hacer, no podía estar tumbada en el sofá todo el día. Pero luego he ido comprobado el regalo inmenso que supone estar conmigo misma, aparentemente sin hacer nada.

Agradezco infinitamente este “accidente” que me permite practicar, sin distracciones, el propósito de mi alma que no es otro, en última instancia, que quererme, tratarme con dulzura y mirarme con compasión, que nada tiene que ver con la pena. No soy víctima de nada, más bien me siento afortunada.

El parón obligatorio me está permitiendo, sobre todo, indagar a mis anchas en mis antiguos recelos con una mirada más amorosa, sin presión ni culpa. Me encantaría saberlo hacer de otra manera, pero de momento acepto que es como es y no como me gustaría y está bien que así sea.

“El plan es perfecto”, aunque a veces nos cuesta lágrimas de sangre entenderlo y no me refiero ahora al pie roto, sino a la muerte de mi hijo Ignasi. Antes de nacer, probablemente pactamos lo mejor para nuestra evolución y la de las almas que amamos.

Luego, aquí, en la tierra, no entendemos nada, pero ahora que he dejado atrás el desgarro lacerante de mi duelo solo puedo que agradecer a Ignasi su inmensa generosidad por lo que nos ha enseñado a todos en casa. Su muerte nos ha permitido desplegar nuestras alas. Nadie, sin duda, quiere pagar un precio tan alto, lo sé, pero como no hay vuelta atrás, sí podemos honrarlos creando amor, en vez de resentimiento.

Si optamos por crear un mundo mejor, a pesar de los pesares, todos saldremos ganando, porqué la muerte no existe, el alma es eterna, somos chispitas divinas, aquí y en otro lado, y el amor nunca cae en saco roto. La energía no se crea ni se destruye, resuena hasta en el último confín del Universo. De eso habla el libro que estoy leyendo “El plan de tu alma”, de Robert Schwartz (https://yolyor.files.wordpress.com/2015/09/el-plan-de-tu-alma-robert-schwartz.pdf). Os lo recomiendo.

 

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