CREAR ARMONÍA

DELICADEZA, SUAVIDAD Y TERNURA

Es posible que tu mundo se haya oscurecido, que vayas a ciegas, sin rumbo, a tientas. Tal vez el dolor nunca había partido tu vida como ahora que él o ella se han ido.

 

Lo de antes se acabó y eso duele tanto… Puedes acorazarte y sumergirte en las tinieblas esperando que amaine. Sí, puedes intentar eludir lo que sientes, es mucho el desgarro, lo sé, pero no sirve, cielo.

 

El tiempo por sí solo no cura nada, tan solo sintiendo la tristeza, el dolor, la rabia, el miedo es posible volver a la vida. Mírate con ternura, es largo el recorrido y necesitas mucho cariño.

 

Busca la belleza. Lo sutil suele acariciar el alma. Tu herida necesita silencio, huye de la multitud, de las prisas, deja de murmurar. Pon la atención en lo mejor de ti y de cada uno de los que te rodean. Así suele crearse la armonía, la paz, la calma, el afecto.

 

Mima con delicadeza tu herida, no la escondas, deja que el sol y el aire la tornen rosada. La vida nos rompe a todos tarde o temprano. Lo esencial, lo que a mi entender nos llena de sentido es hacer algo amoroso con los trozos.

NO HAY NINGÚN SITIO AL QUE LLEGAR

 

He tardado años en darme cuenta que cuanto más quiero conseguir algo más se aleja. Me explicaré: a veces me siento inquieta y a toda costa intento conseguir calma. Imposible. Cuánto más quiero serenarme más desasosiego siento.

 

Es como si la inquietud no quisiera abandonarme hasta que la vea, la sienta, la acoja sin reproches. Yo al principio me resisto, no quiero saber nada, tengo miedo, me siento mal, incómoda con tanto alboroto…

 

Persigo la calma, pero se me escurre entre las manos como el agua, hasta que me rindo. Cuando me paro y miro a los ojos a esa sensación de alarma, sin acritud, con la intención de escucharla, aunque no comprenda nada, mi cuerpo empieza a aflojarse.

 

Cada una de mis células reclama a gritos, aunque a veces no las oiga, que deje de exigirme tanto. No hay ningún sitio al que llegar, no hay nada a superar, tan solo se trata de vivir el momento y, si es posible, con amabilidad.

 

Cuando me inclino a lo que hay, sea lo que sea, sin querer que sea distinto mi alma respira ligera. Dejar de intentar controlar la vida es una liberación, no una derrota.

 

Cuanto más persigo o me resisto a algo, más dolor siento. En cambio, cuanto más me entrego, cuánto más vivo el momento con la confianza de que todo pasa, de que algo más grande me sostiene, mejor me siento.

TU YA LO SABES, SOLO TIENES QUE RECORDAR

 

 

 

Cada vez que pienses que has llegado al límite, que la situación te supera, que no puedes más, recuerda que hay una parte en ti que permanece siempre serena, que no esta herida y que puede guiarte, incluso llevarte en volandas hasta la otra orilla y quedarse contigo hasta que, con suavidad, te duermas.

 

Tu ya lo sabes, solo tienes que recordar que cuando estás al borde del abismo lo que realmente funciona es dejar de sostener el peso que te ahoga y entregarte sin condiciones a esa parte sabia, que algunos llaman alma.

 

Respira, siente como entra y sale el aire que da vida. No tienes que hacer nada, ni tan siquiera esforzarte por ser o estar mejor. Olvídate de la lucha y ríndete con dulzura a ese “algo” más grande que te sostiene.

 

 

Tu ya lo sabes, solo tienes que recordar que la muerte como final no existe, que el cariño va más allá del tenue velo que nos separa. Tal vez, a lo largo de tu largo viaje, has atravesado ya ese umbral miles de veces…
No importa si estamos aquí o en el otro lado, nada cae en el olvido, los lazos del amor del que hablo son eternos y no pide nada a cambio.

 

 

Permítete imaginar que estás a salvo, que no te da miedo explorar, ni querer, ni que te quieran, aunque, en ocasiones, la existencia duela.

Dame la mano y, ahora, permítete imaginar que, incluso, con miedo, estás segura y a salvo. Al fin y al cabo el miedo es un viejo compañero, algo nuestro que, como todos, necesita abrazos y mimos ¿verdad?

SER, TAN SOLO SER, SIN MÁS

A mi me gustan las flores y, a la que puedo, engalano los jarrones de mi casa. Ahora tengo peonias, de un rosa intenso. Me encantan.

 

Disfruto comprobando como se van abriendo, como mantienen su hermosura hasta su último suspiro. Aparentemente no hacen nada, sin embargo, su mera presencia le da calidez a mi alma.

 

Las flores me producen bienestar, también eleva una octava mi alegría salir del ajetreo diario, pararme y no hacer nada. Ni siquiera hablar conmigo misma.

 

En esos momentos de agradable intimidad me reconforta ir más allá de las palabras, de los pensamientos que vienen y van, de las ideas sobre lo que está bien o mal… Respiro, solo respiro y siento el calor, el frío o el cansancio.

 

Por unos pocos segundos dejo de ser hija, esposa, madre, abuela, trabajadora, responsable, frívola, alta, baja, delgada o gorda. Me limito a ser, como las flores, sin más. Son instantes de pura vida, en los que todo encaja.

 

EL HILO INVISIBLE

 

 

Cuando un hijo muere cada una de nuestras células llora el vacío de su ausencia. La vida, el Universo entero se detiene ante la magnitud de nuestra profunda tristeza.

 

El impacto de la separación es tan potente que rompe las compuertas que retenían infinitud de emociones, de dolores sin nombre que arrastramos desde hace generaciones.

 

 

¡¡Hay tanto que sentir, tanto acumulado!! Por eso los grandes duelos nos sacan del tiempo de los calendarios, de la razón, de los argumentos, de lo que antes era lógico y parecía tierra firme.

 

Hay muy poco fuera que nos sostenga, aunque todas las manos que nos tienden sin reclamos son verdaderos regalos.

 

Es casi imposible llegar a la otra orilla sin tirar despacio del hilo de la madeja de amor que guardamos dentro. Ese hilo invisible nos devuelve con suavidad a la vida.

 

Es de nuestro interior que brota la alegría cuando, de la mano del miedo, atravesamos la niebla, nos ponemos en pie y abrazamos con calidez a los que amamos.

 

Pasamos de sobrevivir a vivir cuando respiramos hondo y nos ofrecemos a lo que venga. La entrega, parece un contrasentido, nos libera.

 

Y así empezamos a atar cabos. Ah, se trataba de eso; de estar presente cuando hay alegría, tristeza, miedo, incertidumbre o certeza, de sostener y dejarnos sostener, sin más. De decir palabras cariñosas, de mirar a los ojos a los otros. De estar en silencio… De reír y llorar juntos, sin ahogar con nuestras lágrimas a nuestros otros hijos.

HABLAMOS DE LA MUERTE EN MURCIA

Tengo la suerte de volver a Murcia de la mano de la Asociación Amanecer, junto a Cecilia Borrás, para compartir sentimientos y herramientas que ayudan a transitar los grandes duelos. Os dejo aquí más información sobre el encuentro. Me encantará daros un abrazo en directo.

“ENCUENTROS “
El día 2 de junio se realizará este encuentro con Mercè Castro y Cecilia Borrás, va dirigido principalmente a personas dolientes por la pérdida de un ser querido.
De 10 a 12 horas del sábado se harán dos grupos, uno liderado por Cecília con personas supervivientes a la muerte por suicidio de un familiar y el otro grupo dirigido por Mercè para personas con pérdidas de hijos, parejas, padres o hermanos. En estos grupos se establecerá un diálogo compartiendo vivencias y sentimientos sobre el duelo.
Tendremos una pausa al medio día y después de la pausa realizaremos una reunión conjunta de todos con distintas dinámicas para conocer nuestros recursos y fortalezas para afrontar el dolor por la muerte de un ser querido.
Este encuentro incluye la comida como una forma de compartir nuestras vivencias y experiencias y de estrechar lazos de empatía y amistad.
Después de comer realizaremos un acto de cierre de lo que ha supuesto este día de encuentro y convivencia.
El lugar donde se realizara el acto es la casa de Ejercicios de
Guadalupe en Murcia
Organiza: Asociación Amanecer

AMIGAS PARA SIEMPRE

Hay personas que nos acompañan con amor hasta que un buen día nuestras vidas se bifurcan y emprenden caminos distintos. Las echamos de menos, claro, pero ya no forman parte de nuestro día a día.

 

No me refiero a nuestros seres queridos muertos, sino a amigos, parejas o conocidos que siguen aquí, aunque desaparecen de nuestra cotidianidad.

 

Los vínculos de amor son eternos, no importa la presencia física del ser ausente para sentir en el corazón el gozo del ser amado, pero solo tu estarás siempre a tu lado.

 

Nacemos y morimos solos, aunque estemos acompañados. Por eso, porque hay muchas muertes en vida, muchas noches oscuras que preceden a nuestro propio renacimiento, es muy reconfortante convertirnos en nuestra mejor amiga.

 

A mi me parece que en cada una de nosotras hay una chispa divina, una mujer sabia que no nos reprocha nada, que nos acoge con amor, sin condiciones, cuando más falta nos hace.

 

Cuando estamos confundidas, asustadas y/o enfadas, cuando no nos gustamos nada, cuando solo queremos escondernos para siempre debajo de las sábanas, esa parte nuestra que solo ama es la que nos guía de nuevo a casa.

 

Confío a ciegas en mi parte sabia. No puede evitar que lo que tenga que suceder, suceda. Pero si aflojo mi ego y no la niego, tiene el don de serenarme, de mostrarme la parte amable. Y la reconfortante hablidad de hacerme sentir como en el cielo en sus brazos.

 

 

EL VIENTO DE LA VIDA

 

Ahora, que estás herida, tal vez no encuentres a nada sentido. Podrías dejar pasar los años, resignarte a una existencia amarga, solitaria y vacía. Es una opción.

 

Sin embargo, te propongo explorar otros caminos. En ningún momento te pido que dejes de estar triste, tienes todo el derecho a llorar tu pérdida. Las lágrimas son tan sanadoras!

 

Date tiempo para sentir sin reservas tu duelo, para gestar un nuevo comienzo, llevando en tu corazón a todos tus seres queridos vivos o muertos.

 

No se trata de olvidar, sino de acoger tus miedos, con dulzura, y volver a encender el fuego sagrado que impulsa la vida y sostiene al Universo entero.

No sabemos cuando va a ser nuestro último aliento, por eso este momento es único y encierra la posibilidad de amar, de crear armonía, de perdonar.

 

El dolor es parte de la vida y suele dejarnos tiritando en la cuneta, pero más allá del dolor brilla la llama de tu hoguera. Esa que te arropa, que te susurra que salgas de la cama cuando no puedes ni con tu alma.

 

Puedes resignarte y morir con mil corazas y el corazón cerrado o abrir de par en par las ventanas y entregarte con gratitud al viento, a veces soplará una brisa cálida, otras, un viento helado. Tal vez, vivir es esto, aprender a aceptar los cambios.

ESCUCHA EL SILENCIO

 

El ajetreo del día a día, a menudo, nos confunde. Hay tanta información, tantas prisas, tanto ruido en nuestras vidas, ¿verdad?

 

Es fácil quedar atrapados en un diálogo de sordos, en el que impera la queja, la crítica, el desaire…Y Así, intentando echar pelotas fuera, inquietos, quedamos anclados.

 

A mi me parece que no es posible despertar de la vorágine de los desencuentros, con los demás y con uno mismo, sin recogimiento.

 

Parar y escuchar al cuerpo, sin hacer nada, hasta poder oír al alma es, a mi entender, el paso necesario para vivir un gran cambio. Lo nuevo surge del impulso que sale de dentro, de una determinación íntima y silenciosa.

 

Para renacer es buena la calma que acompaña al silencio, salir de nuestra historia y contemplarla, con sigilo y cariño, de lejos. No siempre lo conseguiremos, pero siempre podemos volver a intentarlo.

 

INSTANTES MÁGICOS

 

Recuerdo que me desperté una noche, no tendría más de 14 años, y me quedé embobada mirando la luna que asomaba desde la ventana de mi habitación. Tome conciencia aquel día, sin saberlo, de la infinitud del Universo. Fueron unos instantes intensos, de conexión con algo sagrado, que me impulsó a preguntarme, con honestidad, “¿Quién soy?”, “¿Qué hago aquí?”, “¿Qué es esto que llamamos vida?”

 

Han pasado muchos años y sigo sin tener respuestas, solo sé que la magia está en el presente, en ese preciso segundo en el que respiro. Aquí todo es posible. Es lo único real que tengo. En cambio, cuando estoy en el pasado me pierdo, me quedo atrapada, sin fuerza. Algo parecido, pero para mí demoledor es intentar controlar mi futuro. Eso me provoca una ansiedad tremenda.

 

La vida emerge del presente, ahora, aunque este momento sea doloroso y sienta miedo, es vida. La vida siempre intenta preservar la vida y, si no me resisto, puedo pasar pantalla. Si no me escondo, si acepto lo que siento, se produce el milagro. Pero el primer paso, el de la entrega a lo que hay, lo tengo que dar yo, es la única manera que conozco de llegar a la alegría serena, al sosiego.

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