AMOR

MUERTE DE UN HIJO. Diario ABC

Mercè Castro apunta que al conocer la noticia «sientes que la tierra desaparece bajo tus pies»

Familia

«Con el intelecto es imposible entender la muerte de un hijo, solo desde el corazón se puede volver a valorar la vida»

Mercè Castro perdió a su hijo de 15 años en un accidente. Asegura que de la muerte se habla muy poco, «y menos aún de la de un hijo»

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Mercè Castro Puig sabe muy bien lo que es que la vida te de un zarpazo directo al corazón. Volviendo de una comida de Navidad, un coche fue directo hacia el suyo y su hijo de 15 años falleció.

Al conocer la noticia, «sientes que la tierra desapararece bajo tus pies, que el tiempo se detiene, que no hay razón para despertarte el día de mañana, que ya nada merece la pena…», explica esta madre. «El duelo es desgarrador, independientemente de que haya sido una enfermedad o un accidente el que te ha quitado a tu pequeño. Todas las ayudas son pocas para seguir adelante. Sin embargo, sabes que hay que luchar por vivir, por ti, por sus hermanos, por tu pareja… El paso del tiempo no te ayuda a curar la herida, pero sí lo que hagas en ese tiempo».

«Todas las ayudas son pocas para seguir adelante. Sin embargo, sabes que hay que luchar por vivir»

Recuerda que el duelo hace que uno mismo se enfrente a sus miedos, a sus fantasmas… y, por ello, apunta que cada proceso de duelo es diferente y las personas necesitan más o menos tiempo en función de las heridas y la historia personal vivida en su pasado hasta ese momento.

Lo que asegura sin dudar es que para este dolor «no hay fórmulas mágicas», pero sí pautas generales que son recomendables seguir. En primer lugar, tener paciencia con uno mismo. «También hay que hacer grandes los pequeños momentos, como disfrutar de la sonrisa de un niño, porque no apreciamos las cosas bellas de la vida. Tampoco estamos acostumbrados a sentir miedo, rabia, tristeza… y hay que dejar que este tipo de emociones salgan de nuestro interior. Con el intelecto es imposible entender la muerte de un hijo, solo desde el corazón podemos volver a valorar la vida».

Según Mercè Castro, de la muerte se habla muy poco en nuestra sociedad, y menos aún de la de un hijo. Eso fue lo que llevó a esta madre, que perdió a su hijo hace ya 20 años, a escribir tres libros sobre su experiencia de vida: «Volver a vivir», «Palabras que consuelan» y «Dulces destellos de luz». Además, ha creado el blog «Comoafrontarlamuertedeunhijo.com» que cuenta con 40.000 seguidores y con el que ayuda a otras madres y padres a afrontar la dura pérdida de un hijo. «Es una forma muy positiva de sentir que no estamos solos y que es normal hundirse hasta tocar fondo porque forma parte del duelo. Sin embargo, se puede aprender a volver a vivir», concluye.

 

MÁS ALLÀ DEL VACÍO

 

 

Después de la muerte de Ignasi me sentía vacía por dentro, como hueca, hasta que apareció una piedra en la boca del estómago que me impedía comer.

 

 

Esa piedra no era del todo desconocida, pero nunca antes había sido tan grande, ni había estado envuelta de tanta angustia.

 

Ese nudo denso, a veces, lo sentía en el pecho y otras, en la espalda, como un puñal clavado en medio de las dorsales. ¡El cuerpo tiene tantas maneras de avisarnos!

 

“Párate y escucha”, susurra nuestro templo sagrado y la mayoría de las veces huimos despavoridas de tanto pánico que le tenemos, sin ni siquiera saberlo, a sentir a capela.

 

Es largo y sinuoso el camino de nuestro duelo. Tiene altibajos, recovecos, muchas heridas profundas y antiguas por sanar. Capas y capas de entuertos…

 

 

Pero cada tramo de esa espiral que trascendemos nos abre los ojos a la esencia de la vida, desgarra los velos que sutilmente aprisionan el alma.

 

Más allá del vacío y después de sostener la locura del desgarro, se encuentra el amor en estado puro. Eso que nos impulsa a aceptar la vida como es, que nos permite sentir, con alegría, a nuestros hijos muertos.

 

No importa el tiempo que tardemos, ni las lágrimas, ni los desencuentros, ni los sinsabores, tenemos toda la existencia por delante para querernos.

 

ESCUCHA EL SILENCIO

 

El ajetreo del día a día, a menudo, nos confunde. Hay tanta información, tantas prisas, tanto ruido en nuestras vidas, ¿verdad?

 

Es fácil quedar atrapados en un diálogo de sordos, en el que impera la queja, la crítica, el desaire…Y Así, intentando echar pelotas fuera, inquietos, quedamos anclados.

 

A mi me parece que no es posible despertar de la vorágine de los desencuentros, con los demás y con uno mismo, sin recogimiento.

 

Parar y escuchar al cuerpo, sin hacer nada, hasta poder oír al alma es, a mi entender, el paso necesario para vivir un gran cambio. Lo nuevo surge del impulso que sale de dentro, de una determinación íntima y silenciosa.

 

Para renacer es buena la calma que acompaña al silencio, salir de nuestra historia y contemplarla, con sigilo y cariño, de lejos. No siempre lo conseguiremos, pero siempre podemos volver a intentarlo.

 

ALEGRÍA SERENA

 

Con timidez, se acerca en mi país la primavera. Brota ya la tierra, imparable, con un verde luminoso y nuevo. El aire pronto olerá a flores.

 

Estalla la vida y la nostalgia de las ausencias se derrama. Las emociones, quizá adormecidas en nuestros corazones, resurgen con brío de forma inesperada.

 

Arrópate y siente el desconsuelo de tu llanto, la tristeza profunda que emerge a raudales como los ríos después del deshielo. Aunque te de miedo tanto sentir no te asustes, preciosa, recuerda que los sentimientos afloran en primavera.

 

Busca la belleza de la luz dorada de los amaneceres, la de las tardes que se alargan, la de los campos y los balcones floridos. Deja que la calidez del sol y el aire te amparen.

 

Duelen las ausencias, ¿verdad?, pero el dolor no impide que sientas la alegría serena de abrazar, de decir palabras bonitas, de escuchar en silencio, de amar a los vivos y a los muertos.

SENTIR COM-PASIÓN

 

 

Es posible que ahora, que estás de duelo, arrastres los pies como si llevaras todo el peso del mundo a tus espaldas. Necesitas, como agua de mayo, liberarte de esa carga de sufrimiento que te mantiene en constante tensión.

 

 

El dolor es inevitable y la muerte de un ser inmensamente querido duele mucho, pero amar no tiene nada que ver con sufrir. Abre tu corazón, no te resistas, deja que la pena te atraviese, como la niebla, tantas veces como aparezca, hasta que se desvanezca sola.

 

 

Mientras, escucha música, baila, paséate por el campo, mírate con ternura, ten compasión de ti misma y déjate mecer por los pequeños placeres de la vida. No te niegues un ratito al sol, sin hacer nada, sintiendo su calor. Mójate los pies en la orilla de la playa.

 

 

Se trata de sentir con las entrañas, no te fíes de la mente, ella no puede trascender nada. Cuando llame el miedo, la rabia o la tristeza no los dejes fuera, pero tampoco cierres la puerta a la alegría, al amor en estado puro, al placer de las caricias, a la calidez de los abrazos, al deleite de saborear la vida. Si alguien se merece volver a ser feliz, esa eres tú. No lo olvides. Cada luz que se enciende ilumina a toda la humanidad.

 

 

DUELO POR LA MUERTE DE UN HIJO

 

 

 

Este sábado, día 24, en Santander, daré un taller sobre duelo, en “ Ceiba, Espacio Psicoterapéutico Integral”,que dirige la psicóloga María Fernández Lavín. Me encantará compartir las herramientas que a mi me han ayudado con todos los que podáis asistir.
Un abrazo grande

 

 

 

INSTANTES MÁGICOS

 

Recuerdo que me desperté una noche, no tendría más de 14 años, y me quedé embobada mirando la luna que asomaba desde la ventana de mi habitación. Tome conciencia aquel día, sin saberlo, de la infinitud del Universo. Fueron unos instantes intensos, de conexión con algo sagrado, que me impulsó a preguntarme, con honestidad, “¿Quién soy?”, “¿Qué hago aquí?”, “¿Qué es esto que llamamos vida?”

 

Han pasado muchos años y sigo sin tener respuestas, solo sé que la magia está en el presente, en ese preciso segundo en el que respiro. Aquí todo es posible. Es lo único real que tengo. En cambio, cuando estoy en el pasado me pierdo, me quedo atrapada, sin fuerza. Algo parecido, pero para mí demoledor es intentar controlar mi futuro. Eso me provoca una ansiedad tremenda.

 

La vida emerge del presente, ahora, aunque este momento sea doloroso y sienta miedo, es vida. La vida siempre intenta preservar la vida y, si no me resisto, puedo pasar pantalla. Si no me escondo, si acepto lo que siento, se produce el milagro. Pero el primer paso, el de la entrega a lo que hay, lo tengo que dar yo, es la única manera que conozco de llegar a la alegría serena, al sosiego.

MUJERES QUE SOSTIENEN LA VIDA

 

Es posible que la vida te haya puesto de rodillas una y mil veces, cómo les sucedió a mis dos abuelas, a mi madre, a mi hermana, a mi querida prima-hermana, a ti y a mi misma.

 

Nuestras historias contienen muchas pérdidas -distintas, cada una las suyas, muy sentidas-, pero sobre todo hablan del impulso que nos mueve a levantarnos, a seguir con el corazón roto hasta que la dulzura vuelve a renacer, como la hierba fresca en primavera.

 

Cuánto más amor das, más tienes, crece al compartirlo, siempre suma, nunca resta. Repartir ese amor que vive en nosotras es lo que nos salva del desconsuelo de seguir vivas.

 

Amo a las mujeres que defienden la vida igual que amo a los hombres que la sostienen con cariño y vigor, de otra manera.

 

Me encanta la energía masculina, adoro a los hombres que persiguen un mundo mejor para todos, pero hoy hablo de mujeres porqué soy mujer y me siento reconocida en ellas, a veces, incluso, como si fuéramos una, inmensa, cálida, guerrera.

 

 

No hay edad, ni penuria que impida que la diosa que llevamos dentro haga sonreír a un niño, al contrario, suelen ser mujeres mayores, abuelas o no, las que con infinita paciencia nos regalan amor sin condiciones.

 

 

Benditas las mujeres que abrazan y consuelan con la voz y la mirada. Mujeres pilares que, aunque algunas hayan enterrado a sus hijos, incluso a su único hijo, abren su corazón, después de atravesar su calvario, y ofrecen en susurros dulzura, como una fuente, un manantial que acoge a los sedientos de amor.

 

Benditas seas y, aunque hoy estés vacía, ausente por las grandes tragedias, recuerda que tu también eres mujer, una de ellas. Invoca su fuerza, pide que te sostengan hasta que tu estés lista para volver a proteger con ternura la vida.

 

SIGUE TU INSTINTO

 

A mi me parece que nadie muere un minuto antes o después de lo pactado, puede ser cierto o no, ¿quién sabe? pero a mi esto me consuela.

 

Me gusta imaginar que las vidas cortas pertenecen a seres llenos de luz que han venido, por amor, a despertarnos la conciencia, a flexibilizar corazas, a romper máscaras, a enseñarnos, a través del dolor de su partida, lo esencial.

 

Porqué después de la muerte de un niño, de un joven, de alguien que está a mitad de camino nada es como antes, todo adquiere otra tonalidad.

 

Ya de poco nos sirven las apariencias sociales, la vida se reduce a encontrar la parte amable y bondadosa de todo, vivir al día, sin grandes expectativas, agradecer la calidez del sol, poder compartir sentimientos y emociones.

 

Mirar el cielo, entregarse a la serenidad del silencio, reír por nada, seguir nuestro instinto, con honestidad, como lo hacen los niños.

 

Apreciar la sencillez, hacernos la vida fácil, sin complicarnos en mirar lo que hacen bien o mal los otros. Sin pretender cambiar a nadie. Conectar con algo más grande, con la plenitud y la paz que conlleva aceptarnos como somos, no como nos gustaría ser.

 

Antes de disfrutar de esos regalos que encierra atravesar el duelo es preciso sentir, sin rehuir ni aferrarse a nada. No es fácil porque el carrusel de emociones es tremendo y nos da miedo, pero suele ser la clave que abre las puertas a nuestro renacer.

 

Al fin y al cabo, tardemos lo que tardemos, el instinto nos lleva siempre a preservar la vida.

 

TÚ PUEDES

Quizá no sepas por dónde tirar o no quieras seguir o, simplemente, te parezca imposible conseguirlo. Seguramente estás tan cansada que te cuesta horrores levantarte de la cama.

 

Sí, probablemente ahora –después de un año, dos o tres o los que sean de su partida-, te sientes tan mal como al principio. Es normal. El duelo por la muerte de un hijo es largo y tiene muchos altibajos, cuesta mucho volver a la vida, pero es posible.

 

De momento, estás perdida pero acuérdate de todos los cambios que has ido afrontado desde pequeña. Sí, es cierto, nada es comparable a esta locura, lo sé, tan solo te pido que seas paciente y amorosa contigo, que no te cierres las puertas.

 

En el fondo sabes que de nada sirve morirse en vida, que todo pasa; lo bueno y lo malo también. Solo el amor que compartes con tus seres queridos perdura.

 

No pidas que las cosas sean como antes, eso no puede ser. Estás viviendo un cambio tan profundo que lo natural es que estés asustada, te has quedado desnuda, en carne viva, te estás reinventando y todavía no sabes cómo va a ser la mujer que estás creando. Es mucha incertidumbre.

 

Tardes lo que tardes, estás en la antesala de un nuevo comienzo, nunca lo hubieses elegido, pero lo más probable es que resurjas con una mirada más amplia, más honesta, que te sientas, de alguna manera, mucho más libre. Con la ilusión de volver a bailarle a la vida.

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