AMOR

MOMENTOS DIFÍCILES

 

Es posible que te encuentres cerca del aniversario de su muerte, del día en que nació, del día que os casasteis o del que iniciasteis aquella aventura que os cambió la vida. Da igual. Hay fechas que quedan esculpidas en nuestra memoria. Y cada año, cuando estamos en duelo, nos arrastran con la fuerza de un huracán.

 

Por eso, porqué los aniversarios tienen mucha fuerza y suelen arrastrarnos al infierno, es bueno recordarnos, en los momentos de intenso dolor, que no pasa nada, que sentirnos mal ahora, es natural, forma parte de ese proceso de altibajos. Y, sobre todo, tener mucha paciencia con nosotros mismos.

 

Una de las cosas que a mi me han ido bien, en esos días de tsunami, ha sido hacer grande el más mínimo impulso de amor y ofrecerlo al ser amado que ha partido. Sé que cualquier iniciativa cuesta, pero es bueno empujarnos a hacer cosas que nos gustan, mimarnos, comprar flores, pasear por la naturaleza, llamar a las personas que queremos, que nos inundan de energía… Llorar si nos apetece, sin olvidarnos de reír, de escuchar música , de agradecer lo vivido.

 

Cuando se atraviesa un gran duelo, lo que los demás consideran correcto o incorrecto no tiene importancia, no hay energía para las convenciones sociales, solo el amor interesa, nos nutre, nos levanta, nos sostiene.

SÍ PODEMOS, AUNQUE PAREZCA IMPOSIBLE

 

Las vidas se suelen romper de un momento a otro.
A veces, con un diagnóstico de los que nos dejan temblando, sin suelo bajo los pies, aunque la enfermedad anunciada sea más o menos larga. Otras, con un golpe seco de madrugada, sin esperanza de vuelta atrás.

 

 

Esos golpes demoledores nos arrastran a un lugar oscuro, desconocido, en el que predomina el miedo. La incertidumbre es tan grande que lo inunda todo. De repente, no sabemos quién somos. Posiblemente, lo que antes nos parecían sólidos pilares ahora no son más que castillos de arena incapaces de mantenernos en pie.

 

 

Recuerdo días, después de la muerte de mi hijo Ignasi, en los que el dolor era tan intenso que temía volverme loca. He estado años, cuando ya me encontraba más o menos bien, bajando al infierno a la que se acercaba el aniversario de su partida… ¡Es tan pronunciado, tan vertiginoso el carrusel de emociones que acompañan al duelo!

 

Volver a la vida parece imposible, ¿verdad? Sin embargo, no lo es. En las tinieblas, suelen haber destellos de luz. A menudo, cuando desfallecemos, aparecen brazos que nos sostienen. Tal vez son casualidades, tal vez no. Pero lo cierto es que, si abrimos nuestro corazón, siempre podemos encontrar un motivo amoroso para levantarnos y, poco a poco, empezar a confiar de nuevo.

 

Cuando hablamos de un gran duelo, el camino suele ser largo, no nos vamos a engañar. Pero, en contra partida, se abre una inmensa oportunidad: la de despertar, adquirir lucidez, aprender a aceptar. Y sobre todo, la de disfrutar de lo sencillo y valorar el cariño por encima de todo lo demás, sin máscaras, con más honestidad.

 

Estoy convencida de que nadie escogería esta opción para ampliar la conciencia. Seguro que no, tal vez por eso no nos dan a elegir. La vida y, quizá nuestra alma, van a lo suyo, cogen el camino de en medio, sin preguntar. Intuyo que saben que podemos, aunque nos parezca imposible.

SENTIRSE QUERIDO

 

Yo no sé vosotras, pero cuando mis pensamientos campan a sus anchas suelen llevarme a lugares terroríficos. Tengo una tendencia natural a esperar lo peor de lo que está por venir.

 

Para evitar sufrir en balde y darle la vuelta a esa tendencia, empecé a observar mi mente y, en vez de reñirla por su adicción al drama, decidí quererla, ampararla como cuando abrazas a un niño que se despierta asustado en medio de una pesadilla. Eso me ha ayudado mucho a deshacer bucles de agonía.

 

La mayoría de las “tormentas”, que me imagino, no descargan nunca, suelen ser producto de miedos antiguos que buscan la manera de llamar mi atención. Si me paro a escuchar con cariño el desasosiego, como una madre o un padre compasivos, el temor suele desvanecerse como las nubes en el cielo.

 

No estoy hablando de esquivar el dolor, no. Las pérdidas duelen y cuando se trata de seres muy queridos el dolor es desgarrador, a veces insoportable, pero forma parte de la vida. Me refiero, en concreto, al sufrir por sufrir que yo ya arrastraba antes de morir mi hijo Ignasi.

 

Ese ¡ay! perpetuo que planeaba en el aire, que mantenía mi mente tiritando por cualquier tontería que yo magnificaba, como si necesitara estar conectada al temor de que mi felicidad se truncara.

 

Ahora, cuando asoma esa inquietud, independientemente de lo que ocurra, sé que, en realidad, hay algo en mí que necesita sentirse querido y que la felicidad es algo íntimo, que sale de dentro, algo así como la decisión de entregarse sin recelos a lo que venga.

 

La plenitud, a mi entender, consiste en amar nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestros sentimientos, sin condiciones, aunque a veces duela.

¿Y SI DEJAS DE ESCONDER TU LUZ?

 

En las épocas más oscuros de mi vida, cuando más pérdida y atemorizada he vivido, he sentido, al mismo tiempo, momentos de amor en estado puro, reconfortantes destellos de luz, que inundaban mi ser de comprensión, de agradable certeza. Duraban un instante, dos o tres, pero eran como agua de mayo, me servían para coger aire, para no sucumbir, sin límites, a la desesperación.

 

Yo no sabía entonces que esos destellos, esa conexión sagrada con mi propia Diosa requiere intimidad y silencio y, sobre todo, mucho cariño para no perturbar la zona herida, esa parte nuestra, tan humana, que guarda infinidad de memorias terroríficas, dignas de hacer temblar a un santo.

 

Esa parte que compartimos, a través del inconsciente colectivo, se siente cómoda con el sufrimiento, lleva siglos experimentándolo y, cuando se suma a nuestra propia historia de dolor, puede arrasar con todo si no recurrimos al cariño, a los baños de dulzura, a las caricias, a avivar la luz de nuestra propia belleza, de nuestra divinidad.

 

La belleza de la que hablo no se encuentra, por definición, en los cuerpos de modelos, en los artículos de lujo o en las alfombras rojas de los grandes estrenos. No, la belleza terapéutica guarda relación con la delicadeza de nuestra mirada. En la sabiduría de encontrar lo bonito en los lugares más cotidianos, incluso en los inesperados.

A mi entender, el arte de ser feliz reside en poner la atención en la dicha en vez de en la crítica. Requiere su práctica. La tendencia es negarnos nuestra propia luz, como si no nos mereciéramos ser felices, pero sí perpetuamente desgraciados. Ese impulso destructivo, muy extendido, nada tiene que ver con el amor, ni tampoco con el olvido.

 

Estar en paz con uno mismo guarda relación con la honestidad, con el sentido del humor, con mirar con ternura lo que no nos gusta de nosotros mismos. Se trata de llevar la luz allí dónde hay oscuridad, de sernos útiles a nosotros mismos.

 

 

 

 

A TU AIRE, CON CARIÑO Y SIN COMPLEJOS

 

Probablemente has atravesado ya algunas grandes tormentas o quizá te encuentras sumergida en tu primer tsunami, sea como sea conoces el lado doloroso de la vida.

 

 

Sabes lo que es andar a ciegas, sin aliento, levantarte y acostarte con miedo, con la esperanza de que sea solo una pesadilla, en vez de una desgarradora realidad.

 

 

¿Qué vas a hacer con tantas emociones? Puedes intentar ignorarlas, pero no sirve. Lo he intentado y nunca lo he conseguido.

 

Te propongo que hables con tu parte sabia, con tus guías, con los ángeles, con esa parte sagrada que sostiene al universo entero… da igual el nombre. Cuando me veo en apuros, sin salida, yo les pido que me ayuden a ampliar la mirada. Y funciona.

 

Sé que cuesta ver el lado menos malo de la muerte, de la enfermedad, del miedo, pero en el más desolador desierto existe un manantial con agua.

 

Busca el lado que menos queme de la sartén y agárrate allí, tira de ese hilo. Puedes vivir aunque tengas pánico y, con paciencia, poco a poco liberarte de las cadenas de siglos de sufrimiento.

 

En ti existe un ser extraordinario, único, que decidió en su momento experimentar la vida. ¿Vas a impedirle que vaya a su aire?

 

Olvídate de la culpa que arrastramos, sujétate bien fuerte al cariño y recuerda que en un corazón amoroso y abierto hay espacio para todos nuestros muertos.

 

Aunque estés triste, no dejes solo al niño o la niña que vino a explorar la existencia. Canta, baila y ría con él o ella. No pienses mal de ti, no te critiques por intentar vivir en plenitud. Es lo que están esperando tus seres queridos de éste y del otro lado de la vida.

 

CONÉCTATE CONTIGO MISMA

 

Recógete, recupera el contacto contigo misma y descansa. Llevas acumulada mucha tensión, el duelo nos mantiene en estado de alerta y esto agota.

 

Respira hondo, siente el momento, crea un paréntesis de confianza a tu alrededor y acoge lo que surja, da igual lo que sea.

 

Estás agotada, déjate meces por tu parte sabia, por tu divina presencia, como una niña se entrega al sueño en brazos de su madre.

 

No tienes que hacer nada, simplemente vivir.

 

Es posible que te sientas inquieta, triste, perdida, asustada… es natural. No te aflijas por eso, forma parte de lo que llamamos vida.

 

Cuanto más pretendas sentirte en paz, más se elejará la serenidad de ti. Deja de perseguir tus anhelos. Simplemente pasea por la playa, acércate a la naturaleza, mira el cielo, abrázate a los árboles, disfruta de un café, de una taza de te…

 

Mira con cariño a los demás, acaricia a las personas que quieres, observa a los niños con ternura y poco a poco tu alma respirará tranquila.

NO ES TAN FIERO EL LEÓN…

 

A mi me parece que siempre da más miedo lo que nos imaginamos que podría ocurrir que lo que ocurre. Al menos eso es lo que me sucede a mi.

 

No sé de dónde viene ese miedo que a veces me invade, ese que mantiene me mente en bucle, haciéndome temer lo peor sin que en realidad ocurra nada.

 

Lo que sí sé es que lo que tiene que suceder, sucede. Mientras, lo mejor es ponerle cariño a lo que hay. No vamos a llevar siempre paraguas por si llueve, ¿verdad?

 

Además, me he dado cuenta que cuándo la cosa realmente pinta mal, cuándo nos encontramos cara a cara con el león, se suele activar en nosotros una fortaleza que nos da alas para encarar lo que sea.

 

No se trata de no tener miedo, no, si no de hacernos amigos de nuestros temores, sabiendo que todo pasa y que, cada temor encierra la posibilidad de una gran liberación, si nos damos permiso para mirarlo con amor.

¿VAS A VIVIR AMORDAZADA?

 

Si tu historia te oprime hasta impedirte respirar, no te dejes vencer por lo que parece inamovible. No te estoy diciendo que olvides nada, al contrario. Lo que te sugiero es que envuelvas con amor tu dolor hasta derretirlo.

 

Has vivido experiencias duras, seguro, pero puedes narrarlas de mil formas distintas, no te quedes con una única versión. Sal del papel de perpetúa ofendida, no te quedes en el de enojada, ni en el de salvadora de nadie.

 

Eres un ser precioso, una Diosa, que experimenta la vida. Deshaz con cariño tus culpas, no te dejes enredar por lo que piensas de ti, seguramente tus creencias contienen mucho espanto.

 

 

Deja de darle vueltas a lo que hubiese podido ser y céntrate en agradecer lo que tienes, lo que eres, el cariño que te dan los demás. La gratitud deshace el temor.

 

Y si hoy te sientes aterrorizada, escucha a tu cuerpo, abraza los nudos y recuerda que el miedo es el camino hacia la luz.

 

Sácate la venda y observa la vida, no la juzgues, no tiene sentido. Está en su naturaleza ir a su aire, es imposible domesticarla.

 

 

 

 

CIERRA LOS OJOS Y SIENTE

 

Antes de la muerte de mi hijo yo era una especialista en rehuir las emociones. Asociaba, sin ser consciente de ello, el sentir con el dolor.

 

Y sí, es cierto, hay emociones que duelen, pero no conozco otra manera de trascenderlas que sintiéndolas. Parece una contradicción, ¿verdad?

 

La inteligencia emocional no es una asignatura que se de en la escuela, ni tampoco suele ser fácil adquirirla con el ejemplo familiar. Al contrario, en la mayoría de las casa se suelen ocultar, en realidad sin éxito, lo que se considera sentimientos negativos.

 

Por eso te propongo sentir, porqué sé que ahora conoces el desgarro de la peor de las ausencias y te mereces volver a la vida.

 

No te escondas en las mil corazas que llevamos encima. Aprovecha que estás en carne viva para notar la calidez de la brisa, el reconfortante calorcito del sol, el vigor del aire frío en la cara, la suavidad de las caricias…

 

Busca el sosiego del mar, la energía que desprenden los árboles, no pienses, tan solo sient

 

DEJA QUE SE EXPRESE TU RABIA

 

¿Cómo no vas a estar enfadada/o si se te ha muerto un hijo, tu pareja, tu hermano, tu padre, tu madre o tu amigo del alma? Permite que salga tu furia, grita, patalea, golpea un cojín contra algo duro hasta que caigas sin aliento en un mar de lágrimas.

 

Deja que la emoción se exprese, no le pongas límites a lo que sientes. Sí, perdonar es sanador, la ternura también pero no más que acoger tu rabia.

 

Tu cólera es tan noble como el amor, es vida en estado puro, es lo que sientes. Si la ignoras, te dolerá la barriga, aparecerán las migrañas, se te tensará la espalda y, sobre todo, te alejarás de la honestidad, del amor hacia ti misma.

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