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LAS COSAS NO SON COMO PARECEN

He ido constatando que lo que en principio me parece una situación difícil, incluso inaguantable, con el tiempo ha resultado lo mejor para mi. Y no lo digo porqué sí, sino porque lo que ha venido después así lo corrobora. Como decimos en mi país: “de la misa solo sabemos la mitad.

Aunque nos imaginemos el futuro de mil lúgubres maneras, lo cierto es que nadie sabe los cambios y giros que nos depara la vida, ni a nosotros, ni a los que están a nuestro alrededor. Voy a poner un ejemplo tonto –que no lo es tanto-: Si estás en el departamento de una empresa –suponiendo que tengas trabajo, que hoy en día ya es casi un lujo- y pides un cambio porque te llevas fatal con tu jefe y te lo deniegan, es muy probable que pienses que tienes muy mala suerte, pero tal vez, como le ocurrió a una persona que conozco, esta negativa se convierta al cabo de unos meses en una bendición porque, por ‘casualidades’ de la vida, al jefe que le hacía la vida imposible lo trasladaron justo al departamento que él había solicitado y que consideraba su salvación.

Cuando somos jóvenes en el lienzo que es nuestra vida el dibujo representado es muy incompleto. Con los años el dibujo va adquiriendo forma y es más fácil comprender el por qué de algunas líneas a las que antes no les encontrábamos sentido.

Es bueno, cuando uno está atrapado en un duelo severo o una depresión, agarrarse a la certeza de que lo que hoy es una nube espesa, sin resquicios, dentro de un tiempo puede convertirse en un cielo despejado. Aunque ahora creamos firmemente que el conflicto que estamos viviendo es demasiado para nosotros, las cosas no son como parecen. Yo tengo fe en que el plan universal es perfecto, aunque a veces me desespere porque me faltan datos.

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