SIGUE TU INSTINTO

 

A mi me parece que nadie muere un minuto antes o después de lo pactado, puede ser cierto o no, ¿quién sabe? pero a mi esto me consuela.

 

Me gusta imaginar que las vidas cortas pertenecen a seres llenos de luz que han venido, por amor, a despertarnos la conciencia, a flexibilizar corazas, a romper máscaras, a enseñarnos, a través del dolor de su partida, lo esencial.

 

Porqué después de la muerte de un niño, de un joven, de alguien que está a mitad de camino nada es como antes, todo adquiere otra tonalidad.

 

Ya de poco nos sirven las apariencias sociales, la vida se reduce a encontrar la parte amable y bondadosa de todo, vivir al día, sin grandes expectativas, agradecer la calidez del sol, poder compartir sentimientos y emociones.

 

Mirar el cielo, entregarse a la serenidad del silencio, reír por nada, seguir nuestro instinto, con honestidad, como lo hacen los niños.

 

Apreciar la sencillez, hacernos la vida fácil, sin complicarnos en mirar lo que hacen bien o mal los otros. Sin pretender cambiar a nadie. Conectar con algo más grande, con la plenitud y la paz que conlleva aceptarnos como somos, no como nos gustaría ser.

 

Antes de disfrutar de esos regalos que encierra atravesar el duelo es preciso sentir, sin rehuir ni aferrarse a nada. No es fácil porque el carrusel de emociones es tremendo y nos da miedo, pero suele ser la clave que abre las puertas a nuestro renacer.

 

Al fin y al cabo, tardemos lo que tardemos, el instinto nos lleva siempre a preservar la vida.

 

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