EL SOL DE MEDIANOCHE

SOL DE Madianoche1En los cuentos tradicionales, a menudo los protagonistas tienen que sortear una serie de obstáculos y peligros antes de encontrar el talismán que les llevará a vivir felices y en paz y el resto de sus días. A mi me parece que en la vida real sucede algo parecido. Tarde o temprano, suele ser necesario prestar atención a nuestros propios monstruos para poder liberar el tesoro que guardamos oculto.  

 

Esos monstruos, esos miedos innombrables, quizá se hayan incrementado con la muerte de nuestros seres queridos pero ya nos rondaban antes, tal vez desde siempre. El duelo, en todo caso, los hace más visibles. Por eso y porque ahora más que nunca necesitamos sosiego, es un buen momento para hacer limpieza e iluminar lo que está oscuro. El rincón más desterrado de nuestro ser, el más inaccesible y profundo, el que encierra más dolor y vergüenza reclama la luz del sol de medianoche; ese resplandor que nos lleva a reconocer la belleza en las personas y circunstancias más difíciles de aceptar.

 

Una de las condiciones para lograrlo es no salir corriendo en busca de cualquier atajo que nos aleje temporalmente de la negrura. No suele ser posible sentir alegría serena sin haber acogido y amado la profunda inquietud y tristeza que nos produce a veces la existencia. Si rechazamos el dolor, el vacío, lo incierto nos alejamos sin darnos cuenta de la plenitud.
El arte de vivir me parece que reside en sentirse cómodo en la unidad, sin pretender separarnos de nada. Cuanto más huimos de algo más cerca de eso estamos.

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