REINVENTARSE

MORIR SANOS

 

 

Los primeros días de duelo me inundó un vacío infinito por dentro. Me quedé literalmente hueca y, aunque siempre estuve acompañada, recuerdo una soledad inmensa. Que sensación tan extraña es la de salir de la vida y, al mismo tiempo, seguir aparentemente en ella.

 

El dolor me trajo de vuelta y fue colonizando mi cuerpo, llenando el vacío hasta impregnar cada una de mis células. El llanto profundo, desgarrado me devolvió al mundo, un mundo que me daba vértigo con tan solo asomarme a la ventana.

 

La muerte de mi hijo dio en la diana. Nada hasta entonces me había herido hasta dejarme de rodillas, desfallecida, absolutamente perdida. Y allí me quedé, en la oscuridad desconsolada, hasta que me rendí, sin condiciones, a lo inevitable y pedí luz, con dulzura a una fuerza más grande.

He tardado años en aceptar que la vida es como es y que el dolor que nos parece insoportable, a menudo, se convierte en la antesala de un nuevo renacer, de una manera de ser más honesta con nosotros mismos, amable y bondadosa. Que solo con amor y perdón nos curamos, que cada uno tiene su tiempo aquí y hasta el último suspiro podemos darle la vuelta al marcador y morir sanos, con la misión cumplida.

 

 

RENOVAR LOS VOTOS DE AMOR A LA VIDA

 

 

mare-fillsA mi me parece que a muchos de nosotros nos da miedo vivir. Y ese temor suele ir incrementando, con la edad, si no hacemos nada para evitarlo. Incluso muchas personas que sufren de miedo crónico no son conscientes de ello, a pesar de que en su día a día predomina la angustia y el malestar. Parece como si vivir con miedo fuese lo natural. ¿Cómo hemos llegado a ese callejón tan oscuro?

 

De pequeños, en general, vivimos el momento y, aunque nuestra realidad sea dura, es la que es y solemos sacarle el mejor partido porqué estamos conectados a la alegría de vivir.

 

Con el transcurso de los años vamos acumulando heridas, y si no les prestamos atención, si las dejamos aparcadas, nuestro corazón se va marchitando. Nos encerramos en un caparazón para intentar aislarnos de la propia vida. Pretendemos, así, no sentir dolor, algo a todas luces imposible de evitar. Y es precisamente esa resistencia la que nos envuelve en una niebla espesa que nos impide conectar con el amor y, a menudo, incluso respirar.

 

Nuestro desnenabola-del-monpertar consiste en tomar consciencia de ese miedo y conectar con nuestro ser, con nuestra esencia divina y decidir cambiar de actitud, ampliar la mirada, pasar pantalla, renovar desde nuestro interior la alegría de vivir, los votos de amor a la vida, independientemente de lo que suceda en el exterior, de lo que tenga que venir.

 

Sé que hay golpes que te dejan en la cuneta, pero también sé que mientras estamos aquí es mejor crear amor que miedo, de eso, de expandir el temor, ya se encargan muchos medios de comunicación, incluso la mayoría de anuncios publicitarios. Por eso es tan necesario pararnos, ser sinceros y honestos con nosotros mismos, sacar toda la rabia y la tristeza que acumulamos, dejar espacio y volver a sentirnos como cuando éramos niños. De esa forma, entre todos, vamos creando un Universo más respetuoso, agradable, tierno y dulce a los que vienen detrás y para los que se han ido antes.

 

 

 

DEJAR DE PENSAR

 

 

nens-contensDurante el duelo o en medio de cualquier otra crisis vital nos resulta casi imposible parar la mente. Los pensamientos suelen ser atroces y se encadenan uno detrás de otro sin apenas dejarnos respirar. Cada pensamiento terrorífico desencadena un nuevo torrente de miedo en nuestro organismo, como un pez que se muerde la cola… Un círculo infernal. ¿Cómo romperlo? Una forma en apariencia sencilla es poner la atención solo en el momento presente.

En mis días más apurados yo narraba, en mi cabeza, lo que estaba haciendo o lo que iba a hacer al instante siguiente. “Ahora me ducharé, qué agradable es sentir el agua caliente, cómo me relaja…” “Ahora preparo la comida, veo como la cebolla pierde consistencia, se ablanda, adquiere un color más dorado…” De esa forma impedía que los pensamientos compulsivos camparan a sus anchas. En mis horas más bajas no pensaba en qué iba a hacer mañana ni mucho menos la semana siguiente, me limitaba a sentir cómo el aire entraba y salía de mis pulmones y me repetía, TODO PASA, TODO PASA y eso, a veces, durante horas.

 

dibuix-nensAsí empecé a educar mi mente, a descubrir que ese torturador que habitaba en mi cabeza no era Yo, incluso me di cuenta que podía distanciarme de él, quitarle el control. No tenía porqué prestarle atención y mantenerme sujeta a sus deseos, que me solían trasladar irremediablemente al pasado o a un futuro angustioso. Empecé a tomar yo las riendas, en vez de dejar puesto siempre el piloto automático. Me obligué a estar aquí y ahora, como cuando era niña y se me iba el tiempo volando cuando saltaba a las gomas o a las cuerdas. ¿Os acordáis? De pequeños, cuando jugamos le ponemos tanta pasión que desaparece el mundo.

Primero tenía que esforzarme mucho para practicar eso que cuento y no dejarme llevar por la inercia del sufrimiento, pero con el tiempo estar presente va adquiriendo forma de hábito, al menos nos damos cuenta cuando “nos vamos” y siempre podemos regresar. La vida va de instante en instante y normalmente no le hacemos caso, nos la perdemos, preocupados a menudo por el miedo a lo que imaginamos que vendrá (¿?) o sumidos en la nostalgia de lo que fue. No estoy hablando de olvidar, el amor que damos y recibimos, es atemporal, siempre viaja con nosotros.

 

SALTAR AL VACÍO

 

 

saltar-al-vacioSé que hay momentos en que el dolor y las emociones son tan intensos que nos bloquean. Tenemos la sensación de estar perdidos, de no saber por donde tirar… tal vez si escondemos la cabeza debajo de la almohada todo será distinto, pensamos, pero no es así. Cuanto más queremos alejarnos de ese doloroso torbellino más grande se hace, más profundo es el abismo.

 

La única forma que conozco para cruzarlo es saltar al vacío, sin resistencias. Estar dispuesto a sentir el miedo, el dolor, la rabia, lo que sea sin culpar a nada ni a nadie. Dejar de mentirnos, de buscar excusas, de ignorar la tensión que sufre nuestro cuerpo.

 

Cuando dejamos de querer que las cosas sean de otra manera, cuando abrimos los ojos y miramos con cariño lo que hay, aunque no nos guste, entonces empieza el desbloqueo.

 

Parece una contradicción, Verdad? Aceptar lo que no nos gusta nos ayuda a trascenderlo. Mirar con amor la oscuridad nos alumbra… Entregarnos y entregar a la vida a nuestros seres más queridos nos libera, nos da alas a todos, nos une para siempre.

árbol fermín

En nuestro interior existe una energía creadora capaz de darle la vuelta a cualquier situación. ¿Qué dirección quieres darle a la tuya, a ese poder inmenso que hay en ti? Si apuestas por la vida, estás apostando por el amor, por crear armonía porqué has aceptado el desequilibrio que reina en tu interior, apuestas por crear serenidad porqué sabes qué es el caos y el furor de las grandes tormentas, por crear luz porqué has vivido en la oscuridad. Eso, creo, es vivir con plenitud. Y, cuando te sientas cómodo así, probablemente algo se desmoronará y volverá a aparecer la incertidumbre y tendrás que volver a saltar al vacío.

 

 

SIENTO LUEGO EXISTO

 

 

desertTener una mente clara y serena que nos permita pensar con eficacia y fluidez esta bien, pero la mía, a la que me despisto, suele ir por libre y tiene la virtud de volverme loca, de insistir en mostrarme pensamientos que suelen producirme malestar, incluso miedo. Con el tiempo me he dado cuenta que me conviene atarla en corto, impedir, en definitiva, que tome el control y me mantenga dando vueltas a un circuito ficticio, repetitivo, que roza a veces la pesadilla. Cuando eso ocurre, cuando la mente pone la directa solo tengo una forma de pararla: sintiendo.

 

 

Cuando me limito a sentir, a atravesar la emoción que me perturba sin reaccionar a ningún impulso, se abre ante mi la magia de la vida. Desaparecen los límites, el poder retorna a mi centro y aquello que me parecía tan horrible deja de serlo. Percibo, entonces, que todo es posible que la vida puede ser inmensamente bella si yo apuesto por ello. La mente me lleva a lo conocido, en cambio, abrirme a sentir, sin expectativas, me lleva siempre a un lugar nuevo.

 

 

Desde pequeña me ha gustado imaginarme que las cosas pueden ser distintas a como son o a como los mayores me decían que debían ser. Todos hemos escuchado alguna vez la frase tajante: “dos más dos son cuatro”, como queriendo decir que “eso es lo que hay, las cosas son así, siempre han sido así y así continuarán siendo”. ¿Pero qué hay de malo en imaginar otras maneras de vivir? También tres más uno son cuatro, ¿o no?

 

CEL DE NIT¿por qué no jugar a crear nuestra propia realidad, en vez de adaptarnos a la realidad establecida? Desde la mente es imposible, eso ya lo sé. La mente se basa en lo conocido, en las creencias que configuran nuestra cultura. La mente piensa según los programas que contiene, igual que seguramente podrán hacerlo fantásticamente bien los robots que tenemos a la vuelta de la esquina. Aaaah, pero sentir es otra cosa. Nuestra capacidad de sentir es algo maravilloso, aunque las emociones y sentimientos duelan como ocurre cuando atravesamos un gran duelo. Al final del túnel, si hemos sido valientes y hemos sentido sin retener ni rehuir nada, aparece ante nuestros ojos un nuevo paisaje. Posiblemente nos encontremos en un lugar amoroso y amable con lo que en esencia somos. Más allá del duelo resurge la alegría, la honestidad y desaparece la tendencia a fingir que somos lo que no somos.

 

 

 

 

 

LECCIONES DE VIDA

Cartel Congreso Valencia, 13 y 14 de abrilLa Asociación El Abrazo del Oso organiza un nuevo Congreso en Valencia, los días 13 y 14 de Abril, bajo el lema “(E)-Lecciones de vida”, en el que tengo el honor de participar, hablando sobre el poder del perdón y la gratitud.

El Congreso, de carácter solidario, inspirado y dedicado a la psiquiatra suizo-estadounidense Elisabeth Kübler-Ross -cuya maravillosa labor ha ejercido una gran influencia en el trabajo que desempeña esta Asociación- destinará los fondos recaudados a la creación de un espacio para asistir a personas moribundas, dolientes y con fuertes crisis de la personalidad. El precio por entrada, para los dos días, es de 30 euros.

 

Hay experiencias en la Vida -dice Vanessa Aguilar, fundadora de la Asociación- que marcan un antes y un después en nuestras vidas. Experiencias por las que nos vemos obligados a elegir determinadas actitudes y decisiones. Elecciones que nos brindarán la oportunidad de aprender una serie de lecciones únicas, capaces de transformar en profundidad el sentido de nuestros pasos, el sentido de nuestra existencia. Lecciones que, al compartirlas con otras personas, pueden motivar un cambio de rumbo, otra forma de ver y sentir la vida a quienes viven inmersos en idénticos o similares procesos”.

HACER EL MÁXIMO PARA SER FELIZ

Aunque al principio del duelo es normal sentirse atrapado en el dolor y no ver la posibilidad de volver a la vida, todos tenemos en nuestro interior la fortaleza para atravesar el desierto de la ausencia y renacer. Precisamente creo que el duelo consiste en eso, en conectar con nuestra Esencia Divida, esa parte nuestra segura y confiada que sabe con certeza que el amor perdura, que la vida es solo un sueño y en nuestras manos está convertirla en algo bello o en el peor de los infiernos como, por ejemplo, el que viven las personas que tienen siempre el corazón en vilo esperando lo peor. Esa no es manera de vivir y seguramente viene de lejos, la hemos heredado, no es una elección consciente, sino una creencia que ha ido pasando de generación en generación.

 

El duelo, ese vendaval que se lo lleva todo, es un excelente pretexto para cambiar y dejar el papel de víctima por otro más feliz. Sí, es un buen momento para sacarnos de encima todo lo que nos oprime y quedarnos con lo que somos, ni más ni menos.

 

A mi me gusta creer que soy una ‘chispita’ de amor puro, recubierta de mil temores, heridas, pactos y memorias no muy favorables, la verdad, pero ‘chispita de amor al fin y al cabo. Y en eso estoy, en ir sacando capas y curando heridas (muchas, como ya he dicho, no son ni mías) con el propósito de acercarme a esa luz dorada que brilla con intensidad.

 

Hay días que cunden y adelanto mucho y otros en que me pierdo y lloro, con un llanto desconsolado, pero mi intención está puesta siempre en hacer el máximo que pueda para ser feliz.
También me gusta pensar que la muerte, como final, no existe, que el Universo encierra infinidad de posibilidades y me encanta tener la certeza de que mi hijo Ignasi y todos mis muertos están bien, no sé muy bien por dónde anda cada uno, pero sí sé que, de alguna manera, ellos ya están en casa y, cuando llegue yo, no quiero volver con el sentimiento de haber echado por la borda mi vida, de no haberla aprovechado, de no haber reído y querido lo suficiente….

 

Si estamos aquí, qué mejor que vivir, en vez de encerrarnos y taparnos con un manto de miedo y angustia. Pase lo que pase tenemos la capacidad de darle la vuelta y no estamos solos para lograrlo; aquí, en la Tierra, hay muchísima gente que puede ayudarnos y, del otro lado, ya ni los cuento. No por nada, ¡sino porque son tantos!

 

Como todos los caminos, el de dejar de sufrir empieza con un pasito. No hace falta querer recorrer mucho trecho de una sola vez. No, más vale tomar consciencia e ir despacio. Os animo a realizar juntos este viaje que consiste en aprender a quererse y dejar de juzgar a nadie y, sobre todo, a nosotros mismos.

 

Cada cual hace con su vida lo que puede, cada uno de nosotros creamos nuestra propia historia y para nosotros es la válida, es la verdad y es distinta de la de los demás. Podemos, pero no sirve para este viaje culpar a los otros o a la vida de lo mal que nos sentimos.

 

Si no nos gusta nuestra historia en nuestras manos está cambiarla. Para esta aventura es preciso tomar las riendas, ser sinceros con nosotros mismos y actuar y decidir con el corazón, con la fuerza y la voluntad de auténticos guerreros.

MIS HERRAMIENTAS PARA AFRONTAR EL DUELO

Al morir un hijo u otro ser inmensamente querido, nuestra realidad se rompe y hay que aprender a re-nombrarlo todo. El proceso es desgarrador, inmensamente doloroso, pero también inmensamente interesante porque nos permite re-inventarnos. De hecho, no tenemos otra salida o nos quedamos muertos en vida o nos ponemos en marcha con la confianza plena en renacer.

 

Cuando las vida nos va más o menos bien cualquier cosa nos sirve para seguir tirando, pero cuando nos pone entre la espada y la pared, cuando tenemos fuego en casa, no sirven las medias tintas y ahora, que lo externo es tan incierto, menos que nunca. No importa cuantas veces nos hundamos, lo esencial es tener la convicción de que volveremos a salir a flote. ¿Pero cómo lograrlo? No existe una fórmula única ni una varita mágica.

 

El camino es largo, personal e intransferible y pasa por dejarnos atravesar por cada uno de nuestras emociones y miedos. Si los ignoramos se hacen más grandes. Hay que mirarlos de cara y reconocerlos. Eso asusta mucho porque por la herida que ha abierto en nuestro interior el duelo intentan salir todas las pérdidas, temores y sinsabores, pequeños y grandes, que hemos ido acumulando desde que nacimos o tal vez antes.

 

Yo no me atreví a enfrentarme con todo esto sola y pedí ayuda no solo a varios psicoterapeutas, también recurrí a Dios, a mis Guías, al Universo, a mi parte sabia, a mis Ángeles de la Guarda, da igual el nombre, lo cierto es que cualquier ayuda es poca y funciona. Pero sobre todo, recurrí al Amor, al pensamiento positivo. Yo no me podía permitir quedarme demasiado tiempo seguido viviendo en la oscuridad, la rabia, el miedo, la culpa o el resentimiento. Todo eso quita un montón de energía y a las madres que se nos ha muerto un hijo nos queda muy poquita, no podemos desperdiciarla. La única forma de incrementarla es viendo la parte buena de cualquier situación, porque el pensamiento es creativo –lo que pensamos hoy acaba creando nuestro realidad de mañana–, lo dicen los físicos cuánticos y lo sabemos todos los que tomamos conciencia de ello y lo ponemos en practica.

 

Cada día tenemos la libertad de elegir quedarnos con la única cosa buena que nos ha pasado o sucumbir al desespero de todo lo malo. No siempre se consigue pero a fuerza de intentarlo la práctica va cuajando y es posible adquirir el hábito. Dicen los entendidos – Patrick Drouot , doctor en ciencias físicas y muchos otros– que no solo lo que pensamos acaba creando nuestra realidad, sino que es el corazón ¬–es decir, lo que sentimos- quien manda sobre el cerebro, los pensamientos. Cuantas más hormonas de bienestar –endorfinas- seamos capaces de crear, mejor nos sentiremos y, si nos sentimos mejor, crearemos automáticamente más pensamientos positivos y, por tanto, más bienestar. Es un pez que se muerde la cola, como también lo es, en el lado opuesto, el sufrimiento.

 

La parte buena del duelo es que, de forma práctica, nos muestra la fuerza inmensa del amor y también de la paciencia y el perdón. Yo soy una persona de por sí inquieta y la poca paciencia que tengo la he aprendido tras la muerte de mi hijo Ignasi. Hay que tener mucha paciencia con una misma cuando el dolor es tan punzante que resulta una heroicidad levantarse de la cama. La paciencia se revela de muchísima utilidad para atravesar el duelo y para mi es un destello de luz al que intento recurrir siempre que me desespero. De la mano de la paciencia entendemos que todo pasa, lo bueno y lo malo. La paciencia es dulce, nos abraza, la impaciencia es un callejón que desemboca en la ansiedad, el estrés y nos paraliza.

 

El perdón, cuando lo otorgamos a los demás y, sobre todo a nosotros mismos, es un don que nos devuelve la calma y la serenidad. Mientras nos resistimos a perdonar o a perdonarnos estamos atrapados en el resentimiento o la culpa y, poco a poco, el corazón se va apagando y nos convertimos en seres resentidos y amargados. De ahí a perder la salud no va ni un paso. En cambio, perdonar libera, deja espacio a emociones sanadoras como la alegría, el servicio, la solidaridad, el sentido del humor, la tolerancia…   

 

Otra muleta impagable, otro destello de luz para atravesar el duelo y reinventarse es la gratitud. Agradezco infinitamente al Universo haber tenido la suerte de disfrutar de mi hijo Ignasi durante 15 maravillosos años. Y, como ahora sé, que de un día o un segundo para otro las personas que yo quiero o yo misma podemos dejar de existir, celebro mucho más que antes poder estar juntas. Cuando agradecemos lo que tenemos nos sentimos bien y afortunados. Sigue leyendo

EN NUESTRO CORAZÓN MANDAMOS NOSOTROS

En mi país adelantaron ayer una hora el reloj. Estamos en otoño y, simbólicamente, el cambio horario es como el pistoletazo de salida de la hibernación, del recogimiento. Los días a partir de ahora son más cortos, la luz más rosada, menos contrastada, quizá más nostálgica. En este hemisferio la naturaleza ha empezado a extender un manto de letargo y, con suavidad, nos empuja a mirar en nuestro interior, a entrar en nosotros mismos. Es un buen momento para sentarnos sin prisas y reescribir nuestra vida. Cada día tenemos la oportunidad de crear nuestro futuro. Tal vez hasta hora el argumento es triste y desgarrado. Pues bien, vamos a introducir escenas alegres en nuestro día a día. Entre una nube de dolor y otra, aunque el rayo de sol dure un instante, hay tiempo suficiente para los abrazos, para dejarnos mimar y acariciar a los que queremos, para mirar con dulzura a nuestros hijos, tener un pensamiento cariñoso para las personas que amamos, preparar a los nuestros su comida favorita, disfrutar de una cena con velitas… Con la profunda convicción de que crear amor, belleza y armonía, en vez de empañar, amplifica el amor que sentimos por los que se han ido. Ellos viven en nosotros porque todos somos Uno y hacer de nuestra vida un lugar agradable, crear escenas bonitas que reconforten su alma es nuestro mejor regalo. Sigue leyendo

DE LA MANO DEL AMOR, AHORA MÁS QUE NUNCA

Mañana empieza la primavera. Las hojas de los árboles de mi calle han empezado a brotar y el aire viene cargado de aromas distintos. A los corazones en duelo, heridos, los cambios de estación les despiertan tristezas, miedos y añoranzas recientes y antiguas. La nueva vida lo inunda todo, es imparable y cuesta horrores seguirle el ritmo. Esta primavera del 2011, además, anuncia con fuerza cambios distintos y profundos. No es una primavera suave, no, la que comienza mañana. El mundo no es el mismo desde que nuestros hijos se fueron, pero lo cierto es que ahora el mundo no es el mismo para nadie. Dicen los entendidos que la crisis que estamos viviendo es necesaria para acabar con una forma de relacionarnos con el planeta y entre nosotros mismos que ya no sirve, está caduca. La Tierra misma parece estar en duelo, intentando dejar atrás lo que le produce dolor y sufrimiento con la esperanza puesta en abrazar un futuro más prometedor, menos agresivo, más respetuoso. A eso le llaman cambio de Conciencia. Mientras no lo consigamos reina la incertidumbre. Cuesta dejar lo conocido cuando todavía no sabemos como será lo que está por venir. Pero es el único camino, no hay opción. La vida no se para, hay que atravesar el duelo personal y colectivo. La resistencia duele más. Ahora más que nunca hemos de cogernos de la mano del amor, para ahuyentar los miedos y ser buenos ‘surfistas’. Vamos a caer muchas veces, pero todos contamos con la fuerza interior que nos permite levantarnos cada vez que tropecemos. Cuando a mi me falta la energía, nada me funciona mejor que pedir ayuda “a los de arriba”, a mis guías, a la fuerza del amor, da lo mismo el nombre que utilicemos para conectar con la esencia. Sola no puedo hacer nada. Cada uno de nosotros es una hormiguita, pero si nos unimos, si sabemos que contamos los unos con los otros, si confiamos en la fuerza del bien, la incertidumbre es más llevadera, es más fácil reencontrar la paz.

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