EL AMOR HABLA
Episodio 100 | El Amor Habla Podcast
Hay experiencias que transforman para siempre la forma en que miramos la vida.
Momentos que nos enfrentan al dolor más profundo y que, sin embargo, pueden abrir caminos inesperados de conciencia, amor y comprensión.
En este episodio tan especial de El Amor Habla nos acompaña Mercè Castro Puig,@menorcasonbou una mujer que convirtió una de las vivencias más difíciles que puede atravesar un ser humano en un camino de aprendizaje, acompañamiento y servicio a los demás.
La muerte de su hijo Ignasi en 1998 marcó un antes y un después en su vida. A través de su propio proceso de duelo, Mercè descubrió una nueva manera de comprender la pérdida, la vida y el amor que permanece más allá de toda ausencia.
Hoy comparte ese aprendizaje a través de talleres, conferencias y libros como «Volver a Vivir», «Palabras que Consuelan» y «Destellos de Luz» acompañando a muchas personas en momentos de transformación profunda.
Una conversación llena de humanidad, verdad y sensibilidad que nos recuerda que incluso en los momentos más difíciles puede surgir una nueva forma de vivir y de amar.
Un episodio muy especial para celebrar estos 100 encuentros.
Gracias por formar parte de este camino. Después de 100 episodios… el amor sigue hablando.
Aquí os dejamos el.enlace:
https://www.radiocastelldefels.org/podcasts/el-amor-habla/radiocastelldefels_podcast_16648/
Gracias a @silviavelando
Un abrazo,
Elisabet Esteban Mulet
El Amor Habla Podcast
AMAR Y REÍR PORQUÉ SÍ
Qué bien que sienta, amar sin condiciones. Amar sin más, porqué sí, nos enriquece, nos da paz. Cuando liberamos al otro de nuestras expectativas aflora desde muy hondo una sensación de ligereza, de libertad, incluso de esa alegría inocente, limpia de cuando éramos niños.
Amar en mayúsculas no depende de nada, es algo innato en nosotros cuando acallamos las turbulencias heredadas, los condicionamientos, los miedos, los reproches, las creencias de lo que está bien y mal. Sí, estamos revestidos de todo eso, pero al fin y al cabo, en el fondo, somos chispitas de amor en estado puro.
Amar es un acto de bondad que nos hacemos a nosotros mismos y que, sin querer, repercute para bien en los demás. No importa que los seres amados ya no estén aquí o vivan lejos o no nos hayamos visto desde hace mil años.
Ese amor incondicional del que hablo, ese que fluye desde muy adentro de cada una de nosotras, no solo va dirigido a las personas, no. En esa energía cabe todo; los animales, los árboles, las plantas, la vida misma. Es un estado de gracia que, muy de vez en cuando, he tenido la suerte de experimentar.
No es una vibración lineal, al menos en mi caso, porque siempre afloran nuevos sinsabores, desencuentros, miedos soterrados que la empañan. Pero cuando elegimos vivir amando, sin amarguras, sabemos que el sol permanece aunque el día esté nublado, solo tenemos que coger un poquito más de altura para encontrarlo. Como cuando viajamos en avión.
Y lo que nos impulsa, nos eleva, lo tenemos a mano, se encuentra en la gratitud, la amabilidad, el reconocimiento y la valoración de nuestros propios logros y los de los demás. En poner atención en lo que nos gusta, en respetar a nuestro cuerpo, en agasajar a nuestra alma.
A mi, por ejemplo, me va bien cerrar los ojos y preguntarme:«¿Cómo te sientes hoy, preciosa?
Y, surja lo que surja, me recuerdo que estoy aquí disponible, acompañándome y que, aunque exista algún contratiempo, algún dolor, nostalgia, lo que sea, al final todas las Mercès que hay en mí nos reiremos juntas.
Como dice mi tía, Neus, que tiene 97 años, «Tranquila, niña, que yo no me iré de vacío». Confío en que yo tampoco.
Maria Merce Castro Puig
LIBROS:
«VOLVER A VIVIR»
«PALABRAS QUE CONSUELAN»
«DULCES DESTELLOS DE LUZ
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AGUA CRISTALINA
Últimamente estoy teniendo sueños perturbadores, algunos verdaderas pesadillas, en los que destacan emociones densas, de las que no nos gustan. Mucha agua turbia que resurge de lo más profundo de mi inconsciente.
Más allá de que existen sueños premonitorios y que los tiempos que vivimos no son especialmente calmos, me inclino a pensar que mi alma, de noche, cuando estoy con la guardia baja, pone luz a miedos, traumas y nostalgias para que me ponga a limpiar a fondo, sin titubeos.
Mi madre, de vez en cuando, nos ponía a «hacer sábado» y allí no valía pasar el trapo por encima, haciendo ver que sacábamos el polvo. No, el trozo asignado tenía que acabar reluciendo. Pues bien, de vez en cuando el alma, a cada una a su tiempo, nos invita a eso.
Y está bien que ocurra porqué, si por mi fuera, nunca encontraría el momento de abrir mi corazón a lo que me disgusta, a las capas incrustadas de creencias dañinas, de temores tan antiguos que, quizá, arrastro de mil vidas.
Es bueno soltar, dejar ir con dulzura lo que nos incomoda de nosotros, de los demás o del pasado para conectar con la magia de la vida, del presente. Sé que la palabra disfrutar y presente topa con algunas resistencias cuando se atraviesa un gran duelo.
Al fin y al cabo, algunas incrustaciones de las que hablaba tienen que ver con creencias del tipo «la vida es sufrimiento, sufrir es nuestro destino, solo nos merecemos algo bueno (lo que sea) si nos sacrificamos mucho, sin esfuerzo no se consigue nada». ¿Te resuena alguna?
Propongo que le demos la vuelta a eso y nos centremos en crear armonía, con facilidad y belleza, poniendo la atención en las cosas y las personas buenas, en las pequeñas acciones, por insignificantes que sean, que alegran el día.
No somos perfectos, nadie lo es, la perfección no es humana. A mi me parece que venimos aquí a iluminar nuestra oscuridad, a abrazar con cariño nuestra vulnerabilidad, nuestras dudas, nuestras inseguridades, nuestros temores. No es posible ser valiente, creo, sin conocer el miedo. Por eso es esencial no escondernos detrás de máscaras, de armaduras que nos impiden irnos puliendo.
Como los trapos muy sucios, hay que enjabonar y aclarar con paciencia y amor nuestra alma hasta que el agua salga limpia, cristalina.
Mercè Castro Puig
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EL MAR DE MIS AMORES
Dicen que la naturaleza es sanadora y todos parecemos estar, en principio, de acuerdo, pero yo, amante de la ciudad, la certeza de que eso es así no la tuve hasta que la muerte de mi hijo Ignasi me lanzó, de repente, a años luz de la vida.
Siempre he tenido una unión profunda con Menorca, una isla pequeña y, en apariencia suave, azotada por el viento que, al menos a mi, me confronta, hasta que me rindo, con mis fantasmas, con mi sombra, con todo lo que, a veces sin saberlo, guardo debajo de la alfonbra.
Pues bien, a los tres meses de duelo una vocecita, en sueños, me dijo que me fuera a la isla. Pedí permiso sin sueldo en el trabajo y pasé 40 días de sanador silencio en Menorca y pude comprobar como el mar me acompañaba, el cielo estrellado acariciaba mi insomnio, la tierra verde de aquella lejana primavera acogía con alegría mis lágrimas.
Volví de allí no curada, mi herida tardó años en cicatrizar, pero sí con la convicción de salir adelante, aunque no tenía ni idea de cómo. Digamos que la isla me enraizó a la tierra. Sentí que, si había salida, pasaba por no tirar la toalla, por sostener el dolor, costara lo que costara.
Pasear descalza, sentir el viento en la cara con la mirada perdida en el mar que nunca acaba es un bálsamo para los corazones rotos. Lo mismo les ocurre, supongo, a los amantes de la montaña. En definitiva es la naturaleza la que nos calma, la que nos conecta con la vida, con el amor, con la fuerza de los que nos han precedido.
Mercè Castro Puig
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PON LA MANO EN TU CORAZÓN
Busca un sitio tranquilo, en el que puedas estar un ratito contigo. Un lugar, el que sea, dónde te sientas cómoda y puedas dejarte ir. Pon la mano en tu corazón, nota la caricia, el calorcito en el pecho y respira. No hay nada que hacer, ni que planificar, nada que arreglar, tan solo estar y sentir que la tierra te sostiene, que la luz de tu alma te protege.
Si aparecen viejas o nuevas angustias, miedos conocidos o desconocidos, tristezas de abandonos, recuerdos de traiciones, ráfagas de rabia, o un profundo cansancio… sonríeles, simplemente eso, sonríe con dulzura aparezca lo que aparezca. Estas en tu lugar sagrado y aquí puedes liberar, sin juzgar, lo que te pesa, hasta quedar desnuda de ataduras.
Respira, cielo, acompaña al aire hasta lo más hondo y deja que salga sin prisas, con suavidad. Siente el ritmo de la vida; cada inhalación es un regalo, cada exhalación una dulce entrega.
Permite que la calidez de la mano en tu corazón te conecte ahora con el amor que guardas, que eres. Si aparece la imagen de un ser muy querido, abrázalo y quédate allí, disfrutando del cariño que os une. En ese lugar sagrado que has creado no existe el espacio ni el tiempo, ni, por supuesto, la separación o la muerte. El amor que os envuelve es eterno.
Date las gracias, cariño, por estar contigo, por no huir, por mirar hacia dentro y prender esa luz que sostiene, con ternura, los momentos oscuros.
Mercè Castro Puig
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BAILAR CON LA VIDA
Pelearnos, resistirnos, escondernos, quejarnos… Eso sé que no ayuda, pero me llevará la vida entera sentir, en la piel, que simplemente se trata de bailar con la vida. Que no hay nada mejor ni peor cuando te entregas a vivir lo que hay. Que es posible ponerle amor a todo.
A mi me gusta imaginar que estar aquí, en realidad, es un privilegio, que la Tierra es un lugar muy valorada en el Universo. Que la densidad de la materia es exigente, sí, no es fácil de sobrellevar, pero es todo un privilegio la oportunidad de intentarlo. Esto es Broadway.
No penséis que estoy frivolizando porque como a muchas de vosotras me ha tocado representar papeles dolorosos, nada glamorosos, tristes hasta decir basta, poco lucidos... pero, precisamente, la intensidad de lo vivido me permite, a ratos, sintonizar con la melodía, con el swing de la vida.
Al fin y al cabo sabemos que nuestro tiempo es limitado y que nos guste o no, lo que hemos pactado experimentar, tiene fecha de caducidad. A mi me encanta pensar que cuando cruce al otro lado, sienta, con toda el alma, que he vivido.
Mercè Castro Puig
Foto: Fermín García Morales
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A LAS PUERTAS DEL NUEVO AÑO
Ya está oscureciendo, empieza el último atardecer del año y quiero, antes de que se vaya el 2025 abrazar y agradecer lo vivido. He ido a tres o cuatro conciertos de esos que sales con cara de niña, más ligera, como si tuvieras alas. He leído algún libro entrañable, de los que van directos al corazón, he viajado a algunos lugares que no conocía, he hecho dos amigas nuevas y recorrido, conmovida, algunas exposiciones de artistas con mucho talento.
También he sentido dolor, algunos días tan intenso que solo un llanto desgarrado me ha dado algo de consuelo. Me he visto envuelta en desencuentros conmigo misma y con gente a la que quiero. He dudado de mí, he pensado mil veces que me equivocaba. Me he sentido perdida, sola, desamparada, rabiosa y he tenido miedo.
No han faltado, tampoco, momentos de ternura, de alegría serena, de amor en estado puro, de risas imparables, de silencios confortables, de sentirme una con todo, firme, fuerte, bien enraizada. Orgullosa del camino recorrido, de quererme y, por encima de todo, está la gratitud por poder experimentar la vida, por los seres que amo que me acompañan aquí o desde el otro lado, por mi familia de sangre y mi familia de luz.
Cada persona que se acerca, cada gesto, cada disgusto, cada lágrima, cada sueño, cada palabra que escucho o pronuncio forman parte de mi historia. Esa historia que mi alma ha escrito para mí. Esa obra de teatro, que a veces es un drama y otras una comedia, con muchos actores, de la que soy protagonista. Como lo eres tú de la tuya.
Queda poco para que caiga el talón de este año y quién sabe los giros que mi alma ha previsto para el siguiente. The Show Must Go On, como canta Queen.
Feliz Año Nuevo.
Mercè Castro Puig
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El cuadro que acompaña al texto es de Juan Brufal
¿QUÉ NOS SOSTIENE?
Si estás viviendo la muerte de alguien inmensamente amado, probablemente te sientas vacía, rota, sin una brizna de aliento para seguir. La tristeza es tan densa que oscurece la vida. El dolor es casi insoportable, pero eso ya lo sabes, ¿verdad?
Tal vez ahora te parece casi imposible vivir con el corazón abierto, sentir ilusión por un nuevo día, conectar con la alegría, la dulzura. Paso a paso, cielo. Los grandes duelos requieren paciencia. No se gana fortaleza de la noche a la mañana. Ni nunca, a mi entender, si no se inicia un camino de profunda transformación.
Es necesario mudar de piel, separar el trigo de la paja. Acoger lo que sentimos, aunque nos de miedo. Dejar de fingir, de criticarnos, de aparentar, de buscar la valoración de los demás, de hacernos las valientes o las víctimas. De poner la atención en la queja en vez de lo que de verdad nos sostiene.
¿Y qué es eso que nos sostiene? para mi siempre es el amor, la gratitud, la confianza en esa parte de mí que me guía, cuando me siento perdida. Es ser amable conmigo misma, es parar y escucharme en silencio, regalarme ratitos de calma para sentir el abrazo, el calor, la ternura que surge de estar sin hacer nada junto a mi alma. Es escuchar música, pensar en algo bonito, escribir y, sobre todo, cerrar los ojos y evocar el amor que siento por cada uno de los seres que quiero, vivos o muertos. Luego me imagino el cariño que sienten ellos por mi y, aunque ya hayan cruzado al otro lado, los percibo tan presentes como si estuvieran aquí. Eso me reconforta, me hace feliz. Mi felicidad, estoy segura, incrementa la suya. Es un pez que se muerde la cola. El amor no entiende de ausencias, nos une a todos.
Mercè Castro Puig
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ERES LUZ
No te estoy diciendo que no sientas miedo. El miedo es algo tan natural como respirar. Lo que te propongo es que vayamos juntas unos pasos más allá de ese miedo.
Sé que el dolor paraliza, pero también conozco la fortaleza que hay en ti, en mi, en todos. No traicionas a nadie si te permites, aunque sea por unos instantes ir más allá de la niebla.
Allí te espera tu alma, tu yo más libre, más auténtico, más secreto. Mira a los ojos a esa mujer sabia, curtida en tantas batallas, esa que no le teme a no poder, a no gustar, a lo que digan los demás.
No te escondas más. Has parido y, tal vez como yo, has pasado por el desgarro de ver morir a un hijo. Conoces bien el amor y el dolor. Ahora ya puedes dejar de sostener lo que te pesa, lo que te aprisiona.
Concédete el privilegio de amarte herida, valiente, temerosa, angustiada, llorosa, celosa… No olvides que en ti habita una diosa.
Aunque te sientas hundida, no olvides que eres luz y en ti reside el poder de renacer con amor.
Mercè Castro Puig
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NO SÉ SI ES COSA DE LA EDAD
Al menos a mi, de pequeña, los veranos me parecían largos y los inviernos eternos. El tiempo, entonces, se estiraba hasta casi el infinito en una suave cadencia, sin cambios bruscos, ni sobresaltos. Ahora me doy cuenta que mi infancia fue un oasis, aunque guardo memoria de emociones buenas y otras no tanto.





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