PRÓXIMO TALLER EN MURCIA

DESAFÍOS DE AMOR

SÁBADO 3 de junio 2017
SAN PEDRO DEL PINATAR (MURCIA)
Asociación Amancer
www.asociacionamanecer.com/

Tal vez uno de los mayores retos que encierra el duelo es aprender a amar sin condiciones, sin pedir nada a cambio, ni tan solo la presencia física del ser amado.

 
Amar a ciegas, sin la posibilidad de ver reflejada en la mirada del otro la alegría de estar juntos, sin sonrisas, ni llamadas, ni abrazos… Sin expectativas y, sin embargo, sintiendo en el corazón la inmensa calidez del amor en estado puro, de ese vínculo sagrado que va más allá de la muerte. Ese, el del amor incondicional, es un aprendizaje de largo recorrido que dura, tal vez, la vida entera. Cada vez que la vida nos pone a prueba nos habla de un desafío de amor.

 

 

Se acerca junio y la ilusión de estar de nuevo en Murcia, tierra querida de mis ancestros, el día 3, para compartir experiencias, destellos de luz que a mi me han ayuda a transitar mi duelo y renacer con el corazón abierto. Gracias a la Asociación Amanecer (www.asociacionamanecer.com/) que hace posible que volvamos a estar juntos y sentir el calor de los abrazos.


SORTEAR TEMPORALES

 

Voy a cumplir 60 años dentro de poco y a lo largo del camino recorrido he podido comprobar que cada nuevo peldaño que la vida me pone delante, cada tormenta, por dura que sea, es, en realidad, un desafío de amor. Una oportunidad de aflojar y soltar el cabo que me mantiene atada a lo viejo, a lo que ya no me sirve para navegar en un mar embravecido.

Al principio, el peldaño lo veo tan alto que me entran todos los miedos. Me pongo rígida, irascible y me agarro a la cuerda de lo conocido como si me fuera la vida en ello. Me cierro como un cangrejo hasta que recuerdo que soy yo la que tiene que dar el primer paso ante el vacío, con la esperanza de volver a encontrar tierra firme bajo los pies.

Entonces, despacito, con suavidad empieza a amainar el cielo y el viento se vuelve brisa cálida y se hace presente el amor que siento. Despierto en el mismo mar, pero ya todo está en calma.

ZONA INCIERTA

Tal vez todo lo que te parecía sólido se ha esfumado y te levantas y te acuestas con angustia, contándote sin cesar la misma historia, reviviendo como nuevos antiguos errores, queriendo estar en otro lugar, en otro escenario familiar que ya no existe. La incertidumbre es así y forma parte de cada nuevo renacimiento.

Si huimos el impulso del miedo se acrecienta, lo sé porqué he intentado de mil maneras fugarme. ¿Qué pasa si decides vivir, como un explorador, lo que sientes en este instante? Cierra los ojos y acoge con cariño lo que aparezca, sin intentar cambiar nada, tan solo estando disponible, como una madre comprensiva, para lo que surja en tu cuerpo, en tu corazón, en tu mente, en tu alma. Tan solo eso, sin sermones ni reproches.

 

A mi me gusta luego imaginarme que la Tierra me sostiene, me acuna, sin esfuerzo. Y me dejo llevar en volandas, con dulzura, hacia el interior de mi misma. Allí, en esa cueva sagrada me siento segura, a salvo, confiada. Desde el amor cada uno tiene el poder, la fortaleza de atravesar la incertidumbre y afrontar lo que la vida le depara.

Y SIGUE LA MAGIA

Esta mañana temprano llaman a mi puerta y, al abrir, me encuentro delante con un ramo inmenso de rosas preciosas que me trae una de mis queridas vecinas: “Me las han dado unos amigos que las vendían ayer (día de la rosa y el libro en Barcelona) –me ha dicho-. Les sobraron muchas y como sé que te gustan tanto las flores…” Se me ha dibujado una sonrisa de niña, que ha ido encendiendo mi alma cuando al ponerlas en el jarrón me he dado cuenta que eran 18. Sé que puede parecer una tontería, pero hace 18 años que se fue Ignasi y hoy he recibido, de golpe, el regalo de una por cada año de ausencia. Será una casualidad, tal vez, pero como a mi me gusta creer que el “plan es perfecto”, he intuido la magia del Universo, el guiño de mi hijo , su manera de decirme que nuestro amor es eterno.

Creo que si todas contáramos las “casualidades” que aparecen en los momentos más inesperados podríamos escribir un libro un libro entero de “Momentos Mágicos”, cada una guarda en su corazón los suyos, ¿verdad?

LA MAGIA DE SANT JORDI

 

 

 

Gracias Ana, tocaya, gracias Gloria, gracias Chus y a todos los que hoy me habéis arropado con vuestra presencia en esta tarde de libros y rosas.

 

Cuando alguien se acerca con la sonrisa en los ojos y me dice que “Palabras que Consuelan” le ha acompañado en algún trozo de ese camino de desgarro y renacimiento que es el duelo, me siento inmensamente agradecida. Gracias de corazón por tanto cariño.

FIRMA DE LIBROS-SANT JORDI 2017

 

 

El próximo domingo, día de Sant Jordi, firmaré ejemplares de mi segundo libro, “Palabras que consuelan” en el stand de Plataforma Editorial, por la tarde, de 16 a 17h, en el Paseo de Gracia, 73 (esquina calle Mallorca) de Barcelona.

 
Me encantará saludaros y daros un abrazo en directo.
El año pasado, gracias a las personas que se acercaron, estuve rodeada de cariño, ojala este año vuelva a ser una tarde mágica.

LA INTUICIÓN CONOCE EL CAMINO

 

 

Hay una parte en cada en cada uno de nosotros que es puro instinto. Nada entiende de convencionalismos, de argumentos, de reflexiones, de lo que está bien o mal a los ojos de los otros.

 

Esa parte, tan antigua como la Tierra, está conectada a nuestra supervivencia. Es directa, honesta, no duda, no piensa; ruge cuando la desesperación y la rabia la ciegan, aulla, grita, brama con un desespero infinito de tristeza cuando se siente mortalmente herida… corre por placer, goza sin pudor del aire en la cara, de la lluvia, de la comida, de esa sensación inmensa de sentirse exento, libre de prejuicios, soberano de la propia existencia.

 

Esa dulce intuición, ese impulso sagrado que llevamos siglos amordazando tiene el poder inmenso de guiarnos durante el duelo; sabe sortear los peligros, conoce lo que necesita nuestro cuerpo, nunca lo reprime, al contrario, permite que exprese con naturalidad lo que siente.

 

Nunca, me parece, el peso de la razón ha podido aliviar el desgarro, el desespero infinito de la muerte. Los razonamientos, por muy elaborados que sean, se convierten en humo a la hora de trascender lo inevitable. El bálsamo, la entrega, el paso verdadero de pantalla suelen llegar siempre de la mano de lo que llamamos corazonada.

UN RATITO AL SOL

 

 

Tal vez ahora estés viviendo un momento de inquietud, de dolor, de incertidumbre, de desconcierto… Probablemente tengas el corazón roto y te sientas agotada, al límite de tus fuerzas.

 

Si es así, te propongo que te permitas parar. Constrúyete un refugio de ternura y descansa hasta recuperar fuerzas. Deja que la vida actúe, no persigas nada. Simplemente sé dulce y amable contigo.

 

Envuélvete en un suave manto de silencio y paz y déjate mecer. Si tu mente no para, pídele que se relaje y si no es posible, da igual. Déjala a su aire mientras tu te regalas la calidez de un ratito al sol.

 

Te mereces descansar; quítate las mascaras de guerrera, de fuerte, de luchadora, de sabia, de pobre, de rica, de dulce, de arisca, de víctima o de lo que sea y disfruta la ligereza de no tener que representar nada.

 

No intentes reprimir ni controlar lo incontenible. Estas exhausta, ¿lo recuerdas? Abraza con ternura cualquier grito de miedo que surja de tu interior, no intentes estar bien, con saber que el amor te sostiene mientras curas con sosiego tus heridas es suficiente.

LA VIDA VA A SU AIRE

 

 

La vida va a su aire y es tan impredecible como el mar. La calma más absoluta puede preceder a la más violenta de las tempestades, en cuestión de segundos. Es así. En su naturaleza, el cambio es una constante y qué ciegos estamos nosotros ante esta verdad, tan ciegos como ante la muerte, otra de las grandes certezas.

 

Los humanos, en su mayoría, hemos perdido esa sabiduría ancestral que veneraba la tierra y la vida, sin imposiciones, fluyendo a su ritmo, manteniendo el corazón abierto, disponible a lo que en cada momento sucede. En vez de eso, en vez de explorar, sentir y acoger, pedimos a gritos un manual de instrucciones… Queremos adelantarnos a lo que viene, a lo que es, para evitar el dolor. Cómo si no supiéramos que el dolor, la incertidumbre, las caídas libres suelen ser el preámbulo de un crecimiento interior, una amplitud de mirada.

 

Bueno, pues tal vez podemos regalarnos la oportunidad de rendirnos, de reconocer que estamos inmensamente cansados de contener lo incontenible. Qué vivir es sentir dolor, miedo, alegría, serenidad, incertidumbre, pasión, locura, amor… Qué no podemos salvar a nadie, que simplemente podemos vivir.

 

 

 

DEL CAOS A LA RECONSTRUCCIÓN

 

Sea anunciada o de repente la muerte de un ser inmensamente querido nos deja sin suelo bajo los pies. La vida misma se vacía de contenido. Nada va con nosotros, nos sentimos ajenos, a años luz de lo conocido. Así suele iniciarse el duelo de las muertes que consideramos a destiempo, esas que nos dejan con un vacío inmenso, congelados por dentro.

 

Al deshielo le siguen multitud de emociones que nos arrastran sin freno hasta el límite de la cordura. Nuestro corazón, roto y devastado, estalla en mil pedazos ante tanto sentimiento desatado.

 

No temas, entre medio de este caos suelen surgir, de muy hondo, destellos de luz que nos conectan con la esencia, con el amor en estado puro. Duran nada, milésimas de segundo, en todo caso el tiempo suficiente para respirar hondo y sobrevivir.

 

Esas chispitas de claridad, tan reconfortantes, a veces vienen en forma de una buena amiga, de la sonrisa de un niño, de una palabra bonita, de la calidez de un abrazo de la lectura de algo que nos llega al alma, de un encuentro agradable, inesperado o simplemente al mirar el cielo.

 

Lo importante, a mi entender, es ir poniendo la atención en esa conexión con algo más grande, incomprensible, que nos sostiene, mientras vamos, con suavidad, acogiendo nuestro propio desespero. Los duelos abren heridas antiguas, temores ancestrales y hay que ir acariciando con ternura las emociones aparcadas que nos aterran. Por eso a mi me parece adecuado ir acompañado, de la mano de uno o muchos terapeutas.

 

A medida que vamos haciendo limpieza en nuestro interior es más fácil entregarse, aceptar lo que es y no lo que nos gustaría que fuera, tanto en nosotros como en los demás. El consuelo de rendirse a la vida es inmenso. Nos libera de un peso tremendo. Nos damos cuenta que el control desgasta, que la queja, el juicio y la crítica nos quitan energía. En cambio, el agradecimiento y la amabilidad nos elevan el ánimo. No es teoría, lo he comprobado. Expandir amor, del que fluye de dentro, sin esfuerzo, sin condiciones es el antídoto, devuelve sentido a la vida.

 

Después de recorrer el desierto somos distintos y existe la posibilidad de ser una versión más amorosa de nosotros mismos. Aunque, seguramente, por el simple hecho de vivir, volvamos a rompernos. La marea es interminable y trae de todo. Pero no será lo mismo, seguro, porqué ya hemos aprendido a amarnos un poco más ¿no es cierto?

 

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