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EL CAMINO DE LA FELICIDAD

 

images-5Dice Paloma Cabadas que no nos enseñan a ser felices, que la prueba está en que los cuentos tradicionales nos explican con detalle las mil penalidades que debe pasar el príncipe o la princesa (bosques encantados llenos de monstruos, madrastras malvadas…)  y, cuando por fin la historia empieza a ir mejor, el cuento se acaba de golpe con un “y fueron felices y comieron perdices”.  ¿Pero cómo?, ¿qué hicieron para ser felices, para llenar ese abismo interno que suele acompañar a los humanos?  Parece que el inconsciente colectivo no guarda memoria de la felicidad. Como humanidad nos centramos en las penalidades.

 

Pues bien, tal vez ha llegado la hora de empezar a crear memorias felices para transmitir a nuestros hijos y nietos. ¿No nos gustaría a muchos dejarles como herencia el entusiasmo por la vida? Si, es cierto, a veces la existencia duele de forma desgarrada, pero es mejor amar la vida y sentir ese dolor que no sentir nada. Como dice el entrañable escritor José Luís Sampedro “hay que vivir la muerte, hay que vivirlo todo para gozar la vida”.  Todas sus novelas son un amoroso ejemplo de ello, pero leyendo “La Vieja Sirena” he sentido en mi propia piel las ganas de vivir.

 

Hoy, al abrir el ordenador, me he encontrado con el regalo de un comentario precioso de una madre colombiana. Por eso, porque irradia amor a la vida, porque explica su camino para llegar a la felicidad lo publico aquí, en esta entrada.

 

“Hola, soy Mafe, tengo 37 años, vivo en Bogotá y hace dos años y medio perdí a mi hija hermosa de 3 años y 8 meses, fue y es el dolor más fuerte que he tenido en mi vida, aún sigo en recuperación y me imagino que pasarán varios años.

Quiero compartir mi experiencia porque creo que también puede ayudar a otras mamás y papás que están pasando por lo mismo. Para mi han sido importante dos cosas: la primera vivir el duelo con mi esposo y, aunque me ha resultado difícil, aceptar que el vive un proceso diferente. 

 

images-6La segunda, ocuparme de mi dolor y para eso desde el primer momento busqué ayuda profesional con terapia, gotitas florales, lecturas y una orientación y fortalecimiento espiritual, el cual unido a todo lo demás fue muy reconfortante.

 

Entré a una escuela de psicología transpersonal en donde practico danza, coaching y otras terapias alternativas como respiración holotrópica, y ha sido justamente allí donde más he gritado, llorado y expresado todo lo que sale de las entrañas de mi corazón. Además cada vez que puedo disfruto de comidas ricas, me tomo un vino y ante todo procuro danzar, algo que me ayuda a moverme energéticamente y recuperar mi fortaleza.

 

También viajar me ha servido mucho, ha sido como hacer un viaje al interior de mi misma.

 

Ahora aunque todavía tengo muchos momentos difíciles y a veces no me quiero ni levantar, se que la fuerza está dentro de mi y que solo tengo que evocarla para que salga a flote y me levante.

 

Por supuesto que no es fácil y siempre una foto o un recuerdo me hacen llorar y lloro, y cada vez que puedo lloro y lloro, porque solamente así puedo drenar la herida y hacer que vaya volviéndose carachita.

 

Un abrazo muy grande a todas las personas que se arriesgan a escribir sobre su dolor, porque esa es otra forma de sanar”.

 

Un abrazo muy cálido a todas las personas que se arriesgan a vivir, a pesar del dolor.

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