PARA ANA Y SU MADRE

Hola Ana,

Es normal que tu madre esté mal, no te asustes. Yo estuve en estado vegetativo unos tres meses, cada cual necesita el tiempo que necesita. Llegué a pensar que me volvería loca, también eso es normal.

Vais a tener dos vidas: la de antes y la que empieza ahora. De momento el dolor lo impregna todo, pero hay chispitas de amor, destellos de luz que hay que ir haciendo grandes por pequeños que sean. Lo que quiero decir es que es horrible acostarse y es horrible levantarse pero, entre medio, algunos días, es posible sentir el amor en estado puro, aunque este sentimiento dure segundos. De ese día hay que quedarse solo con esos segundos, pensar constantemente en esos segundos y no ir dando vueltas a los pensamientos terroríficos que nos acechan.

Hay que vivir el dolor, sin esconderlo –tú tampoco escondas el tuyo, cielo-, con el convencimiento puesto en querer estar bien. Claro que tu madre en algunos momentos querría cerrar los ojos y desconectar para siempre, pero, a mi entender, esta no es la solución. Primero por ella, después porque ahora tiene la oportunidad de enseñarte a ti que después de un golpe durísimo es posible levantarse y luego porque tu hermano, su hijo, necesita que ella aprenda a vivir de nuevo para sentirse plenamente feliz allá dónde está. La energía no se crea ni se destruye y la muerte es solo un paso más. El cuerpo muere, sí, pero no la energía, el alma o como queramos llamarle. Él os está enviando fuerza, os sigue queriendo igual, pero no puede volver, eso no se lo pidáis. Es imposible. Os tendréis que acostumbrar a vivir sin su presencia física. Cuanto más amor consigáis sentir, más cerca de él estaréis.

Recuerdo que cuando yo lloraba desconsoladamente le decía a Ignasi, mi hijo, “cariño tú no te entristezcas, no lloro por ti, lloro por mi, porque todavía no sé vivir sin verte ni abrazarte, porque tengo miedo, porque no sé como salir adelante, pero tú no te preocupes que aprenderé. Cueste lo que cueste aprenderé”. Porque por nada del mundo quiero que mi hijo se sienta mal por mi. Él vivió aquí lo que tenía que vivir, nadie vive un minuto más o un minuto menos de lo que está pactado, nada ni nadie nos ha quitado nada. La vida es así. Eso es lo que yo creo, que tenemos un tiempo programado para aprender, lo que venimos a aprender y que cuando ya lo hemos aprendido nos vamos.

Ana, yo sé que ahora tú estás pendiente de tu madre, día y noche, incluso cuando no estás con ella. Pero también tienes que darte permiso para derrumbarte, por eso te será de gran ayuda acudir a terapia, sea la que sea. Has perdido a un hermano de forma repentina, cuando en apariencia no tocaba, y ves a tus padres derrumbados como nunca antes los habías visto. Eso es mucho. Todos en casa vais a tener que trabajar, los grupos de duelo son un gran consuelo para muchas personas, ir a terapia también puede serlo, aprender yoga para calmar la mente seguro que os hace bien… Poco a poco iréis viendo lo que más os reconforta. Sin prisas, pero sin pausas, a vuestro ritmo, iréis encontrando el camino de la calma, la alegría y la felicidad. No os voy a engañar, vosotras ya os podéis imaginar que el recorrido es largo, pero al final del túnel vais a renacer y tenéis la posibilidad de vivir de forma más auténtica y amorosa a partir de ahora.

Por favor, escribirme siempre que queráis. Ahora sé que estáis perdidas, pero no estáis solas.

Un abrazo grande y muy, muy cariñoso para las dos

8 respuestas a PARA ANA Y SU MADRE

  • ana dijo:

    Muchas gracias Mercé, y muchas gracias a ti también Carmen…. que sé que eres una seguidora de este blog, porque he leído tus comentarios.
    Mercé si supieras el vuelco que me ha dado el corazón cuando he visto que nos habías contestado, mis padres y yo estamos llorando leyendo tu respuesta pero creo que es la primera vez que el llanto no ha sido de desesperación.
    Ayer no te dije, que al igual que vosotros nosotros también donamos los órganos de mi hermano,no tardamos ni un segundo en decirle a los médicos que sí, creo que esta acción se asimila después……es un acto de generosidad inmenso, pero es que mi hermano ha sido generoso toda su vida.
    Esto hasta que no te toca no te puedes hacer una idea de lo que es, nadie que no haya pasado por esto se puede imaginar lo que hay detrás de la muerte de un hijo, el dolor tan desgarrador…a mí con lo que más me cuesta luchar es con el sentimiento de culpa que tiene mi madre porque mi hermano aunque no vivía en casa de mis padres esa noche vinó al garaje de casa de mis padres y en contra de la voluntad de ellos sacó la moto, mi madre cree que no insistieron lo suficiente y que por eso su hijo ahora está muerto, eso me lleva muchas horas de conversación con ella y aún así casi todos los días vuelve a esa noche.
    Mi hermano era el pequeño y a pesar de estar independizado, a mis padres les ocupaba mucho tiempo, porque llenaba mucho….era muy cariñoso y todos los días al igual que yo veíamos a mis padres, yo también tengo que reconocer que tenía debilidad por él nos llevabamos 5 años, pero yo siempre me he visto como su segunda mamá, y no ha existido llamada telefónica con mi madre sin que yo empezara preguntándole " ¿Y del nene que sabes hoy?", así que este vacío es muy malo.
    Una de las cosas que más me impresionó de lo que leí sobre ti era tu manera de descargar la rabia, y Mercé yo me he visto así algunas noches.
    Gracias por este blog, no te imaginas cómo la gente espera tus escritos, y las veces que eres ejemplo en mi casa e imagino que en muchísimas casas más.

    Un abrazo muy grande de mis padres y mio.

  • Sandra dijo:

    Es la primera vez que escribo pero, igual que Ana, he leído tu libro, Mercè, y leo muchas entradas de tu blog. Me llamo Sandra, soy la hija de Carmen y la hermana de Christian.
    Simplemente quería decir que entiendo perfectamente lo que estás pasando, Ana, yo estoy pasando lo mismo. Mi hermano hace 4 meses que se ha ido y no hay día que no llore su ausencia. Además, no lo he tenido tampoco fácil para poder hacerlo. Este verano, antes de que pasara todo, aprobé unas oposiciones y, por motivos de burocracia que no vienen al caso, en septiembre tuve que incorporarme al nuevo curso escolar, sólo unas semanas después de que mi hermano se fuera.
    Yo no era yo. No estaba allí. Aun no estoy aquí. Sigo en aquel día. Igual que tu madre siento mucha culpa por cosas que no le expliqué a mi hermano. Cosas que no le dije. Cosas que hice y que no hice… me persiguen cada día. Obviamente todo eso es pasado, y cuando te persigue el pasado nunca vives en el presente, siempre vives allí, en el pasado. Entiendo perfectamente lo que cuentas.
    Siempre les he dicho a mis padres y a mi chico que siento que no puedo llorar y sentir todo lo que necesito porque cada día tengo que ir a mi teatro particular. Entro en clase, cierro la puerta y es como si dejara a Sandra en la puerta. Allí no existo, sólo hago lo que tengo que hacer. Cuando acabo, siempre me derrumbo, cada día, acabo agotada. El volver a la realidad me deja sin aliento.
    En realidad, en los momentos que siento algo de lucidez, que no pienso que me estoy volviendo loca por el dolor, pienso que no sólo mi clase es un teatro, que el teatro es la vida en sí, pero nos hemos metido tanto en el papel que nos creemos el personaje que interpretamos cuando en realidad somos algo totalmente diferente. Aun así, desde el primer momento sabía que, no sé si desgraciadamente, nosotros seguimos aquí, en el teatro, que no nos queda otra que seguir con la obra hasta donde el cuerpo (literalmente) aguante.
    Desde el mismo día que mi hermano se fue yo he intentado hacer las cosas como he sabido, ayudarnos unos a otros, en el mismo tanatorio pedí ayuda psicológica. Hoy mis padres van a un grupo de duelo, yo no puedo, otra vez, por incompatibilidad de horario pero la terapeuta que los lleva me recibe siempre que puede y nos escribimos mucho, mucho por correo. Eso me ayuda bastante pero me gustaría poder ir con ellos así que, como te dice Mercè, aprovecha eso, quédate con lo que te haga bien cada día. Son esas pequeñas cosas las únicas que te van a hacer seguir.
    Entiendo el vacío y ese sentimiento de “segunda madre”. Yo siempre he intentado proteger a mi hermano e, igual que tú, siempre que hablaba con mis padres por teléfono les decía “¿y mi hermano?”. Entiendo el dolor que produce no poder preguntarlo nunca más. Pero ¿sabes que hago? Le escribo casi cada día. Desde el primer día le escribo. La noche antes de que lo incineraran le escribí una carta donde intenté explicarle algunas cosas y lo incineraron con ella. Como dice Mercè, yo creo que la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma, siempre he creído que somos energía embotellada, nada más. Cuando se rompe la botella, la energía sale, como el aroma de un frasco de colonia. Por eso, cada cosa que haces proyecta energía, crea un efecto dominó hacía donde tú la proyectas. Incluso leí acerca de un experimento que un científico oriental hizo con el agua. La embotelló en diversos recipientes, pegó etiquetas en ellos y con un microscopio analizó su estructura molecular, en todas era igual. Luego se concentraba profundamente en un sentimiento: paz, amor, odio, añoranza… y escribía esa palabra en la etiqueta, proyectaba ese sentimiento en ella. Luego volvía a analizar la estructura molecular y, sorprendentemente, la estructura había cambiado, en cada recipiente era diferente.

  • Sandra dijo:

    (Continuación)

    Proyectamos energía y eso influye en la energía que nos rodea, por eso sé que lo que le escribo le llega. No sé como. No tengo ni idea. No puedo ni imaginármelo, pero sé que le llega, mejor dicho, siento que le llega. Por eso, aunque no puedas preguntar por él, háblale a él. Yo lo hago ahora más que nunca.
    Sobre el dolor insoportable, no sé que decirte. Yo no siento que mengüe, la verdad. Nosotros también leemos mucho sobre el tema y creo que eso puede ayudar mucho a entender lo que pasamos y lo que todavía nos queda por pasar. Aun así, yo siento ese dolor igual cada día, a veces hasta aumenta por momentos, a veces creo que me estoy volviendo loca pero, como dice Mercè, supongo que el TIEMPO, con mayúsculas, podrá hacer algo. Bueno, no el tiempo, si no nosotros en el tiempo. Creo que sólo nosotros podemos hacer algo, el tiempo sólo pasa y, si lo dejamos pasar, seguiremos igual.
    Entiendo a tu madre perfectamente, la falta de ganas de hacer nada, no hay ni un día que yo no piense también en tirar la toalla, pero creo que en algún momento ella también decidirá acompañar al tiempo. Como dice Mercè, cada persona tiene un ritmo y reacciona de una manera ante la vida, ante el paso del tiempo, por eso cada uno decidimos acompañar al tiempo o parar cuando sentimos que tenemos que hacerlo.
    Mientras tanto, nosotros seguimos actuando en el escenario y ellos, los que se han ido, están sólo en el “backstage”, detrás de las cortinas del teatro, dándonos el pie cuando se nos olvida una frase, esperando aplaudir al final de la obra por lo bien que lo vamos a hacer… con su ayuda.

    Un abrazo.

  • carmen de valencia dijo:

    Hola,esa es mí hija,valiente,y ama a su hermano por encima de la muerte,como todos nosotros,Te QUIERO,HIJA.Muchos besos y abrazos para todos y todas.

  • Sandra dijo:

    Yo también os quiero, lo sabeis.

  • Mercè Castro Puig dijo:

    Carmen y Sandra, formáis una fmilia maravillosa. Con el amor que traslucen vuestras palabras vaís a salir adelante, seguro.

  • Anonymous dijo:

    Un abrazo lleno de empatìa para carmen , sandra , ana y tantas mamis y hermanas que seguimos el mismo camino.
    El libro de merçè y sus palabras nos ayudan a quienes hemos pasado lo mismo y nos es difìcil expresar tanto dolor.
    marina noguer , mama de marc .
    blog "tù sempre reies" lo creè y ahora veo que nadie muere mientras continuemos hablando de él.aunque necesitemos TANTO su presencia física , abrazarles , escucharles…y verles VIVIR !!….

  • Ana dijo:

    Hola Sandra, muchísimas gracias por tus palabras y la sinceridad que se desprende de ellas, he tardado en contestarte porque en casa llevamos días muy malos, no porque no lo hubiera leído, ya que todos los días entro al blog de Mercè.
    La comparación que haces de la vida con una obra de teatro, es genial eso es lo que parece que sea sobre todo cuando algo así te golpea.
    Mis padres ya han tenido la primera consulta con la psicóloga que coordina el grupo de ayuda mutua al que van a ir, y esta semana tendrán una segunda consulta antes de incorporarse al grupo, yo estoy deseando que esto les ayude un poquito porque mi madre lleva días muy malos, de anclarse de nuevo en la culpa y de creer que si su hijo no vive ella tampoco tiene derecho a vivir, yo la entiendo porque a mí me pasa en mi medida, yo tengo muchos momentos en los que me siento culpable por ver que yo vivo y él no, no lo veo justo y me duele vivir sin él, llevamos 25 años viviendo con él, siendo uno de los pilares de nuestra casa y ahora resulta que no está y claro la casa está tambaleándose.
    Ya he comentado los malísimos días que estamos viviendo en casa y se debe a que la añoranza es tremenda, el sentimiento de extrañarlo es grandísimo insoportable fisícamente y mentalmente.
    Mis padres y yo, os mandamos un abrazo grandísimo y mucha paciencia para poder sobrellevar los días.
    Un beso enorme

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