EL MEJOR REFUGIO

 

Es posible que te sientas extremadamente débil. El dolor fatiga. Las subidas y bajadas del duelo agotan. ¡Hay tantas emociones! Las pérdidas reabres viejas heridas y nos conectan con nuestros miedos aparcados.

 

Tal vez necesitas un tiempo, un espacio de silencio que encienda la calidez, el abrigo que solo tu puedes darte. Respira, sin pretender nada, tan solo presta atención al aire que entra y sale de tu cuerpo.

 

La vida te ha puesto en un lugar difícil, ¿verdad? Si es posible, deja de luchar, no temas, no te pido que tires la toalla, al contrario. Regálate un merecido descanso, sin la obligación si quiera de avanzar.

 

Habla con tu guerrera interior, tranquilízala, las dos sabéis de vuestra sincera intención de volver a sentir paz, serenidad, alegría, por eso, para coger impulso, necesitas ahora una tregua.

 

Aunque cuentes con mil apoyos, el mejor refugio está dentro de ti. No te asustes si emergen fantasmas, se desvanecen, como el azúcar en el agua, si los miras con compasión.

 

Hoy, aunque solo sea por unos instantes, aléjate de la tormenta y el frío. Permítete encender con amor tu fuego. Invoca a tu diosa y, de su mano, acércate a lo bueno que has vivido, a la inmensa gratitud que sientes por tus seres queridos, vivos o muertos. Ellos están en ti y tu en ellos.

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