DE PUNTILLAS POR LA VIDA

 

Reconozco que, sin darme cuenta, he intentado vivir a medias o de puntillas, como de incógnito. Así, imaginaba, supongo, que podía escapar del desasosiego que me producen el dolor propio y ajeno. He tenido, desde pequeña, la necesidad de suavizar la realidad, porqué ver la ansiedad, el miedo o la tristeza en los ojos de los demás me paralizaba. Por eso he pasado media vida buscando un lugar amoroso en el que poder reposar tranquila.

 

De niña se me encendían las mejillas cuando percibía a mi alrededor amor. Cuando veía a los míos felices respiraba tranquila. El amor es la clave, claro, pero entonces no sabía que hay amor en todo, nos parezca bueno o malo.

 

He tardado muchos años en darme cuenta que el dolor, propio y ajeno, si lo miramos con amor, en vez de con miedo, suele ser una puerta que nos conduce a un lugar más amable y luminoso.

 

Por fin he comprendido que cuando más firmes tengo los pies en la tierra, más arropada me siento. Da igual lo que suceda y lo que tarde en darme cuenta que solo de mi depende encontrar el cariño, la belleza que se esconde detrás de cada tormenta.

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