ESTAR PRESENTES
Estos días es fácil que los padres a los que se les ha muerto un hijo estén sin estar. Es comprensible, pero demasiado triste para los hijos vivos. Para ellos, como para todos, es Navidad. Necesitan a su padre y a su madre presentes, los necesitan siempre presentes. ¿Cómo se consigue eso? Estando dispuesto a que la vida duela, pero al mismo tiempo amándola. Si le damos la espalda a la vida, también se la damos a nuestros hijos vivos, y a nosotros mismos. En las mesas de Navidad, aunque no los podamos ver, también están nuestros seres queridos muertos si abrimos nuestros corazones.Hay que sumar, en lugar de restar. El dolor es el que es y resulta mucho más llevadero si nos abrazamos al amor.
NOSTALGIA
Las Navidades coinciden con el aniversario de la muerte de Ignasi y, durante los primeros años, desde mediados de noviembre, volvían los días oscuros. Estar de duelo es vivir en un vendaval. A veces el viento nos eleva hasta el cielo y en cuestión de nada nos baja al infierno. Duele mucho la muerte de un hijo y la añoranza es punzante en Navidad. Pero no nos queda más remedio que abrirle la puerta y respetar su ritmo. Hay que llorar para poder luego sonreír. Una mujer sabia a la que yo visitaba cuando necesitaba consuelo, me dijo un día: “en la mesa de Navidad, Ignasi estará en el corazón de los que puedan abrirse al amor” y eso es lo que intento cuando se acercan las fiestas, agrandar el cariño para sentirlo cerca, para reconfortarme a mi y a todos los que están a mi alrededor.
La nostalgia es una buena compañera, de su mano es más fácil sentir compasión. Y un corazón compasivo es solidario, por eso nunca está solo. Con la compasión podemos acercarnos al dolor de los demás, sin necesidad de juzgar nada.
No hay que hacer grandes cosas, la oscuridad disminuye con la luz de una simple cerilla. Con estar receptiva al cariño, basta. Durante estos días, no hay que forzar nada, para nosotrasla Navidadqueda lejos de las prisas y las compras. Nuestra única moneda de cambio es ahora el amor. Nuestros mejores regalos, los abrazos.
SENTIR EL AMOR (DIARIO)
18 de diciembre de 2002
Ayer empecé a llorar, he estado bien hasta hace unos días. Hoy estoy en casa, recuperándome de todas las emociones que acumulo cuando se acerca la Navidad y el aniversario de la Muerte de Ignasi.
Sé que la muerte no existe, sé que el ser vive eternamente, sé que mi hijo está bien, muy bien. ¿Entonces, qué me ocurre? Añoranza, egoísmo…
Pido a Dios que me de luz y me ayude a incrementar mi capacidad de amor. Sólo desde el amor es posible aceptar la muerte y vivir con plenitud
¿Qué puedo hacer para aumentar mi vibración de amor? Sentir el amor; pensar, hablar, actuar sólo desde el amor.
DEJAR FLUIR LA TRISTEZA (DIARIO)
22 de julio de 1999
(Jueves-mañana)
Algunos días son más nostálgicos que otros. El cuerpo queda reducido a la mínima actividad y la mente se distancia. Me pierdo en los recuerdos. Me invade una somnolencia suave y me alejo.
Buenos días tristeza. Hoy eres tú mi compañera. Me dejaré guiar por tu mano a dónde quieras. No voy a luchar contra ti. Tienes tanto derecho como otras emociones a invadirme. Pasaremos el día juntas. Con movimientos lentos, las dos permanecemos sentadas, como ausentes. Pero es posible que, como ha ocurrido ahora, llame a la puerta alguien. Delante de la fuerza de Adelina, madre reciente, te desvaneces… aunque no tardas mucho en reaparecer. Es tu día, lo sé. La visita de Adelina ha sido corta y volvemos a estar solas. Sin pasión, hablamos de antes, del bullicio que había en casa, de la alegría que desprendían mis dos hijos juntos. De la música a todo volumen, de los partidos de fútbol en el recibidor, de las risas, las peleas, los proyectos… De la energía de Ignacio inundándolo todo. Y de repente el golpe seco, la despedida, el silencio. El contacto con una realidad nueva, desconocida, complicada. El dolor hondo de la ausencia y por encima de todo la voluntad de seguir adelante, de comprender, de aceptar.
Acurrucadas las dos en el sofá esperamos que pase el tiempo. Es lo único que podemos hacer hoy para deshacer el nudo, la congoja, el miedo.
Cuando tú, tristeza, te hayas ido será distinto. La mente y el cuerpo despertarán, y la luz encenderá la vida. Entonces volverá a reinar la claridad, la esperanza, el amor y la existencia fluirá con facilidad y dulzura.



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