SENTIRSE AMADA
Hablar bonito, con dulzura, desde el corazón nos envuelve en una sensación de paz, de sosiego. Los tonos amorosos son como esos abrazos que reconfortan tanto.
No son las palabras en sí es, creo, el sentir que hay detrás, el amor que emana de nosotros mismos al pronunciarlas. Los humanos creamos música cuando hablamos. Tenemos el don de calmar y calmarnos emitiendo sonidos. Las madres sabemos lo rápido que responden los bebés a eso.
Practicar la armonía nos une y alegra el alma. La nuestra, la de las personas de nuestro entorno, incluso la de los seres queridos que han desencarnado o que viven lejos. No hay distancia ni dimensiones, ni velos que no pueda atravesar esa luz de la que hablo.
La energía que desprendemos, aunque estemos en silencio, tiene el mismo poder sanador si brota de nuestra parte sagrada, si va más allá del ego, si conecta con la Diosa que llevamos dentro.
Amar o sentirse amada, en última instancia, no depende de los otros. Somos nosotras las que nos regalamos amor con cada pensamiento agradable que nos ronda, con cada sonido dulce que emitimos. Con cada gesto, con cada mirada. No importa a quién o a qué la dirijamos, a mi entender, lo de fuera es un espejo que refleja lo que somos en cada momento.
Por eso, hablarnos y cuidarnos con cariño a nosotras mismas es vital, es, en realidad, el verdadero Grial.
Mercè Castro Puig
LIBROS:
«VOLVER A VIVIR»
«PALABRAS QUE CONSUELAN»
«DULCES DESTELLOS DE LUZ
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