¿QUÉ PERSONAJE TE OPRIME?

Cíclicamente la vida nos pide actualizaciones de nuestra manera de ser, algunas son suaves, nos vamos transformando sin darnos cuenta, sin apremios. Pero cuando atravesamos una crisis vital, por lo que sea o vivimos un gran duelo, la intensidad aumenta. La realidad, en estos casos, suele ser un cambio de piel doloroso, sin paños calientes.

 

Esa renovación exigente viene acompañada de mucho desgarro, confusión e incertidumbre. Nos encontramos en tierra de nadie. Es imposible ser las de antes, mantenernos ancladas sola causa más desazón, responsabilizar a otros de lo que nos ocurre tampoco ayuda, nos lleva a un callejón sin salida. La paciencia con nosotras mismas es una de las lucecitas que nos guía hacia el final del túnel.

 

Otra es dedicar tiempo, con la ayuda de uno o varios terapeutas, a indagar en nuestro interior. Es verdad que el detonante, en el duelo, es la muerte de nuestro ser querido, pero como eso no podemos revertirlo, lo sanador, a mi entender, es sacar las malas hierbas que arrastramos desde antes. Poner orden. Todas interpretamos muchos personajes a la vez y hay que revisar cuál de ellos ahora nos oprime, que partes de nosotras ya no puede seguir, en la nueva etapa, porqué minan nuestra fortaleza, nuestra energía, nuestra luz. 

 

Sí, por ejemplo, hemos estado más pendientes de gustar, de hacer lo que creemos que los demás esperan de nosotras, temerosas del qué dirán o centradas en los otros, cuidando de todo el mundo, dejándonos de lado, sin tiempo para escucharnos y hablarnos con cariño, toca revertir esto y no es fácil, porque seguramente nos hemos identificado tanto con esa manera de actuar, que nos quedamos vacías, descolocadas y eso da miedo. Pero si seguimos igual, nos asfixiamos.

 

Sentir, más que pensar, es otra de las lucecitas. Aunque sea con temor conviene pasar ratos con nuestra tristeza, rabia,  inseguridad, culpa, confusión, lo que sea, con la confianza puesta en volver a sentirnos en calma, en paz, con esa alegría serena que da calidez al alma. 

Para volver a la vida toca despedirnos de lo viejo, que para cada una será algo distinto y dar la bienvenida a esa nueva mujer que todavía no conocemos. Quizá más amorosa, libre, auténtica, solidaria, independiente, conectada con cariño a sus muertos, siendo fiel a sí misma.

MARIA MERCÈ CASTRO PUIG

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