DESTELLOS DE LUZ

 

Hay muchos destellos de luz que iluminan el camino del duelo. Pero hay uno al que le tengo un cariño especial por su gran eficacia en devolvernos a la vida. Consiste en ayudar, en ser útiles a los demás. No estoy proponiendo hacer grandes cosas, me refiero sobre todo a los pequeños gestos. Por ejemplo: preparar algo de comer para una vecina o un amigo que no se encuentra bien o que simplemente no sabe cocinar, nos permite salir un poquito de nuestro dolor, transformarlo en un acto amoroso. Cuando yo hago lentejas en casa, preparo unas cuantas más para dos o tres compañeros de la redacción. Es una tontería, pero a mi me reconforta y a ellos les gusta. Todos tenemos pequeños o grandes dones, hay quien sabe coser y puede hacer una preciosa capa de mago o de superman para un niño… Su alegría al recibir el obsequio inundará de calorcito nuestro corazón, seguro. Ir a visitar a alguien que está solo, llamar a quién está pasando apuros, ofrecer una sonrisa o un abrazo nos ayuda a disolver, aunque sea por unos instantes, la tristeza. Ayudando a los demás nos ayudamos a nosotros. Es una frase hecha, ¡pero es tan cierta!

SAN JOSÉ

 

Mi padre se llama Pepe, hoy es su santo y después del trabajo he ido a darle un beso. Va a cumplir 81 años a finales de este mes y vive solo desde que murió mi madre, hace 9 años. Mi padre es un ejemplo de la fortaleza que tenemos las personas, de nuestra capacidad de crecer y avanzar hasta el final.

Desde que se quedó viudo ha aprendido a cocinar. Antes no había hecho ni un huevo frito y ahora prepara incluso lentejas, cremas de calabacín y puerros, verduras al vapor… Come sano y va cada día al gimnasio. Nada una hora de corrido, sin descansos, y luego hace yoga o tai-chi y un poco de máquinas. Cuando le llamo por las noches y le pregunto si ha pasado un buen día, casi siempre me dice: “he pasado un día muy bonito, cariño”. A todos los días le encuentra alguna gracia. Yo sé que tiene sus momentos, sus preocupaciones, pero su espíritu de superación es fuerte. Ha pasado de ser un hombre poco hablador, de los que van de casa al trabajo y para de contar, a ser cada vez más sociable, a interesarse por la gente de su edad y hacer amigos.

No ha tenido una vida fácil (¿quién la tiene?). Fue un niño durante la guerra, sus padres estaban separados, cuando casi nadie lo estaba (su padre se fue a Norteamérica y nunca más ha sabido nada de él), ha trabajado duro, se le ha muerto un nieto, al que estuvo acompañando en la UCI, se ha quedado viudo y, sin embargo, casi todos los días le parecen bonitos.

Programa en TV2 sobre la muerte de un hijo

Os paso el link del programa emitido ayer, «Para todos la 2». En el que salimos Lluis, yo y Anji Carmelo.

http://www.rtve.es/alacarta/la2/abecedario/P.html#720013

PERSEGUIR NUESTROS SUEÑOS

 

De pequeña, a mi me gustaba imaginarme historias fantásticas. Con tres o cuatro años me desperté un día anunciando que yo era la reina de las monas, que mi lugar estaba en la selva, encima de los árboles… Mi madre, a raíz de esa y muchas otras de mis ocurrencias mágicas, se pasó parte de mi infancia diciendo: “esa niña tiene mucho cuento” y lo decía en un tono preocupado, ¿qué iba a hacer con esa hija que no quería ver la vida tal y cómo es? ¿Y cómo es la vida? Algunos dirán que es un valle de lágrimas, como a menudo pensaba ella, pero a mi me gusta imaginármela como una buena escuela que ofrece infinitas posibilidades de aprender, de experimentar, de sentir. Eso implica equivocarse mucho y pasarlo mal a veces, sí, pero forma parte de la gracia de avanzar, de saber, de comprender, de intuir. Cuando la vida me ha puesto en apuros, nunca me han ayudado las estadísticas, ni las sentencias o los refranes que lo ven todo negro. Sólo persiguiendo la botella medio llena, la bondad en los corazones, el milagro que hay detrás de las esquinas, he conseguido volver a sentir paz. Por eso sueño con un mundo amoroso y creo que ese mundo se esconde en el fondo de cada uno de nosotros.

LAS HISTORIAS DE NUESTRA VIDA

 

Dice la psicoterapeuta Victoria Branca, en su libro “Tal vez mañana”, que cada herida del alma tiene una historia que contarnos. Pueden ser historias de encuentros y desencuentros, de adioses repentinos, de abandonos, de ausencias muy sentidas, de añoranzas…Otra cosa es que nosotros queramos escucharlas. Normalmente luchamos contra viento y marea para mantenerlas alejadas, para eludir los duelos que estas historias, recientes y antiguas, reclaman. Pero la necesidad del alma es más grande que nuestra voluntad de hacer como si nada y el Universo, con la cadencia de las olas, nos inunda de recuerdos, una y otra vez, hasta que estallamos en un mar de lágrimas.

El alma no se cura hasta que no revivimos uno a uno los dolores postergados desde la niñez, incluso desde antes de nacer. No es posible esconder esas historias debajo de la alfombra. No sirve. Cada golpe de tristeza o de nostalgia nos habla de una pérdida. Y cada pérdida pide a gritos afianzar nuestro amor, nuestra confianza. Es así como se curan las heridas del alma. Es así como renacemos. En eso andamos todos, aunque no nos demos cuenta. Gracias Victoria por recordárnoslo.

EL DOLOR ES PERSONAL

 

Me escriben algunas personas que quieren ayudar a los seres queridos que han sufrido una pérdida. Hay muchas maneras de hacerlo: escucharles, hacerles la compra o la comida si se encuentran al inicio del duelo, -en el tramo en que uno se encuentra imposibilitado para hacer frente a sus propios necesidades-, regalarles libros o flores si les gustan… Recuerdo que durante los primeros tres meses en que yo estuve en estado de shock, mi suegra nos traía tulipanes, mi cuñada Magda cocinaba para nosotros, mi hermana ponía y tendía lavadoras y muchos amigos acudían o llamaban para interesarse por nosotros. Todas las acciones amorosas sirven.

Con el tiempo me he dado cuenta que para acercarse al dolor de los demás y reconfortarles, es preciso hacer un trabajo interior que permita conectar con los propios miedos. Quien teme horrorosamente a la muerte y, por tanto a la vida, poco podrá hacer para consolar a los que sufren por la muerte de un hijo, un esposo, un hermano, una madre… Las personas capaces de estar junto a un alma dolorida son las que pueden estar con su propio dolor y vivirlo como una parte más de la existencia. Esas personas acompañan bien, incluso en silencio. Saben que no hay que coger el dolor de los demás y hacerlo suyo, porque eso impide crecer al que sufre. El dolor es un maestro personal e intransferible, del que recibimos clases particulares. Cada uno tiene lecciones que aprender de su dolor. ¿Qué sentido tiene presentarse a los exámenes que evalúan el conocimiento de otro? Eso no es amor.

LA NATURALEZA ES TERAPÉUTICA

 

Vivo en Barcelona, me gusta mi ciudad y me encanta estar en casa, pero desde hace unos días siento una gran añoranza por estar en contacto con la naturaleza. Andar descalza por la tierra me ha ayudado siempre cuando necesito reconfortar el alma. El mar, la montaña o el campo son fuentes de energía y dulcifican el espíritu.

Dicen los entendidos que en las plantas de los pies tenemos terminaciones nerviosas que estan en conexión con todo nuestro organismo. Debe ser por eso que ir descalza por la arena de la playa o por el bosque me revitaliza. La madre Tierra me nutre y acaricia con su inmensa fuerza y me recuerda que mi lugar está aquí, con los pies en el suelo pase lo que pase, hasta que llegue mi último suspiro.

CURSO SOBRE LA MUERTE

Voy a dar un curso en Barcelona sobre “Cómo enfrentar la propia muerte, acompañar en procesos terminales y transitar por el duelo”.Tendrá lugar el 13 y 14 de marzo. Horario: sábado 13 de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00 h y domingo 14 de 10:00 a 14:00 h. Lo organiza el Instituto de Terapias Regresivas. Tel. 93 451 24 73 y 652 209 328

GANAR Y PERDER

 

Estoy leyendo otro libro de la Dra. Elisabeth Lukas, “Ganar y peder” y, aunque todavía no lo he terminado, me hace ilusión compartir algunas frases y párrafos que han resonado en mi corazón:

-…La vida nos sumerge en luces y sombras, nos despierta de día y nos adormece de noche. Desde que nacemos hasta que morimos, el dolor se alterna con la alegría y el fracaso sucede al éxito con la misma intermitencia que las mareas bañan las costas. Lo que la pleamar del destino arrastra hacia nosotros, nos lo vuelve a arrebatar la bajamar de la transitoriedad. Todo llega pero nada se queda. Hasta las crisis, resueltas o no, pasan, y si al llegar se antojan abrumadoras, con el tiempo parecen despreciablemente pequeñas…

-…La ayuda exterior solo alcanza hasta cierto punto, porque cuando uno se encierra en sí mismo, nada ni nadie podrá ayudarle…

-…La persona que se marca objetivos personales se está orientando hacia el futuro en el que le gustaría influir. Se ha fijado un deber y trabaja en su ejecución. Y si, aparte de confiar en sus propias fuerzas, se pone manos a la obra con una buena dosis de confianza en Dios, estará doblemente protegida. Ni siquiera el fracaso o la no consecución de sus objetivos la deprimirá totalmente o la desequilibrará…

-…Lo importante no son los beneficios o las pérdidas que la vida nos regala en toda su complejidad, sino nuestra capacidad para percibir un sentido en todas las situaciones…

-…Para avanzar hay que dejar cosas atrás; para renovarse, hay que despedirser…

-…Un acto propio no necesita reconocimiento exterior cuando uno mismo es capaz de aplaudirlo…

-…Lo que la vida nos brinda siempre es transitorio. Hay que aceptarlo siendo completamente conscientes de su valor y su carácter obsequioso; hay que darle forma con responsabilidad y cuidado, y hay que abandonarlo para siempre sintiéndonos serenamente alegres por su existencia y por haber formado parte de nuestra biografía. Porque nunca nada ni nadie podrá eliminar nada de lo que nos ha pasado en nuestras vidas, ni siquiere la muerte…

-…Lo que impide actuar a las personas más miedosas es una falta de seguridad interior, y esa seguridad interior se basa únicamente en el principio de la esperanza, es decir, en que la situación nueva que nos toca vivir se podrá superar y la estructura ajena que hay que armar resistirá. Sin una “cuerda de seguridad” interior como ésta, cualquier intento de abandonar lo antiguo se convierte en una caída libre al vacío…

-…Saber vivir es abandonar lo amado conservando el amor.

-…El presente es el área de un periodo nuevo de la vida con unas posibilidades de sentido ocultas que hay que explorar. Para descubrirlas, será necesario abandonar todo lo que ya ha desempeñado su sentido. Abandonar es difícil, y mucho más para las personas temerosas o inseguras, pero para superar umbrales hay que abandonar cosas, y si existe una fuerza más poderosa que el miedo, esa fuerza es el amor…

-…Saber vivir es abrirse a todas las cosas nuevas que nos ofrece la vida.

-…Saber vivir es transmitir y repartir la suerte que la vida nos brinda.

-…La muerte no detenta ningún poder sobre el pasado de nuestras vidas ni puede adueñarse de nuestras biografías. La muerte no puede cambiar nuestra historia personal, ni deshacer lo vivido, ni hurtar nada de la verdad eterna… La palabra amable que en su día pronunciaron nuestros labios seguirá formando parte de nuestra vida, sin verse alterada en cu cualidad de “amable” y en su identidad de “pronunciada”, de la misma manera que seguirá existiendo la palabra desagradable u omitida…

-…La muerte nunca podrá expedir de la verdad el más mínimo “soplo” de amor recibido o regalado. Todo lo que sucede es “vinculante”, de una vez para siempre…

LA VIDA ES UN REGALO

 

He tenido la suerte de que me regalaran el libro “En la tristeza pervive el amor” de la Dra. Elisabeth Lukas. Es de esos libros cálidos que reconfortan el alma y encienden una lucecita en nuestro interior que perdura.

Dide Lukas que la vida es un regalo… por un tiempo limitado.

Nacemos con los días contados y todo lo que tenemos –incluídas las personas que amamos- se quedará aquí cuando nos vayamos al otro lado. Yo siento, a medida que voy aceptando la muerte de Ignasi, que el amor es el puente que me mantiene unida a mis seres queridos muertos. No es solo el amor que les tengo a ellos, es más grande que eso. Me refiero al sentimiento de amor en estado puro que llevamos dentro. Ese amor nos une a todo lo que existe en el Universo. Durante el duelo se aprende a dejar fluir ese amor incondicional, que solo depende de nosotros. Esa es la finalidad del duelo. La resistencia incrementa el dolor y nos aleja de los vivos y de los muertos.

Contador

Visitas

MIS LIBROS

Volver a Vivir

Clicar en la imagen

Clicar en la imagen.

Clicar en la imagen