MOMENTOS INOLVIDABLES
Recuerdo la ilusión de las libretas, al inicio de curso, con las páginas en blanco, inmaculadas.
Recuerdo el anhelo de los primeros baños en el mar, con todo el verano por delante, la piel blanca, ansiosa de sol y sal.
Recuero la sensación de libertad de estar bajo la lluvia, en plena canícula, dejando que el agua del cielo me calara entera, inundando mi corazón de alegría.
Recuerdo la dicha de llevar a mis bebés en brazos, la satisfacción inmensa de hacerlos reír a carcajadas con pedorretas en el cuello, la barriga, la cara.
Recuerdo miradas de amor, de reconocimiento, de esas que hacen temblar al alma de puro gozo.
Recuerdo el olor atávico de la tierra mojada.
Recuerdo el confort de estar en casa, recogida, leyendo, mientras afuera llueve.
Recuerdo lo agradable que es levantarme sin prisas ni exigencias, desayunar y volver a la cama un ratito más.
Recuerdo la calidez, el abrigo de unas manos grandes acogiendo las mías.
Recuerdo lo mucho que me gusta cerrar los ojos para sentir más hondo la caricia de la brisa, del sol, de la música o, simplemente, para estar conmigo, para preservar mi intimidad.
Recuerdo la felicidad de escuchar la voz de mi hijo cuando me llama. La plenitud de sentir a mi otro hijo en el corazón, esparciendo amor.
Recuerdo pasármelo bien cocinando para la gente que quiero.
Recuerdo el placer de dar el día por concluido, ponerme en la cama, apagar la luz y estar conmigo misma hasta que me vence el sueño.
Recuerdo haberme despertado con la piel impregnada de un sueño agradable, de esos que, aunque se van diluyendo, se quedan contigo y te hacen sonreír durante el día.
Recuerdo reír por tonterías, hasta no poder más, con mi amiga del alma.
Recuerdo estos momentos inolvidables en esta tarde de principios de año, que transcurre en calma, para agradecerme a mi misma lo vivido, disfrutar de lo que soy ahora, de las personas que quiero, con la intención de abrazar con dulzura todo lo bonito que está por venir. ¿Me acompañas?
Mercè Castro Puig
LIBROS:
«VOLVER A VIVIR»
«PALABRAS QUE CONSUELAN»
«DULCES DESTELLOS DE LUZ
COMOAFRONTARLAMUERTEDEUNHIJO.COM
También me encontrarás en:
INSTAGRAM: menorcasonbou
YouTube: Maria Mercè Castro Puig
Foto: Fermín García Morales
A LAS PUERTAS DEL NUEVO AÑO
Ya está oscureciendo, empieza el último atardecer del año y quiero, antes de que se vaya el 2025 abrazar y agradecer lo vivido. He ido a tres o cuatro conciertos de esos que sales con cara de niña, más ligera, como si tuvieras alas. He leído algún libro entrañable, de los que van directos al corazón, he viajado a algunos lugares que no conocía, he hecho dos amigas nuevas y recorrido, conmovida, algunas exposiciones de artistas con mucho talento.
También he sentido dolor, algunos días tan intenso que solo un llanto desgarrado me ha dado algo de consuelo. Me he visto envuelta en desencuentros conmigo misma y con gente a la que quiero. He dudado de mí, he pensado mil veces que me equivocaba. Me he sentido perdida, sola, desamparada, rabiosa y he tenido miedo.
No han faltado, tampoco, momentos de ternura, de alegría serena, de amor en estado puro, de risas imparables, de silencios confortables, de sentirme una con todo, firme, fuerte, bien enraizada. Orgullosa del camino recorrido, de quererme y, por encima de todo, está la gratitud por poder experimentar la vida, por los seres que amo que me acompañan aquí o desde el otro lado, por mi familia de sangre y mi familia de luz.
Cada persona que se acerca, cada gesto, cada disgusto, cada lágrima, cada sueño, cada palabra que escucho o pronuncio forman parte de mi historia. Esa historia que mi alma ha escrito para mí. Esa obra de teatro, que a veces es un drama y otras una comedia, con muchos actores, de la que soy protagonista. Como lo eres tú de la tuya.
Queda poco para que caiga el talón de este año y quién sabe los giros que mi alma ha previsto para el siguiente. The Show Must Go On, como canta Queen.
Feliz Año Nuevo.
Mercè Castro Puig
LIBROS:
«VOLVER A VIVIR»
«PALABRAS QUE CONSUELAN»
«DULCES DESTELLOS DE LUZ
COMOAFRONTARLAMUERTEDEUNHIJO.COM
También me encontrarás en:
INSTAGRAM: menorcasonbou
YouTube: Maria Mercè Castro Puig
El cuadro que acompaña al texto es de Juan Brufal
HAZME UN FAVOR
Hazme un favor, dedica unos minutos a escucharte. Ya sé que es difícil. Solemos estar pendientes de los demás, ¿pero de nosotras mismas…? Eso de prestarnos atención la mayoría no sabemos lo que es.
No me refiero a darnos caprichos a ponernos guapas, a cuidar nuestra imagen, no. Eso está bien, claro, nos lo merecemos. Me refiero a ir más allá, a estar en silencio para dejar que nuestra alma, nuestra esencia divina hable. Sintiendo, solo eso, sin intentar acallar lo que duele.
Hayamos vivido mucho o poco, en nosotras coexisten muchas emociones agradables y desagradables que vamos acumulando con los años. Hemos sido bebés, niñas, adolescentes, nos hemos enamorado o no, hemos tenido tal vez desengaños, desencuentros, quizá hemos vivido duelos desgarradores, grande vaivenes…
Eso es vivir, sí, pero a menudo la inercia nos ciega, nos impide ver la cara más dulce de la vida y entramos en una espiral de cansancio y desazón. Es verdad que el contexto mundial no ayuda. Pero ¿desde cuándo el poder, mal entendido, no se ha sustentado en el miedo, la represión, las guerras? Y, sin embargo, vamos avanzando. De la incertidumbre, nada fácil de sostener, surge, sin embargo, lo nuevo, lo inesperado, lo que no podíamos ni imaginar alcanzar.
Sugiero que en la intimidad de nuestros hogares, en nuestro hacer cotidiano encontremos ese ratito para amparar la velita que todos llevamos dentro, esa que nos une al amor en estado puro e ilumina las sombras. Por débil que sea, si le prestamos atención, es capaz de grandes cambios personales y colectivos. Al fin y al cabo todo parece que está interrelacionado y, aunque cueste de creer, nada cae en saca roto.
Mercè Castro Puig
LIBROS:
«VOLVER A VIVIR»
«PALABRAS QUE CONSUELAN»
«DULCES DESTELLOS DE LUZ
COMOAFRONTARLAMUERTEDEUNHIJO.COM
También me encontrarás en:
INSTAGRAM: menorcasonbou
YouTube: Maria Mercè Castro Puig
LA NATURALEZA ES SANADORA
No hay una barita mágica que cure ahora tu dolor. Sea lo que sea lo que te mantiene en las tinieblas, es preciso sentirlo, sin atajos. Puedes intentar esquivarlo, esconderlo, ignorarlo, sí, pero tarde o temprano vas a tener que mirar de cara las emociones que te invaden, esas que se presentan, de sopetón, sin previo aviso.
La buena noticia es que, atravieses el duelo que atravieses, hay destellos de paz, pequeños tesoros que pueden dar calma, aunque sea solo un ratito. La naturaleza es uno de ellos. A mi me encanta mi ciudad, Barcelona, pero necesito tanto como respirar apartarme, a menudo, del asfalto y andar entre árboles, pisando tierra. Me da sosiego alzar la vista hacia horizontes abiertos, tenga delante el amar o una preciosa laguna.
Sé que a las personas en duelo nos cuesta, a veces, salir de casa, de lo conocido. Solemos negarnos, sin darnos cuenta, la parte dulce de la vida. Pero eso suele ser una trampa que nos lleva a lugares oscuros que nos hunden más. Es precisamente cuando estamos mal, cuando más necesitamos conectar con la esencia de la vida, con lo que nos da energía, con todo lo que nos fortalece, nos mantiene firmes, con los pies en el suelo y la vista puesta en el cielo.
Mercè Castro Puig
LIBROS:
«VOLVER A VIVIR»
«PALABRAS QUE CONSUELAN»
«DULCES DESTELLOS DE LUZ
COMOAFRONTARLAMUERTEDEUNHIJO.COM
También me encontrarás en:
INSTAGRAM: menorcasonbou
YouTube: Maria Mercè Castro Puig
RECUPERAR LA CONFIANZA
He estado fuera unos días y, hoy, al salir de casa y doblar la esquina, me he parado, sorprendida, delante de una hilera de árboles pletóricos de flores lilas.
Ya queda poco de invierno, se intuye el cambio de estación y eso despierta en mi un sin fin de emociones. Por eso, para aligerar en lo que pueda el alma y hacer sitio a lo que venga, he convocado a mis miedos.
Con algunos guardo una amistad de años, otros son más recientes y a penas nos conocemos. No quiero que me pase lo que me ocurre siempre que los ignoro; cuando intento esconderlos o mirar hacia otro lado, se hacen grandes y me tambalean.
Para que se sientan reconocidos y se achiquen, se desvanezcan o, al menos, se tranquilicen he decidido mirarles con ternura y darles un espacio en mi corazón antes de que llegue la primavera.
He cerrado los ojos y he ido acunando las partes de mi que me asustan, como el temor a enfermar, a sentirme desvalida, al mundo nuevo que se avecina, a la vida sin las personas que quiero, a no poder aguantar la tristeza o ese cansancio profundo que, a veces, me inunda.
Cuando sostengo, con cariño, las partes de mi que no me gustan me resulta más fácil poner la atención en todo lo bueno que hay en mi y que agradezco. Más se me va la mirada a la belleza, me siento más en calma. Y así, dando cobijo a mis miedos, recupero la confianza.
Mercè Castro Puig
LIBROS:
«VOLVER A VIVIR»
«PALABRAS QUE CONSUELAN»
«DULCES DESTELLOS DE LUZ
COMOAFRONTARLAMUERTEDEUNHIJO.COM
También me encontrarás en:
INSTAGRAM: menorcasonbou
YouTube: Maria Mercè Castro Puig
BUENOS AMANTES
Poco a poco, al crecer, vamos cubriéndonos de expectativas, vamos construyendo una manera de ver la vida y esperamos que todo encaje, con nuestra visión, como las piezas de un puzzle, incluida nuestra familia.
Por ejemplo, tenemos una idea de lo que sería la madre o el padre ideal y, a veces, intentamos, a golpe de martillo, que encajen en esa ilusión nuestros padres reales. Es como el burro que corre eternamente detrás de una zanahoria inalcanzable.
Se siente una gran paz cuando amamos a los demás tal como son, sin intentar cambiarles. Cuando dejamos de luchar para que sean o hagan lo que a nosotros nos gustaría, cuando abrimos las manos y soltamos las expectativas.
Cuando más cerca estamos del amor incondicional, más libre y alegre se siente el alma, la nuestra y la del ser amado y es más fácil que se diluyan los malentendidos, que crezca el respeto y el placer de compartir, de acompañarnos, de estar juntos.
Los demás son como son y tiene mucha gracia que así sea. Lo mismo ocurre con la vida. Va a su aire, es imposible controlarla, enmarcarla, enjaularla. La vida es libre por definición. Aceptarla tal como es crea armonía, nos serena, nos convierte en buenos amantes.
Maria Merce Castro Puig
LIBROS:
«VOLVER A VIVIR»
«PALABRAS QUE CONSUELAN»
«DULCES DESTELLOS DE LUZ
COMOAFRONTARLAMUERTEDEUNHIJO.COM
También me encontrarás en:
INSTAGRAM: menorcasonbou
YouTube: Maria Merce Castro Puig
NO TE RESISTAS AL LLANTO
QUE BRILLEN LAS ESTRELLAS
Creo que somos muchas las mujeres que, de alguna manera, casi siempre inconsciente, nos sentimos más cómodas cuando no estamos del todo bien, como si nos diera miedo sentir plenitud, alegría, sobre todo a las madres que se nos ha muerto un hijo. Como si arrastráramos a cuestas el pecado original, por el simple hecho de existir.
Si a ti te ocurre lo mismo que a mí, ¿no te parece que nos merecemos darle la vuelta a esa creencia?
Hemos pasado por lo que muchos consideran lo peor de la vida, que es ver morir a un hijo, hemos recorrido un camino largo, tortuoso, inmensamente doloroso, ¿no crees que, al salir a la luz, después de tanta oscuridad la alegría serena es la recompensa?
Nuestros muertos nos han enseñado el amor incondicional y ahora nos toca a nosotras ser valientes y honrarles con la alegría serena. Si estás empezando un gran duelo esto te sonará a herejía. Tal vez tengas miedo a olvidar a esos seres que han partido y quieres con locura. Eso no va a suceder, preciosa, al contrario. Ellos son tus maestros y van a estar presentes siempre.
Al principio el dolor lo inunda todo, es normal, necesitamos tiempo y recorrer despacio el camino de introspección que requiere el duelo, pero más adelante tú eliges si los quieres recordar con alegría por todo lo que te han regalado o con amargura por que han partido. A mi me parece que ellos están bien, somos nosotras las que hemos de aprender a estarlo. Y contactar con la alegría es una buena manera de devolverles tanto como ellos nos han dado. Nuestra sonrisa también ilumina, como un cielo estrellado, su camino. Eso sin contar con lo que necesitan los que están aquí vernos de pie y contentas.
¿YA TE FELICITAS?
Vamos a imaginarnos que a esa voz que está en nuestra mente, esa que suele reñirnos, que nos censura, que nos muestra lo que no hacemos bien, lo mal que pueden ir las cosas, lo imposible de darle la vuelta a lo que sea que nos suceda le otorgamos, con cariño, un merecido descanso.
En su lugar vamos a poner la atención en felicitarnos cada vez que reímos, que nos miramos con dulzura las arrugas, que recordamos lo valientes que hemos sido en mil y una ocasiones, por acogernos con cariño en las noches de insomnio, por confiar en nuestra intuición, por cada instante que nos sentimos en calma, por apreciar la luz, la belleza.
Vamos a imaginarnos que hacemos sitio a otra vocecita, mucho más afable, que nos elogia cuando tendemos la mano a alguien, cuando nos damos un capricho, cuando sentimos placer, cuando nos sorprendemos sonriendo por algo que hemos dicho, cuando al mirarnos a los ojos, en un espejo, sentimos ternura, cuando tenemos ganas de bailar, de pasear por la orilla del mar, cuando nos perdemos en el sofá viendo nuestra serie favorita o sin hacer nada.
No olvidemos felicitarnos por honrarnos a nosotras y a la vida. Ese, creo, es el mejor regalo que podemos hacer a nuestros seres queridos estén en este o en el otro lado.
EL CAMINO DEL DUELO
El 26 de un diciembre tuvimos el accidente. El 28 los médicos confirmaron su muerte cerebral y el 31 tuvo lugar el funeral de nuestro hijo. Una semana trágica la de aquellas navidades de 1998, que ha marcado, sin duda, el resto de nuestras vidas.
En esos 25 años transcurridos caben muchas cosas y hoy me alegra decir que la inmensa mayoría han sido buenas, han dado un sentido más amoroso y sereno a mi existencia. Un duelo largo y sentido, de esos que te voltean entera, da para quitar muchas capas de arrogancia, de falsos amarres, de miedos heredados, de creencias que nos mantienen atados.
Pero nadie amanece fortalecido de un día para otro. Ese camino, de ineludible transformación, que empieza con una muerte anunciada o repentina hay que recorrerlo paso a paso, sin saltarnos tramos. El dolor del alma, dura lo que dura y hay que vivirlo entero, sin drama, sin caer en la tentación de tirar la toalla y quedarnos enganchados al sufrimiento.
Poco a poco, con todas las ayudas que tengamos a mano, vamos cayendo y levantándonos. Aprendemos a respetarnos, a no mentirnos tanto, a preguntarnos qué nos gusta y que no, a hablarnos con dulzura, a arroparnos, a ampararnos, a hacer las pequeñas cosas del día a día con agrado, con cariño, a llorar sin reparos y después lavarnos la cara para ofrecernos una sonrisa sincera.
Eso, llorar con ganas es lo primero que hice al despertar este 26 de diciembre, 25 años después, para luego dejarme envolver, con ternura, con el corazón abierto, por el amor infinito de las personas que quiero, estén aquí o allá, incluso por las que hace mil años que no veo.




Sígueme