HORAS BAJAS

A LAS PUERTAS DEL NUEVO AÑO

 

Ya está oscureciendo, empieza el último atardecer del año y quiero, antes de que se vaya el 2025 abrazar y agradecer lo vivido. He ido a tres o cuatro conciertos de esos que sales con cara de niña, más ligera, como si tuvieras alas. He leído algún libro entrañable, de los que van directos al corazón, he viajado a algunos lugares que no conocía, he hecho dos amigas nuevas y recorrido, conmovida, algunas exposiciones de artistas con mucho talento.

 

También he sentido dolor, algunos días tan intenso que solo un llanto desgarrado me ha dado algo de consuelo. Me he visto envuelta en desencuentros conmigo misma y con gente a la que quiero. He dudado de mí, he pensado mil veces que me equivocaba. Me he sentido perdida, sola, desamparada, rabiosa y he tenido miedo.

 

No han faltado, tampoco, momentos de ternura, de alegría serena, de amor en estado puro, de risas imparables, de silencios confortables, de sentirme una con todo, firme, fuerte, bien enraizada. Orgullosa del camino recorrido, de quererme y, por encima de todo, está la gratitud por poder experimentar la vida, por los seres que amo que me acompañan aquí o desde el otro lado, por mi familia de sangre y mi familia de luz.

 

Cada persona que se acerca, cada gesto, cada disgusto, cada lágrima, cada sueño, cada palabra que escucho o pronuncio forman parte de mi historia. Esa historia que mi alma ha escrito para mí. Esa obra de teatro, que a veces es un drama y otras una comedia, con muchos actores, de la que soy protagonista. Como lo eres tú de la tuya.

 

Queda poco para que caiga el talón de este año y quién sabe los giros que mi alma ha previsto para el siguiente. The Show Must Go On, como canta Queen.
Feliz Año Nuevo.

Mercè Castro Puig

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El cuadro que acompaña al texto es de Juan Brufal

 

 

¿QUÉ NOS SOSTIENE?

 

Si estás viviendo la muerte de alguien inmensamente amado, probablemente te sientas vacía, rota, sin una brizna de aliento para seguir. La tristeza es tan densa que oscurece la vida. El dolor es casi insoportable, pero eso ya lo sabes, ¿verdad?

Tal vez ahora te parece casi imposible vivir con el corazón abierto, sentir ilusión por un nuevo día, conectar con la alegría, la dulzura. Paso a paso, cielo. Los grandes duelos requieren paciencia. No se gana fortaleza de la noche a la mañana. Ni nunca, a mi entender, si no se inicia un camino de profunda transformación.

 

Es necesario mudar de piel, separar el trigo de la paja. Acoger lo que sentimos, aunque nos de miedo. Dejar de fingir, de criticarnos, de aparentar, de buscar la valoración de los demás, de hacernos las valientes o las víctimas. De poner la atención en la queja en vez de lo que de verdad nos sostiene.

 

¿Y qué es eso que nos sostiene? para mi siempre es el amor, la gratitud, la confianza en esa parte de mí que me guía, cuando me siento perdida. Es ser amable conmigo misma, es parar y escucharme en silencio, regalarme ratitos de calma para sentir el abrazo, el calor, la ternura que surge de estar sin hacer nada junto a mi alma. Es escuchar música, pensar en algo bonito, escribir y, sobre todo, cerrar los ojos y evocar el amor que siento por cada uno de los seres que quiero, vivos o muertos. Luego me imagino el cariño que sienten ellos por mi y, aunque ya hayan cruzado al otro lado, los percibo tan presentes como si estuvieran aquí. Eso me reconforta, me hace feliz. Mi felicidad, estoy segura, incrementa la suya. Es un pez que se muerde la cola. El amor no entiende de ausencias, nos une a todos.

Mercè Castro Puig

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ERES LUZ

 

No te estoy diciendo que no sientas miedo. El miedo es algo tan natural como respirar. Lo que te propongo es que vayamos juntas unos pasos más allá de ese miedo.

 

Sé que el dolor paraliza, pero también conozco la fortaleza que hay en ti, en mi, en todos. No traicionas a nadie si te permites, aunque sea por unos instantes ir más allá de la niebla.

 

Allí te espera tu alma, tu yo más libre, más auténtico, más secreto. Mira a los ojos a esa mujer sabia, curtida en tantas batallas, esa que no le teme a no poder, a no gustar, a lo que digan los demás.

 

No te escondas más. Has parido y, tal vez como yo, has pasado por el desgarro de ver morir a un hijo. Conoces bien el amor y el dolor. Ahora ya puedes dejar de sostener lo que te pesa, lo que te aprisiona.

 

Concédete el privilegio de amarte herida, valiente, temerosa, angustiada, llorosa, celosa… No olvides que en ti habita una diosa.

 

Aunque te sientas hundida, no olvides que eres luz y en ti reside el poder de renacer con amor.

Mercè Castro Puig

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NO SÉ SI ES COSA DE LA EDAD

Al menos a mi, de pequeña, los veranos me parecían largos y los inviernos eternos. El tiempo, entonces, se estiraba hasta casi el infinito en una suave cadencia, sin cambios bruscos, ni sobresaltos. Ahora me doy cuenta que mi infancia fue un oasis, aunque guardo memoria de emociones buenas y otras no tanto.

No sé si es por los años acumulados, que ya empiezan a ser bastantes o por la inquietud que se respira en el mundo o por las dos cosas a la vez, pero tengo la sensación de que la existencia se ha vuelto muy intensa y tengo que pararme y estar conmigo en silencio más a menudo para abrigarme con el manto del sosiego.

Me parece que estoy en la antesala de un nuevo salto, con el tiempo justo de dejar la casa recogida, de poner orden a maneras de hacer que ya no me sirven, de limpiar con el perdón viejas heridas, de liberar agravios para dejar espacio a la confianza en la vida.

Sé que toda esa mudanza guarda relación con la reciente muerte de mi padre. Una muerte dulce, en casa, con sus tres hijos alrededor de la cama, a sus casi 97 años. Sí, pero es la muerte de mi padre, al que adoro, aunque no tiene nada que ver con el dolor de la muerte de mi hijo (como eso nada), ni con el desamparo de la de Lluís, mi marido.

Me toca ahora acariciar mis miedos y renovar mis votos de amor para acoger con suavidad y dulzura las oleadas que vienen y van hasta nuestro último suspiro. Sabiendo que, cuando la noche es más oscura, empieza un nuevo amanecer.
Foto: FERMÍN GARCÍA MORALES
Texto: Mercè Castro Puig
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VIVIR: ¡MENUDA AVENTURA!

Todo iba más o menos bien hasta que llegó ese vendaval que arrasó tus sueños y se llevó tu paz y aquello o a quién tanto querías. Y, quizá, cuando apenas vuelves a levantar la cabeza, llega otra tormenta. Tal vez creas que la vida es injusta contigo, porqué sería fantástico que todo fuera como la seda, ¿verdad? sin sobresaltos, con ondulaciones suaves, pausadas hasta nuestro último suspiro. Sería bonito y cómodo, sí, pero eso es del todo irreal, esas vidas no existen.

 

Un día el cielo está claro y al otro caen rayos. Y es muy difícil mantener la cordura, la serenidad, hasta que aceptamos que esto es así, que se trata de ir transitando experiencias, algunas divertidas, otras dolorosas y que en nuestras manos está tan solo acompañarnos con dulzura en esta aventura que llamamos vida.

 

La ternura, la suavidad, el recibir con alegría y gratitud lo que nos ofrece la existencia, aunque no nos guste, no surge de la nada. No es un pensamiento, es algo que nace directamente del corazón cuando vemos con buenos ojos nuestra tristeza, nuestro enfado, nuestra frustración. Cuando en vez de negar nuestras miserias, las acunamos. Cuando no escondemos nuestra vulnerabilidad, nuestro temor a no poder, a no merecer, a no dar la talla. Cuando nos entregamos a lo que hay, sin maquillaje, se abren las puertas del alma. Con esa luz que brota de nuestro interior es posible transitar los callejones más oscuros, aunque tengamos miedo.
Maria Merce Castro Puig

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NO TIRES LA TOALLA

 

Cielo, seguramente tu historia es complicada. Estás pasando por un gran duelo y no ves la salida. Puedes quedarte agazapada el tiempo que necesites, el que quieras, estás en tu derecho. Nadie puede pasar por ti ese dolor que te atenaza. Eso es cierto, sin embargo, te sugiero que no tires la toalla, que dejes la puerta del alma entreabierta.

 

No te cierres a cal y canto con tu desesperación, tesoro, permite que entre el amor aunque solo sea por una rendija. Agradece las manos que te acompañan, ábrete al sostén que te ofrecen las personas buenas, afables. Siente el arrullo de la naturaleza, la ternura del silencio, la frescura de la brisa en la cara. No pases de largo, quédate en esos instantes eternos, llenos de vida.

 

Entrégate de corazón a lo que hay y aparecerá, como un milagro, la calma. Deja de luchar, pero no tires la toalla. Estás entre dos aguas, en la antesala de renacer cariño.

 

Maria Merce Castro Puig

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SOMOS DIOSAS, SOMOS VIDA

Si hoy estás triste, te sugiero que no intentes atrancar lo que sientes. No te resistas, te desgastarás en vano. No hay forma de contener el océano.

Siéntate en un lugar tranquilo, pon música suave y deja entreabierta el alma. Con ternura, contempla como desfilen ante ti las amarguras, los pesares, la nostalgia de las ausencias.

La tristeza está aquí hoy para que la abraces, para que lloréis o bailes juntas. Es la antesala de la alegría callada, de la conexión sagrada, de los hilos invisibles que nos unen al amor.

No mires para otro lado cuando ella llama a tu puerta, que sería de nosotras si no nos desgarráramos, sin el miedo que sentimos antes de dar a luz. Luego, ya sabes, viene eso maravilloso, inexplicable, ese milagro que llamamos vida.

Te sientas como te sientas, mírate con buenos ojos, tesoro, somos diosas, capaces de sostener lo inevitable, de comprender lo incomprensible, de amar los desafíos que antes de estar aquí hemos pactado.

Somos vulnerables, claro que sí, por eso emanamos fortaleza, sabemos curar con caricias, recomponer desdichas con palabras cariñosas. Si hoy estás triste, felicítate, es que estás viva. Eres vida.
MERCÈ CASTRO

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FÀCIL NO ES, PERO MERECE EL ESFUERZO

Sí, es probable que quieras desaparecer, esconderte bajo las sábanas, no salir de la cama, huir al fin del mundo…

 

Uno de tus amores sagrados ha muerto, te ha dejado tu pareja, no tienes trabajo, estás muy enferma, el dolor es insoportable, no sabes qué hacer, estás perdida.

 

Sea lo que sea lo que te tiene paralizada te sugiero que pidas ayuda. No tienes porqué pasar este desierto sola. Aquí hay muchas personas que pueden acompañarte y, en el otro lado, están tus guías deseando echarte una mano.

 

Poco a poco irás recordando quién eres, un ser maravilloso experimentando la vida y el dolor forma parte de ella. Y la única forma que conozco para trascender el dolor es sentirlo, sin rehuirlo ni aferrarnos. Así iluminamos la oscuridad.

 

Antes de parar y sentir, de respirar el dolor, el miedo o el enfado y darles un espacio en mi corazón, me resisto. No quiero estar en eso, pero con el tiempo me he dado cuenta que es la única manera que tengo para traer amor y sosiego a lo que está pasando.

 

 

 

Cuando dejo de pelearme con lo que no me gusta empiezo a aceptarlo y no estoy hablando de resignarme. Cuando me entrego, cuando agradezco la oportunidad de perdonar y perdonarme se enciende la luz que somos.

 

Recuerda que tus hijos te eligieron, que eres la mejor madre para ellos, que todo forma parte de un plan perfecto y que la alegría es una elección que reconforta a todos, estén aquí o en el cielo.

Mercè Castro Puig

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RECUPERAR LA CONFIANZA

 

He estado fuera unos días y, hoy, al salir de casa y doblar la esquina, me he parado, sorprendida, delante de una hilera de árboles pletóricos de flores lilas.

 

 

Ya queda poco de invierno, se intuye el cambio de estación y eso despierta en mi un sin fin de emociones. Por eso, para aligerar en lo que pueda el alma y hacer sitio a lo que venga, he convocado a mis miedos.

 

 

Con algunos guardo una amistad de años, otros son más recientes y a penas nos conocemos. No quiero que me pase lo que me ocurre siempre que los ignoro; cuando intento esconderlos o mirar hacia otro lado, se hacen grandes y me tambalean.

 

 

Para que se sientan reconocidos y se achiquen, se desvanezcan o, al menos, se tranquilicen he decidido mirarles con ternura y darles un espacio en mi corazón antes de que llegue la primavera.

 

 

He cerrado los ojos y he ido acunando las partes de mi que me asustan, como el temor a enfermar, a sentirme desvalida, al mundo nuevo que se avecina, a la vida sin las personas que quiero, a no poder aguantar la tristeza o ese cansancio profundo que, a veces, me inunda.

 

 

Cuando sostengo, con cariño, las partes de mi que no me gustan me resulta más fácil poner la atención en todo lo bueno que hay en mi y que agradezco. Más se me va la mirada a la belleza, me siento más en calma. Y así, dando cobijo a mis miedos, recupero la confianza.

Mercè Castro Puig

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¿CON CUÁNTO AMOR PODEMOS ABRAZARNOS?


La manera que yo conozco de trascender el dolor es abrazándolo con cariño. Lo mismo me sucede con la tristeza, la rabia, la culpa, el miedo o cualquiera de las emociones que me turben. No lo consigo a la primera, no. A menudo me rebelo ante lo que me sucede y no me gusta. Paso unos días inquieta, discutiendo por dentro con lo que quiera que me preocupe, hasta que me rindo y me permito escuchar esa voz interior que me dice. «¿Con cuánto amor puedes abrazar esto?»¿Con cuánto amor puedes mirarte, abrazarte, perdonarte, abrazar ese desasosiego que te produce la Navidad, por ejemplo? ¿Con cuánto amor puedes recordar que eres pura luz?
Sé que cuando alguien o algo me cuesta estoy ante una magnífica posibilidad de ampliar la mirada, de liberarme de creencias obsoletas, de temores que me pertenecen. Lo que veo fuera, sea bueno o malo, suele ser un reflejo de lo que siento y, siempre, contiene un regalo, una invitación a ser más amorosa. Al fin y al cabo, todos somos seres experimentando la vida aquí.
Maria Merce Castro Puig
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