CREAR ARMONÍA

MOMENTOS FELICES

Hay días en que nos abruma vivir, que no vemos la manera de darle la vuelta a eso que nos duele tanto. Cuando tenemos miedo nos gustaría escondernos debajo de las sábanas y desaparecer, ¿verdad?

 

Si hoy te sientes así, te propongo que nos cojamos de la mano y nos hagamos compañía. En algún momento todos nos sentimos huérfanos y necesitamos arroparnos con cariño.

 

Mira, tal vez ahora te parezca que no, pero en ti está la fuerza de tus antepasados, la capacidad de susurrarte palabras bonitas, de elegir amar y amarte sin condiciones y envolver las adversidades, sean las que sean, con dulzura.

 

La vida puede cambiar, de repente, para mal, lo sabemos, pero también para bien. No te olvides de los momentos felices, de las batallas que ya has ganado, de lo importante que has sido, eres y serás para alguien que sepa que tu felicidad es la suya. Al fin y al cabo todos, vivos y muertos, estamos unidos, enlazados por hilos de amor invisibles.

NADA ES PARA SIEMPRE

NADA ES PARA SIEMPRE

 

A veces la vida se pone difícil. Suele tener la habilidad de dar en donde más duele, en el centro de nuestra diana. Cuando eso ocurre me siento desfallecer. Aflora en mi un cansancio infinito, un desaliento familiar, antiguo, arropado por pensamientos que dan miedo.

 

Eso dura lo que dura y me mantiene paralizada hasta que esa parte sabia que tenemos todos, esa chispita divina, me recuerda que ya he vivido grandes tormentas y sea lo que sea que temo ahora pasará. Tan solo tengo que confiar y agarrarme al amor, como un náufrago a un bote salvavidas. No es fácil, lo sé, pero a mi me funciona.

 

He podido comprobar que cuando algo me desestabiliza, me aterroriza, suele ser una llamada del alma a ver esa realidad con una mirada más amorosa. Nada es blanco o negro, verdad? y la ternura, la dulzura suele iluminar los rincones más desapacibles. Nos ayuda a acoger lo que duele, hasta que el bálsamo del cariño cura las heridas.

 

Mientras tanto, creo que es bueno que no dejemos de lado la tristeza y la rabia que sentimos ante los grandes desafíos. Yo a veces me enfado incluso con los que se han ido. Que paciencia mis muertos, a los que, a veces, envidio, olvidando que la vida es un regalo, por un tiempo limitado, una aventura que, como todas, encierra momentos de desasosiego y otros de plácida calma.

 

¡Qué aguante conmigo tienen los del otro lado, los que ya se han licenciado!

AMANECER

 

Sobre todo en verano, me encanta despertarme al alba. Cuando la noche se rompe, cuando ya se intuye un nuevo amanecer es para mí un momento íntimo, agradable, mágico.

Durante ese tiempo, mi mundo guarda silencio, tan solo roto por las gaviotas que anidan en el tejado de una iglesia cercana. Somnolienta, disfruto de la pausa, de la ausencia de prisa, lejos todavía del trajín de la vida, de todo lo que traerá el nuevo día.

 

Después de la oscuridad viene la luz y, entre medio, en ese espacio sagrado nos encontramos con nosotros mismos, en tierra de nadie. Es como cuando respiramos profundamente y, antes de sacar el aire lo retenemos unos instantes. Ese es otro lapsus que me conecta, a veces, con el Universo.

 

 

Sé que no es fácil vivir con la incertidumbre que comporta el duelo, pero igual que sabemos que después de la noche viene el día, también, aunque a menudo nos parezca mentira, al dolor, si nos permitimos vivirlo sin drama, le sucede la alegría serena. Ese tránsito es más o menos largo y no termina de golpe, no, primero se intuyen destellos.

 

De nosotros suele depender mantener esa luz prendida, arropándola con ternura, sabiendo que cuando una ráfaga la apaga podemos volver a encenderla, lo mismo que ocurre cada amanecer.

CREAR ARMONÍA

 

Sin darnos cuenta, durante el duelo, a menudo nos dejamos mecer por los momentos felices de la vida de antes, cuando estábamos todos aquí. Esa vida que evocamos ya no es la nuestra, pero sí forma parte de nosotras. No se ha perdido nada, no empezamos de cero.

 

Después del huracán de las despedidas nos sentimos perdidas, sí, pero el hilo de amor que nos sostiene sigue ahí. De la mano de la paciencia es posible renacer, reencontrarnos, volver a querernos.

 

En mis momentos de desconsuelo, me reconforta atesorar cariño. Ver en la calle un gesto amable de alguien, aunque no vaya dirigido a mí, me da paz. La dulzura, la compasión fortalecen ese hilo de amor que nos une a todos y da un sentido a la existencia.

 

No podemos evitar los grande vaivenes, el dolor, pero sí es posible suavizarlos con ternura; regalarnos miradas de afecto, de complicidad, abrazos sentidos, palabras bonitas… Poner la atención en la belleza de las cosas sencillas, da sosiego, es un bálsamo para el corazón.

 

DETRÁS DE LA OSCURIDAD HAY LUZ

 Si hoy te parece que no vas a poder con lo que sea que arrastras, para. Date un respiro, haz un paréntesis regálate unos instantes contigo misma para conectar con la dulzura, con el cariño.

 

Aunque estés viviendo uno de tus peores momentos, el amor sigue ahí, en tu interior, solo tienes que invocarlo. Déjate mecer, arrópate con ternura y descansa.

 

La vida tiene vaivenes, lo sabes, ¿verdad?

 

A mi me gusta imaginar que cuando atravieso una de esas tormentas, cuento con mis guías, con el Universo entero. Son mi faro, mi anclaje, mi luz.

 

Ni tu ni yo estamos solas. Nuestro corazón atesora cálidos abrazos, palabras bonitas, el cariño de los que nos han precedido, el amor que damos… y eso es mucha y buena compañía. ¿No te parece?

PALABRAS QUE CONSUELAN

No me lo esperaba, estaba en casa y un mensajero me ha traído ejemplares de mi segundo libro «Palabras que Consuelan» 5a edición. Me ha hecho muchísima ilusión que se siga reeditando y agradezco a Jordi Nadal, de Editorial Plataforma, que siga confiando en la bondad de hablar del duelo, de cómo trascender el dolor y volver a amar la vida.
Durante la travesía de mi largo duelo he podido constatar que el amor es lo único que de verdad nos sostiene. Poco a poco, con paciencia, nos vamos despojando de capas de resentimiento, de desencuentros, de rabia, de locura… hasta que queda a la vista el cariño, la ternura, las palabras bonitas, los abrazos, las caricias. Es ahí, en ese espacio dulce y sagrado donde la vida vuelve a tener sentido. Gracias por acompañarme.

¿TE RECONOCES A TI MISMA?

 

 

Desde pequeña he tenido una ligera pero persistente sensación de no encaja, de no estar del todo asentada, cómoda, reconocida. Eso me ha llevado, a menudo, a mantener una actitud orgullosa, desafiante, de rebeldía, muy agotadora.

 

Haciendo un repaso, me doy cuenta que muchas de mis batallas, de mis desencuentros, han estado motivados, precisamente, aunque parezca un contrasentido, por negar su lugar a las personas que no me han gustado.

 

Al mirar hacia dentro, he descubierto que esa sensación de no pertenencia, esa forma de actuar guarda relación con no otorgarme reconocimiento a mi misma. Si no nos prestamos atención, es difícil que la encontremos fuera.

 

Aparte de los duelos que nos ha tocado vivir, me parece que cada uno tiene heridas antiguas y la vida nos ofrece la posibilidad de envolverlas con dulzura hasta sanarlas. Siempre tenemos la opción de acogernos con ternura, de tratarnos con respeto, de ser amables y pacientes con nosotras mismas.

 

Es bueno, a mi entender, observar con cierta distancia los mecanismos que nos llevan a actuar de determinadas maneras para poder, con mucho amor, trascender lo que nos hace daño.

 

Si decidimos vivir con cariño, dejar atrás maneras de hacer, confiar en nosotras mismas, aunque a veces tengamos que saltar al vacío para seguir adelante, el Universo se encarga de facilitarnos el camino.

RECONCILIARNOS CON LA VIDA

De repente viene un golpe seco; un accidente, un diagnóstico irreversible, una mala noticia… y todo lo que nos parecía sólido se desvanece. Nos quedamos con la sensación de andar a ciegas, sin agarraderas, con el corazón tiritando.

 

Durante los primeros tiempos de un gran duelo, bastante hacemos con levantarnos de la cama y no sucumbir al desespero, a la rabia, a la locura…

 

La aceptación no llega de un día para otro. Si nos quedemos quietos, resignados, abrazados al dolor perpetuo, cerramos las puertas a darle un nuevo sentido a la vida. Y perdemos la oportunidad de salir fortalecidos.

 

Volvemos a la vida despacio, agradeciendo los momentos de calma, los tenues destellos de alegría, la capacidad de andar, de respirar, de recibir o dar un abrazo. Apaciguamos el alma viendo en la sencillez de lo cotidiano un regalo.

 

Nos reconciliamos de la mano de la amabilidad, de las palabras cariñosas, de las miradas de aprobación, de la ternura y el respeto hacia nosotras mismas. Así, poco a poco, vamos ganando fuerza, sintiéndonos cada vez más cerca del amor de los que han partido.

 

Y un día nos damos cuenta que en nosotras está crear momentos felices, independientemente de lo que n

INSTANTES ENTRAÑABLES

En mis ratos oscuros, cuando el desasosiego me envuelve y la realidad me duele, me da miedo, me incomoda… pido ayuda a mi parte amorosa y sabia, esa que tenemos todos, que está siempre disponible y responde a muchos nombres.

 

Luego, cierro los ojos y siento el cariño de los seres que quiero y me quieren, estén vivos o muertos. Repaso los momentos bonitos. Agradezco lo bueno que hay en mi vida y me felicito por todas las veces que me he levantado después de haber caído.

 

Procuro ser amable conmigo misma y tener paciencia. Recordarme que todo pasa y lo que hoy es terrorífico, tal vez mañana no lo sea tanto. Me perdono por todas las veces que me he tratado mal. El perdón tiene efectos liberadores y calmantes.

 

Me imagino de niña, con las dos trencitas que me hacía mi madre, y me envuelve la ternura. Recuerdo la suerte de convertirme yo en madre -no lo cambio por nada- y el inmenso privilegio de ser abuela y, poco a poco, vuelvo a sentirme amorosa.

Mientras nos quede aliento, a pesar de los vaivenes, tenemos la capacidad de elegir la belleza, de crear instantes entrañables, mágicos, de esos que se convierten en islitas de amor en estado puro.

DATE UN RESPIRO

 

Haz un paréntesis para estar contigo, sin reproches, ni juicios, ni ninguna intención, solo por el placer de acompañarte y mimarte.

 

Busca a la niña que fuiste y sonriele, ella no sabía lo que le deparaba el futuro, su inocencia todavía está en ti y se merece todo tu amor.

 

Darse un respiro es eso, dejar de exigirse, ir a lo básico; respirar, no poner resistencia a nada, hacer las paces con lo que venga.

 

Esperar lo mejor porqué te lo mereces. Sé que sobrevivir a la muerte de un hijo nos acerca durante un tiempo a la locura: es mucho dolor! Sabemos lo que es estar fuera de la vida.

 

Por eso, cualquier destello de ternura hacia nosotras mismas es agua de mayo. Buscar la belleza, escribir o hablar de lo que sentimos nos da alas.

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