LA ISLA PARA MI ES UN BÁLSAMO
Los que normalmente vivimos en ciudades, donde pisar tierra es casi imposible, nos olvidamos del poder sanador de la naturaleza.
Recuerdo que cuando murió nuestro hijo Ignasi, estuvimos 40 días en Menorca, arropados por el verde y el azul del mar y del cielo.
No es que el dolor desapareciera, estábamos Lluís, Jaume y yo desgarrados, perdidos, pero poder mirar el horizonte, sentir el silencio, ver las estrellas por la noche nos conectó, no tengo dudas, con nuestra alma, con nuestro yo más sagrado y eso nos dio, de alguna manera, esperanza.
La isla para mi es un bálsamo, aunque no me deja pasar ni una. Aquí no se me permite mirar para otro lado. En esta roca, en medio del mediterráneo, de tan solo 47 kilómetros de largo y 11 de ancho, tengo que hacer frente a mis fantasmas, al dolor atrasado, a mis miedos atávicos, antes de poder dejarme ir y disfrutar del mar como una niña chica.
La naturaleza es sublime, indómita y, al mismo tiempo, protectora y dulce como una madre. Nos muestra nuestra vulnerabilidad y, cuando la aceptamos, nos regala paz y despierta nuestra fortaleza.
Me gusta imaginar que todos tenemos un lugar ancestral, en el que sentirnos seguros, donde poder descansar y curar nuestras heridas. ¿Cuál es el tuyo?
Maria Mercè Castro Merce Castro Puig
FOTO: Emili Junyent Sánchez
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«VOLVER A VIVIR»
«PALABRAS QUE CONSUELAN»
«DULCES DESTELLOS DE LUZ
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