APAGÓN ENERGÉTICO
A veces me quedo sin energía, como si me desenchufaran de la fuente que da vida. Aunque no me gusta sentirme débil, sé que el apagón es necesario. El alma, a través del cuerpo, me pide un reset.
Esto me pasa cuando acumulo emociones. Hay tanto para asimilar que el sistema se colapsa y durante unos días tengo la sensación de que me voy arrastrando. Hay algo que me impide deshacer el nudo que me retiene.
La luz no vuelve de golpe, va y viene. El interruptor se enciende cuando doy voz a los que siento y se apaga cuando mi mente entra en bucle. Los pensamientos, a menudo, son engañosos, suelen responder al ego, en vez de al corazón.
la reconexión con mi esencia, ese lugar sagrado, esa chispa divina que nos da fuerza, pasa por perdonar mis enfados encubiertos, por sincerarme y dejar de culparme por mis errores, por mis sentimientos encontrados, por mis miedos, mis miserias, incluso por boicotearme cuando soy feliz.
Ese reconocimiento íntimo es un bálsamo, es como si le dijera a esa parte de mi asustada, triste y enfadada: «te quiero tal como eres». Entonces, de la mano de la humildad, del perdón, del agradecimiento, de la confianza, de la creatividad empieza a circular la energía. ¿No sé si te pasa algo parecido a ti?
Maria Mercè Castro Merce Castro Puig
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LA ISLA PARA MI ES UN BÁLSAMO
Los que normalmente vivimos en ciudades, donde pisar tierra es casi imposible, nos olvidamos del poder sanador de la naturaleza.
Recuerdo que cuando murió nuestro hijo Ignasi, estuvimos 40 días en Menorca, arropados por el verde y el azul del mar y del cielo.
No es que el dolor desapareciera, estábamos Lluís, Jaume y yo desgarrados, perdidos, pero poder mirar el horizonte, sentir el silencio, ver las estrellas por la noche nos conectó, no tengo dudas, con nuestra alma, con nuestro yo más sagrado y eso nos dio, de alguna manera, esperanza.
La isla para mi es un bálsamo, aunque no me deja pasar ni una. Aquí no se me permite mirar para otro lado. En esta roca, en medio del mediterráneo, de tan solo 47 kilómetros de largo y 11 de ancho, tengo que hacer frente a mis fantasmas, al dolor atrasado, a mis miedos atávicos, antes de poder dejarme ir y disfrutar del mar como una niña chica.
La naturaleza es sublime, indómita y, al mismo tiempo, protectora y dulce como una madre. Nos muestra nuestra vulnerabilidad y, cuando la aceptamos, nos regala paz y despierta nuestra fortaleza.
Me gusta imaginar que todos tenemos un lugar ancestral, en el que sentirnos seguros, donde poder descansar y curar nuestras heridas. ¿Cuál es el tuyo?
Maria Mercè Castro Merce Castro Puig
FOTO: Emili Junyent Sánchez
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LA BIGNONIA DE MONTSE
Corre una brisa ligera, tímida, hoy en el patio, inusual y bienvenida en este verano tórrido. Ahora, las siete de la tarde, la luz empieza a mostrarse amable, acaricia con suavidad la bignonia rosa de mi vecina Montse, recientemente fallecida, y me entrego, sin reservas, a la nostalgia de echarla de menos. ¡Tantos veranos juntas!
Sé que la energía no se crea ni se destruye, permanece y, nuestros muertos, de alguna forma, están presentes, pero es tan raro ir viendo como desaparecen de este plano las personas que quieres…
La muerte de Montse es tan reciente (hace poco más de un mes) que todavía la veo, sin proponérmelo, yendo de un lado a otro de su huerto o leyendo sentada en su silla de siempre, que permanece solitaria en su lugar, junto a la pequeña mesa de jardín. ¿Cómo es posible que las cosas, los objetos personales de los que se van sigan sin ellos?
Cuando murió Ignasi esa sensación de ver en su sitio su ropa, sus libros, sus apuntes… me producía una inmensa rabia. No sé cómo explicarlo. Excepto 4 o 5 cosas que atesoro, que tienen para mí un valor incalculable, entre ellas sus diarios, lo demás me ofendía. Cómo osaban estar ahí sin él! La muerte de un hijo produce mucha ira y salía por donde podía.
En el caso de Montse es distinto, no siento ese terrible enfado, me sorprende que su casa, ahora cerrada, siga en pie, como si nada, sin ella. Me duele su ausencia, echo de menos nuestra charlas, nuestros ratitos juntas. Su muerte me entristece y, al mismo tiempo, estoy contenta porqué por fin ha acabado el tormento de una enfermedad larga. Contradicciones del duelo. Poco a poco me acostumbraré a no verla.
Maria Mercè Castro Merce Castro Puig
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NO CREO EN EL DESTINO
Dicen los entendidos que los signos de agua (cáncer, escorpio y piscis) tenemos la capacidad, por decirlo de alguna manera, de sentir, en un mismo día, diversos estados de ánimo y, en al menos en mi caso, es vendad. Nací a principios del signo de cáncer y doy fe de la variedad de emociones que siento desde que me despierto hasta que me acuesto.
Ahora tengo la certeza que todo es temporal, que simplemente he de dejarme llevar por la corriente hasta vislumbrar un remanso en el que cargar las pilas, curar las heridas y volver a navegar, hasta que otro tropiezo (otra señal del alma para que me de cuenta de algo que no quiero mirar), me sumerja en la confusión de las aguas revueltas.
Visto así, los dramas son menos dramas, situaciones que antes me paralizaban ahora sé que en mis manos está convertirlas, a ratitos, en comedias. Reírme de mi misma, con ligereza, en las escenas que he actuado como una aficionada, sin el más mínimo arte. Sé que, en ocasiones, el dolor es punzante y resulta difícil tomar distancia. También sé que, con todas las ayudas posibles, podemos darle la vuelta a lo insoportable.HOY ME SIENTO VULNERABLE
NADA ES PERMANENTE, EXCEPTO EL AMOR
Un día yo no estaré y la brisa seguirá meciendo las hojas de la morena de mi huerto menorquín. La buganvilia se cubrirá de flores y nuevas generaciones de desconfiadas lagartijas cruzarán a la carrera el patio.
Me gusta, de vez en cuando, recordarme que mi paso por la vida es limitado, que tengo fecha de caducidad, como todos. Me gusta porque me impulsa a disfrutar con serenidad de mi día a día, sin tener la vista puesta en grandes logros, simplemente en vivir. A menudo, cierro los ojos para sentir como el aire entra y sale de mi cuerpo, sin esfuerzo. Eso, cuando me pierdo, me devuelve siempre al presente.
Nada es permanente y tener conciencia de eso enriquece mi existencia y acentúa la importancia de cada instante y de cada una de las personas que quiero. Hoy están y tal vez mañana no. Más allá de las posibles diferencias, cada persona que nos acompaña es un tesoro. Nuestras almas se han elegido para compartir un tramo largo o corto, merece la pena aprovecharlo, sin quedar atrapadas en tonterías.
Mi vecina y amiga querida durante más de cuarenta años con la que compartí un viaje a la India, muchos baños en el mar, infinidad de anécdotas y r
isas, murió la víspera de este San Juan, justo el día de la verbena. Su huerto y el mío los separan solo una pared baja de piedra seca. Montse en su lado y yo en el mío hemos vivido charlas entrañables, mientras ella regaba y yo la miraba.
Sí, es verdad, nada es permanente excepto el amor, ese hilo invisible que nos une a nuestros muertos, que me dibuja una sonrisa cuando pienso en ellos, con la certeza de que siguen tan reales como antes en mi corazón.
Maria Mercè Castro Puig
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QUÉ BONITO
.Qué bonito que el día transcurra con una cadencia suave que alegra el alma,
.qué bonito sentir el agradecimiento que sale del corazón por todo lo bueno que hay en nuestra vida,
.qué bonito dejarse acariciar por la brisa,
.qué bonito no escatimar “te quieros”,
.qué bonito hablar con dulzura,
.qué bonito sentir a nuestros muertos, sin retenerlos.
.qué bonito abrirnos a lo nuevo, sin recelos,
.qué bonito sentirse arropada por algo más grande,
.qué bonito andar sin prisas, saboreando el instante,
.qué bonito llorar de emoción,
.qué bonito bailar a solas
.qué bonito quedarse dormida, con un libro en el regazo, al amparo de una preciosa morena,
.qué bonito dejarse mecer por el agua del mar,
.qué bonito reír porqué sí,
.qué bonito compartir sentimientos sin temor,
.qué bonito reconocer la suerte de vivir en un país en paz,
.qué bonito dar abrazos largos, sentidos, de esos que recomponen,
.qué bonito andar descalza,
.qué bonito mirar la luna
.qué bonito contemplarnos en el espejo y piropearnos, en vez de buscar defectos,
.qué bonito perderse en el cuerpo y el alma del ser amado,
.qué bonito darnos las gracias por todo lo conseguido, por tantas tormentas atravesadas,
.qué bonito dormir en sábanas limpias,
.qué bonito hablar con nuestros muertos con amor, sin dolor,
.qué bonito saldar desencuentros,
.qué bonito ver la muerte como un nuevo comienzo,
.que bonito recordar sin pena,
.qué bonito tener flores en casa
.qué bonito sentir ternura
.qué bonito creer que lo mejor está por venir,
.qué bonito sentir a los seres amados cerca, aunque estén lejos,
.qué bonito vivir, en vez de sobrevivir,
.qué bonito formar parte del teatro de la vida
.qué bonito regalar calma a nuestros hijos,
.qué bonito el silencio que no exige nada, que acompaña,
.qué bonito disfrutar de una buena comida,
.qué bonito despertar con la ilusión de un nuevo día
.qué bonito dejar que los otros vayan a su aire,
.qué bonito querer i sentirse querida.
Maria Mercè Castro Puig
¿QUÉ PERSONAJE TE OPRIME?
Cíclicamente la vida nos pide actualizaciones de nuestra manera de ser, algunas son suaves, nos vamos transformando sin darnos cuenta, sin apremios. Pero cuando atravesamos una crisis vital, por lo que sea o vivimos un gran duelo, la intensidad aumenta. La realidad, en estos casos, suele ser un cambio de piel doloroso, sin paños calientes.
Esa renovación exigente viene acompañada de mucho desgarro, confusión e incertidumbre. Nos encontramos en tierra de nadie. Es imposible ser las de antes, mantenernos ancladas sola causa más desazón, responsabilizar a otros de lo que nos ocurre tampoco ayuda, nos lleva a un callejón sin salida. La paciencia con nosotras mismas es una de las lucecitas que nos guía hacia el final del túnel.
Otra es dedicar tiempo, con la ayuda de uno o varios terapeutas, a indagar en nuestro interior. Es verdad que el detonante, en el duelo, es la muerte de nuestro ser querido, pero como eso no podemos revertirlo, lo sanador, a mi entender, es sacar las malas hierbas que arrastramos desde antes. Poner orden. Todas interpretamos muchos personajes a la vez y hay que revisar cuál de ellos ahora nos oprime, que partes de nosotras ya no puede seguir, en la nueva etapa, porqué minan nuestra fortaleza, nuestra energía, nuestra luz.
Sí, por ejemplo, hemos estado más pendientes de gustar, de hacer lo que creemos que los demás esperan de nosotras, temerosas del qué dirán o centradas en los otros, cuidando de todo el mundo, dejándonos de lado, sin tiempo para escucharnos y hablarnos con cariño, toca revertir esto y no es fácil, porque seguramente nos hemos identificado tanto con esa manera de actuar, que nos quedamos vacías, descolocadas y eso da miedo. Pero si seguimos igual, nos asfixiamos.
Sentir, más que pensar, es otra de las lucecitas. Aunque sea con temor conviene pasar ratos con nuestra tristeza, rabia, inseguridad, culpa, confusión, lo que sea, con la confianza puesta en volver a sentirnos en calma, en paz, con esa alegría serena que da calidez al alma.
Para volver a la vida toca despedirnos de lo viejo, que para cada una será algo distinto y dar la bienvenida a esa nueva mujer que todavía no conocemos. Quizá más amorosa, libre, auténtica, solidaria, independiente, conectada con cariño a sus muertos, siendo fiel a sí misma.
MARIA MERCÈ CASTRO PUIG
¿TE GUSTARÍA HIVERNAR?
T
al vez te gustaría hivernar y no lo digo por el calor que está haciendo en el hemisferio norte, no. Lo digo porqué cuando se está de duelo, a menudo, cuesta salir de la cama. Aturde que la vida siga y nos empuje.
Para los corazones rotos el verano no es una buena época, tampoco lo son las Navidades, ni los días de fiesta, de “diversión obligada”. Parece que todo el mundo tiene que estar feliz en vacaciones y, cuando el alma duele, el bullicio suele empeorar las cosas.
Vas a tener que priorizarte, no te exijas nada para quedar bien. Los que te quieren, con buena intención, te harán propuestas. “Te conviene distraerte”, quizá te digan. Es difícil que sepan cuán poca energía tienes, cuánto cansancio provoca el dolor.
Al principio de mi duelo, no me comprometía a nada. Decidía ir o no ir a lo que fuera en el último momento. Es imposible hacer planes a medio o a corto plazo.Y, cuando vamos a algún lugar con más gente, es bueno dejar abierta una puerta de escape, por si acaso.
Maria Mercè Castro Puig
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DÉJATE QUERER
A algunas personas, entre las que me encuentro, nos sentimos más cómodas dando que recibiendo. Yo, por ejemplo, siento algo parecido a la incomodidad cuando me hacen regalos. Al instante estoy pensando en cómo compensar a quién me lo ha dado, en vez de sentirme agradecida, sin más.
Y ya no digamos cuando se trata de recibir ayuda. Tardé mucho en aceptar que yo no podía con todo, que no estaba en mis manos controlar lo incontrolable. Lo de organizar y controlar me nace de natural.
El aprendizaje de los/las que somos así, creo que consiste en entender que la generosidad va en dos sentidos. Me explicaré: no se trata de dejarse ayudar, va más allá de esto. Lo bonito, a mi entender, es regalar al otro la oportunidad de cuidarnos, de mimarnos, de querernos.
Amar consiste, también, en permitir a la vida, a las personas que nos quieren velar por nosotras. Saber que somos merecedoras del cariño, de los abrazos, de las ternuras sin planear devolver nada. Somos amor, con eso basta.
Maria Mercè Castro Puig
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