CONFIANZA

RECUERDA

bugambilia Tu ya lo sabes, solo tienes que recordar, que la muerte como fin no existe, que al nacer nos esperan nuestros padres y al morir nuestros seres queridos, nuestros guías, nuestros maestros… 

 

Tu ya lo sabes, solo tienes que recordar, que estamos aquí por un tiempo limitado, el que necesitamos para experimentar lo que sea que tengamos que experimentar, que entender, que comprender, que hacer, que sentir…

 

Tu ya lo sabes, solo tienes que recordar, que cuando uno de tus seres queridos se va es mejor que le des permiso para partir, que le dejes ir, aunque sientas un inmenso dolor y tristeza

 

Tu ya lo sabes, solo tienes que recordar, que volveréis a estar juntos, que seguramente ya habéis estado juntos muchas veces antes y lo volveréis a estar muchas veces después

 

Tu ya lo sabes, solo tienes que recordar, que su marcha ya estaba pactada, que forma parte de tu aprendizaje, y  en tu interior conoces la mejor manera de afrontarla y actuar   

 

Tu ya lo sabes, solo tienes que recordar, que el amor y el perdón son las mejores herramientas para sanar y avanzar

 

Tu ya lo sabes, solo tienes que recordar, que te mereces lo mejor y el Universo siempre, siempre, conspira a tu favor

 

Tu ya lo sabes, solo tienes que recordar, que con tu actitud puedes darle la vuelta a cualquier situación y vivirla con amor

 

Tu ya lo sabes, solo tienes que recordar, que dentro de ti esta la fuerza que necesitas para vivir

 

Tu ya lo sabes, solo tienes que recordar, que si pides ayuda aparecerán las personas y los ángeles que te van a ayudar

 

Tu ya lo sabes, solo tienes que recordar, que en ti hay la hermosura del universo y toda la bondad

 

Tu ya lo sabes, solo tienes que recordar, lo bonito y reconfortante que es intercambiar amor

 

Tu ya lo sabes, solo tienes que recordar, que eres capaz de levantarte y seguir

 

Tu ya lo sabes, solo tienes que recordar, que si agradeces lo que tienes sentirás paz

 

Tu ya lo sabes, solo tienes que recordar, que cada día puedes volver a empezar

 

Tu ya lo sabes, solo tienes que recordar, cuáles son tus dones

 

Tu ya lo sabes, solo tienes que recordar, que eres fantástica tal como eres

 

Tu ya lo sabes, solo tienes que recordar, que el plan es perfecto

 

Cierra los ojos y, con dulzura, recuerda

MIS MEJORES DESEOS

 

TARDOR  FLORS

Sea cual sea la situación en la que te encuentres, piensa que este puede ser un buen año para empezar a enderezar tu vida. Sé que hay golpes que lo dejan todo oscuro pero precisamente por eso quiero hablar de las mil tonalidades radiantes de la luz; de la dulzura del perdón que libera nuestros pesares y armoniza nuestras relaciones, de la felicidad de bendecir, que significa decir bien de todo y de todos, de la maravilla de crecer y aprender con el corazón abierto hasta estar en paz con uno mismo y con la vida.

En espíritu no estamos separados, todos somos uno, de tal forma que al sanar nuestras heridas sanamos las de los demás, sobre todo las de las personas más cercanas a nuestro entorno familiar.

Propongo para este 2013 no prestar demasiada atención a las noticias catastróficas que inundan los medios de comunicación y, en cambio, estar muy atentos a la bondad que surge expontanea entre las personas. Ojalá todo lo que vivamos este año lo podamos ver como un fructífero aprendizaje y seamos capaces de darnos con amor la mano. El miedo desaparece cuando entra el amor. Y el amor está siempre disponible, estamos hechos de amor, solo tenemos que invocarlo.

MERECES CONFIAR EN TI

 

Imagínate que confías plenamente en ti y que esta fe no es una idea, no nace en tu cabeza, surge directamente de tu corazón. No es una fe ciega, no proviene del fanatisno ni el miedo, al contrario, esa confianza la has ganado poco a poco actuando con amor y sabiduría.

Recuerda que desde que naciste, cada vez que la vida te ha golpeado has conseguido ir más alla del sufrimiento y salir adelante. Al lograrlo has sentido gratitud y has afianzado tu confianza. Imagínate que esa fe en ti ahora ya es tan grande que aceptas entregarte a la vida. Y esa entrega te hace ilusión porque sabes que tarde o temprano te traerá alegría.  

IMAGÍNATE QUE ERES FELIZ

Imagínate que tus seres queridos que han partido están bien.

Imagínate que sientes su profundo amor y su energía dentro de ti.

 

Imagínate que eres capaz de sentir alegría y que esa alegría a él o ella le reconforta.

 

Imagínate que nadie te ha quitado nada, que simplemente su tiempo aquí era limitado, como el tuyo, como el de todos.

 

Imagínate que su amor es incondicional.

 

Imagínate que tu bienestar favorece el suyo. Que él o ella quieren lo mejor para ti.

 

Imagínate que no tienes miedo de expresar tus sueños.

 Imagínate que no tienes miedo a ser juzgado por los demás.

 Imagínate que vives sin juzgar a los demás.

 Imagínate que vives sin el miedo de amar y no ser correspondido.

 Imagínate que vives sin el mielo a explorar la vida, aunque te equivoques.

 Imagínate que te amas tal como eres.

 Imagínate todo eso hasta convertirlo en realidad.

 

 

 

SILENCIO Y QUIETUD

 

Cuando la existencia duele es bueno dar largos paseos por la naturaleza, sin prisas y en silencio. Los árboles, las nubes, el sol, el agua, el viento y el cielo son sanadores. También lo es estar callados y sin hacer nada en casa. La quietud y el silencio nos conectan con nuestra fortaleza y nos ayudan a recordar lo valiosos y extraordinarios que realmente somos.
Es más fácil escucharnos y sintonizar con la esperanza, la confianza, la paciencia y el amor incondicional si nos centramos en nosotros mismos, porque es en nuestro interior -y no fuera- donde de verdad se encuentran.

La transformación lenta y profunda que emprendemos durante la travesía del duelo requiere llevar una vida pausada y sencilla. No es momento de acumular, al contrario, la liberación llega si somos capaces de aligerar miedos y desprendernos de lo que nos ocupa demasiado espacio y tiempo. Así, desnudos de recelos, al final del viaje cada uno alzará con plenitud y serenidad el vuelo.

LOS QUE SE VAN NOS DEJAN REGALOS

 

Cada una de las personas que hemos amado y nos han querido nos dejan cuando se van preciosos regalos. Los pocos que los abren y los lucen desde el principio son seres muy extraordinarios. La inmensa mayoría no podemos ni siquiera verlos antes de atravesar nuestro duelo. Tarde o temprano, sin embargo, cuando los descubrimos admirados recobramos la fe en la vida y la aceptamos aliviados. Porque los obsequios que nos han dejado nuestros seres queridos son justo lo que necesitábamos. Son originales, personalizados, fantásticos, hechos de amor puro.

 

Los regalos de amor duran siempre, nada ni nadie puede quitérnoslos, ni la muerte.

El primer regalo que pude lucir de Ignasi fue este, que el amor perdura, que va más allá de la muerte ¡qué tranquilidad, qué gran consuelo le dio esa certeza a mi alma! En mis momentos de flaqueza siempre, siempre, puedo recurrir al amor que he sido capaz de dar y recibir.
También me ha regalado la oportunidad de creer en mi fuerza interior. Ahora sé, y antes no, que pese a mis grandes miedos soy valiente cuando es necesario y, aunque me cueste, puedo levantarme cuando caigo.

 

Son muchos los regalos que he recibido y que sigo recibiendo de la gente que me quiere, esté aquí o en el otro lado.

Soy consciente, porque a mi me ha pasado, que durante los primeros tiempos de duelo daríamos la vida para que todo fuera como antes. Los regalos los cambiaríamos encantados por abrazos. Pero eso es imposible. En cambio, entregarnos a la vida, sin resistirnos, nos devuelve la paz. No podemos controlar lo incontrolable, vivir reaquiere humildad porque la vida es un misterio y aceptar eso es uno de los grandes regalos.

LECCIONES DE CONFIANZA

Alguna vez he hablado en el blog de mi padre; tiene 83 años y un espíritu independiente y positivo. Ahora, sin embargo, empieza a flaquear. El otro día, mientras paseaba, se cayó y se rompió dos costillas. Ha venido a casa a pasar los días de convalecencia y aunque físicamente está muy recuperado, me temo que el parón va más allá de la caída y que quizá lo que le ocurre es que comienza a encontrarse perdido. Lo veo distraído, como si estuviera entre dos mundos y no sé si podrá seguir ya el ritmo que hasta ahora mantenía.

Tal vez vuelva a coger el compás, no lo sé. Lo que sí sé es que nunca antes lo había visto así, para mí es una situación nueva. Doy gracias a Dios por no trabajar ya en la editorial y poder cuidarle y le pido que me de luz para no convertir lo natural en tragedia. Para que los dos podamos aprender de lo que estamos viviendo ahora.

Creo que para mi es una lección de confianza en el proceso de la vida y en mi misma. ¡Me gustaría ser menos trascendental, pensar menos, ser más divertida y ligera!

SOÑAR UN MUNDO MEJOR

 

El duelo y la incertidumbre van de la mano. Anhelamos lo conocido que es el pasado, del presente queremos huír y al futuro cuesta encontrarle sentido. Así empiezan los grandes duelos pero estos tiempos en que vivimos, com más o menos intensidad, vienen inciertos para todos, porque de alguna manera predomina la sensación general de que es necesario mudar de piel y no sabemos muy bien cómo.

 

Para renacer hay que soltar lo conocido y adaptarse a vivir entre dos mundos, sin suelo firme bajo los pies y sin certezas porque los asideros de antes ya no sirven. Así, suspendidos, solo la confianza y la esperanza nos sostienen. Siempre ha sido así. Desde los orígenes hasta ahora la convicción de salir adelante se ha convertido en el puente que nos ha permitido cruzar al otro lado y crear mundos nuevos. Para transitar un duelo y salir fortalecido es necesario tener un espíritu de guerrero que sepa trascender la impaciencia y el miedo.

 

Propongo dejar los viejos hábitos, que nada tiene que ver con olvidar, quedarnos solo con el amor, abrir las puertas del alma a lo desconocido y poner la ilusión en soñar para cada uno de nosotros un mundo mejor. Soñar es el primer paso antes de pasar a la acción.  

HACER EL MÁXIMO PARA SER FELIZ

Aunque al principio del duelo es normal sentirse atrapado en el dolor y no ver la posibilidad de volver a la vida, todos tenemos en nuestro interior la fortaleza para atravesar el desierto de la ausencia y renacer. Precisamente creo que el duelo consiste en eso, en conectar con nuestra Esencia Divida, esa parte nuestra segura y confiada que sabe con certeza que el amor perdura, que la vida es solo un sueño y en nuestras manos está convertirla en algo bello o en el peor de los infiernos como, por ejemplo, el que viven las personas que tienen siempre el corazón en vilo esperando lo peor. Esa no es manera de vivir y seguramente viene de lejos, la hemos heredado, no es una elección consciente, sino una creencia que ha ido pasando de generación en generación.

 

El duelo, ese vendaval que se lo lleva todo, es un excelente pretexto para cambiar y dejar el papel de víctima por otro más feliz. Sí, es un buen momento para sacarnos de encima todo lo que nos oprime y quedarnos con lo que somos, ni más ni menos.

 

A mi me gusta creer que soy una ‘chispita’ de amor puro, recubierta de mil temores, heridas, pactos y memorias no muy favorables, la verdad, pero ‘chispita de amor al fin y al cabo. Y en eso estoy, en ir sacando capas y curando heridas (muchas, como ya he dicho, no son ni mías) con el propósito de acercarme a esa luz dorada que brilla con intensidad.

 

Hay días que cunden y adelanto mucho y otros en que me pierdo y lloro, con un llanto desconsolado, pero mi intención está puesta siempre en hacer el máximo que pueda para ser feliz.
También me gusta pensar que la muerte, como final, no existe, que el Universo encierra infinidad de posibilidades y me encanta tener la certeza de que mi hijo Ignasi y todos mis muertos están bien, no sé muy bien por dónde anda cada uno, pero sí sé que, de alguna manera, ellos ya están en casa y, cuando llegue yo, no quiero volver con el sentimiento de haber echado por la borda mi vida, de no haberla aprovechado, de no haber reído y querido lo suficiente….

 

Si estamos aquí, qué mejor que vivir, en vez de encerrarnos y taparnos con un manto de miedo y angustia. Pase lo que pase tenemos la capacidad de darle la vuelta y no estamos solos para lograrlo; aquí, en la Tierra, hay muchísima gente que puede ayudarnos y, del otro lado, ya ni los cuento. No por nada, ¡sino porque son tantos!

 

Como todos los caminos, el de dejar de sufrir empieza con un pasito. No hace falta querer recorrer mucho trecho de una sola vez. No, más vale tomar consciencia e ir despacio. Os animo a realizar juntos este viaje que consiste en aprender a quererse y dejar de juzgar a nadie y, sobre todo, a nosotros mismos.

 

Cada cual hace con su vida lo que puede, cada uno de nosotros creamos nuestra propia historia y para nosotros es la válida, es la verdad y es distinta de la de los demás. Podemos, pero no sirve para este viaje culpar a los otros o a la vida de lo mal que nos sentimos.

 

Si no nos gusta nuestra historia en nuestras manos está cambiarla. Para esta aventura es preciso tomar las riendas, ser sinceros con nosotros mismos y actuar y decidir con el corazón, con la fuerza y la voluntad de auténticos guerreros.

UNA HISTORIA CON FINAL FELIZ

He pasado muchas horas de mi vida mirando por los ventanales del comedor de mi casa, un tercer piso de un edificio situado en una esquina del Ensanche barcelonés, tocando al barrio de Gracia.  Por esas generosas ventanas entra un trozo grande de cielo y calle. Para mí es una bonita perspectiva urbana enmarcada por enormes árboles, que veo florecer desde hace treinta primaveras.

Cuando mis hijos eran pequeños, para distraerles, nos poníamos agazapados junto a una de las ventanas y jugábamos a ver quién veía primero circular un coche amarillo, rojo, o verde. El juego tenía múltiples variantes: contar taxis, perros, gente con o sin mochila…

Hoy, que es domingo y me he levantado tarde, he hecho lo que suelo hacer cuando no voy con prisas: desayunar mirando por la ventana y no sé cómo resumir en palabras la emoción que me ha producido la escena que he presenciado en una de las terracitas del edificio de enfrente.

 

En el piso de esa terraza, un tercero como el mío, vive una mujer sola ya muy mayor a la que hace mucho tiempo se le murió un hijo de unos 35 años y poco después el marido. Es una señora pequeñita, delgada, elegante, con mucha energía, a la que veo sacar desde siempre y cada día el polvo de las persianas, a primerísima hora de la mañana.

En mi vida he hablado solo unas 4 o 5 veces con ella, sin embargo, sin saber casi nada la una de la otra –como suele ocurrir en las grande ciudades-, es como si nos conociéramos mucho y durante estos breves encuentros siempre nos hemos mirado con cariño.

 

Pues bien, mientras yo desayunaba me he quedado ensimismada viéndola bajar con una manivela un toldo verde que tiene para proteger su casa del sol. Con sigilo, ha aparecido en la escena lo que yo interpreto como uno de sus nietos, un chico de unos trece o catorce años, alto -dos o tres palmos más que ella-, delgado, con cara de sueño y despeinado y la ha rodeado con sus brazos por detrás en un abrazo tan amoroso, natural, íntimo, familiar… y la sonrisa que se le ha dibujado en la cara a ella ha sido tan enternecedora, cómplice, dulce y bonita que a mi se me han cubierto los ojos de lágrimas. Ha durado un instante, los dos han entrado enseguida en casa. Pero si hubiera estado en el cine y hubiese aparecido después de esto la palabra FIN ningún espectador hubiese dudado de que la película tenía un final feliz. Hoy tengo la plena certeza de que la vida de esta mujer, con todos sus pesares, ha merecido la pena.

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