AMAR Y REÍR PORQUÉ SÍ
Qué bien que sienta, amar sin condiciones. Amar sin más, porqué sí, nos enriquece, nos da paz. Cuando liberamos al otro de nuestras expectativas aflora desde muy hondo una sensación de ligereza, de libertad, incluso de esa alegría inocente, limpia de cuando éramos niños.
Amar en mayúsculas no depende de nada, es algo innato en nosotros cuando acallamos las turbulencias heredadas, los condicionamientos, los miedos, los reproches, las creencias de lo que está bien y mal. Sí, estamos revestidos de todo eso, pero al fin y al cabo, en el fondo, somos chispitas de amor en estado puro.
Amar es un acto de bondad que nos hacemos a nosotros mismos y que, sin querer, repercute para bien en los demás. No importa que los seres amados ya no estén aquí o vivan lejos o no nos hayamos visto desde hace mil años.
Ese amor incondicional del que hablo, ese que fluye desde muy adentro de cada una de nosotras, no solo va dirigido a las personas, no. En esa energía cabe todo; los animales, los árboles, las plantas, la vida misma. Es un estado de gracia que, muy de vez en cuando, he tenido la suerte de experimentar.
No es una vibración lineal, al menos en mi caso, porque siempre afloran nuevos sinsabores, desencuentros, miedos soterrados que la empañan. Pero cuando elegimos vivir amando, sin amarguras, sabemos que el sol permanece aunque el día esté nublado, solo tenemos que coger un poquito más de altura para encontrarlo. Como cuando viajamos en avión.
Y lo que nos impulsa, nos eleva, lo tenemos a mano, se encuentra en la gratitud, la amabilidad, el reconocimiento y la valoración de nuestros propios logros y los de los demás. En poner atención en lo que nos gusta, en respetar a nuestro cuerpo, en agasajar a nuestra alma.
A mi, por ejemplo, me va bien cerrar los ojos y preguntarme:«¿Cómo te sientes hoy, preciosa?
Y, surja lo que surja, me recuerdo que estoy aquí disponible, acompañándome y que, aunque exista algún contratiempo, algún dolor, nostalgia, lo que sea, al final todas las Mercès que hay en mí nos reiremos juntas.
Como dice mi tía, Neus, que tiene 97 años, «Tranquila, niña, que yo no me iré de vacío». Confío en que yo tampoco.
Maria Merce Castro Puig
LIBROS:
«VOLVER A VIVIR»
«PALABRAS QUE CONSUELAN»
«DULCES DESTELLOS DE LUZ
COMOAFRONTARLAMUERTEDEUNHIJO.COM
También me encontrarás en:
INSTAGRAM: menorcasonbou
YouTube: Maria Merce Castro Puig



Deja un comentario