EL DOLOR ES UN BUEN MAESTRO

 

El primer año de duelo es crucial, interiormente decidimos si estamos dispuestos a seguir adelante o no. Es un año durísimo, me recuerdo a mi misma fuera de este mundo, ocupadísima en reconstruir mi alma y en reconfortar, en lo posible, la de Lluís y Jaume.Al final del segundo año volví a poner los pies en la tierra y me encontré de sopetón con los conflictos cotidianos que había dejado aparcados durante mi “ausencia”. Al dolor del duelo se sumó entonces todo lo que había dejado pendiente; mis conflictos antiguos relacionados con la vanidad, el orgullo, la soberbia… ¡Qué difícil avanzar con todo eso mientras recorremos un trayecto tan complicado como es el del duelo !No tuve más remedio que dedicar esfuerzos a indagar en mi interior, a reciclar relaciones, a deshacer apegos, a modificar pautas mentales que ya no me servían para encarar mi nueva vida. Y todavía estoy en eso. Pienso que el camino sanador del duelo consiste en revisar y deshacernos de lo que se aleja del amor, en el sentido más amplio. Ese trabajo dura siempre, porque somos humanos y estamos aquí para aprender.

Desde entonces, veo todo lo que me sucede y, sobre todo lo que más me cuesta, como una oportunidad. Cada encuentro o reencuentro, cada percance o problema, cada ilusión encierran ahora un mensaje para mi alma. Nada ocurre por qué si, todo tiene un sentido y guarda relación con mi estancia aquí. Las alegrías y los conflictos pertenecen por igual a mi mapa de ruta. Su función es la misma, elevar mi vibración de amor. Soy la responsable de mi vida. En todo momento yo decido qué hacer con lo que me sucede. Eso me ha hecho tomar conciencia de lo reconfortante que es la libertad. ¡De la inmensa capacidad del ser humano de crear! Nací con unas características, es bien cierto, pero la mayoría puedo modificarlas y del resto puedo sacar el mejor provecho. Esta forma agradable de transitar por la existencia se la debo a Ignasi. El dolor, si no nos aferramos a él, es un buen maestro.

EXPANDIR AMOR

 

Hace un ratito he llamado a mi tía Nieves, la hermana de mi madre. Es muy mayor, pero conserva bien la cabeza y habla con el corazón. Mi llamada, estoy segura, es para ella un motivo de alegría, como lo es para mí. ¡Es tan reconfortante expandir cariño! No se trata de hacer grandes cosas; la felicidad se esconde en los pequeños detalles, en los gestos sencillos… Los miembros de una familia están unidos por lazos antiguos y tenemos toda una vida para convertir estos lazos en lazos de amor. Eso crea una armonía que va más allá del bienestar familiar. Da paz.

Cuando me siento inquieta, cuando el miedo ronda mi alma, recurro al “truco” de expandir amor. Eso me permite ir más allá de la niebla espesa y reencontrarme con la luz. Por eso en los principios del duelo intenso, hemos de aprovechar y potenciar esos momentos de claridad para sumar cariño.

Cada uno sabe cómo puede alegrar el día a las personas que tiene cerca, sean familia o no. A veces no lo hacemos por timidez o por temor a ser mal interpretados. ¿Permitiremos que el miedo cierre las puertas al corazón? Si nos quedamos en la oscuridad perderemos magníficas oportunidades de sentirnos mejor. En el fondo, todos deseamos que nos quieran. Solo hay que dar el primer paso, el Universo se encarga de lo demás.

El amor es a la vida, lo que el agua es a las plantas. Si dejamos de regarlas, se secan hasta que se mueren. El duelo es una tierra árida que precisa de mucho riego.

AMAR SIN LÍMITES

 

Nos han enseñado a amar a nuestros padres, a nuestras parejas, a nuestros hijos… Pero nuestra capacidad de amar va mucho más allá, es infinita. Coinciden las personas que han tenido experiencias de casi muerte u otro tipo de experiencias espirituales que se sienten rodeados de seres que desprenden un amor incondicional, cálido, acogedor, sin juicios, ni límites. Esa es la fuente de la que debemos beber. Ese es el amor que no espera nada a cambio, que nos fortalece.

Un corazón amoroso tiene lugar para infinidad de seres queridos, no entiende de normas preestablecidas, no juzga si está bien o no querer a este o a aquel… En un corazón grande hay suficiente espacio para todos. No por querer a unos tenemos que dejar de querer a otros. El amor siempre suma. No se gasta, al contrario, cuanto más amor damos, más tenemos.

SUPERAR MOMENTOS DIFÍCILES

 

En aquellos momentos en que la vida nos pone a prueba y pensamos que no podemos continuar, es cuando el Universo conspira más a nuestro favor. En esos momentos de desesperación, nos hemos de limitar a respirar. A notar como el aire entre y sale de nuestro cuerpo, mientras pedimos ayuda a “los de arriba” y nos decimos a nosotros mismos que todo pasa. Eso es lo que hacía yo, cuando no podía más y lo que hacen otras personas con las que he compartido experiencias vitales difíciles, como el duelo o la enfermedad severa. La ayuda no tarda en llegar y aparecen para darnos la mano terapeutas y maestros que nos guían para recorrer un tramo más. Eso es importante que se sepa, porque funciona.En los días, los meses o los años de dolor y oscuridad no estamos solos si mantenemos el corazón abierto al amor, con la intención de reinventarnos, dejando los prejuicios y las máscaras a un lado. Desnudos podemos percibir mejor los destellos de luz que conducen a buen puerto.

COINCIDENCIAS

 

Hoy hace un día precioso en Barcelona. El sol ha salido como una promesa de primavera y mi marido y yo hemos ido andando desde casa hasta el mar. Un paseo de una hora hasta la orilla. Nos hemos sentado en la arena y a mi lado ha llegado haciendo la croqueta un niño de unos dos años. Se ha quedado junto a mi y su madre me ha mirado sonriendo.

-Ignacio ¿nos vamos?, le ha dicho ella.

-Ignacio, que nombre más bonito, he respondido yo. Se llama igual que mi hijo mayor.

El niño ha seguido un ratito a mi lado y para mí ha sido un regalo.

Estas “coincidencias” las vivo como actos amorosos que el Universo me envía. Parecen “tonterías”, pero no lo son tanto.

Mirando el mar, que brillaba muchísimo, le he dicho a mi marido: «parece una locura, pero no me importa que Ignasi se haya ido». “A mi me ocurre lo mismo. Sé que está bien y yo estoy en paz”.

A Ignasi no le vemos pero forma parte de nosotros tanto como Jaume, que me ha llamado hace poco para decirme que no viene a comer, que está paseando con su novia, disfrutando del buen tiempo. Mis dos hijos están bien, cada uno en lo suyo y yo me siento feliz de ser su madre y dejarles a su aire. Les he dado la vida, pero la existencia es suya.

DEJAR QUE NUESTROS HIJOS SIGAN SU CAMINO

 

Si me hubiese muerto yo, en vez de Ignasi, me entristecería muchísimo percibir a mis hijos destrozados, a mi familia rota. Me gustaría que me recordaran, claro, pero con el corazón lleno de amor, en vez de pena, de amargura, de dolor. Si apostaran por la felicidad, incrementarían la mía. Siento que a Ignasi le ocurre lo mismo, eso me ha ayudado a aceptar la vida, a intentar desvanecer mis miedos. Cada porción de felicidad que alcanzo, es un regalo que ofrezco a los míos, a la gente que quiero, incluso a los que no conozco porque sé que el amor que cada uno desprende es un bálsamo para todos. En este mundo ya hay demasiado terror y miedo, lo que falta es cariño. De ese cariño que nace de dentro, que nos permite amarnos a nosotros mismos. Nadie puede dar lo que no tiene.

Nuestros hijos y todos los seres queridos que hay al otro lado, necesitan comprensión, cariño y luz para seguir su camino en paz. Y los que estamos aquí necesitamos lo mismo.

LA MUERTE NO EXISTE

 

A mi me gusta pensar que es así. He leído que la esencia de todo es energía en continua movimiento. Por eso creo que la muerte no existe. Me reconforta imaginar que somos “chispitas” de esa energía eterna que conforma el Universo, que lo que llamamos muerte es en realidad un cambio de estado, como cuando el agua se convierte en vapor.

Cambiamos de estado al venir aquí, cuando nacemos, y volvemos a cambiar cuando nos vamos. En el sueño que tuve al final del primer año de duelo, Ignasi me dijo: “mamá, nuestra relación es eterna, que más da que uno esté arriba y el otro abajo, eso ya nos ha sucedido muchas veces, no debería importarte. En la tierra coincidimos el tiempo que coincidimos, unas veces te vas antes tú y otras yo, pero no por eso dejamos de estar unidos”. A mi me gusta pensar que eso es así, que las personas que queremos son nuestros compañeros de viaje hasta la eternidad, que nos vamos reencontrando en el camino, algunas veces aquí y otras allá. En los dos lados contamos con gente que nos quiere.

JORNADAS DE DUELO EN LLEIDA (clicar dentro de la página para que se haga la letra grande)

ACEPTAR LO QUE SENTIMOS

 

Hoy ha venido mi padre a comer a casa. Ha llegado pronto y mientras yo preparaba la comida y guardaba lo que había traído del mercado, se ha sentado a leer el periódico en la mesa de la cocina. Cada uno andaba en lo suyo hasta que me ha dicho: tienes la cara triste, ¿estás triste? Tiempo atrás le hubiese dicho que no, que tal vez un poco cansada o cualquier otra excusa. Pero hoy le he contestado que sí, que de vez en cuando me invade la tristeza igual que de repente se nubla el cielo. “Me he puesto triste en el mercado y no sé porqué”. “A mi a veces me ocurre lo mismo; estoy bien pero triste” , me ha respondido él. Y, entonces, los dos hemos notado un calorcito en el pecho, y si hubiésemos podido medir el cariño hubiésemos comprobado como subía unos grados. ¡Que agradable es aceptar lo que sentimos! ¡Cómo se alegra el corazón cuando compartimos emociones! ¡Qué reconfortante es mostrarnos tal y como somos! A partir de ese momento la tristeza, despacito, se ha ido desvaneciendo.

DOLOR DE CRECIMIENTO

 

Recuerdo que de pequeña de vez en cuando me dolían las piernas, justo por encima de la rodilla. Cuando se lo decía a mi madre, me respondía: eso es que estás creciendo. El dolor del alma también va unido al crecimiento. Es hermoso ver cómo las personas renacemos después de atravesar, cada una a su manera, duelos inmensos. Hay un antes y un después de esas sacudidas tremendas que te voltean entera y te dejan frente a la nada. Poco a poco emerge una nueva piel y nacen en nuestro interior brotes de alegría, de amor, de serenidad… Esos brotes crecen con tal fuerza que son capaces de aguantar nuevas tempestades. Es hermoso ver reflejada la paz en las caras antes desencajadas. Es hermoso amar la vida.

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