LA BRÚJULA EMOCIONAL
Virgínia Villarroya, periodista del primer canal online de crecimiento personal, me ha hecho una entrevista a raíz de la publicación de mi nuevo libro Palabras que consuelan.
Me hace ilusión compartirla con vosotros, compañeros en este viaje que nos lleva a trascender el duelo y amar de nuevo la vida, con la intención de recuperar la alegría, aunque parezca una misión imposible .
Se emite durante esta semana todos los días a las 9h de la mañana, a las 17h de la tarde y a las 12h. de la medianoche. El enlace es www.brujulaemocionalfm.com
Un abrazo grande para todos
PALABRAS QUE CONSUELAN
Me hace muchísima ilusión anunciaros que a partir del próximo lunes, día 14 de octubre, está en las librerías mi nuevo libro. Habla de los pensamientos y sentimientos que a mi me han ayudado a trascender mi duelo y amar la vida y que, de alguna manera, llevo 5 años reflejando en este blog.
Se titula “Palabras que consuelan” y me sentiré muy gratificada si estas palabras, pueden acaronar un poco a las personas que viven la muerte de un ser querido.
Lo ha editado con mucho cariño “Plataforma Editorial” y, aunque el duelo que más conozco es el de la muerte de un hijo, las herramientas de las que hablo me parece que sirven para cualquier pérdida muy sentida, de esas que te dejan fuera de la realidad durante un tiempo y que piden reinventarse.
Tiene un capítulo, para mi entrañable, dedicado a los “Momentos Mágicos” que han vivido Adriana Rodríguez, Mª del Mar Vicente Guardiola, Mercé Martí Garcia, Dolores Jurado, Carme Serret, Amelia Gabaldón, Natividad San Martín, Pepa Romero, Dulce Camacho y Pedro Alcalá, a raíz de la muerte de sus seres queridos. Momentos de extrema belleza, que nos reconfortan a todos y nos acercan a la esencia de la vida, al amor.
Tengo la suerte y el honor de contar con dos personas maravillosas, Ana Mª Gassió directora de PFB Serveis Funeraris, que ha prologado el libro y la Dra. María Carmen Martínez Tomás, una de mis maestras, que presentará el libro el próximo 28 de noviembre a las 19h. en El Corte Inglés de Portal del Ángel, de Barcelona.
Ese día, me gustaría poder abrazar a los lectores de este blog. Si os va bien acompañarme, no dudéis en venir, si estáis ahí, me sentiré muy arropada.
APRENDER POCO A POCO A SER FELIZ
La humanidad lleva mucho tiempo padeciendo, seguramente desde sus orígenes. No digo que no hayan habido momentos felices en la vida de las personas que nos han precedido, incluso épocas históricas francamente más alegres que otras, claro que sí, me refiero a que nuestra cultura planetaria, en general, guarda la memoria de mucho dolor acumulado, de sentencias de sufrimiento compartidas, del tipo “la vida es un valle de lágrimas”, “más vale malo conocido, que bueno por conocer”, “no hay rosa sin espinas”, “la letra con sangre entra” y un sinfín de creencias y refranes que deben ser muy parecidos en otros idiomas. De mi abuela oí muchas veces: “las rialles acaben en ploralles” (las risas acaban en lloros).
Todo ese flujo de dolor, verbal y energético, lo heredamos de pequeños sin apenas darnos cuenta. Vaya, que estamos educados para encontrarnos o imaginar casi siempre lo peor. Andamos a menudo con el ¡ay! en el cuerpo y, en cambio, muy poco sabemos hacer para que ocurra lo contrario, para confiar y esperar lo mejor. No hay más que mirar los telediarios para darse cuenta que, a la hora de expandir y comunicarnos, prevalece y mucho lo malo sobre lo bueno. A la que nos descuidamos, nos ponemos en el lado más desfavorable y yo la primera.
Es cierto que siempre ha habido personas sabias que con sus vidas y sus obras nos han ayudado, pero la humanidad, como cultura, al menos hasta ahora no ha ido mucho más allá del dolor.
Los cuentos infantiles, después de que los protagonistas vivan mil contratiempos y desdichas suelen acabar con la frase: “Y fueron felices y comieron perdices”. Y ya está, no se sabe más de ellos.
Ahora, empieza a notarse una dinámica distinta, un movimiento de personas heterogéneas unidas en un interés común: crear una cultura de la felicidad que considera como un bien preciado la alegría, la prosperidad (que no tiene que ver con acumular dinero o posesiones), la creatividad, la vida sencilla y tranquila, el cuidar la propia salud y bienestar, en hacer cosas porqué sí, por el bien común… ¡¡Y yo les estoy inmensamente agradecida!! Porqué cuando las personas se juntan para iniciar un camino nuevo, al final la humanidad entera acaba recorriéndolo y, es posible, que con la insistencia, igual que ha ocurrido con el dolor, esa manera más afable de ver la vida acabe incrustada en nuestro ADN.
Si conseguimos salir de esa zona conocida, a menudo tensa y dolorosa, que se ha convertido en nuestra zona de confort de tan familiar que nos es, confío en que tal vez, poco a poco, nos arriesguemos a entrar en esa otra dimensión de felicidad de la que hablábamos. Seguramente, primero, nos resistiremos, incluso tal vez nos provoque más ansiedad. Cuesta romper con tradiciones milenarias, pactos y creencias antiguas. El cambio tiene sus ritmos. Pero me hace una ilusión inmensa ir despacio, pero sin pausa, hasta esa nueva realidad planetaria. Entre todos podemos crearla. ¡Doy gracias y admiro a las personas que ya están viviendo en ella!
LOS CAMINOS DEL ALMA
«La mayoría de los problemas, crisis existenciales o enfermedades son sólo momentos de prueba que está viviendo un individuo; son necesarios y muy útiles para el ‘despertar de su conciencia’.
Nunca sabemos en realidad desde afuera cuán importante puede ser para cada persona la situación que está atravesando en determinado momento. Podemos percibir esa situación como algo terrible, doloroso, injusto o innecesario, pero cualquiera sea nuestra interpretación nunca será correcta ni completa».
(fragmento de un texto de autor desconocido)
Cómo adquirir «Volver a Vivir» Diario del primer año después de la muerte de un hijo
Para los lectores que tenéis dificultades en encontrar, en las librerías de vuestros respectivos países, el diario que escribí durante mi primer año de duelo., os dejo esta web.
Un abrazo grande
PURA VIDA
Llueve en mi ciudad desde hace poco más de dos horas; a ratos cae el agua con suavidad, casi con pereza y, de repente, la indolencia deja paso a un manto de agua, a una cascada intensa, salvaje, envuelta en un aire huracanado que, a pesar de su fuerza, dura casi nada y deja paso de nuevo a la lluvia dulce y mansa… Así transcurre esta tarde en Barcelona, esta tarde de Septiembre que viene a anunciar lo poco que queda ya del verano.
Mirando por la ventana el espectáculo del cielo, me ha parecido que la tarde de hoy, tan cambiante, se parece mucho al transcurso de la vida… Vivir encierra incertidumbre pero también una belleza honda, profunda, hermosa, aunque a veces duela.
La vida tiene una fuerza enorme, es como es, va a su aire y a veces nos da vértigo mirarla, sentirla tan libre, tan independiente, tan creativa. Cuando me ocurre eso me digo a mi misma que yo también soy pura vida –lo somos todos- y me doy permiso para sentirme fuerte, libre, independiente y creativa.
PERSEGUIR LA FELICIDAD
Leyendo un libro de Alice Munro, “Mi vida querida”, me encuentro con esta frase:
“La cuestión es ser feliz. A toda costa. Inténtalo. Se puede. Y luego cada vez resulta más fácil. No tiene nada que ver con las circunstancias. No te imaginas hasta qué punto funciona. Se aceptan las cosas y la tragedia desaparece. O pesa menos, en cualquier caso, y de pronto descubres que estás en paz con el mundo”.
Al principio del duelo perseguir la felicidad suena a misión imposible… la ausencia duele tanto! Pero resistirse a ser infeliz parece ser el camino, el que conduce con mayor seguridad al final del túnel. A las personas que han sobrevivido a grandes tragedias, sin quedar atrapadas en el resentimiento y el dolor, se las ve felices y suelen transmitir una agradable sensación de paz y serenidad.
¿Pero cómo se persigue la felicidad o se deja atrás la infelicidad? A mi me parece que si procuramos trascender los condicionamientos culturales que parecen abocarnos irremediablemente al sufrimiento –arrastramos siglos de culpa y sufrimiento-, escuchamos con sinceridad a nuestro corazón, y tenemos la esperanza de conseguirlo descubriremos la manera, cada uno encuentra la suya, la que le va mejor. No existe una receta estándar, porqué somos distintos y no tenemos que aprender lo mismo. Aunque sí estoy segura de que hacer las cosas con amor y crear pensamientos amorosos acerca de nosotros y los demás funciona, va bien para todos, nos proporciona una agradable sensación de bienestar.
En cambio, cuando nos enredamos a juzgarnos a nosotros y a los demás nos sentimos inquietos, desanimados, con desasosiego. También la queja constante reduce -y mucho- nuestra energía y nos impide pasar a la acción y conseguir lo que deseamos. Si nos escuchamos, si dejamos un espacio al silencio para ser conscientes de lo que sentimos y de lo que pensamos vamos encontrando nuestro propio camino, el que nos conduce a perseguir la felicidad.
PALABRAS DE AMOR
Hubo un día en que emitimos el primer sonido con sentido, la primera palabra y el rostro de nuestra madre se inundó de alegría. ¡Cuánta emoción contenían y despertaban aquellos balbuceos! Las palabras, que ahora pronunciamos como si nada, siguen teniendo un poder inmenso! Este poder, según lo que digamos o escuchemos, consuela o hiere.
Cuando los sentimientos o pensamientos se dicen en voz alta la vibración del sonido atraviesa cada célula y llega hasta el alma. Si hacemos memoria, es fácil recordar palabras que oímos de pequeños que llevamos clavadas, como puñales, en lo más hondo de nuestros corazones. Suelen ser palabras, tal vez dichas a la ligera, pero que encierran desaprobación, reproches, disgustos, enfado, desamor… Sí, las palabras pueden herir y también pueden curar. Cada palabra de amor es una victoria de la vida.
Propongo que juntemos todas las palabras que nos duelen (“esta niña no sirve para eso”, “nunca será tan guapa, tan inteligente, tan valiente como…” “su madre ha sufrido mucho con ella”, “va a ser una infeliz”, los ejemplos son infinitos y encierran también sentencias personales cotidianas del tipo: “no voy a poder”, esto es demasiado difícil” “para eso soy una negada”, “no tengo talento”… etc, etc.) una vez juntas todas esas palabras las envolvemos con la fantástica fuerza del perdón y las liberamos, las entregamos a la madre Tierra para que las recicle, o al agua, para que las disuelva, da igual, las dejamos ir y nos centramos en crear y decir en alto palabras amorosas.
Las palabras de amor producen bienestar y alegría, nos consuelan, nos arrullan, nos liberan. Las palabras de amor crean belleza, armonía, paz. ¿Por qué no darnos permiso para hablarnos con cariño a nosotros mismos y a los demás? ¿Por qué no dar las gracias por lo que la vida nos ha dado, aunque haya sido por un tiempo limitado? ¿por qué no decir te amo a las personas que queremos?, ¿por qué no nombrar alto y fuerte el lado bueno de nuestros amigos y el nuestro?
No es fácil cambiar hábitos, pero es posible. Vamos a intentarlo. En vez de quejarnos en voz alta, de juzgarnos, de lamentarnos, cada día podemos decir algunas palabras sencillas y bonitas, algunas palabras de amor y permitir que su magia disuelva nuestros miedos y nos calme. Ahora, de mayores, podemos también escuchar con cariño y sosiego, incluso aquello que nos resulta difícil oír.
¿QUÉ CAMINO DE DUELO ELIGES?
«Puedes llorar porque se ha ido o puedes sonreír porque ha vivido,
puedes cerrar los ojos y rezar para que vuelva o puedes abrirlos y ver todo lo que ha dejado,
tu corazón puede estar vacío porque no lo puedes ver o puede estar lleno del amor que compartisteis,
puedes llorar, cerrar tu mente, sentir el vacío, dar la espalda o puedes hacer lo que le gustaría: sonreír, abrir los ojos, amar y seguir»
POEMA POPULAR ESCOCÉS
LA FELICIDAD ESTÁ DÓNDE TÚ TE PROPONGAS
Me ha impactado la foto de estos niños bañándose en una rueda inmensa de camión que ha mandado Manos Unidas de Fuerteventura, acompañada del siguiente texto: “Cuando no hay playas, ni Spa, cuando no hay piscina de aguas cristalinas, la imaginación se hace fuerte. Porque la felicidad está dónde tu te propongas”. Me parece tan cierto…
Cuando la vida te pone en verdaderos apuros, cuando la realidad se rompe y te quedas suspendida en el vacío, siempre nos queda el recurso de ir tirando del hilo de la felicidad.
La felicidad no está en tener piscina, por decir algo, no. Aunque nadie duda que tener cubiertas las necesidades básicas ayuda a sentirse bien, es evidente que se puede ser inmensamente rico e infeliz. La felicidad no está en el tener.
Aunque la presencia de nuestros seres queridos reconforta, tampoco nuestra felicidad depende de ellos. No parece justo hacer responsable a nadie de nuestra felicidad. Es verdad que la muerte de alguien muy cercano al que amamos mucho (un hijo, la pareja, los padres, un amigo del alma…) puede dejarnos fuera de la vida, desgarrados… Pero la responsabilidad de volver a ser felices sigue siendo nuestra. El camino de regreso pasa por darnos cuenta que la felicidad se encuentra en nuestro interior. Ser feliz es una elección, no depende de nadie ni de nada.
Con nuestra imaginación, con nuestra actitud, podemos encontrar la belleza, la alegría, el cariño en los rincones más inhóspitos e insospechados: los cactus dan hermosas flores, en los desiertos hay oasis, en las UCIS hay cariño, en la enfermedad hay caricias que consuelan… Sí, en la adversidad, por muy dura que sea, es posible tirar del hilo de la fortaleza y rescatar el tesoro íntimo de nuestra felicidad.








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