SER UNO MISMO
Sin apenas darnos cuenta, vamos tejiendo una historia de la que nosotros somos los protagonistas. A lo largo de los años nuestro personaje adquiere tanta fuerza que se apropia de nosotros. Es extenuante intentar que todo lo que hacemos, pensamos y sentimos encaje con esa manera de ser, con ese disfraz que, por mil razones, llevamos, a menudo, las 24 horas del día puesto, sin saberlo.
Por ejemplo, nos gustaría que los demás nos vieran de una determinada forma (fuertes, inteligentes, sensibles, alegres, responsables, comprometidos, buenos padres, divertidos, valientes o lo que sea que al hacernos mayores considerásemos aceptable) y pretendemos actuar cómo si siempre fuéramos así. Intentamos que nuestra esencia entre como un guante en ese molde ideal y, claro, poco a poco, probablemente, nos vamos asfixiando.
Ese personaje no nos deja pasar ni una, cualquier actuación fuera del supuesto guión es automáticamente censurada, recriminada, criticada. Por eso yo, últimamente, me paso el día perdonándome por todas las veces que he sido y soy dura y exigente conmigo misma, como si fuera la madrastra de Blancanieves en vez de mi mejor amiga. ¿Os suena lo que os digo?
Cuando tomo conciencia de eso y me perdono con ternura por jugar en contra en vez de a favor de mi esencia, noto que algo muy profundo toma aire, respirara y, por fin, descansa.
A medida que mi personaje se hace más transparente, menos protagonista, conecto con mayor facilidad con la vida, con la alegría, con mis seres queridos, vivos o muertos. Cuando más me salgo del guión, más dejo ir y trasciendo mis miedos.
EL DON DE LAS TORMENTAS
Imagino que habrá personas que sepan valorar el transcurrir de los días plácidos, sin haber tenido que sufrir grandes altibajos. Imagino que sí, que hay gente que no necesita pasar por el desierto para agradecer la bondad de disfrutar de un vaso de agua. Aunque quién sabe qué penas, qué desafíos esconde el corazón de nadie.
De lo que estoy segura, porque lo he vivido, es de la inmensa gratitud que enciende el alma cuando, después de atravesar alguna tormenta, regresa a nuestro día a día, con suavidad, la calma.
Cuando el cielo de la existencia empieza abrirse, la luz que lo atraviesa es dulce y a la vez intensa. Todo brilla y es más fácil descubrir agradables recovecos de nuestra realidad que antes no veíamos. Y es que hay tantas maneras de mirar!!! No estoy hablando de encontrar secretos ocultos, no. Me refiero a que lo cotidiano, nuestra propia calle o nuestra casa, por ejemplo, pasada la tormenta interior, adquiere un manto de belleza, una reconfortante armonía como si los muebles y todos los lugares y objetos familiares estuvieran llenos, exultantes de vida.
Las tormentas encierran ese don, aunque nos den miedo, sean inciertas y nos dejen tiritando de tanta vulnerabilidad.
CÓMO CONSEGUIR MIS LIBROS EN AMÉRICA
Algunos personas de América tienen dificultades para conseguir mis dos libros: «Volver a Vivir» y «Palabras que Consuelan», porque no se encuentran disponibles en todas las librerías ni en todos los países. Pero sí es posible en Argentina, Chile, Colombia, Estados Unidos y México comprarlos por Internet entrando en:
buscalibre
Mi intención es que lo que escribo llegue a todas las personas que les pueda ser útil. Por eso agradezco a las redes sociales que nos acerquen, que podamos compartir y, aunque estemos lejos nos sintamos cerca.
Un abrazo enorme y muy cálido para todos
ROMPER TABÚES
De la muerte, en nuestra sociedad, se habla poco y eso que morir, moriremos seguro, aunque, bien es cierto, que en los últimos años parece que empieza a rasgarse el velo del tabú, como si nos hubiésemos puesto todos de acuerdo para plantarle cara al miedo.
Lo contrario del miedo es el amor y, con amor es más fácil acercarse a la muerte, a la nuestra y a la de nuestros seres queridos. También es más fácil si hay amor hablar de sexo, otro de los grandes tabúes. Así como la muerte es inevitable el sexo, en general, también. Sin él desaparecería la especie por eso es un instinto vital, imprescindible y necesario para la supervivencia.
Parece irónico, ¿verdad? que en vez de hablar con naturalidad de algo tan importante, se silencie, se considere morboso u obsceno mencionarlo.
Hacer el amor, en momentos difíciles, es bueno, nos ayuda a reencontrarnos con el placer y la alegría de vivir, eso que tanta falta nos hace cuando estamos en duelo.
Sé que durante esa travesía se suele negar la propia vida pero eso solo nos conduce a un triste callejón sin salida. En cambio, las caricias, el contacto con la piel amada, sentirse querido, deseado… reconfortan el alma. Igual que lo hacen escuchar música, pasear por la playa, pintar, escribir, cantar o tener macetas con flores en el balcón de casa.
RENOVAR LOS VOTOS DE AMOR A LA VIDA
A mi me parece que a muchos de nosotros nos da miedo vivir. Y ese temor suele ir incrementando, con la edad, si no hacemos nada para evitarlo. Incluso muchas personas que sufren de miedo crónico no son conscientes de ello, a pesar de que en su día a día predomina la angustia y el malestar. Parece como si vivir con miedo fuese lo natural. ¿Cómo hemos llegado a ese callejón tan oscuro?
De pequeños, en general, vivimos el momento y, aunque nuestra realidad sea dura, es la que es y solemos sacarle el mejor partido porqué estamos conectados a la alegría de vivir.
Con el transcurso de los años vamos acumulando heridas, y si no les prestamos atención, si las dejamos aparcadas, nuestro corazón se va marchitando. Nos encerramos en un caparazón para intentar aislarnos de la propia vida. Pretendemos, así, no sentir dolor, algo a todas luces imposible de evitar. Y es precisamente esa resistencia la que nos envuelve en una niebla espesa que nos impide conectar con el amor y, a menudo, incluso respirar.
Nuestro des
pertar consiste en tomar consciencia de ese miedo y conectar con nuestro ser, con nuestra esencia divina y decidir cambiar de actitud, ampliar la mirada, pasar pantalla, renovar desde nuestro interior la alegría de vivir, los votos de amor a la vida, independientemente de lo que suceda en el exterior, de lo que tenga que venir.
Sé que hay golpes que te dejan en la cuneta, pero también sé que mientras estamos aquí es mejor crear amor que miedo, de eso, de expandir el temor, ya se encargan muchos medios de comunicación, incluso la mayoría de anuncios publicitarios. Por eso es tan necesario pararnos, ser sinceros y honestos con nosotros mismos, sacar toda la rabia y la tristeza que acumulamos, dejar espacio y volver a sentirnos como cuando éramos niños. De esa forma, entre todos, vamos creando un Universo más respetuoso, agradable, tierno y dulce a los que vienen detrás y para los que se han ido antes.
STOP A LOS ACCIDENTES DE TRÁFICO
Me hace ilusión participar, este miércoles, en una mesa redonda que organiza la Asociación de Prevención de Accidentes de Tráfico (PAT) para sensibilizar a las autoridades y a todos, en definitiva, de la importancia de incrementar la seguridad viaria. ¡Mueren tantas persones atropelladas en las ciudades, mueren tantas personas en las carreteras! ¡Las muertes por accidente de tráfico son tan numerosas! Sé que los accidentes son accidentes, pero cuánta más seguridad vial consigamos, cuántos menos puntos negros existan, cuánto más sensibilizados estemos y más respetemos la vida, menos posibilidades habrá de llorar muertes repentinas, de esas que te cambian la existencia en un segundo. El objetivo es llegar al 2050 con cero víctimas de tráfico.
“La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte avanza diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para avanzar”.
Eduardo Galeano
Os dejo el programa por si a alguien le interesa:
Asociación de Prevención de Accidentes de Tráfico P(A)T Programa de les XIX Jornades pel segle XXI
21 de setembre de 2016
Sala d’Actes del CEJFE (c. Ausiàs Marc, 40 – Barcelona)
Inscripcions: www.pat-apat.org
8.30-9.00h Registre i acreditació
9.00h Inauguració de les Jornades per:
Mª Eugenia Domenech, Directora del Servei Català de Trànsit
Mercedes Vidal, Regidora de Mobilitat de l’Ajuntament de Barcelona
Ole Thorson, President de P(A)T
9.30h Conferencia inaugural: UN COTXE SERVEIX SOLS PER MOURE’S? Algunes claus culturals de l’automobilització
Presenta: Ole Thorson, President de P(A)T
Manuel Delgado, Doctor en Antropologia.
10.45h Pausa cafè
11.15h Taula rodona. Innovació de la societat.
Moderadora: Montse Montal, vicepresidenta de la secció AP(A)T
José María de Mena. Ex fiscal jefe de la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña
Albert Cortina, Urbanista i Advocat. Autor de “¿Humanos o post-humanos?”
Adrià Aguiló. Les experiències cap una responsabilitat en la conducció. Estudiant UB.
12.30h Taula rodona. Canvi cap a una societat viva
Moderadora: Yolanda Domenech, psicòloga, Directora de P(A)T
Joan Estevadeordal. Planificador de mobilitat. President de Catalunya Camina
Mercè Castro. Terapeuta i autora dels llibres: “Volver a vivir” i “Palabras que consuelan”
Ferran Montserrat. President Plataforma motera Granollers
14.00h Conclusions i Cloenda.
- Conseller d’Interior de la Generalitat de Catalunya
Xavier Domenech, Diputat de Comú-Podem en les Corts Generals (a confirmar)
Manuel Viñuales, secretari de P(A)T
DEJAR DE PENSAR
Durante el duelo o en medio de cualquier otra crisis vital nos resulta casi imposible parar la mente. Los pensamientos suelen ser atroces y se encadenan uno detrás de otro sin apenas dejarnos respirar. Cada pensamiento terrorífico desencadena un nuevo torrente de miedo en nuestro organismo, como un pez que se muerde la cola… Un círculo infernal. ¿Cómo romperlo? Una forma en apariencia sencilla es poner la atención solo en el momento presente.
En mis días más apurados yo narraba, en mi cabeza, lo que estaba haciendo o lo que iba a hacer al instante siguiente. “Ahora me ducharé, qué agradable es sentir el agua caliente, cómo me relaja…” “Ahora preparo la comida, veo como la cebolla pierde consistencia, se ablanda, adquiere un color más dorado…” De esa forma impedía que los pensamientos compulsivos camparan a sus anchas. En mis horas más bajas no pensaba en qué iba a hacer mañana ni mucho menos la semana siguiente, me limitaba a sentir cómo el aire entraba y salía de mis pulmones y me repetía, TODO PASA, TODO PASA y eso, a veces, durante horas.
Así empecé a educar mi mente, a descubrir que ese torturador que habitaba en mi cabeza no era Yo, incluso me di cuenta que podía distanciarme de él, quitarle el control. No tenía porqué prestarle atención y mantenerme sujeta a sus deseos, que me solían trasladar irremediablemente al pasado o a un futuro angustioso. Empecé a tomar yo las riendas, en vez de dejar puesto siempre el piloto automático. Me obligué a estar aquí y ahora, como cuando era niña y se me iba el tiempo volando cuando saltaba a las gomas o a las cuerdas. ¿Os acordáis? De pequeños, cuando jugamos le ponemos tanta pasión que desaparece el mundo.
Primero tenía que esforzarme mucho para practicar eso que cuento y no dejarme llevar por la inercia del sufrimiento, pero con el tiempo estar presente va adquiriendo forma de hábito, al menos nos damos cuenta cuando “nos vamos” y siempre podemos regresar. La vida va de instante en instante y normalmente no le hacemos caso, nos la perdemos, preocupados a menudo por el miedo a lo que imaginamos que vendrá (¿?) o sumidos en la nostalgia de lo que fue. No estoy hablando de olvidar, el amor que damos y recibimos, es atemporal, siempre viaja con nosotros.
FALSA ESPIRITUALIDAD
A menudo es fácil confundir el camino de la espiritualidad con tener que estar siempre alegre, sereno, centrado y feliz, irradiando amor. Y, claro, la frustración está servida porqué ni los santos más santos viven en ese estado de nirvana permanente.
Y qué ocurre, que esa espiritualidad programada, irreal, que solo existe en nuestra mente, nos impide contactar con nuestras emociones, sentirlas, sufrirlas y liberarlas. “Yo no puedo sentir rabia o celos, frustración, envidia, miedo o simplemente tener malos pensamientos porqué soy un ser muy espiritual o evolucionado”, pensamos, pero lo cierto es que los humanos sentimos éstas y muchas otras emociones, en realidad todas las que existen en el inconsciente colectivo nos son familiares. No hay ningún sentimiento que nos sea ajeno.
La única manera de dejar de sentir, por ejemplo, rabia, es permitirnos sentirla cada vez que aparezca. Y no solo eso, conviene hacerle caso, reconocerla, prestarle atención: gritar, aporrear cojines, correr, dar puñetazos al sofá, a un saco de boxeo, golpear lo que sea hasta quedar rendidos y si al final acabamos llorando, mucho mejor. Hay muchas maneras inofensivas de darle espacio al enfado por más grande que sea, pero lo que no sirve es esconderla, eso no, porqué entonces las cosas se complican.
Cuando miramos para otro lado, en vez de vivir lo que sentimos, el cuerpo toma el control. Su intención es sacarnos del atolladero, pero no suele resultar agradable su método, porque la única manera que tiene de llamar nuestra atención es enfermando o produciendo algún dolor.
También es posible que intentemos esquivar nuestro malestar culpando a otros, incluso dañándolos psíquica o físicamente, o todo a la vez. Esa vía nos lleva a un callejón sin salida, incrementa el dolor e imposibilita el cambio, la trascendencia.
Yo me saqué un gran peso de encima cuando descubrí que el miedo es el preámbulo de la valentía, que la rabia lo es de la calma, la tristeza de la alegría, la frustración de la satisfacción y que la culpa precede al perdón, ese don fantástico que nos libera de tantos desencuentros con uno mismo y con los demás. Al fin y al cabo nadie se ilumina mirando la luz, sino acogiendo, haciendo consciente su oscuridad.
SALTAR AL VACÍO
Sé que hay momentos en que el dolor y las emociones son tan intensos que nos bloquean. Tenemos la sensación de estar perdidos, de no saber por donde tirar… tal vez si escondemos la cabeza debajo de la almohada todo será distinto, pensamos, pero no es así. Cuanto más queremos alejarnos de ese doloroso torbellino más grande se hace, más profundo es el abismo.
La única forma que conozco para cruzarlo es saltar al vacío, sin resistencias. Estar dispuesto a sentir el miedo, el dolor, la rabia, lo que sea sin culpar a nada ni a nadie. Dejar de mentirnos, de buscar excusas, de ignorar la tensión que sufre nuestro cuerpo.
Cuando dejamos de querer que las cosas sean de otra manera, cuando abrimos los ojos y miramos con cariño lo que hay, aunque no nos guste, entonces empieza el desbloqueo.
Parece una contradicción, Verdad? Aceptar lo que no nos gusta nos ayuda a trascenderlo. Mirar con amor la oscuridad nos alumbra… Entregarnos y entregar a la vida a nuestros seres más queridos nos libera, nos da alas a todos, nos une para siempre.
En nuestro interior existe una energía creadora capaz de darle la vuelta a cualquier situación. ¿Qué dirección quieres darle a la tuya, a ese poder inmenso que hay en ti? Si apuestas por la vida, estás apostando por el amor, por crear armonía porqué has aceptado el desequilibrio que reina en tu interior, apuestas por crear serenidad porqué sabes qué es el caos y el furor de las grandes tormentas, por crear luz porqué has vivido en la oscuridad. Eso, creo, es vivir con plenitud. Y, cuando te sientas cómodo así, probablemente algo se desmoronará y volverá a aparecer la incertidumbre y tendrás que volver a saltar al vacío.
LAS CLAVES DEL PARTIDO
Tener paciencia, de jovencita
, me parecía casi una debilidad, creía que, de alguna manera, implicaba estar dispuesta a vivir en una especie de lentitud excesiva, de resignación que, en absoluto, pensaba, me favorecía. En cambio, cultivar la paciencia me llena , ahora, el corazón de paz, de serenidad, de calma. Da sentido a mi vida.
La paciencia es suave, deja espacio a la ternura y va de la mano de la humildad. Otra virtud a la que antes tampoco le veía la gracia por ningún sitio. Ser humilde me sonaba a ser poca cosa; a sumisión, a rogar, a suplicar y eso a mi espíritu rebelde y vanidoso no le gustaba nada.
Como son las cosas, ¿verdad? Porqué ahora creo que la humildad es la clave, que encierra una gran fortaleza, una inmensa libertad. Tiene la capacidad de hacernos la vida fácil, sencilla, sin complicaciones y, a menudo, alegre y feliz. He tardado años en darme cuenta que no quiero nada que no pueda recibir con humildad.
La humildad conlleva honestidad con uno mismo y, por tanto, con los demás. Soy lo que soy, sin querer mostrar al mundo que soy otra cosa, y, si me equivoco y me doy cuenta, rectifico. No siempre me sale bien, la humildad no la domino ni de lejos, pero sé que mantener a capa y espada estatus y creencias resulta agotador, engorda el ego y nos aleja de nuestra esencia.
Con la mano en el corazón, creo que nadie sabe a ciencia cierta nada. Reconocerlo nos quita mucho peso y nos permite, en realidad, vivir mejor.






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