SALTAR AL VACÍO
Sé que hay momentos en que el dolor y las emociones son tan intensos que nos bloquean. Tenemos la sensación de estar perdidos, de no saber por donde tirar… tal vez si escondemos la cabeza debajo de la almohada todo será distinto, pensamos, pero no es así. Cuanto más queremos alejarnos de ese doloroso torbellino más grande se hace, más profundo es el abismo.
La única forma que conozco para cruzarlo es saltar al vacío, sin resistencias. Estar dispuesto a sentir el miedo, el dolor, la rabia, lo que sea sin culpar a nada ni a nadie. Dejar de mentirnos, de buscar excusas, de ignorar la tensión que sufre nuestro cuerpo.
Cuando dejamos de querer que las cosas sean de otra manera, cuando abrimos los ojos y miramos con cariño lo que hay, aunque no nos guste, entonces empieza el desbloqueo.
Parece una contradicción, Verdad? Aceptar lo que no nos gusta nos ayuda a trascenderlo. Mirar con amor la oscuridad nos alumbra… Entregarnos y entregar a la vida a nuestros seres más queridos nos libera, nos da alas a todos, nos une para siempre.
En nuestro interior existe una energía creadora capaz de darle la vuelta a cualquier situación. ¿Qué dirección quieres darle a la tuya, a ese poder inmenso que hay en ti? Si apuestas por la vida, estás apostando por el amor, por crear armonía porqué has aceptado el desequilibrio que reina en tu interior, apuestas por crear serenidad porqué sabes qué es el caos y el furor de las grandes tormentas, por crear luz porqué has vivido en la oscuridad. Eso, creo, es vivir con plenitud. Y, cuando te sientas cómodo así, probablemente algo se desmoronará y volverá a aparecer la incertidumbre y tendrás que volver a saltar al vacío.
PALABRAS QUE CONSUELAN
A mi me gusta imaginar que “Palabras que Consuelan” acaricia el alma del lector, que, los ratitos que pasamos juntos, nos reconfortan a los dos. Para mi, escribir este libro ha sido un bálsamo, un proyecto de amor que ahora celebra la segunda edición.
Gracias a todos los que hacéis posible que el mensaje de esperanza que guardan sus páginas se mantenga vivo.
Agradezco de corazón a Ana M. Gassió que prologó la primera edición y a Anna María Agustí que ha prologado la segunda. Dos personas excepcionales que me acompañan en esta aventura.
Es posible adquirirlo en:
–Plataforma Editorial
Núria Guerri
Muntaner, 269 Entlo 1ª
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PRESTARLE ATENCIÓN AL PLACER Y A LA BELLEZA
Al principio del duelo comer, dormir, salir de la cama, vestirse, afrontar un nuevo día suelen ser tareas titánicas que, en el mejor de los casos, realizamos como autómatas. El dolor y la multitud de emociones que nos acompañan nos dejan tan agotados, nos sentimos tan alejados del entusiasmo, del frenesí de la vida! En los momentos malos, cerrar los ojos y abandonarse a la nada parece un buen sueño.
Poco a poco, sin embargo, fui descubriendo que después de un instante de dolor o miedo intenso (instante que podía durar días) solía llegar otro, de la misma potencia, pero es este caso, por suerte, de reconfortante lucidez. Como si vivir con el corazón abierto un extremo permitiera experimentar, aunque de forma fugaz, el otro.
Gracias a esos destellos de claridad empecé a dar mis primeros pasos hacia la esperanza. La evidencia de que todo pasa me ayudó mucho y la certeza de que, cuando no podía más, una fuerza superior a mi me sostenía con dulzura, también. Esa fuerza que sigue guiándome no tiene nada que ver con un Dios que premia o castiga, no. En realidad no sé lo que es, simplemente la percibo como amor en estado puro.
Durante los 17 años que han transcurrido desde la muerte de mi hijo Ignasi me he dado cuenta que sintonizo mejor con esta frecuencia que me da sosiego si agradezco lo que tengo y pongo mi atención en la belleza. No hablo de grandes cosas, sino, por ejemplo, de la alegría que me produce ver desde la calle, al acercarme a casa, la bugambilia, esplendorosa, que asoma de mi balcón o de lo bonita y mágica que es la luz dorado que pinta la parte alta de los edificios de mi ciudad a primeras horas de la mañana. Dura poquísimo, como el atardecer, pero es sublime y tiene un efecto beneficioso y directo en mi alma.
También eleva mi conciencia darle la vuelta a situaciones que podrían ser incómodas y convertirlas en momentos dichosos, como puede ser mantener una conversación agradable y sorprendentemente sincera con alguien que no conozco de nada mientras compartimos alguna inevitable espera.
A medida que exploro y contemplo en vez de juzgar me es más fácil conectar con esa alta frecuencia y bailar con la vida. Muchas veces no lo consigo y tropiezo, entonces, con amabilidad, me perdono, acojo las emociones que aparecen y vuelvo a empezar. Si persiste la dificultad en perdonar, acepto que lo que sea que me preocupa todavía no me lo puedo perdonar. Y vuelvo a empezar.
Sé que al comienzo del duelo y ese inicio puede durar años la tendencia es negar el placer. Sentirlo tal vez nos resuena a traición. Llevamos siglos sumergidos en creencias de sacrificio, de emparejar el amar con el sufrir, de reír y sentir alegría con miedo a las consecuencias, a lo que pueda venir después.
La culpa nunca ha sanado o ha hecho feliz a nadie, al contrario. En cambio, disfrutar de una buena comida, celebrar cualquier cosa, hacer el amor con ternura con nuestra pareja, sentir cariño por lo que hacemos, aunque sea una tortilla o recoger hojas secas nos devuelve a la vida y nos acerca a nuestra esencia, esa que compartimos todos y que, tocando con los pies en la tierra, nos conecta con el cielo.
EN BRAZOS DEL SILENCIO
A mi me gusta pasar ratitos en silencio, sin música, ni televisión, ni radio. Me encanta crear un espacio íntimo para estar cerca de mi. En este lugar imaginario donde estoy a solas conmigo misma me permito cometer locuras y me siento cómoda y libre para sentir lo que sea que siento.
El silencio me arropa cuando estoy triste o tengo miedo. Me calma con dulzura cuando estoy inquieta. Nunca me juzga. En sus brazos siento el placer de ser yo misma, se me encienden las mejillas de puro gozo y, poco a poco, vuelvo a sentirme feliz, confiada y serena.
Después de estar en este lugar imaginario, donde me siento tan acogida, el mundo me parece más bonito, percibo con más claridad que las palabras amorosas son un tesoro, una auténtica bendición, y tienen la capacidad de crear vida.
EL CUERPO TIENE MEMORIA
Cuando las emociones nos desbordan, cuando el mar se agita y crece a merced del viento de la vida y el furor ensordecedor de la tormenta nos aturde, a menudo el cuerpo toma el timón, recoge velas si es preciso, abre una tregua y guarda en silencio el dolor, la rabia, la pena, el desconcierto, el miedo inmenso de perder lo que amamos, de sabernos un mero juguete de las olas.
Sí, el cuerpo atesora y esconde lo que somos incapaces de sentir, sin retener, en un determinado momento… pero no olvida. No, al contrario, suele grabar a fuego en cada célula las fechas, los días señalados, los recuerdos. Y así, cuando se acercan los aniversarios de las tragedias, aunque hayan pasado años, la inquietud y la tensión aumentan, el dolor despierta y, muy probablemente caemos enfermamos o simplemente al suelo, al tropezar de la forma más tonta o, quizá, nos cortamos sin querer mientras preparamos la cena. Da igual, el cuerpo siempre encuentra la manera de hacernos saber que hay un montón de emociones pendientes, de historias inconclusas que piden a gritos salir, ver la luz, sentirse en paz, perdonadas, queridas, mimadas y arropadas.
La vida se expande, adquiere nuevas perspectivas, se eleva cuando nos permitimos completar con amor los círculos.
Tal vez, incluso, algunos de estos círculos lleven sin cerrar milenios porque de la misma forma que heredamos las tierras, el dinero o el tono de piel, pasan de generación en generación los conflictos no resueltos. Probablemente nacemos ya con corazas de emociones, que pesan tanto o más que las de hierro y vamos arrastrando a lo largo de la vida sin saberlo.
Pues bien, ahora que todo está cambiando, que las estructuras del mundo de antes se tambalean y ya no nos sostienen es, me parece, el momento ideal para hacer limpieza a fondo y, con cariño, barrer antiguas creencias que nos impiden sentirnos merecedores de lo mejor de la vida: el amor, la prosperidad, la alegría…
Al resquebrajarse las corazas que aprisionan al alma y al cuerpo, quizá nos resistamos y duela un poco. Es normal, ¡es tan profundo el hábito del sufrimiento!
Pero aunque nos de miedo, hay que dar el paso como se atreven a darlo los gusanos, si no difícilmente volaremos como las mariposas.
ESTAR EN PAZ CON LA DULZURA DE LA VIDA
Las personas que atravesamos un gran duelo es posible que tengamos un regusto amargo de la vida. La existencia nos ha enfrentado al dolor desgarrador y, mientras la herida está abierta, tal vez intentamos disimular lo que sentimos porque nos parece que es lo mejor para seguir viviendo, tal vez por no cansar a los demás o simplemente porque nos sale así, sin pensarlo. Pero el disimulo de poco o nada sirve. Aunque por fuera parece que seguimos adelante, que estamos bien, por dentro, si nos escuchamos con atención, seguramente encontramos un pozo hondo de tristeza y miedo. Ese pozo, además, lo alimenta la desazón y el dolor de los que nos han precedido. ¡Son tantas las emociones aparcadas durante generaciones, que piden agritos ser reconocidas y aceptadas!
Estoy dispuesta a sentir lo que haga falta, pero también quiero con toda mi alma romper la inercia que me lleva al disimulo. Estoy dispuesta a hacer limpieza a fondo hasta dejar el pozo bien seco. Me he propuesto estar en paz con la dulzura de la vida, ver, por sistema, la otra cara de la moneda. Por eso, al levantarme y siempre que me acuerdo durante el día pido a mi parte sabia que elimine de mi inconsciente cualquier obstáculo, por más antiguo que sea, que me impida sintonizar con la alegría, con el placer de estar viva, con la calidez de sentirse arropada, querida y segura.
Conozco lo que es la tristeza, la creencia de que la vida es un valle de lágrimas, eso lo he experimentado, sé que lo que más sobra en el mundo es sufrimiento, ahora quiero dedicar lo que me queda a experimentar y esparcir amor sin reservas. A vivir en mí la agradable sensación que produce acostarse y, antes de perder la conciencia, recordar y agradecer todo lo que ha merecido la pena. No suelen ser grandes cosas; tener a mi nieto en brazos, pasar un ratito agradable con mi hermana, llamar a una amiga del alma, pasear y sentirme ligera, notar el viento en la cara, fijarme en lo bonita que es la luz que entra por la ventana, ver el cariño y la bondad en los ojos de mi padre, ir al teatro sin programarlo, sentir la ilusión que produce encontrarse, de improviso, con alguien querido, compartir en la calle palabras cariñosas con algún conocido, disfrutar de la comida que he preparado, juntar palabras que expresen lo que siento, leer un buen libro, lograr cambiar el ánimo cuando el día empieza torcido… ¡Hay tanta dulzura en la vida que nos suele pasar por alto!
LA BRÚJULA EMOCIONAL
Virgínia Villarroya, periodista del primer canal online de crecimiento personal, me ha hecho una entrevista a raíz de la publicación de mi nuevo libro Palabras que consuelan.
Me hace ilusión compartirla con vosotros, compañeros en este viaje que nos lleva a trascender el duelo y amar de nuevo la vida, con la intención de recuperar la alegría, aunque parezca una misión imposible .
Se emite durante esta semana todos los días a las 9h de la mañana, a las 17h de la tarde y a las 12h. de la medianoche. El enlace es www.brujulaemocionalfm.com
Un abrazo grande para todos
PALABRAS DE AMOR
Hubo un día en que emitimos el primer sonido con sentido, la primera palabra y el rostro de nuestra madre se inundó de alegría. ¡Cuánta emoción contenían y despertaban aquellos balbuceos! Las palabras, que ahora pronunciamos como si nada, siguen teniendo un poder inmenso! Este poder, según lo que digamos o escuchemos, consuela o hiere.
Cuando los sentimientos o pensamientos se dicen en voz alta la vibración del sonido atraviesa cada célula y llega hasta el alma. Si hacemos memoria, es fácil recordar palabras que oímos de pequeños que llevamos clavadas, como puñales, en lo más hondo de nuestros corazones. Suelen ser palabras, tal vez dichas a la ligera, pero que encierran desaprobación, reproches, disgustos, enfado, desamor… Sí, las palabras pueden herir y también pueden curar. Cada palabra de amor es una victoria de la vida.
Propongo que juntemos todas las palabras que nos duelen (“esta niña no sirve para eso”, “nunca será tan guapa, tan inteligente, tan valiente como…” “su madre ha sufrido mucho con ella”, “va a ser una infeliz”, los ejemplos son infinitos y encierran también sentencias personales cotidianas del tipo: “no voy a poder”, esto es demasiado difícil” “para eso soy una negada”, “no tengo talento”… etc, etc.) una vez juntas todas esas palabras las envolvemos con la fantástica fuerza del perdón y las liberamos, las entregamos a la madre Tierra para que las recicle, o al agua, para que las disuelva, da igual, las dejamos ir y nos centramos en crear y decir en alto palabras amorosas.
Las palabras de amor producen bienestar y alegría, nos consuelan, nos arrullan, nos liberan. Las palabras de amor crean belleza, armonía, paz. ¿Por qué no darnos permiso para hablarnos con cariño a nosotros mismos y a los demás? ¿Por qué no dar las gracias por lo que la vida nos ha dado, aunque haya sido por un tiempo limitado? ¿por qué no decir te amo a las personas que queremos?, ¿por qué no nombrar alto y fuerte el lado bueno de nuestros amigos y el nuestro?
No es fácil cambiar hábitos, pero es posible. Vamos a intentarlo. En vez de quejarnos en voz alta, de juzgarnos, de lamentarnos, cada día podemos decir algunas palabras sencillas y bonitas, algunas palabras de amor y permitir que su magia disuelva nuestros miedos y nos calme. Ahora, de mayores, podemos también escuchar con cariño y sosiego, incluso aquello que nos resulta difícil oír.
LAS DIOSAS DE CADA MUJER
Cada una de nosotras lleva en su interior los arquetipos de las Diosas Mitológicas: Atenea, Artemisa, Hestia, Deméter, Perséfore, Hera y Afrodita. Pero pocas mujeres sabemos utilizar su poder y sabiduría para hacer fácil y agradable nuestro día a día y fluir en armonía con la vida. Para incorporar sus preciosos dones hay que conocerlas y trascender su parte oscura.
Por eso, Amelia Bernasconi y yo, hemos preparado un taller para descubrir juntas cuál de las Diosas nos domina o nos tiene secuestradas, sentir el poder de las demás y aprender a incorporarlas a nuestra vida cotidiana para poder relacionarnos con nosotras mismas y con nuestro entorno (pareja, hijos, familia, amigos, jefes, compañeros de trabajo…) sin conflictos, ni renuncias, dando prioridad al amor y al bienestar.
Si mantenemos una relación consciente con uno o varios arquetipos que nos mantienen en nuestro centro, y nos aportan claridad y certeza, seremos más auténticas y entraremos en una dimensión sagrada de nuestra vida.
Cuando Atenea coge el control, por ejemplo, nos impulsa a obtener grandes logros, pero si lo retiene durante mucho tiempo es posible que nos impida mantener una buena relación con nuestra madre o, incluso, que dificulte la conexión con nuestras emociones y sentimientos.
Artemisa nos da fuerza, nos ayuda a poner límites y a ser independientes, pero como no le gustan los hombres, si le damos el poder absoluto nos será difícil encontrar pareja y formar una familia.
Hestia nos permite vivir en nuestro centro, nos enseña a mantener siempre encendido el calor de nuestro hogar y, al mismo tiempo, a disfrutar de la soledad. Cuando invocamos a Hestia desde nuestro interior irradiamos amor y podemos sentir placer incluso al ordenar un armario, porque con ella todo lo que hacemos se convierte en una agradable meditación. Pero si no deja lugar a las otras diosas podemos entrar en pánico a la hora de buscar trabajo y dejar la seguridad de nuestro hogar.
Perséfone puede ser nuestra mejor guía en tiempos difíciles, capaz de levantarnos de la más severa crisis, pero también nos puede encerrar eternamente en el papel de mujer dependiente tanto del dolor, como de una madre dominante.
Deméter nos concede la sabiduría, puede conducirnos al cielo a través de la maternidad, ayudarnos a ser la mejor de las anfitrionas, pero si no trascendemos sus miedos impedirá que nuestros hijos vuelen por sí mismos. Los retendremos inconscientemente, aunque estén muertos, en vez de dejarlos seguir su camino en libertad.
Hera puede otorgarnos un marido brillante y convertirnos en la esposa perfecta, pero si su presencia es demasiado constante tal vez acabemos amargadas, muertas de celos y tal vez solas.
Con Afrodita seremos inmensamente creativas, nos convertirá en auténticas diosas. De nuestro interior brotará la más exquisita sensualidad y disfrutaremos con libertad del placer de vivir.
Afrodita reina por encima de las otras diosas y cuando el arquetipo está bien incorporado nos sentimos en paz y felices, pero cuando Afrodita nos ciega, y no tenemos en cuenta la repercusión de nuestras acciones ni a los demás, nos puede llevar de un fracaso sentimental a otro y, en el mejor de los casos, dejar en números rojos nuestra cuenta corriente.
AMELIA BERNASCONI Y MERCÈ CASTRO
SÁBADO 22 DE JUNIO
HORARIO: 10:00 a 14:00 y de 15:00 a 19h.
LUGAR: CENTRO ITACA.
Consell de Cent, 254, 1º, 2ª
INSCRIPCIONES: MERCÈ 650 98 38 80
AMELIA 628 14 44 06
APORTACIÓN: 75 euros
AGRADECER LO QUE TENEMOS
Con qué facili
dad se nos olvida que todo lo que tenemos aquí es temporal, incluidos nosotros mismos y cada una de las personas que queremos. Si pudieramos alejarnos del ajetreo del día a día, del malestar de los desencuentros, del dolor de las penas y nos tomáramos un tiempo amoroso y reposado para admirar lo bueno que hay a nuestro alrededor, nos sorprendería lo inmensamente afortunados que somos.
A menudo estamos junto a nuestros hijos, pareja, padres y amigos casi sin verlos, porque la mente no para y siempre encuentra excusas para reclamar nuestra atención con preocupaciones y distraernos de la hermosura de la vida, de la calidez del amor que nos brindan a diario las personas que están aquí y nos quieren.
No esperemos a que nadie se vaya para echarlo de menos y considerarlo un regalo, no esperemos a tener los días contados para disfrutar de los colores del otoño, las brisas de primavera, el calorcito del sol en invierno, la dulzura del agua del mar en verano, el conford de los abrazos…








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