¿CÓMO TE SIENTES HOY?
Te propongo un juego. Cierra los ojos y pídele a tu cerebro que te muestre una imagen de cuando eras niña. ¿La tienes? ¿Está contenta, despreocupada, enfadada, asustada, triste, alegre…? Esté cómo esté no le pidas explicaciones, no busques motivos, simplemente mírala con cariño, acaricia sus cabellos y abrázala. No es necesario que le expliques nada, esté como esté tu niña hoy tan solo necesita sentirse querida, arropada.
Si está triste o tiene miedo agradecerá tu cálida presencia, si parece enfadada, déjala que exprese su rabia, escúchala y acaríciala con la mirada. ¿Tal vez está exultante, pletórica de energía? Si es así, deja que cada una de tus células se impregne de su alegría. En ti está todo lo que anhelas; recuerda los instantes de entusiasmo. La intensidad de algunos momentos, la pasión con la que vivías de niña, esa certeza de que todo es posible.
Ya no somos niñas, pero aunque la vida nos haya herido una y mil veces, siempre podemos elegir entre la amargura y la serena alegría.
DESTELLOS DE LUZ
NO TE DESAMPARES
Es posible que la vida, a menudo, te hiera, que nacieras con la sensibilidad a flor de piel y en ti resuenen, como en una catedral vacía, la infinidad de emociones que están en el aire desde que el mundo es mundo.
Te conmueve el dolor, el desconsuelo, la soledad, la tristeza infinita que se esconde en cada casa, en cada calle, en cada piedra. Sí, quizá, a menudo, te inquiete de tal manera tu historia, y la de los otros, que quieras huir.
Huir, ¿adónde? No hay un sitio REAL donde no sentir. Puedes, por un tiempo, aparcar las emociones, conectar el piloto automático y dejar que la mente elucubre a su antojo pero ¿hasta cuándo?
Así, cavilando, no vas a poder engañar al cuerpo, tu templo sagrado. Tarde o temprano se tensará, se encogerá, protestará de mil maneras hasta que vuelvas a sentir, hasta que entres de nuevo en la vida y te entregues al dolor y la belleza.
Si tienes la sensibilidad a flor de piel, puede que tengas miedo de vivir y de morir, de amar, de reír… Si te duele el cuerpo y el ama te vendrá bien hacer un alto, volver a ti y descansar en tu corazón.
No te desampares, abrígate con el amor con que naciste y siente. Acoge lo que surja en este momento, sea lo que sea, qué más da si todo es vida.
Poco a poco, probablemente, volverá la suavidad, la ligera dulzura que acompaña el reposo de quién regresa a casa y se permite no hacer nada, protegido y en paz.
QUÉ FANTÁSTICO ES LLORAR
Admiro a la gente que se entrega con facilidad al llanto, que permite que las emociones exploten sin contención en forma de lágrimas.
A mi siempre me ha costado llorar. A menudo, me contraigo. Contengo el aliento sin darme cuenta. Entonces aparece una piedra grande en la boca de mi estómago y la parte alta de mi espalda se llena de nudos.
Es la forma que tiene mi cuerpo de avisarme que preste atención a mis sentimientos, que no me distraiga y sienta.
Ayer, escuchando a Johnny Cash (“Me and Bobby McGee”) se desató la tormenta y lloré sin reservas, con el desconsuelo profundo de la tristeza antigua.
La música me llevó al momento en que besé, en la UCI, a mi hijo, sabiendo que aquella era la última vez. Pude acariciar con amor el dolor de nuestra despedida.
Con dulzura me envolvió la añoranza y, sin reservas, nos abrazamos la tristeza y yo como dos náufragos en medio del océano.
Desde ese momento de entrega, sin condiciones, mi cuerpo se ha expandido, el malestar ha desaparecido y una ternura inmensa me sostiene.
¡Qué fantástico es llorar!, cuánto alivian las lágrimas honestas que no pretenden cambiar nada, simplemente mecernos como las olas del amar.
RUMBO A LA FELICIDAD
Es posible que a estas alturas de diciembre ya hayas experimentado esas ganas de salir corriendo a algún lugar lo suficientemente lejano y exótico en el que no se celebre la Navidad.
Yo lo hice durante mi primer año de duelo (Ignasi murió en diciembre). Nos fuimos a Egipto. El Nilo nos acogió con suavidad y calma. Huir a veces parece la única salida.
Sin embargo, con los años, he descubierto que pararme y sentir, lo qué sea, es el viaje que más me reconforta y eso puedo hacerlo en cualquier parte y especialmente en casa.
Durante estas fechas, el recuerdo de que la vida a veces duele y mucho a ratos me invade. Mis miedos, que aunque sean nuevos siempre son antiguos, en diciembre crecen.
Primero me paralizo, claro, pero después recuerdo que mis temores están ahí para que sepa que me estoy resistiendo a algo. Ese algo suele ser la vida.
En cuanto me entrego a lo que hay, sin intentar cambiarlo, aparece la magia y sé que puedo darle la vuelta a lo imposible. Cuando simplemente me dejo llevar, sin hacer nada, algo me sostiene y hace que me sienta en paz.
LOS HIJOS ESCONDEN SU DOLOR
ENTREVISTA DIARIO ARA TRADUCIDA
Periodista y madre de
Ignasi, que
murió a los 15 años, y
de Jaume, de 32.
Es autora de
‘Dulces destellos de
luz ‘(Plataforma) y
anteriormente de
‘Volver a vivir’ y
‘Palabras que
consuelan ‘.

Era el día de san Esteban del año
1998, volvíamos de una fiesta especialmente
entrañable. Nos habíamos reunido la familia Casals.
Lluís, mi marido, que es
fotógrafo, había preparado un álbum
para cada uno de sus siete
hermanos con fotos de cuando
eran pequeños.
-Caray, debían de reunirse muchos.
Unos cuarenta. El regalo de los álbumes
emocionó a todos y durante
el día se respiró la magia que desprende la ternura de
los recuerdos amorosos. A la vuelta,de pronto, aparecieron
unas luces potentes que venían
del otro lado de la autopista.
En sentido contrario, un coche
perdió el control y chocó frontalmente
contra el nuestro en un
tramo sin separación.
-Dios mío …
Mientras dábamos vueltas de campana
tuve la certeza de que mi
vida estaba cambiando. Ignasi se dio
un golpe en la cabeza y ya no se despertó
nunca más.
-Lo siento, Mercè.
Ignasi era el mayor. Jaume, el
pequeño, tenía trece años y agradezco
infinitamente que no muriera aquella
noche terrible. Sufrió heridas
leves, pero la herida en el alma por
la muerte de su hermano fue muy
profunda. Lo fue para todos,
pero él tenía en su hermano un
referente y, de repente, se quedó
solo ante unos padres destrozados
y perdidos. Así estuvimos durante
mucho tiempo los tres haciendo piña,
para soportar el dolor.
-Como continuó tu vida?
Me sentí vacía y fuera de la
vida durante mucho tiempo. Tuve
que reinventarme porque
incluso las palabras o los objetos
perdieron su significado.
Mirar por la ventana era como mirar
un abismo. Era como vivir en
una montaña rusa interminable
y, en algunos momentos, tuve
miedo de volverme loca.
-Pero has renacido.
Hay que tener paciencia contigo misma.
El camino es largo. A mí me fue bien la ayuda especializada. el
duelo requiere conocerse, mirarte
adentro y abrazar con ternura
nuestros miedos. La gratitud, no
juzgarte ni juzgar a los demás, ser
amable contigo mismo, perdonar
y perdonarme, han sido herramientas
muy valiosas.
-Después de 19 años, todavía
habláis de él?
Es imposible dejar de hacerlo,
aunque ya nos hemos acostumbrado a
vivir sin la presencia física de
Ignasi. Pero hemos procurado no
idolatrarlo. Era un chico fantástico
pero tenía defectos, como todo el mundo.
Es fácil mitificar al hijo muerto, es
un riesgo que implica una gran soledad
para los hijos vivos.
-Te entiendo.
Son los que tenemos aquí, los que
necesitan nuestros abrazos.
Los niños y los adolescentes
suelen ocultar su dolor
para no añadir más preocupaciones
a los padres. Por ello requieren
toda nuestra atención.
-Has conocido otras tragedias?
A través de mi blog y de facebook estoy en
contacto con padres y madres que
han perdido hijos, y no hay una sola
historia que no me conmueva.
Cada uno hace lo que puede. Pero me hace
feliz ver cómo el dolor se va
transformando en un sentimiento
de amor incondicional, de una
gran belleza.
-¿Qué recuerdas especialmente de
tu hijo?
A Ignasi no lo he de recordar, lo
siento dentro, forma parte de mí,
como cuando estaba embarazasa.
✖
Francesc Orteu
GRACIAS MURCIA
He vuelto a casa llena de vuestra sabiduría, de vuestro cariño, de vuestras experiencias… Me siento infinitamente agradecida de haber podido estar cerca de personas sensibles, amorosas y, por ello, a mi entender, enormemente valiosas como profesionales sanitarios, qué suerte tiene el Hospital de la Arrixaca de contar con vosotros, qué suerte tienen los enfermos de estar en vuestras manos! Gracias por todo lo que me habéis enseñado, por la esperanza que estáis sembrando, por el consuelo que dais a los demás en momentos de tanta vulnerabilidad. Gracias de corazón y felicidades para ti Mirella Rosique GaaDi Grupo Duelo Mirella por impulsar ese gran proyecto de humanización que ya ha cumplido dos años. Gracias a todos los ponentes por enriquecer mi alma. Gracias a Pastora Mompean Franco a Antonio y a Eloisa, a Virginia, a Aten, a Maite Amigo, a Veronica Soto Herrero, y a TODOS los que no nombro, pero siento igualmente cerca, por tanto cariño.
HABLAMOS DEL DUELO EN MURCIA
19-20 de Octubre 2017
Un día, tal vez te anuncian un diagnóstico médico que te deja prácticamente fuera del mundo, sin tierra bajo los pies o, de repente, sin previo aviso, una de las personas que más amas muere y tu realidad se rompe. Nada es igual. Lo que antes te servía para sentirte en paz y segura o, al menos, relativamente feliz y tranquila ya no sirve después de un golpe así.
La conmoción es tan profunda, quedamos tan fuera de la vida, que hay que aprender a renombrarlo todo. Y eso, requiere estar con uno mismo, sumergirse en las propias sombras y, con la ayuda de una mano que no juzga, empezar a poner luz a lo que más nos asusta.
Por eso, me parece que hablar de sentimientos, de emociones, de la muerte y el duelo, en un espacio adecuado y sosegado como el que ofrece el Hospital Clínico Universitario de la Arrixaca, un lugar de referencia, es un precioso regalo. Gracias Mirella Rosique por coordinar estas jornadas, por darnos la oportunidad de ampliar nuestra conciencia, mirando juntos, y bien acompañados, en nuestro interior.
QUIZÁ LA VIDA ES TAN SOLO UN JUEGO
Siento que algo sublime me sostiene, me acaricia, me abraza y me susurra palabras amorosas con dulzura.
Cuando la vida se pone cuesta arriba, cuando me siento perdida, confusa, triste, criticona y me doy cuenta pido a ese algo sublime, a esa Gracia divina que me guíe. No tarda nada.
Entonces, el ego se encoge y me doy cuenta que lo que me parecía difícil u horrible no lo es tanto, tan solo es un acto más de lo que llamamos vida.
La Gracia tiene el don de indultarlo todo. Y cuando le doy espacio me lleva a lugares tan hermosos… En cambio, cuando intento llevar yo las riendas me pierdo en los juicios. ¡Qué cansino es evaluarlo todo!
Solo importa el amor que damos y recibimos, lo demás es puro aprendizaje, aunque nos parezca que es perder el tiempo. Todo tiene sentido, aunque nos duela vivirlo.
Si estamos aquí vamos a sacarle el mejor partido. Nada de comparaciones, mejor agradecer lo poco o mucho que tenemos y ponerle humor a lo que nos asusta. Total, con miedo o sin él vamos a tener que llegar al final. Y quién sabe, quizá, al cruzar al otro lado nos demos cuenta que se trataba solo de un juego.
NO ES FÁCIL PERO ES POSIBLE
A veces llueve sobre mojado y sin tiempo a tomar aire nos hundimos y parece que esta vez, sí, hemos llegado al límite y nos ahogamos. Pero no, de muy hondo suele irrumpir una fuerza que nos mantiene a flote mientras a bocanadas respiramos.
Tan solo hay que dejar de luchar y ¡qué difícil es eso!
Tan solo hay que dejar de juzgar y cómo nos cuesta!
No nos gusta sentir miedo, nos aterroriza y, cuando al fin, después de habernos rasgado el alma, volvemos a caer de rodillas y nos abrazamos al miedo ancestral que nos atenaza, se produce el milagro.
Nos sentimos en paz sin saber muy bien porqué y cómo.
Cómo cuando, en una noche estrellada, miramos el cielo y nos preguntamos de dónde venimos, quién somos… No hay respuesta, pero siento la certeza de que hay algo más grande, de que el plan, aunque duela, es perfecto.
Y mientras esté aquí, seguiré amando porqué el amor es lo único que, para mi, merece la pena.




Sígueme