Enamórate de ti

Abraza la soberbia que hay en ti, porque detrás de ella hay un niño no querido.
Abraza la exigencia que hay en ti, porque detrás de ella hay un niño que no ha sentido el Amor.
Abraza al “agradador eterno” que hay en ti porque detrás de él hay un niño rechazado.
Abraza la ira y el enojo que hay en ti, porque detrás de ella hay un niño abandonado.
Abraza al solitario que hay en ti, porque detrás de él hay un niño excluido y discriminado.
Abraza el desgano, la apatía, la falta de sentido, porque… detrás de todo esto, está tu niño padeciendo ser quién no es…
Abraza el dolor que hay en ti, porque detrás de él hay un niño lastimado.
Los niños que habitan dentro de nosotros, están empezando a manifestarse y esta vez no paran hasta ser escuchados…
Por favor, desde lo más profundo de mi corazón te pido, no los silencies más…
Aprender a integrarlo, a comprenderlo, a abrazarlo, a liberarlo, devolverlo a la vida, esta es la tarea de hoy, te aseguro que es el Camino para que tu Divinidad baje a la Tierra.
Clarissa Pinkola Estés. Mujeres que corren con lobos.
A través de Pabla Ferreyra.
ENTREGARSE A LA VIDA
Hace apenas unos días los árboles de mi calle estaban desnudos, secos, parecía que nunca volverían a florecer y en cambio, ahora, desde la altura de mi ventana, todo es verde. Un verde nuevo, precioso, que rompe el gris de esta tarde lluviosa de Semana Santa. La fuerza de la vida es tremenda, en cada semilla se encuentra la profunda sabiduría del Universo. El plan es perfecto. Y pensar que, a veces, he cargado con el peso de intentar llevar el mundo a cuestas. Como si en mis manos estuviera cambiar nada! Cuando me resisto a la vida, que es puro cambio, y persigo la ilusión de parar lo imparable y controlar lo incontrolable que mal me siento… Suerte que el amor se impone y con voz dulce me dice que esté tranquila, que mi voluntad, por más que quiera, es pequeña, pero que si me dejo llevar sin esfuerzo, como una gota de agua en el océano, me sentiré libre, serena y ligera. Tan feliz y segura como lo estaba en los brazos de mi madre, como me siento de mayor cuando regreso después de un largo viaje a casa.
ELEGÍ LA VIDA
No quise huir:
y elegí mirar de frente,
levantar la cabeza,
y enfrentarme a los miedos y fantasmas
porque no por darme la vuelta volarían.
No pude olvidar mis fallos:
pero elegí perdonarme, quererme,
llevar con dignidad mis miserias
y descubrir mis dones;
y no vivir lamentándome
por aquello que no pude cambiar,
que me entristece, que me duele,
por el daño que hice y el que me hicieron.
Elegí aceptar el pasado.
No quise vivir solo:
y elegí la alegría de descubrir a otro,
de dar, de compartir,
y no el resentimiento sucio que encadena.
Elegí el AMOR…
Rudyard Kipling tras la pérdida de uno de sus hijos
AMAR A LOS HOMBRES
En un proceso tan doloroso y complejo como es el duelo, este texto tan hermoso de LAUREN WILCE puede resultar muy inspirador:
SI QUIERES cambiar el mundo, ama a un hombre, realmente ámalo. Ama al hombre cuya alma llame a la tuya con claridad, al hombre que te ve, al que tiene suficiente coraje como para tener miedo. Acepta su mano y guíala suavemente hacia el fondo de tu corazón, donde él pueda sentir tu calidez y descansar y quemar su pesada carga en tu fuego.
Míralo a los ojos, encuentra a sus padres y abuelos, y esas guerras donde sus espíritus lucharon en tierras lejanas, en tiempos remotos, encuentra sus dolores, y peleas y culpas sin juicio y déjalo todo ir, suéltalo, siente su carga ancestral, lo que busca es un refugio seguro en ti, déjalo derretirse en su firme mirada, sabiendo que no necesitas despejar esa furia, porque tienes útero, una puerta profunda y dulce para lavar y renovar viejas heridas.
SI QUIERES cambiar el mundo, ama a un hombre, realmente ámalo. Siéntate delante de él, en la plena majestuosidad de tu femineidad, en el aliento de tu vulnerabilidad, en el juego de tu infantil inocencia, en las profundidades de tu muerte e invítalo a florecer, suavemente entregada y permite que su poder masculino de un paso hacia ti y nadar juntos en el útero de la tierra en silencioso saber y cuando se retire porque lo hará, escapando asustado a su cueva, reúne a tus abuelas en torno a ti, envueltas en su sabiduría, escucha sus tiernos susurros, calmando tu asustado corazón infantil, invitándote a la quietud y espera pacientemente su retorno, siéntate y canta junto a su puerta una canción de remembranza, de que puede calmarse una vez más.
SI QUIERES cambiar el mundo, ama a un hombre, realmente ámalo, no engañes a su pequeño niño con astucias y artimañas y seducción y brujería, sólo para dejarlo atrapado en una red destructiva de caos eso no es femenino es venganza, es el veneno del linaje corrupto, del abuso de las eras, de la violación de nuestro mundo, eso no le da poder a la mujer, sino que la reduce mientras lo castra y nos mata a todos. Y si su madre no lo pudo sostener, muéstrale una verdadera mujer y ahora dale sostén y guíalo con tu gracia y profundidad, ardiendo en el centro mismo de la Tierra. No lo castigues por sus heridas que no responden a tus necesidades o a tus criterios, llora dulces ríos por él,
lleva toda esa sangre de regreso a casa.
SI QUIERES cambiar el mundo, ama a un hombre, realmente ámalo. Ámalo hasta desnudarte y sentirte libre.
Ámalo hasta abrir tu cuerpo y espiritu al ciclo de nacimiento y muerte. Y agradécele la oportunidad, mientras danzais juntos a través de los vientos y bosques silenciosos.
Sé tan valiente como para ser frágil y déjalo beber de los suaves y embriagadores pétalos de tu ser. Déjale saber que puede sostenerte, pararse y protegerte. Déjate caer en sus brazos, confiando que puede tomarte, aún si te han dejado caer miles de veces antes. Enséñale a rendirse, rindiéndote y únete al dulce vacío del corazón del mundo.
SI QUIERES cambiar el mundo, ama a un hombre, realmente ámalo, anímalo, nútrelo, permítele, escúchalo, dale sostén, dale sanación y tú a cambio serás nutrida, sostenida y protegida. Sé brazos fuertes y pensamientos claros y flechas apuntadas, porque él puede, si lo dejas ser todo lo que sueñas.
Si quieres amar a un hombre, ámate a ti misma, ama a tu padre, ama a tu hermano, a tu hijo, a tu ex pareja, ama desde el niño a quien has besado por primera vez, hasta el último por quien has llorado.
Agradece los regalos de tu camino, hasta este encuentro con el que tienes frente a ti ahora y encuentra en él la semilla de todo lo que es nuevo y solar, una semilla que puedes nutrir para ayudar a plantar y cultivar un nuevo mundo juntos».
LAUREN WILCE
QUÉ BRILLE EL AMOR
Cuando se está atravesando un duelo, a medida que se acerca la navidad la nostalgia crece y es posible que las ausencias vuelvan a ser desgarradoras como al principio, como si apenas hubiese pasado el tiempo. Es fácil que nos volvamos a sentir fuera de la realidad; el ajetreo de la calle, las luces, las compras, las celebraciones… Todo lo que comporta la navidad nos hiere y nos es ajeno excepto el amor. El amor es lo que nos sostiene. Si nos cuesta levantarnos de la cama recurramos a la fuerza de los que nos quieren para conseguirlo, a la fortaleza de los que tienen la certeza de que solo el amor importa.
Propongo que durante estas fechas, más que nunca, abramos de par en par nuestro corazón y nos demos permiso para recibir cariño. Sabemos lo qué es el dolor y nos merecemos sentir el calor de los abrazos, la ternura de algunas miradas, las sonrisas que reconfortan, las palabras dulces que nos acarician, todo lo que nos eleva. Permitamos que en nuestra vida entre la luz, el brillo de millones de estrellas, toda la belleza del Universo.
Sí, es navidad y duelen las ausencias pero en nuestro interior sabemos que nuestros seres queridos están bien allá donde están y nos adoran.
RENACER Y AMAR LA VIDA
Es hermoso ver cómo las personas renacemos después de atravesar, cada una a su manera, duelos inmensos.
Hay un antes y un después de esas sacudidas tremendas que te voltean entera y te dejan frente a la nada. Poco a poco emerge una nueva piel y nacen en nuestro interior brotes de alegría, de amor, de serenidad…
Esos brotes crecen con tal fuerza que son capaces de aguantar otras tempestades. Es hermoso ver reflejada la paz en las caras antes desencajadas. Es hermoso amar la vida.
link directe a l’entrevista que es va emetre ahir a BTV http://www.btv.cat/alacarta/terricoles/27637/
PALABRAS QUE CONSUELAN
Agradezco a TV3, y en especial a Helena García-Melero, la posibilidad de poder hablar del duelo, de poder compartir sentimientos y tener la oportunidad de darnos calor unos a otros en momentos difíciles.
Aquí os dejo el enlace: http://www.tv3.cat/videos/4749811/El-dol-per-la-mort-dun-fill
También agradezco a Radio Euskadi, y en concreto a Iratxe Celis, el haber podido mantener una conversación cariñosa y sincera sobre el duelo y el amor a la vida. Este es el enlace:
http://www.eitb.com/es/audios/detalle/1716598/palabras-consuelan-merce-castro/
EL DUELO Y EL AMOR
Os paso el link de la entrevita que me ha hecho la periodista Virginia Villarroya para la Brújula Emocional. En ella hablo de mis herramientas y sentimientos para trascender mi duelo y de mi nuevo libro «Palabras que consuelan».
Un abrazo grande y muy cariñoso
PERSEGUIR LA FELICIDAD
Leyendo un libro de Alice Munro, “Mi vida querida”, me encuentro con esta frase:
“La cuestión es ser feliz. A toda costa. Inténtalo. Se puede. Y luego cada vez resulta más fácil. No tiene nada que ver con las circunstancias. No te imaginas hasta qué punto funciona. Se aceptan las cosas y la tragedia desaparece. O pesa menos, en cualquier caso, y de pronto descubres que estás en paz con el mundo”.
Al principio del duelo perseguir la felicidad suena a misión imposible… la ausencia duele tanto! Pero resistirse a ser infeliz parece ser el camino, el que conduce con mayor seguridad al final del túnel. A las personas que han sobrevivido a grandes tragedias, sin quedar atrapadas en el resentimiento y el dolor, se las ve felices y suelen transmitir una agradable sensación de paz y serenidad.
¿Pero cómo se persigue la felicidad o se deja atrás la infelicidad? A mi me parece que si procuramos trascender los condicionamientos culturales que parecen abocarnos irremediablemente al sufrimiento –arrastramos siglos de culpa y sufrimiento-, escuchamos con sinceridad a nuestro corazón, y tenemos la esperanza de conseguirlo descubriremos la manera, cada uno encuentra la suya, la que le va mejor. No existe una receta estándar, porqué somos distintos y no tenemos que aprender lo mismo. Aunque sí estoy segura de que hacer las cosas con amor y crear pensamientos amorosos acerca de nosotros y los demás funciona, va bien para todos, nos proporciona una agradable sensación de bienestar.
En cambio, cuando nos enredamos a juzgarnos a nosotros y a los demás nos sentimos inquietos, desanimados, con desasosiego. También la queja constante reduce -y mucho- nuestra energía y nos impide pasar a la acción y conseguir lo que deseamos. Si nos escuchamos, si dejamos un espacio al silencio para ser conscientes de lo que sentimos y de lo que pensamos vamos encontrando nuestro propio camino, el que nos conduce a perseguir la felicidad.
PALABRAS DE AMOR
Hubo un día en que emitimos el primer sonido con sentido, la primera palabra y el rostro de nuestra madre se inundó de alegría. ¡Cuánta emoción contenían y despertaban aquellos balbuceos! Las palabras, que ahora pronunciamos como si nada, siguen teniendo un poder inmenso! Este poder, según lo que digamos o escuchemos, consuela o hiere.
Cuando los sentimientos o pensamientos se dicen en voz alta la vibración del sonido atraviesa cada célula y llega hasta el alma. Si hacemos memoria, es fácil recordar palabras que oímos de pequeños que llevamos clavadas, como puñales, en lo más hondo de nuestros corazones. Suelen ser palabras, tal vez dichas a la ligera, pero que encierran desaprobación, reproches, disgustos, enfado, desamor… Sí, las palabras pueden herir y también pueden curar. Cada palabra de amor es una victoria de la vida.
Propongo que juntemos todas las palabras que nos duelen (“esta niña no sirve para eso”, “nunca será tan guapa, tan inteligente, tan valiente como…” “su madre ha sufrido mucho con ella”, “va a ser una infeliz”, los ejemplos son infinitos y encierran también sentencias personales cotidianas del tipo: “no voy a poder”, esto es demasiado difícil” “para eso soy una negada”, “no tengo talento”… etc, etc.) una vez juntas todas esas palabras las envolvemos con la fantástica fuerza del perdón y las liberamos, las entregamos a la madre Tierra para que las recicle, o al agua, para que las disuelva, da igual, las dejamos ir y nos centramos en crear y decir en alto palabras amorosas.
Las palabras de amor producen bienestar y alegría, nos consuelan, nos arrullan, nos liberan. Las palabras de amor crean belleza, armonía, paz. ¿Por qué no darnos permiso para hablarnos con cariño a nosotros mismos y a los demás? ¿Por qué no dar las gracias por lo que la vida nos ha dado, aunque haya sido por un tiempo limitado? ¿por qué no decir te amo a las personas que queremos?, ¿por qué no nombrar alto y fuerte el lado bueno de nuestros amigos y el nuestro?
No es fácil cambiar hábitos, pero es posible. Vamos a intentarlo. En vez de quejarnos en voz alta, de juzgarnos, de lamentarnos, cada día podemos decir algunas palabras sencillas y bonitas, algunas palabras de amor y permitir que su magia disuelva nuestros miedos y nos calme. Ahora, de mayores, podemos también escuchar con cariño y sosiego, incluso aquello que nos resulta difícil oír.





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