EL DUELO, UN LARGO RECORRIDO
Si estas empezando un gran duelo, las palabras no suelen ayudar nada. Lo sé. Eres, en esencia, la misma de antes. La única diferencia es que ahora llevas una gran losa de dolor, tristeza y rabia encima, por decir solo algunas de las emociones que te arrastran.
Poco a poco, por pura necesidad, irás desgranando. Lo hemos hecho todas las que hemos atravesado un gran duelo. Primero oscuridad (por qué a mí, yo no pedo vivir sin él o ella, no me veo capaz de afrontar eso, me quiero morir…). Y sí, muchas partes de ti van a morir en el proceso. Vas a soltar muchos miedos, muchas creencias, muchas convenciones. Vas a cambiar de piel. Irás dejando la que eras, mientras vas creando una nueva versión de ti misma. Vas a ir transformándote. Y eso no implica olvidarte de tus seres queridos, al contrario, eso te permitirá honrar su muerte des un lugar más bonito, sin dolor. Disfrutando de una sensación auténtica de cercanía, muy reconfortante.
Cuánto trabajo conlleva el duelo, ¿verdad? por eso te ruego encarecidamente que busques ayuda terapéutica; un grupo de duelo que se reúna para crecer, no solo para llorar, un especialista que sepa acompañarte con respeto, un método corporal que te de calma… Lo que sea. No pares de buscar hasta encontrar buenos soportes. El duelo no es un tiempo para quedarse con los brazos cruzados, viendo pasar los días.
Se trata, a mi entender, de encontrar el equilibrio entre el recogimiento y el silencio necesarios, por una parte y, en la otra todo lo que nos ayude a liberar, con cariño, capas y capas que nos alejan del amor. No del amor posesivo, no, hablo del amor en el sentido más amplio, el que encierra amabilidad hacia una misma, alegría, serenidad, bienestar, sensación de unidad, compasión, bondad, humildad… Es el amor que pone límites sin agresividad, el que nos saca del victimismo y nos ayuda a ponernos en primer lugar, sin culpa. Porque si nosotras no estamos bien, nada está bien. Todo eso requiere tiempo, sí, pero el tiempo por sí mismo no arregla nada. ¿No te parece?
Y recuerda que no estás sola, muchas madres, desgraciadamente, han pasado antes por eso y han ido encendiendo velitas que iluminan el camino. No es fácil, para qué nos vamos a engañar, pero a mi me ayuda imaginarme la alegría de mi hijo, mi marido y mis padres cuando ven mis avances. Los avances que su muerte ha activado. Sí, me gusta imaginar que se sienten orgullosos de mi, tanto como yo de ellos.
De hecho, siento mucho más su cariño, su cercanía, cuando estoy alegre y en paz, cuando me permito disfrutar de los pequeños milagros de la vida.
Por supuesto que yo no hubiese elegido pasar por lo que he pasado y, seguro, que tú tampoco. Lo sucedido no lo podemos cambiar, pero podemos intentar crear más amor y armonía en nuestras vidas. Cada una a su ritmo, claro, sin exigencias. ¿Te apuntas?
MERCÈ CASTRO PUIG
Cuadro: Ilya Pyankov
LIBROS:
«VOLVER A VIVIR»
«PALABRAS QUE CONSUELAN»
«DULCES DESTELLOS DE LUZ
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